Lo que todavía seguimos debiendo a Marko I. Rupnik

Por PABLO CERVERA Y JUAN ROSADO Marko Iván Rupnik Marko Iván Rupnik
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(Publicado originalmente en El Debate)-Ojalá los católicos sigan profesando su fe ante los mosaicos repartidos por todo el mundo, orando por Rupnik, por aquellos contra los que Rupnik y cada católico hayan pecado, y por la Iglesia universal.

Vistas las noticias de las últimas semanas, a algunos les podrá parecer escandaloso llegar a plantear la siguiente idea: que los católicos seguimos debiéndole mucho a Marko I. Rupnik. Pero los mismos que se escandalizan tendrán que poner a prueba la veracidad de su propia experiencia espiritual, que en buena medida, lo quieran o no, llegó a ser posible gracias al servicio del artista y del Centro Aletti. Por desgracia, la actitud de los católicos ante el llamado caso Rupnik sorprende y mucho, especialmente por su pésimo sentido eclesial.
La primera cosa sorprendente es la manera en la cual la prensa católica se ha prestado al juego del enredo, ofreciendo información más bien confusa —veraz o no, a pesar de tanta confusión, lo juzgue cada cual— sin ningún tipo de criterio ni de responsabilidad. Sin espíritu claustral y sin nobleza, la prensa católica se ha convertido en un patio de teólogos envilecidos, entretenidos en curioseos y en relatos policiacos para asuntos que les sobrepasan por completo, en ausencia de una sentencia concluyente por parte de la Iglesia. En la prensa católica hay, además, como un extraño disfrute por ventilar los males de la Iglesia, pero con la incapacidad de interpretarlos sub specie Christi venturi, en la espera de la venida del Señor.
Entre toda esta confusión, ¿nadie se ha parado a pensar que el gran dañado es el pueblo cristiano? ¿Acaso la prensa católica no se da cuenta de que está sembrando la semilla de la desconfianza y del odio en el alma del creyente que se acerca a un mosaico (que realmente es una obra sagrada) obstaculizando un encuentro verdadero con Dios?
Otra cosa enervante es la incapacidad de la comunidad católica de volverse una unidad aún más compacta y unida, cuando la crisis se cierne sobre uno de sus miembros. Allá por el siglo II, san Ignacio de Antioquía recomendaba: «Poned, pues, empeño en reuniros más estrechamente para rendir a Dios acciones de gracia y de glorificación; porque cuando vosotros os reunís con frecuencia, las potestades de Satanás son abatidas y su obra de ruina destruida por la concordia de vuestra fe» (A los efesios, XIII). Los católicos no siempre comprendemos que la vida de la Iglesia es una.
Ignorando esa vida, es fácil trazar la línea de una moralidad abstracta, entre «ellos» y «nosotros», puros e impuros. Esto no significa relativizar ninguna obra mala; al contrario, su consecuencia es un aumento del fervor, de la sobriedad, de la atención y de la vigilancia. Si lo acusado a Rupnik al final resulta cierto, igual de cierto es el principio escrito por Benedicto XVI en Spe Salvi: «Nadie peca solo, nadie se salva solo». Si yo pertenezco a la Iglesia, todo el mal de la Iglesia está dentro de mí. Sea la violencia, la calumnia o el vicio, lo que cae sobre un bautizado, cae también sobre mí. Habría sido de esperar que, ante la crisis generada en torno a una de las vanguardias de la Iglesia (culpable o no), se hubiera exhortado a aumentar la temperatura espiritual, con el ayuno y la metanoia de cada creyente, con el fin de poner a la luz el bien real de la Iglesia, manifestado en el bien particular de su miembro en crisis. Hacía falta un gran esfuerzo sapiencial para responder, mediante todo el bien que Rupnik ha ofrecido a la Iglesia, al mal que el propio jesuita esloveno haya podido cometer.
Se da la «casualidad» de que la concepción comunional de la Iglesia ha constituido la enseñanza fundamental de Rupnik y del Centro Aletti, a través de sus publicaciones, de sus predicaciones y de su arte. Y es precisamente esto lo que ahora muchos católicos quieren poner en cuestión, es aquí donde se siembra la desconfianza para el corazón de quien recibe toda esta tradición custodiada durante décadas. Algunos, con gran mezquindad, han sugerido la imposibilidad de acercarse a al arte y a la enseñanza del Centro Aletti. No saben que así se sentencian a sí mismos: han perdido la mirada humilde, que todo símbolo exige para ser abierto. Sin embargo, la cuestión es más grave, porque no se trata de que la belleza de una obra artística pueda empañarse por motivos morales. De lo que se trata es de que esa belleza y la palabra que revela sean verdad. Lo que los católicos no advierten es que la manida «falta de credibilidad» se vierte hacia la posibilidad misma de evangelización. ¿Dónde están poniendo los católicos el criterio para discernir si una evangelización puede ser asumida como verdad?
