¡Dios bendiga al obispo Strickland!

obispo Joseph E. Strickland Obispo de Tyler (Texas) Joseph E. Strickland
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(Kennedy Hall en Crisis Magazine)-El obispo Joseph Strickland ha demostrado verdadero valor en la plaza pública y también ha demostrado ser un hombre de profunda piedad y oración.

No es ningún secreto que en la Iglesia actual no es fácil encontrar un obispo que no solo sea ortodoxo, sino también franco en sus opiniones y acciones en la Iglesia y en la sociedad. Nos hemos acostumbrado tanto a obispos que parecen tolerar el error y el sacrilegio -incluso si no lo apoyan en privado- que muchos de nosotros hemos dejado de esperar algo abiertamente positivo de nuestros obispos.

En la mayoría de los casos, ni siquiera conocemos a nuestros obispos personalmente, lo que en cierto modo no es culpa suya, ya que deben supervisar una diócesis que se extiende a lo largo de una amplia zona geográfica. Por ejemplo, se tardan unas tres horas en coche desde el extremo sur de mi diócesis de London, Ontario, hasta la parte más septentrional. Cabe señalar que mi zona del suroeste de Ontario no es una zona remota del norte de Canadá; es una zona decentemente poblada con muchas ciudades de tipo medio y pueblos grandes.

Como resultado, la mayor parte de la interacción que tenemos con nuestros obispos, si es que tenemos alguna, será en la confirmación -a menos que haya asignado a un auxiliar o a un sacerdote para hacerlo- o cuando el obispo hace una declaración pública a través de una carta que se lee en una parroquia por esta o aquella razón. Si tenemos suerte, puede que veamos a nuestro obispo en una marcha provida o en algún acto para recaudar fondos. Los obispos nunca parecen estar ausentes de los eventos de recaudación de fondos…

Además, nuestros obispos han demostrado ser generalmente débiles en la plaza pública, algo que fue muy evidente durante la histeria causada por el COVID, cuando el ordinario local medio daba más importancia a lo que decía la unidad de Salud Pública que al Catecismo del Concilio de Trento.

Por supuesto, hay algunas felices excepciones, pero el escenario que describo no es infrecuente en Norteamérica, y estoy seguro de que muchos pueden sentirse identificados. Si por casualidad tienes un obispo en quien confiar la ortodoxia católica, o que sea valiente frente a la presión pública de la burocracia marxista, considérate uno de los afortunados.

Quizá la excepción más conocida a este principio general de prelados aparentemente dignos de olvido en Estados Unidos sea el obispo Joseph Strickland, de Tyler, Texas. En los últimos años, el buen obispo se ha hecho un nombre: es famoso entre los católicos conservadores y de mentalidad tradicional que no se avergüenzan de su fe y no lo es para la multitud tibia y tolerante a lo James Martin.

No solo ha demostrado verdadero coraje en la plaza pública -basta con echar un vistazo a su cuenta de Twitter-, sino que también ha demostrado ser un hombre de profunda piedad y oración.

En junio de 2020, celebró su primera misa tradicional en latín, sin máscara, como un campeón diría yo. Describió la experiencia en una entrevista con el National Catholic Register: «Apenas pude pronunciar las palabras de la consagración porque me llené de emoción, tan profundamente impresionado estaba yo por esas palabras. Gracias a Dios, en este rito solo debemos susurrarlas, porque no estoy seguro de que hubiera sido capaz de hablar por encima de ese susurro, tan impresionado estaba por la profundidad. Era la primera vez en mi vida que decía esas palabras en latín, y apenas podía pronunciarlas. Es indescriptible, de verdad».

Es difícil no emocionarse leyendo lo emocionado que estaba este magnánimo hombre de Dios cuando pronunció por primera vez las palabras de sus padres en la Fe, hoc est enim corpus meum.

Imagino que no le resultó muy difícil pronunciar esas palabras sagradas, ya que habla muy bien español, aunque con un delicioso acento tejano. Pero, como dice el refrán, es difícil enseñarle trucos nuevos a un perro viejo, así que debió de costarle mucho trabajo a un hombre de unos 60 años no solo aprenderse las rúbricas, sino aprenderse las rúbricas de una misa pontificia, que son muy elaboradas.

El hecho de que expresara su profunda conversión interior a un periódico católico nacional es una prueba de que está dispuesto a humillarse en la plaza pública. Este tipo de humildad solo es posible para un hombre que piensa en Dios más de lo que piensa en el hombre.

En mayo volvió a demostrar una gran humildad cuando se metió en un pequeño «lío en Twitter» por unos comentarios sobre la SSPX. El 13 de mayo -aniversario de la primera aparición de Fátima- tuiteó que la Sociedad de San Pío X era cismática; al día siguiente se retractó públicamente y declaró que un gran obispo -Athanasius Schneider- le había convencido de que la SSPX no era, de hecho, cismática. 

Deje a un lado por un momento cualquier opinión que pueda tener sobre la Sociedad y piense en el significado de este giro de ciento ochenta grados público. Un obispo diocesano realmente no gana nada siendo amigo de la SSPX, al menos en términos de prestigio episcopal entre el colegio de obispos. Por tanto, su único razonamiento para haber cambiado públicamente de opinión tendría que ser que le importa la verdad por encima de todo.

