Joseph Ratzinger: un hombre enviado por Dios

Vittorio Messori Benedicto XVI
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(R. Jared Staudt en Crisis Magazine)-En mi opinión, Joseph Ratzinger será recordado como el mejor teólogo del siglo XX, con el legado más largo e impactante de cualquier teólogo católico desde Newman.

Se me escapan las palabras adecuadas para elogiar a un hombre que ha impactado tan profundamente a la Iglesia. Me encontré recurriendo a las propias palabras de Dios para captar el impacto de la enseñanza, el liderazgo y el sentido litúrgico de Joseph Ratzinger: «Surgió un hombre enviado por Dios […] este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él» (Juan 1,6-7). Aunque destinadas a Juan el Bautista, estas palabras hacen justicia a Ratzinger como gran testigo de la luz para nuestro tiempo. 

Reflexionando sobre el enorme legado de Ratzinger, me siento atraído por tres pasajes adicionales de la Escritura: el escriba, el administrador y el verdadero adorador. Estos pasajes reflejan los principales elementos del legado de Ratzinger como teólogo, pastor y profeta de la renovación litúrgica.

El tesoro, tanto nuevo como antiguo, refleja la asombrosa capacidad de Ratzinger para volver a la fuente de la Escritura y los Padres de la Iglesia y extraer de ellas nuevas ideas. Contempló la tradición con una mirada renovada, al tiempo que comprendía los problemas y las necesidades del momento. En una época en la que estaba de moda descartar la historia de la Iglesia, él contribuyó a recuperarla y hacerla viva de nuevo, ordenando su pensamiento hacia la renovación de la Iglesia. 

En mi opinión, Ratzinger será recordado como el mejor teólogo del siglo XX, con el legado más largo e impactante de cualquier teólogo católico desde Newman. Representa lo mejor de lo que se pretendía con el movimiento del resurgimiento. Comprendió que se necesitaba algo nuevo, pero que este nuevo estilo no debía significar una ruptura con el pasado, sino ofrecer una presentación fresca de lo nunca anticuado y siempre novedoso.

El mundo, e incluso la Iglesia, se habían cansado de mirar el Evangelio. Cada vez que leo un breve pasaje de uno de sus libros o un discurso suyo, siempre me sorprende la hondura de cualquier tema que abordaba. Cada frase destila una sabiduría inesperada. 

Es imposible plasmar su contribución teológica en un breve homenaje, pero sus escritos sobre interpretación bíblica ofrecen un ejemplo perfecto. Los estudios sobre la Biblia se habían vuelto casi totalmente seculares y escépticos causando que los cristianos fieles se vieran tentados a descartar la erudición crítica. Por el contrario, Ratzinger propuso, especialmente en su Conferencia Erasmus, una nueva síntesis, basada en la primacía de leer la Biblia como un texto unificado con fe, aprovechando al mismo tiempo cualquier conocimiento histórico y literario útil de la nueva metodología. 

En última instancia, su visión de la interpretación de las Escrituras nos remite a un tema central de toda su teología: la armonía entre fe y razón. En su discurso de Ratisbona explicó cómo la propia Biblia nos comunica esta visión: «Logos significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. De este modo, san Juan nos ha brindado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra con la que todos los caminos de la fe bíblica, a menudo arduos y tortuosos, alcanzan su meta, encuentran su síntesis. En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista».

La Biblia se dirige a nosotros como seres racionales e invita a la fe como respuesta de la mente informada por la verdad de la creación.

Su Introducción al cristianismo resume su labor más amplia de reintroducción de los fundamentos del cristianismo, mostrándonos que necesitamos despojarnos de nuestra autocomplacencia para escuchar de nuevo el mensaje del Evangelio. Del mismo modo, en sus volúmenes sobre Jesús de Nazaret quiso que viéramos a Jesús de un modo renovado, como «una figura históricamente plausible y convincente» (vol. 1, xxii). Aunque nunca llegó a completar la obra magna que pretendía, una obra completa de teología sistemática, disponemos de un extenso corpus de obras sobre una amplia gama de temas que nos mantendrán ocupados durante algún tiempo. 

Como papa, su conmovedor análisis de la Iglesia y del mundo se manifestó mejor en esos monumentales discursos que pronunció por toda Europa: 

  • Ratisbona – sobre fe y razón (conocido por los comentarios de Benedicto sobre la violencia en el islam).
  • París – sobre el papel de los benedictinos en la formación de la cultura, uniendo en su búsqueda de Dios palabra y obra.
  • Roma – el discurso que no pudo pronunciar debido a las protestas en la universidad, La Sapienzia, sobre la universidad y la verdad. 
  • Londres – en Westminster Hall, lugar del juicio a Tomás Moro, sobre fe y democracia. 
  • Berlín – discurso que pronunció ante el Reichstag de su nación, sobre la necesidad de la justicia como fundamento del derecho. 

En todos estos discursos abogó por una sólida relación entre fe y razón (ambas socavadas en nuestra cultura) para restaurar la humanidad y un camino hacia la renovación de Occidente. 

A Ratzinger, como a san Gregorio Magno, no se le permitió abrazar una vida de tranquila contemplación y estudio, sino que fue empujado al centro de la vida pastoral de la Iglesia. Su trabajo en este servicio no fue una distracción ni se opuso a su vocación teológica, sino que le permitió configurar la vida de la Iglesia de forma orgánica. 

