Reunión telemática de urgencia de la Comunidad de Lanceros después de que se haya hecho pública la noticia de que el Papa ha nombrado al cardenal arzobispo de Madrid José Cobo y a José Antonio Satué, obispo de Teruel y Albarracín, miembros de la Congregación, ahora llamada Dicasterio, de obispos. Primera reflexión compartida por los miembros de la Comunidad.
El papa desprecia a los obispos españoles, los considera la nada con sifón, los ningunea, no respeta su libertad, les trata como a funcionarios de un ministerio que deben actuar a las órdenes de su jefe. Eso se llama colegialidad, sinodalidad y mandangas. Por eso hace lo que hace. Nombra a un arzobispo hasta el presente inédito, monseñor Cobo, miembro de la Congregación más importante de la Iglesia, salvada la Doctrina de la fe y nadie sabe todavía ni cómo es, ni lo que piensa, ni qué da de sí.
Un miembro de la Comunidad apunta que esto se debe a que el papa, como buen político argentino, una vez que usa a sus peones, cuando ya no le sirven, les aparta. Lo hizo con Osoro, a quien ni ha llamado por teléfono en los últimos meses, tal y como lo va propagando a los cuatro vientos el cántabro. Le jubiló en cuanto pudo, a la primera de cambio. Ahora ha llegado el relevo del tándem Omella-Osoro. A Osoro le sustituye Cobo, una sustitución que parece natural pero no lo es tanto. Y a Omella le sustituirá Satué, también como arzobispo de Barcelona, del que solo se sabe hasta ahora que se dedica a pasear todo el día con el padre Arana y que ha montado un lío jurídico con lo de Gaztelueta que ya veremos cómo sale.
¿Qué más puede hacer el papa con la Iglesia española y con sus obispos? El próximo mes de marzo serán las elecciones en la Conferencia Episcopal Española. Cambiarán todos excepto el Secretario General, que empieza a crear más problemas que a solucionarlos. Según nuestro corresponsal en la calle Añastro, parece que fuera Omella quien le propuso de lo obsequioso que es con el Presidente. Veremos si los obispos españoles doblan en marzo la rodilla ante el papa y le besan los pies. En un momento en que tienen un candidato de consenso que ha demostrado ser un insuperable obispo secretario general y que lo está haciendo de diez en Valladolid.
La pregunta es otra. Si el papa dice que le da tanta importancia a la colegialidad, a las Conferencias Episcopales, a la sinodalidad, por qué no ha elegido para la Congregación Dicasterio de los obispos a algún obispo a quienes su hermanos hayan votado y elegido ya para algo. Nos sirve cualquier miembro del Ejecutivo, hasta Gil Tamayo o nuestro querido don Ginés, que se ha quedado un poco descolgado. No digamos nada del más brillante de todos ellos, el arzobispo de Oviedo, cuya humillación con lo de Satué es una injusticia que clama al cielo.
El papa ha elegido a su “ungido” o aliado en España y a un protegido de su “ungido” y del jesuita del gran poder. Dirán que esto no es carrerismo, enchufismo, amiguismo…
Diego Lanzas