Una vez más, se piense lo que se piense de la SSPX, no podemos negar que para actuar así hace falta tener agallas.

En la Fiesta del Sagrado Corazón, el obispo Strickland encabezó una procesión de fieles católicos en Los Ángeles en reparación por la repugnante blasfemia promovida por los Dodgers de Los Ángeles. Si no lo sabías -muy poco probable- los Dodgers honraron a un grupo de drag queens que se hacen llamar «Hermanas» y que han realizado muchos actos de blasfemia anticatólica y sacrilegio en nombre del sinsentido «LGBTQ+».

Strickland tomó la decisión de hacer esto, incluso con la diócesis de Los Ángeles explicando que no apoyarían el evento.

Una vez más, esta acción del obispo de Tyler no le hará ganar «puntos» con muchos de sus hermanos obispos, pero a él no parece importarle -¡ni debería!- ya que solo le importa Cristo.

Aparte de todo esto, puedo compartir una historia sobre Strickland que para mí es tan impresionante como cualquier otra.

Tengo un buen amigo que se mudó a Tyler, Texas, con su esposa y su hermosa y creciente familia. Este amigo es un hombre muy fiel, al igual que su esposa. Se trasladó allí desde Canadá un poco por casualidad, sin un trabajo especialmente bien remunerado y confiando más en la Providencia que en cualquier otra cosa.

Un día, un par de meses después de que él y su familia se hubieran instalado, envió unas fotos a un chat de grupo en el que estamos él y yo con otros amigos íntimos. En las imágenes, veíamos una mesa preparada para comer y al obispo Strickland posando para una foto con una sonrisa de oreja a oreja. Otra imagen mostraba al obispo jugando con una de las niñas, y creo que ella le estaba enseñando su muñeca favorita.

El obispo Strickland no es solo un hombre valiente, un prelado lleno de pasión y un humilde servidor de la Iglesia; es, quizá lo más importante, un cariñoso padre espiritual que visita a sus hijos espirituales para jugar a las muñecas, tomar té azucarado y comer sándwiches de ensalada de huevo en un arrebato de alegría cristiana.

Que Dios bendiga y proteja a este hombre. Es uno de los más grandes generales que tiene la Iglesia militante, y todos deberíamos dar gracias a Dios y rezar por él a menudo.

 

Publicado por Kennedy Hall en Crisis Magazine

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana

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Comentarios
12 comentarios en “¡Dios bendiga al obispo Strickland!
  1. Monseñor Strickland es un obispo del Corazón de Cristo, piadoso, de recta doctrina, y con celo apostólico. Por eso resulta muy incómodo al Papa Francisco, que le quiere «misericordiar», pero no puede, ya que no hay causa objetiva, ni posibilidad, para cancelarlo.
    Es verdad que Francisco ha suspendido a buenos sacerdotes sin que hubiera causa para ello, como el caso del Presidente de Sacerdotes por la Vida, el Padre Pavone, pero es que el Papa es un abusador que intenta acabar con los más débiles, pero no puede contra un obispo, porque los obispos están más blindados.

      1. ¿Más blindados dice? Y que hay de monseñor Dominique Rey a quien se le ha negado la posibilidad de ordenar sacerdotes de su diócesis. El asunto es que hasta los izquierdistas franceses se sorprenden de lo que está haciendo Francisco a este buen obispo francés, y al parecer eso es lo que anda impidiendo que le destituya o le nombre un coadjutor con plenos poderes.

  2. Coincide que todos los obispos buenos tienen buenos estudios, y los malos no estudian. ¿Se acuerda usted de sus compañeros holgazanes? Se parecen a los comunistas: busca vidas, comodones, aprovechados…..

    Estudios de Mons. Strickland: In 1992, Strickland was assigned by Bishop Edmond Carmody to study canon law at Catholic University of America in Washington, D.C., where he earned a Licentiate of Canon Law in 1994. Returning to Texas, Strickland was named judicial vicar of the diocese and rector of the Cathedral of the Immaculate Conception. In 1995, he was named a prelate of honor with the title of monsignor by Pope John Paul II.

  3. Aparte de ser un cristiano fiel, monseñor Strickland confirma el estereotipo de tejano valeroso de las películas del Oeste.

  4. «El tejano valeroso de las pelìculas del Oeste», bien dicho! Pero tambièn, Monseñor Strickland confirma el estereotipo del apòstol valeroso que daba su vida en los tiempos de Neròn… Dios lo bendiga, lo proteja, y permita que su ejemplo inspire a otros a imitar su fe, su caridad y su coraje.

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    1. AEROFAGICO
      Pero mira que eres torpe, te has confundido, te pensabas que estabas en un blog del orgullo y cuanto te han preguntado que es lo que mas te gustaba, se te ha ido la tecla.

      Tu a lo tuyo, a carrocear y a morder alhomadas, pero sobre todo no nos lo cuentes que es que nos interesan lo mas mínimo tus majaderías.
      Tu al orgullo, que ahí ser un majadero es un plus, y seguro que hace amigos, al menos hasta que te conozcan un poco.

  6. ¿Los obispos blindados? Desde Livières hasta Ganswein hay entre ellos una buena colección de víctimas. Pidamos a Dios que Strickland no sea una más.

  7. Un excelente obispo. Tiene la grandeza y el valor que indigna a sus perseguidores que ejercen un poder sin honor. Que Dios lo guarde.

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