El trampantojo llorón

El trampantojo llorón

Resulta que el 25 de septiembre, Religión Digital, conocido en entornos periodísticos como Herejía Digital por su fervor en la defensa de la ultraprogresía católica, publica una información antes de que la diócesis de Barbastro-Monzón hiciera público su comunicado oficial.

En dicho comunicado, el obispo Ángel Pérez Pueyo anunciaba que había solicitado la mediación de la Santa Sede en el conflicto que mantiene con el Opus Dei sobre el santuario de Torreciudad. El motivo de la controversia es que el obispo quiere intervenir en la gestión del santuario, actualmente en manos de la prelatura, y para ello busca apoyo en el Vaticano. Lo curioso es que Religión Digital ya conocía todo esto antes de que el comunicado viera la luz, como si alguien desde la diócesis les hubiera filtrado el contenido con antelación. Parece que las filtraciones no respetan fronteras y fluyen en todas direcciones.

Religión Digital relata que el obispo ha entregado al Papa toda la documentación sobre las conversaciones fallidas que ha mantenido con las autoridades del Opus Dei sobre la gestión de Torreciudad. Además, se lamenta de que estos intentos frustrados se hagan públicos, pero lo cierto es que no han sido medios cercanos a la Obra los que han aireado el conflicto, sino portales como InfoVaticana, que, lejos de alinearse con la progresía herética que sustenta a Religión Digital y a algunos obispos que intentan proteger su reputación con mentiras, ha expuesto la situación de forma clara. El obispo, que parece verse acorralado, se queja de lo inevitable, como si no esperase que la verdad acabara saliendo a la luz.

Pérez Pueyo dice que ha remitido el caso al dicasterio del clero porque no se entiende con las autoridades de la prelatura en torno a la gestión del santuario. Según las normas eclesiales, es el dicasterio quien debe resolver el conflicto, pero ya se han agotado los plazos. Así que lo que viene ahora no es porque el obispo haya hecho algo extraordinario, sino porque el tiempo ha pasado. El obispo intenta ponerse medallas, pero en realidad poco ha movido.

El mismo día, el 25 de septiembre, apareció el comunicado oficial de la diócesis, donde se habla de la solicitud de intervención enviada a la Secretaría de Estado y al dicasterio del clero, y se menciona una veintena de reuniones en los últimos cuatro años. Ah, esas reuniones… Me encantaría ver las actas, si es que existen. Cuando acusas a la otra parte, hay que demostrarlo; no basta con excusarse en la supuesta autoridad del cargo. No es que dude de la palabra del obispo, pero las actas son algo más tangible que sus relatos.

El Opus Dei, por su parte, responde también el 25 de septiembre, diciendo que entregó su propuesta de estatutos a la diócesis en agosto de 2023 y que la respuesta tardó seis meses en llegar. Claro, en Barbastro las cosas se toman con calma. Se convocó una reunión técnica en marzo de 2024 que, según ellos, fue «satisfactoria». Sin embargo, en una reunión posterior, en junio, la diócesis presentó un borrador que alteraba lo previamente acordado. Sin previo aviso ni consulta, qué delicadeza.

El Opus Dei siempre ha mostrado disposición a llegar a un acuerdo, según su versión, pero la diócesis parece estar más en plan «esto es lo que hay», sin dejar espacio a la negociación. Así que, ¿qué tenemos? Un intercambio de comunicados donde la transparencia sigue brillando por su ausencia.

Y aquí llega la guinda de esta tragicomedia. El obispo, dolido y martirizado (no está claro por qué), pide a un amigo que le escriba un artículo en el Diario de Huesca. En dicho texto, el tal Ángel Morán Vizcasillas se mete conmigo, una humilde escribana, acusándome de ser una polemista acérrima y de oponerme al mismísimo Papa Francisco. Vaya, no sabía que tenía yo tanta influencia. Vizcasillas, ese insigne erudito, se autodescribe en el diario como un «extraordinario conversador». Lo será con quien lo soporte, supongo.

Para rematar la jugada, el obispo saca otro comunicado, esta vez quejándose de una «campaña de insultos y burlas» que, según él, se ha desatado contra su persona y contra los trabajadores de la curia. Insultos, dice. Curiosa interpretación de lo que es un insulto. Quizás simplemente no esté acostumbrado a que le lleven la contraria. Pero, claro, las verdades escuecen, sobre todo cuando son tan directas.
Pero no te equivoques, querido obispo. En el periodismo, no solo filtras tú, filtran muchos, incluso aquellos que se presentan como tus fieles. A veces las filtraciones llegan de los lugares más insospechados, ¿verdad? Porque, ya lo sabes, en este mundillo todos tienen algún amigo que les cuenta cosas, y al final lo que parecía un secreto a voces acaba publicado en cualquier medio. La información fluye, aunque tú prefieras ver conspiraciones por todas partes.

Y ya que estamos, Sr. Obispo, una última cosa. Todos sabemos que el Vaticano ya tiene clara su decisión sobre Torreciudad. Tú lo sabes, porque has estado allí moviendo tus piezas. Así que, si te quejas de que el Opus Dei te ataca, cuéntanos de una vez lo que sabes. Déjanos a los mortales conocer esas verdades que solo tú manejas.

Eso sí, si algún día salen a la luz las grabaciones de las reuniones y resulta que no has sido honesto… ¿te atreverías a pedir la renuncia y marcharte a casa? Porque, obispo, uno debe llegar al obispado llorado de casa.

Aurora Buendía

Pueyo o el obispo Trampantojo, a un nuevo destino

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