Un año más el Papa Francisco tuvo que cancelar una celebración crucial por motivos de salud. Como el año pasado, ayer decidió no participar en el viacrucis del Coliseo. Pero esta vez la cancelación llegó en el último momento.
Ya se había colocado el trono blanco iluminado en la colina frente al Coliseo cuando se tomó la decisión: el Papa, de 87 años, no iría al Coliseo a presidir el Vía Crucis en medio de la humedad, temperaturas frescas de primavera.
Como el año anterior, debido a su mala salud, tuvo que quedarse en su apartamento de Santa Marta y observar desde allí la impresionante procesión. Ante la elección de arriesgarse a asistir a las misas de Pascua o renunciar al Vía Crucis por precaución, eligió lo último.
La decisión fue aún más dolorosa porque era la primera vez en once años como Papa que él mismo escribía el texto del Viacrucis. Juan Pablo II escribió él mismo por última vez el texto del Vía Crucis en el Año Santo de 2000. Miles de participantes en la procesión que recordaba el sufrimiento y la muerte de Jesús en Jerusalén quedaron sorprendidos por su ausencia, al igual que los representantes de la iglesia y los medios de comunicación presentes.
En el sitio web del veterano vaticanista Marco Tosatti, Stilum Curiae, un colaborador se pregunta por esas “molestias y dolores que le golpean cuando se acercan las celebraciones del Novus Ordo, la rodilla de la lavandera que se agrava cuando tiene que hacer una genuflexión ante Nuestro Señor y se evapora cuando tiene que lavarle los pies a un preso transexual”.