Es superficial decir que el arte de Rupnik pueda «gustar» más o menos: el arte de Rupnik es verdad, porque es eclesial. Sabemos bien que su arte no es mero decorativismo, sino la proyección de la interioridad del espacio sagrado. Como en la tradición de la iconografía o del románico, su arte no se debe a la intención individual de un genio inspirado; más bien sigue el principio del anonimato, anonimato espiritualmente entendido. Como sucede con la obra vital de cada cristiano, Rupnik no ha hecho arte para la Iglesia, es la Iglesia quien ha hecho arte para Rupnik y para todos. Y Rupnik ha sabido testimoniar esta conciencia profunda de la Iglesia, que toca las fibras de la memoria de tantos creyentes. En un siglo en el que a las generaciones jóvenes se nos quiso formar con una teología setentera y de tebeo, Rupnik se ha atenido exclusivamente a conceder al creyente la posibilidad de vivir de los símbolos que realmente pertenecen a la Iglesia. La oportunidad de sentirse acogido por el Pantocrátor dulcemente sonriente, no por un Dios enclenque. La oportunidad de acoger una dignidad regalada, la dignidad de pertenecer a la Jerusalén celeste, de santos y de pecadores, a diferencia de cualquier «opción social». La oportunidad de acoger la misericordia de un Cristo que desciende a cada infierno, para que nada en el hombre se pierda, en lugar de intentar unirse imaginariamente a un Dios desconocido.
La oportunidad de descansar en un templo envuelto en oro acrisolado por el fuego de la oración y de la liturgia, en lugar de un templo tan gris y lúgubre como nuestras almas. La oportunidad de volver a entrar en iglesias en las que todavía hay Ángeles protectores, que sirven y anuncian, a pesar de una cultura que hace trizas al misterio. La oportunidad, en fin, de asemejarse a la lógica nueva del Cordero humilde, violable pero no violento, que pone a cada uno en el camino de la ascesis y del arrepentimiento. No es extraño, por cierto, que un arte así y su anuncio del Evangelio hayan sido acogidos con más entereza por quienes han sufrido en los hospitales que cuentan con capillas hechas por Rupnik, que no por los católicos sabios y entendidos.
Para un católico, la medida con la que juzgar a una persona y a su obra no ha de ser unívocamente moral-jurídica, sino eucarística. Lo enseña san Ireneo de Lyon: «Nuestra manera de pensar está de acuerdo con la Eucaristía, y la Eucaristía a su vez confirma nuestra manera de pensar» (Contra las herejías, IV, 18, 5). El arte de Rupnik ha seguido este precepto, por eso es realmente integral, en la medida en que es capaz de asumir en su interior la máxima negación de la belleza y de la creación, que esto es el mal, ofreciéndolo no en su inmediatez, ni con máscaras, sino en una versión nueva, según la salvación de Cristo. ¿Por qué? Porque su arte, arte pascual, es una memoria del bautismo. Todo cuanto contradiga a la vida de Dios y del hombre redunda en lo acontecido en el bautismo: lo que importa es que precisamente en la inmersión en la oscuridad permanece siempre encendida la llama de la Pascua, que cada cual podrá aceptar o rechazar. Hay que saber permanecer ahí para entenderlo.
Gracias a esta realidad fundamental, el arte y la enseñanza de Rupnik, aunque exijan una purificación continua, resisten a las acusaciones levantadas contra él, sean confirmadas o no. Por lo demás, nada más natural para él, cuando en su enseñanza sobre la eclesialidad siempre había sostenido que aquello que más le pertenece a un creyente es aquello que no procede de él, o sea, lo máximamente acogido. Por eso durante estos años Rupnik y el Centro Aletti han enseñado un concepto fundamental para la vida espiritual, por desgracia casi siempre olvidado: que la libertad ante todo consiste en llegar a verse liberado de sí mismo. Durante estos años, Rupnik enseñaba que todo cuanto pertenece a Cristo y a su Iglesia nos pertenece a cada uno de nosotros, a mí también, para el bien y para el mal. El arte de Rupnik es mío, porque es de la Iglesia, y siendo de la Iglesia también es de Rupnik. Repito: esto se entiende en términos eucarísticos, no jurídicos. Y esta es la versión de Rupnik que la Iglesia, descendiendo con Cristo hasta cualquier infierno posible, debería estar afanándose por salvar. Ahí el arte de Rupnik se manifiesta como verdad.
Rupnik también ha enseñado que el arte cristiano, como el amor, no es formal, ideal, ni imaginado, sino: pascual. En esa lógica, irremediablemente sucederá con los mosaicos de Rupnik exactamente lo mismo que sucede con un fresco románico que ha sufrido el deterioro del tiempo, que ha sido despojado del conjunto del templo o que ha sido invadido por otro estilo: quizá solo quedarán fragmentos, pero en ellos permanece intacta una mirada que nos sigue allá a donde vayamos, en la esperanza en que también nosotros seamos transportados a un mundo superior.
Ojalá los católicos sigan profesando su fe ante los mosaicos repartidos por todo el mundo, orando por Rupnik, por aquellos contra los que Rupnik y cada católico hayan pecado, y por la Iglesia universal.

