(Laurent Spriet en La Nef)-En un momento en que se reclama una Iglesia más sinodal, el modo en que se trata la cuestión tradi [«tradicionalista»] en Roma revela autoritarismo y ausencia total de diálogo, alimentando malentendidos y torpezas.
El 20 de febrero, el papa instó a aplicar dos puntos que ya figuraban en el motu proprio Traditionis custodes y en la responsa ad dubia. Está claro que algunos en Roma se impacientan: el motu proprio debe aplicarse más seriamente. De hecho, en Francia, aquí y allá, las nuevas normas dadas por los obispos diocesanos están restringiendo el uso de los libros litúrgicos antiguos.
¿Es posible celebrar con el misal antiguo y no rechazar el Vaticano II y las reformas del misal de san Pablo VI y san Juan Pablo II? Sí, es perfectamente posible obtener una participación plena, consciente y activa de los fieles y el clero celebrando los santos misterios con el misal antiguo. Además, no olvidemos que en 1965 se publicó un misal que incorporaba muchas de las exigencias de Sacrosanctum concilium (Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Liturgia, 1963).
Un «castigo colectivo»
El movimiento tradi es plural. Por parte del clero, se encuentran sacerdotes «exclusivistas» (que celebran solo con el misal antiguo), otros que concelebran con su obispo y otros que utilizan ambos misales romanos. Por parte de los laicos, unos solo asisten a misa según el misal antiguo, otros participan en la ofrenda del santo sacrificio según ambos misales. Pero el motu proprio, la responsa y el rescripto hacen poca distinción. Se han hecho algunas pequeñas excepciones: para los párrocos de «parroquias personales», para los sacerdotes de la Fraternidad de San Pedro. El destino del antiguo misal y del ritual está, sin embargo, sellado: deben desaparecer más o menos rápidamente.
Malentendidos
Cuando se publicó el motu proprio, un buen número de sacerdotes y fieles (por no decir casi todos) no se reconocían en absoluto en la situación descrita, de ahí un sentimiento de estupefacción e incomprensión que perdura hasta hoy. Puede que algunos (una minoría) se sintieran señalados (y con razón), pero entonces ¿por qué un castigo colectivo sin distinciones suficientes? Parece que hemos entrado en una era de «juridicismo», incluso de «positivismo jurídico»: la ley es buena porque es la ley. Caricaturizando un poco, podríamos resumir el estado de ánimo actual con el eslogan: «Obedece y sigue adelante».
Ideologías
Los partidarios de una hermenéutica de la ruptura (cf. Benedicto XVI, 22 de diciembre de 2005) están de acuerdo. Para unos, todo lo nuevo es malo: no hay que utilizar los nuevos rituales. Para otros, todo lo antiguo es malo: no hay que permitir el uso de los libros antiguos. Pero este no es en absoluto el discurso al que los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han acostumbrado durante los últimos 35 años.
Una propuesta: dialogar y estudiar con un espíritu sinodal
De acuerdo con el canon 212, propongo que se establezcan espacios oficiales de diálogo y estudio tanto a nivel nacional como diocesano. A la luz de Sacrosanctum concilium, permitirían considerar los puntos fuertes y débiles de los rituales antiguos y nuevos, pero también de los misales romanos. Llevarían, espero, a un «enriquecimiento mutuo» de lo que Benedicto XVI llamó las «dos formas» del misal romano (y, por qué no, también de los rituales de los sacramentos). Porque algunos han dicho que el «enriquecimiento mutuo» ha fracasado; yo creo que nunca se ha intentado. ¿No dijo Benedicto XVI que los nuevos libros litúrgicos solo estaban «parcialmente renovados» (cf. Summorum Pontificum)? ¿No significa esto que siempre es posible una «reforma de la reforma»?
Ejemplos de preguntas que hay que plantearse
Por ejemplo, en el tema del bautismo: ¿ha pedido la Sacrosanctum Concilium la supresión de las oraciones de exorcismo y liberación del antiguo ritual? A la luz de la carta apostólica Desiderio desideravi (2022), ¿qué símbolos expresivos del antiguo ritual se han suprimido? ¿Cuáles son las aportaciones del nuevo ritual bautismal al antiguo? ¿Qué enriquecimientos mutuos pueden preverse?
