Dimiten dos obispos de Francia y el Papa los reubica como auxiliares en otras diócesis

Dimiten dos obispos de Francia y el Papa los reubica como auxiliares en otras diócesis

La Santa Sede informó ayer de un movimiento cuanto menos curioso dentro de la Iglesia francesa. Dos obispos titulares han sido removidos y trasladados a diócesis distintas como auxiliares.

La dimisión de dos obispos titulares estaría motivada por temas de salud. Se trata del obispo de Nevers, monseñor Thierry Brac de la Perrière y el de Blois, monseñor Jean-Pierre Batut. El Papa, en vez de aceptar su renuncia antes de tiempo, ha enviado al obispo de Nevers de  auxiliar a Lyon y al obispo de Blois de auxiliar a Toulouse.

El obispo Jean-Pierre Batut entregó su cargo al Papa Francisco. Después de ser ordenado sacerdote en París en 1984, estaba al frente de la diócesis de Blois desde 2015. Fue la pesada carga del cargo de obispo asociada a un «problema de salud específico» lo que llevó a Monseñor Batut a pedir al Papa Francisco que continuara servir a la Iglesia pero de una manera más ligera, según la diócesis de Blois.

En una entrevista concedida a RCF, poco después de este anuncio, Monseñor Batut mencionó en particular los problemas de la vista. Aún no se ha designado ningún administrador apostólico para la diócesis. El Santo Padre nombró a este familiar del cardenal Barbarin, obispo auxiliar de Toulouse. El 9 de julio se celebrará una misa de acción de gracias por sus años de servicio en la Catedral de Saint-Louis en Blois.

Por otro lado, la renuncia Thierry Brac de la Perrière como obispo de Nevers no es una novedad. El pasado mes de diciembre el obispo anunció que se retiraba de su ministerio por un período de seis meses. “Estoy en un estado de fatiga que significa que no soy completamente capaz de realizar correctamente mi tarea”, reveló Thierry Brac de La Perrière.

En una carta difundida ayer por el obispo, reconoce que tras los seis meses de parón y discernimiento decidió pedirle al Papa que lo relevara como obispo y volver a Lyon. «Más allá de las dificultades encontradas en esta responsabilidad, me pareció, después de casi doce años pasados ​​entre vosotros, que la diócesis necesitaba un nuevo pastor que la guiara en el seguimiento de Cristo», se lee en la epístola del prelado.

El obispo se despide reconociendo que «los dejo con la sensación de no haber hecho todo lo que debería haber hecho y de haber cometido errores. Mi partida, que sigue a seis meses de ausencia, deja a la diócesis en una situación de larga espera».

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