Juan Rosado es doctorando en filosofía por la Pontificia Universidad de Comillas.

Pablo Cervera Barranco es traductor de Marko Rupnik.

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Comentarios
25 comentarios en “Lo que todavía seguimos debiendo a Marko I. Rupnik
  1. Lo escandaloso es la falta de coherencia del Vaticano en general y de Francisco en particular al tratar este caso. Que casualidad: es uno de los suyos. Y quienes escriben el artículo también.

    1. Retiran los sagrarios del corazón de los templos, para ponerse a adorar a la Pachamama y a los espantajos del golfo de Rupnik y su padrino Bergoglio…

  2. Si bien es cierto que el arte de Rupnik es eclesial, su vida moral no, y la pena era un momento de purificación que ha sido malograda por ese Vaticano que lo ha tratado muy bien pero no así al padre Pavone, no jesuita y no artista, del movimiento provida, expulsado del clero, y Rupnik, consagrado jesuita y artista, con un incomprensible perdón ultrarrápido… Pues que Rupnik sufra la pena de reprobación social y eclesial como remedio humano, pues si lo suyo es verdad, es gravísimo y causa grave perjuicio… Y el Vaticano que sufra los efectos de su acto despreciable…

  3. Parece mentira que Cervera se preste a semejante abogacía de pleitos perdidos.
    Si esas imágenes de personajes con exoftalmia,o- como diría el vulgo- con ojos de sapo,saltones,son arte…,es que la civilización greco cristiana está definitivamente finiquitada.Y si semejantes pastiches tienen que evocar de algun modo la Sacralidad.
    ..,que Dios nos Ampare.Las formas sensuales,pero al fin maravillosas,de un Rubens-de Comunión diaria,por cierto;o las de un personaje tan atormentado como Caravaggio,sí lanzan a la Trascendencia.Las de Rupnik,esquemáticas,caricaturesacas,y- en una palabra- feas…,sólo hunden en la inmanencia más desesperanzadora.