Sobre el tema del sacramento del matrimonio: ¿es teológicamente correcto utilizar el antiguo ritual en un matrimonio con «disparidad de culto» (por ejemplo, entre un bautizado y un no bautizado) en la medida en que este ritual solo habla del sacramento del matrimonio, mientras que sabemos que solo puede haber matrimonio sacramental entre dos bautizados? ¿Cuáles son las aportaciones del nuevo ritual matrimonial en comparación con el antiguo? Etc.
Los riesgos si no se atienden las legítimas demandas de la inteligencia de los fieles
Supongamos que estos órganos sinodales de diálogo y estudio no existan en el futuro. ¿Qué ocurrirá? Naturalmente, los obispos diocesanos obedecerán al papa y aplicarán las normas vigentes. Los fieles tendrán que obedecer a las autoridades competentes. Se apelará a su voluntad porque la obediencia está en la voluntad, pero la inteligencia de muchos no se verá satisfecha en absoluto. Ciertamente, es posible obedecer sin estar de acuerdo con el precepto recibido (Cf. Suma teológica, IIa IIae q 186 a 5 ad 5um), pero también hay que añadir que es más fácil obedecer cuando se comprende la validez y la pertinencia de la orden dada.
Es probable que muchos sacerdotes obedezcan en virtud de la promesa hecha en su ordenación. Seguirán así los pasos del santo Padre Pío, que obedecía a sus superiores aunque sus órdenes le parecieran injustas (y objetivamente lo eran). Otros sacerdotes se negarán a obedecer y perderán su ministerio en una u otra diócesis, como ya ha sucedido en los últimos meses. Los fieles laicos estarán angustiados, pero seguirán yendo a misa donde les plazca. Algunos de ellos, formados desde 1988 por los discursos de dos papas que les dijeron que la coexistencia de dos misales romanos no perjudica la unidad de la Iglesia, sino que constituye una riqueza (Cf. los motu proprio Ecclesia Dei y Summorum Pontificum), se dirán a sí mismos que siguen teniendo derecho a este misal: irán a rezar a los garajes, a los oratorios privados e incluso a las capillas de la Sociedad de San Pío X (porque las distinciones teológicas de validez, licitud y levantamiento de la excomunión que no conducen a la plena comunión con la Iglesia católica les sobrepasan y se les escapan). El fin justificará los medios, lo que no es católico.
El hecho es que, para casi todos los fieles, aún resuenan las palabras de Benedicto XVI: «Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto. Obviamente para vivir la plena comunión tampoco los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo» (carta que acompaña a Summorum Pontificum). Por tanto, una llamada a la obediencia «ciega», sin el trabajo del intelecto y sin diálogo sinodal, me parece un ejercicio muy peligroso.
Preservar la unidad
San Agustín escribió: «Los perseguidores no desgarraron la túnica [de Cristo]; los cristianos dividen la Iglesia» (San Agustín, Tratado sobre San Juan, 13). Si podemos evitar nuevos desgarros, ¿no deberíamos hacerlo? Recordemos las palabras de Benedicto XVI: «Mirando al pasado, a las divisiones que a lo largo de los siglos han desgarrado el Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión de que en momentos críticos en los que la división estaba naciendo, no se ha hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesia para conservar o conquistar la reconciliación y la unidad; se tiene la impresión de que las omisiones de la Iglesia han tenido su parte de culpa en el hecho de que estas divisiones hayan podido consolidarse» (carta que acompaña a la Summorum Pontificum).
Detrás del humor: una gran responsabilidad
Para resumir mi propuesta con una nota de humor, permítanme citar a Jean Lefebvre en una película «de culto»: «En el fondo, ahora los diplomáticos preferirían tener prioridad sobre los hombres de acción. Sería el momento de las mesas redondas y de la relajación, ¿eh? ¿Qué piensas?». De lo contrario, todos nos arriesgamos a lo que el mismo actor llamaba: «noches de insomnio, migrañas, ataques de nervios, como se dice hoy en día…». ¿No podemos ahorrárnoslos? ¿No podemos evitar caer en las trampas del Divisor? ¿Por qué no optar por la comunión y la sinodalidad?
Publicado por el padre Laurent Spriet en La Nef
Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana