El Papa ha negado haber desempeñado papel alguno en la gestión del caso de Rupnik, aparte de asegurarse de que la segunda serie de acusaciones de las nueve mujeres se dilucidan ante el mismo tribunal que escuchó la primera.
En la amplia entrevista concedida por el pontífice a la agencia Associated Press, Francisco aseguró que, en el caso de abusos que afecta al famoso artista y jesuita padre Marko Rupnik, su única decisión consistió en “dejar que continúe en el tribunal normal, porque si no, se dividen los caminos procesales y todo se confunde”. Añadiendo que “de modo que no tuve nada que ver con esto”.
Pero el caso de un sacerdote amigo del pontífice que ha sido supuestamente excomulgado (latae sententiae, por haber absuelto a su cómplice) y ha seguido con sus actividades habituales es, cuanto menos, bastante inusual y plantea numerosos interrogantes. Por ejemplo, por qué no se eliminó la prescripción jurídica, algo que el Vaticano suele hacer en los casos de abuso.
Francisco reconoce en la entrevista que «siempre» renuncia al plazo de prescripción para los casos que involucran a menores y «adultos vulnerables», pero tiende a insistir en defender las garantías legales tradicionales con los casos que involucran a otros. Francisco llegó a hacer un juego de palabras para enfatizar su firmeza en estos asuntos: «No hay riendas sueltas con menores, las riendas se aprietan bastante».
Agregó que estaba conmocionado por las acusaciones contra Rupnik, con quien había mantenido cierta cercanía. “Para mí fue una sorpresa, la verdad. Una persona de ese nivel, un artista… Para mí fue una gran sorpresa y una herida”.
Francisco dijo que quería más transparencia en la forma en que se gestionaban los casos, pero sugirió que era una batalla cuesta arriba en una institución que durante siglos ha manejado sacerdotes depredadores a puerta cerrada. “Es lo que quiero”, dijo. “Y con la transparencia viene algo muy bonito, que es la vergüenza. La vergüenza es una gracia”.