Primer ángelus de Francisco sin Benedicto XVI. En el día de la Fiesta del Bautismo del Señor, el Papa Francisco recordó la escena del Evangelio en la que Jesús llega a la orilla del río Jordán para que Juan lo bautice.
«Era un rito con el que la gente se arrepentía y se comprometía a convertirse; un himno litúrgico dice que el pueblo iba a bautizarse “desnuda el alma y desnudos los pies” —un alma abierta, desnuda, sin ocultar nada—, es decir, con humildad y con el corazón transparente. Pero, viendo que Jesús se mezcla con los pecadores, uno se queda sorprendido y se pregunta: ¿por qué Jesús tomó esta decisión? Él, que es el Santo de Dios, el Hijo de Dios sin pecado, ¿por qué tomó esa decisión? Encontramos la respuesta en las palabras que Jesús dirige a Juan: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia» (v. 15). Cumplir toda justicia: ¿Qué quiere decir?», dijo el Pontífice desde el balcón.
El Papa resaltó que «haciendo que Juan le bautice, Jesús nos desvela la justicia de Dios, esa justicia que Él ha venido a traer al mundo. Muchas veces tenemos una idea limitada de la justicia, y pensamos que significa que el que se equivoca, paga, y así repara el mal que ha hecho. Pero la justicia de Dios, como enseña la Escritura, es mucho más grande: no tiene como fin la condena del culpable, sino su salvación y su regeneración, volverlo justo: de injusto a justo».
El Obispo de Roma destacó que «es una justicia que proviene del amor, de esas entrañas de compasión y misericordia que son el corazón mismo de Dios, Padre que se conmueve cuando estamos oprimidos por el mal y caemos bajo el peso de los pecados y de las fragilidades. Así, la justicia de Dios no busca distribuir penas y castigos sino, como afirma el apóstol Pablo, consiste en hacernos justos a nosotros, sus hijos (cfr. Rm 3,22-31), librándonos de las ataduras del mal, resanándonos, levantándonos».
«El Señor está siempre con la mano tendida para ayudarnos a levantarnos, no está nunca listo para castigarnos. Y entonces comprendemos que, en la orilla del Jordán, Jesús nos revela el sentido de su misión: Él ha venido para llevar a cabo la justicia divina, que es salvar a los pecadores; ha venido para tomar sobre sus hombros el pecado del mundo y descender a las aguas del abismo, de la muerte, con el fin de recuperarnos e impedir que nos ahoguemos», recordó el Santo Padre.
Además, Francisco dijo que «nos da miedo pensar que Dios es misericordia, pero Dios es misericordia, porque su justicia es la misericordia que salva, es el amor que comparte nuestra condición humana, que se hace cercano, solidario con nuestro dolor, entrando en nuestras oscuridades para restablecer la luz».
De nuevo, no se sabe muy bien el motivo, volvió a insistir en que «tenemos miedo de pensar en un justicia tan misericordiosa, pero sigamos adelante, Dios es misericordia. Su justicia es misericordia. Dejemos que Él nos tome de la mano». El Papa subrayó que «estamos llamados a ejercer de este modo la justicia en las relaciones con los demás, en la Iglesia, en la sociedad: no con la dureza de quien juzga y condena dividiendo las personas en buenas y malas, sino con la misericordia de quien acoge compartiendo las heridas y las fragilidades de las hermanas y de los hermanos para levantarlos».
«Quisiera decirlo así: no dividiendo, sino compartiendo. No dividir, sino compartir. Hagamos como Jesús: compartamos, llevemos los pesos los unos de los otros, en vez de chismorrear y destruir, mirémonos con compasión, ayudémonos mutuamente. Preguntémonos: ¿yo soy una persona que divide o que comparte? Reflexionemos: ¿soy un discípulo del amor de Jesús o un discípulo del chismorreo que divide? El chismorreo es un arma letal: mata, mata el amor, mata la sociedad, mata la fraternidad. Preguntémonos: ¿soy una persona que divide o una persona que comparte?» concluyó el Papa en lo que muchos ya lo han interpretado como un ‘dardo’ a Gäswein por sus declaraciones de estos últimos días.
Francisco bautizó a 13 niños
Tras el rezo del Ángelus, el Papa recordó que «siguiendo la tradición, bauticé en la Capilla Sixtina a algunos recién nacidos, hijos de empleados de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Ahora, en la fiesta del Bautismo del Señor, me complace extender mi saludo y mi bendición a todos los niños y niñas que han recibido o recibirán el Bautismo hoy o en este período».
Además, invitó a todos los fieles a celebrar la fecha en que fuimos bautizados, es decir, en que nos hicimos cristianos. «Os pregunto a cada uno ¿sabéis la fecha de vuestro Bautismo? Seguro que alguno no la sabe. Preguntar a vuestros padres, familiares, padrinos: ¿cuál es la fecha de mi Bautismo? Y luego, cada año, celebrad esa fecha, porque es un nuevo cumpleaños, el cumpleaños de la fe. Esta es la tarea para hoy, para cada uno: cuál es la fecha de mi Bautismo, para poder celebrarlo», agregó Francisco.
Recuerdo a las madres ucranianas y rusas
El Papa volvió a insistir en no olvidar a los ucranianos. «¡Sufren tanto por la guerra! Esta Navidad en guerra, sin luz, sin calor, ¡sufren mucho! Por favor, no los olvidemos», pidió el Santo Padre.
«Y hoy, viendo a la Virgen que tiene en su regazo al niño en el Pesebre, amamantándolo, pienso en las madres de las víctimas de la guerra, de los soldados que han caído en esta guerra en Ucrania. Las madres ucranianas y las madres rusas han perdido a sus hijos. Este es el precio de la guerra. Recemos por las madres que han perdido a sus hijos soldados, tanto ucranianas como rusas», añadió el Pontífice.