El Papa Francisco se dirigió a los fieles de la Diócesis de Vanimo en un encuentro donde resaltó no solo la belleza natural de Papúa Nueva Guinea, sino también la riqueza espiritual y humana de sus habitantes. «Estoy contento de encontrarme en esta tierra maravillosa, tierra joven y misionera», expresó el Pontífice al inicio de su discurso.
El Papa agradeció las palabras del obispo local y saludó a las autoridades, sacerdotes, religiosos, misioneros, catequistas, jóvenes y niños presentes, destacando la labor incansable de evangelización y ayuda social que ha caracterizado a la misión en estas tierras desde mediados del siglo XIX. «Religiosas, religiosos, catequistas y misioneros laicos nunca han dejado de predicar la Palabra de Dios y de ofrecer ayuda a los hermanos en la atención pastoral, en la instrucción, en la asistencia médica y en muchos ámbitos más», subrayó.
Durante su intervención, Francisco elogió la belleza natural del país, comparándola con la imagen del Edén, y destacó la responsabilidad de los habitantes de cuidar de esta riqueza como un signo de la creación divina. «Ustedes aquí son ‘expertos’ de belleza porque están rodeados de ella», señaló, instando a los fieles a vivir en armonía con la naturaleza y con sus hermanos.
El Papa hizo un llamado a la comunidad a apoyar a aquellos que llevan el mensaje de Cristo a las comunidades más lejanas, recordando el testimonio de Steven, quien relató los desafíos de los largos viajes misioneros. «Es importante que no se queden solos, sino que toda la comunidad los apoye», insistió Francisco, subrayando la importancia de una comunidad unida que promueva el mensaje del Evangelio en todos los ámbitos de la vida diaria.
Francisco también resaltó el valor de la unidad y el amor en la comunidad, utilizando la metáfora de una gran orquesta, en la que cada miembro contribuye a crear una melodía de paz y armonía. «Formaremos así, cada vez más, como una gran orquesta capaz, con sus notas, de acabar con las rivalidades, de vencer las divisiones», afirmó, instando a los presentes a superar las divisiones y comportamientos destructivos. Además, hizo un especial énfasis en los males que afectan a la sociedad, como la violencia, la infidelidad, la explotación, el consumo de alcohol y drogas, y la superstición y la magia, que aprisionan y generan infelicidad en muchas personas.
El Pontífice no olvidó mencionar al beato Pedro To Rot, un ejemplo de fe y valentía que entregó su vida por defender la unidad familiar, y animó a los fieles a seguir su ejemplo de amor y resistencia ante las adversidades. «El amor es más fuerte que todo esto y su belleza puede sanar al mundo, porque tiene sus raíces en Dios», recordó Francisco.
Finalmente, el Papa exhortó a los presentes, especialmente a los niños, a ser la imagen más hermosa de Papúa Nueva Guinea. «Este es el regalo más valioso que pueden compartir y dar a conocer a todos», concluyó, pidiendo a los fieles que embellezcan cada vez más su tierra con su presencia y su testimonio de fe. «Los bendigo y rezo por ustedes. Y les pido, por favor, que también ustedes recen por mí», finalizó su intervención.