    1. Hace un par de años leí un par de libros de Rupnik. En ellos proponía una vuelta a la espiritualidad del primer milenio y al arte allí desarrollado, mucho más simbólico, teológico y mucho menos racionalista. También se refería abundantemente al Espíritu Santo como fuente de vida.
      Después de los acontecimientos conocidos, mucho me temo que está visión espiritual de Rupnik ha podido estar contaminada de vitalismo inmanentista.

  4. Si realmente no es arte bello, es decir, que no ha participado de la Belleza en su elaboración intuitiva, sobra tener los mosaicos. Si los iconos son producto de un plan de elaboración razonado -y no, de un artista que hace arte de rodillas- sobran los mosaicos, por mucho que ya estén colocados. Satanás también puede fingir belleza. Si realmente Rupnik no infunde luz en la materia, sólo se queda en materia -por mucho oro que haya- y sobran los mosaicos; tampoco satán infunde luz en sus fantasías aparentemente áureas.

  5. «Si el arte fuera una realidad sin vida, si el arte fuera deshumanizado, entonces cabría decir de un artista: –Es un vicioso repugnante, pero hay que reconocer que su arte es admirable. Los que tal cosa dicen es que ‘no saben ver’ (…) En la auténtica belleza vibra el bien y la verdad. Y ésta no la puede hacer un vicioso repugnante» (PEDRO ANTONIO URBINA: «Filocalía o Amor a la Belleza», Rialp, Madrid, 2008, pág. 58)

  6. Definir como “arte” los pseudo mosaicos de Rupnik, compararlos con el románico o la iconografía bizantina, alabarlos como verdaderos y bellos… es no saber nada de arte ni de belleza.

  7. Esto lo dice un profesor de Comillas. ¿Qué va a decir? Lo mejor que se puede hacer con el «arte» de Rupnik es rascar hasta que no quede una tesela de sus mosaicos. Nunca ha sido arte verdaderamente católico.

    Por lo demás, daño al pueblo de Dios no lo han hecho los periodistas por airear los trapos sucios del esloveno. Rosado cae en la misma falacia que las podemitas, que acusan a los medios de generar terror sexual por hablar de las rebajas de penas a agresores sexuales que ha propiciado su ley. Ni siquiera el propio Rupnik es el que ha hecho el mayor daño. El mayor daño lo ha hecho la Compañía de Jesús y su modo de tapar el caso; y Doctrina de la fe.

  8. Amigo Juan Rosado.

    Ver un mosaico de tu amigo me recuerda más a su pecado que a Dios. No nos lo pongas más difícil haciendo que el pueblo cristiano tenga que sublimar la obra de tu amigo, haciendo un esfuerzo para apartarla del pecado de su autor. ¡Ya estamos hartos de teología barata! Lo mejor que podías hacer era rezar por él y no tratar de hacernos comulgar con piedras de molino.
    Deseo que tu doctorando sea exitoso.

    1. Eso es como desear la cuadratura del círculo.Como bien dice un adagio ya clásico,»si vas con los jesuitas,no vas con Jesús «.
      ¡Cómo olfateó la cuestión el genio de Pascal ya en en siglo XVII !
      Lo sorprendente es que Cervera se haya prestado a eso.En su descargo habrá que decir que ,de la misma forma que hay santos carentes de «oído musical»,también hay Santos carentes de ojos artístico.

  9. Claro, ahora por amor a los mosaicos tenemos que ponernos todos juntos a mirar para otro lado y barrer abajo de la alfombra, como si eso sirviera para algo. Por favor, hacer la distinción elemental entre la Iglesia y la Mafia. Nos insultan queriendo vendernos vidrios de colores como ésos, encima de todo lo demás.

  10. Los mosaicos esos siempre me han parecido una basura. Me daba vergüenza como los ponían en el Vaticano o en España. Antes de saber el caso, me parecían malos y no entendía como era famoso esas obras.

