En ningún otro Pontificado anterior al de Francisco se había insistido tanto en que lo que proclamaba el Papa estaba en ‘continuidad’ con el Magisterio de sus predecesores. Sin embargo, excusatio non petita, accusatio manifiesta.
Y esto tiene más gravedad y relevancia para el caso del movimiento homosexual que no solo está invadiendo todas las parcelas del mundo social y político secular, sino que es admitido y promovido abierta y desvergonzadamente por la misma Jerarquía Católica, al menos por un número preocupantemente elevado de pastores, que reclama los mismos ‘derechos’ para las personas que sienten atracción por sus prójimos del mismo sexo. Y eso que creíamos que la ‘separación Iglesia – Estado’ era un hecho consolidado y fuera de toda discusión.
Conviene recordar aquel encuentro que tuvo en 2018 el actual Pontífice con una víctima de abusos sexuales, Juan Carlos Cruz, por parte de un sacerdote chileno. Al parecer, la conversación (1) se centró en el tema de la homosexualidad del agredido, como no podía ser de otra manera. Bergoglio, lejos de desear la recuperación de la oveja para el redil de la Iglesia, y en un arranque de ‘ternura paternal’, le aseguró que no importaba lo que él fuera, pues ‘Dios te hizo así y así te ama’. Obviamente, el revuelo, una vez más, entre los verdaderos católicos no se hizo esperar. Sin embargo, no hubo ninguna aclaración o siquiera confirmación de que lo que dijo el Papa hubiera sido cierto o inexacto. El por entonces Portavoz del Vaticano, el americano Greg Burke, espetó un respetuoso y elusivo: “Normalmente no hacemos comentarios sobre las conversaciones privadas del Papa».
Una vez expuesto uno de los ‘momentos estelares’ en el Pontificado de Bergoglio a la hora de avenirse con las personas que manifiestamente viven en pecado e incluso lo promueven, la presunta ‘continuidad’ con el Magisterio de sus predecesores en el solio de Pedro se nos aparece dudosa o incluso imposible. Como ejemplo firme y convincente, como Pontífice responsable del Depósito de la Fe que se le mandó custodiar, tenemos la afirmación de Juan Pablo II, con motivo del Ángelus que ofició el domingo 20 de febrero del año de 1994 (2): “Lo que no es moralmente admisible es la aprobación jurídica de la práctica homosexual. Ser comprensivos con respecto a quien peca, a quien no es capaz de liberarse de esa tendencia, no equivale a disminuir las exigencias de la norma moral(3). Cristo, perdonó a la mujer adúltera, salvándola de la lapidación (cf. Jn 8, 1-11), pero, al mismo tiempo le dijo: «Ve y de ahora en adelante ya no peques más» (Jn 8, 11).”
Esto lo recordó el santo Papa polaco en referencia a la reciente aprobación por parte del Parlamento Europeo de una resolución por la cual se recomendaba a la Comisión Europea que instara a los por entonces Doce a acabar con la discriminación y la criminalización de homosexuales y lesbianas, al tiempo que se daba vía jurídica para permitir la adopción de niños para las parejas homosexuales.
Por mucho que diga Francisco que su ‘magisterio’ se halla en consonancia y armonía con lo enseñado por sus predecesores, en este caso con el Papa Wojtyla, parece una tomadura de pelo el solo deseo de querer convencernos de tal cosa, sobre todo a la luz de la comparación entre dos manifestaciones pastorales donde la divergencia no es solo causada por motivos históricos, es decir relativos, sino que afecta directamente al núcleo mismo de la comprensión de lo que debe enseñar la Iglesia Católica acerca de un tema que está siendo un acontecimiento mundial estremecedor por sus pretensiones totalitarias y de cercenamiento del Orden Moral Revelado.
- https://apnews.com/general-news-b0450121851d45a690cdbae17ecb94aa
- https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/angelus/1994/documents/hf_jp-ii_ang_19940220.html
- Veritatis Splendor¸ 1993, 95.