    Ahira encima se que el artista es un sinvergüenza de tomo y lomo.
    Todos los moderaditos de la iglesia ahora tapando la podredumbre con un artículo ligersico que no hay quien lo trague.

  11. Hay que confiar en que algún día un obispo sensato librará a la catedral madrileña de la Almudena de los mosaicos de Rupnik y los monigotes de Kiko, unidos por el seudo-orientalismo y el desprecio a la gran tradición medieval y tridentina del arte católico.

    No por la virtud o vicios de Rupnik y Kiko. Sino por el ínfimo valor artístico de su seudo-bizantinismo impostado.

    Los artistas medievales no tenían la pudibundez o gazmoñería de tantos cristianos almibarados de siglos después, ni dudaban en situar papas y obispos en sus representaciones del infierno. Los mosaicos de Rupnnik y los monigotes de Kiko no son causa de condenación eterna en el infierno, no llegaré hasta ahí pero sí, sin duda, merecedores de reclusión eterna en la cárcel del mal gusto.

  12. ¿Alguien se ha fijado en la ausencia de pupilas en los ojos de las giguras de Rupnik? Me impresiona. La iconografía otiental cuuda todos los detalles y les da significado. Unos ojos sin pupilas son ojos sin slma, ojos ciegos que no ven, ni entienden, ni sienten. Impresionante. Todos los ojos de Rupnik, todos, carecen de pupilas.

  13. El buen pastor con el ojo compartido siempre me parecio horrible. Y eso no sabia que el perpetrador habia sido capaz de mancillar a esposas de Cristo. Ahora todo lo que hizo ese sujeto me parece despreciable. Le debemos un gran castigo.

  14. Efectivamente, mirando el mosaico que hay en la foto (primer contacto mío que yo sepa con la obra de Rupnik) tampoco es para provocar el éxtasis. Esa manía actual de esquematizar las figuras hace pensar en un dibujo para usar y tirar. Señores, hemos tenido a Miguel Ángel, a Rafael, a Rubens, y a un sinfín de otros. ¿Qué hay de malo en aprender a dibujar en serio? ¿Porqué los de aquellas épocas podían y ahora parece que no se puede? ¿Hay alguna ley que lo prohíba?

    1. ¿«Lo que todavía le debemos a Marko I. Rupnik»? ¡JÁ!, oigan a estos. Yo no le debo nada a Rupnik, ni a Kiko ni a ninguno de estos “artistas” modernos. Al contrario, por mí que esos matachos desaparezcan en una tormenta iconoclasta.

  15. He empezado a leer y he flipado con lo que destila este artículo. Ahora resulta que el problema no es un abusador de mujeres, sino los medios católicos que no operan con “espíritu claustral”. Esconder la basura lo único que hace es destruir a la Iglesia Católica. El día que los altos estamentos se den cuenta de eso, ya estará todo destruido. A día de hoy, con esa mentalidad, que es que se respira en este escrito, a mi hace tiempo que no se me pasa por la cabeza acercarme a un sacerdote. Y lo digo como católico practicante que he Siro durante 48 años. Da miedo sólo leeros.

  16. Desde Montevideo-Seglar de capilla S. Jerónimo- personalmente opino que si Marcos ha cometido Apostasía -como lo hiciera un David Homicida …( aquel jovencito Vencedor por su Confianza en ADONAI…devenido Rey, y Salmista…pero con sangre en sus manos!), retomo , si él ha cometido Grave PECADO, en su condición《 DISCIPULAR》 …con impacto en él mismo, en el prójimo, en el Pueblo Regio-Sacerdotal y Profético, y para con el KYRIOS Resurrecto, yo imploro Misericordia RESTAURATIVA…pues me siento agradecido , y edificado , por sus ponencias exegéticas. ESTO , NO ME LO DEJO ARREBATAR, de mi Interioridad, a pesar de este grande BUIO TRIBULATORIO, que experimento, como me acontece con el gran Enzo BIANCHI, y el emérito arzobispo y calumniado MICHEL AUPETIT. Gracias.

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