Sabía lo que estaba en juego en la misión de la Iglesia, pues comenzó su formación en el seminario durante la Segunda Guerra Mundial, un claro momento de encrucijada. Siendo un joven sacerdote, continuó sus estudios, enseñó catequesis, desempeñó tareas parroquiales y se convirtió en profesor universitario. Su ensayo «The New Pagans and the Church» llegó a molestar a su obispo, el cardenal Joseph Wendel. Con este ensayo inició una larga lucha contra el secularismo, no solo en la sociedad, sino también en la Iglesia.

El Concilio Vaticano II, un momento verdaderamente crucial en su vida, situó a Ratzinger, a la temprana edad de 35 años, en medio de los esfuerzos de la Iglesia por encontrar una nueva forma de comprometerse con el mundo moderno. Como peritus, o experto teólogo, de uno de los obispos más influyentes, el cardenal Josef Frings, tuvo la oportunidad de ayudar a dar forma a la dirección del Concilio, en particular abogando por el rechazo de los documentos preparados de antemano y ayudando a redactar nuevos textos. Tras el Concilio alcanzó el éxito como profesor, ocupando un puesto en Tubinga.

Sin embargo, el Señor le llamó a ser pastor, por lo que abandonó la universidad, un poco a regañadientes, y aceptó su nombramiento como arzobispo de Múnich en 1977. Poco después fue nombrado cardenal por Pablo VI y, solo unos años más tarde, Juan Pablo II le convenció, una vez más a regañadientes, para que se trasladara a Roma como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Su servicio en este cargo fluía naturalmente de su compromiso con la verdad al servicio del ministerio de la Iglesia. Hizo honor a su lema episcopal, Compañeros en la Verdad, trabajando en colaboración con obispos de todo el mundo, especialmente en la creación del Catecismo de la Iglesia Católica. 

Elegido pastor principal del rebaño en 2005, demostró ser un papa amable pero valiente. No obstante, se mostró cauto y poco dispuesto a forzar sus puntos de vista sobre la reforma de la Iglesia (hasta cierto punto), pero actuaría a pesar de todo, en favor de la salvación de las almas. Lo vemos en su falta de voluntad para impulsar la reforma litúrgica, pero sí en su disposición a pasar por encima de los obispos ingleses para formar ordinariatos para los anglicanos. La creación de los ordinariatos fue un paso histórico, que demostró su audacia para crear nuevas estructuras y contravenir lo políticamente correcto cuando más importaba. Otro ejemplo de esta valentía se encuentra en Summorum Pontificum, al eliminar las restricciones a la celebración de la misa tridentina. 

Nadie pensaba que la administración fuera el punto fuerte de Ratzinger como papa. Sin embargo, tenía sus prioridades. Hizo hincapié en el nombramiento de obispos sólidos y se aseguró de que sus designados fueran doctrinalmente firmes y estuvieran dispuestos a comprometerse con la cultura y evangelizar. También puso en marcha reformas para abordar los abusos sexuales (basándose en su trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe) y para regularizar las prácticas financieras (que se enfrentaron a una fuerte oposición). 

A lo largo de su ministerio como sacerdote, obispo, funcionario de la curia y Sumo Pontífice, nos dio el alimento que necesitábamos a su debido tiempo. En una época de caos doctrinal y pastoral, el Señor elevó a Ratzinger para que nos alimentara con la verdad de Su Evangelio de una manera que no se plegaba ante los desafíos presentados por la cultura secular. De hecho, presentó la fe como el único antídoto contra el espíritu antihumano de nuestro tiempo. Insistió en que la verdadera libertad solo proviene de la obediencia a Dios.

Ratzinger comprendió la única cosa necesaria, de la que Jesús habló a Marta (Lucas 10,42). Sentarse a los pies del Señor, entrar en comunión con Él: estas son las realidades más importantes en la vida de la Iglesia. Ratzinger captó esta «única cosa», en medio de una crisis espiritual en la que las preocupaciones materiales se anteponían a la fe y el culto. Un ejemplo provenía de la teología de la liberación, que convertía el Reino en algo terrenal. Era una época de catequesis basada en la experiencia, más centrada en los signos de la época que en el Evangelio. En respuesta, Ratzinger ejerció de profeta llamando a la Iglesia al culto en espíritu y verdad. 

En un prefacio para la edición rusa del volumen 11 (el primero publicado) de su opera omnia, describió la centralidad de la liturgia: «Se hizo cada vez más evidente que la existencia de la Iglesia vive de la correcta celebración de la liturgia y que la Iglesia está en peligro cuando la primacía de Dios ya no aparece en la liturgia ni, en consecuencia, en la vida. La causa más profunda de la crisis que ha trastornado a la Iglesia reside en el oscurecimiento de la prioridad de Dios en la liturgia. Todo esto me llevó a dedicarme al tema de la liturgia más que antes, porque sabía que la verdadera renovación de la liturgia es una condición fundamental para la renovación de la Iglesia».

Ratzinger nos ha llamado a poner a Cristo en primer lugar y a centrar nuestra liturgia en Él y no en nosotros mismos. Su visión teológica en su conjunto tira para reorientarnos hacia una visión y una práctica teocéntricas y no antropocéntricas. 

El culto se ha vuelto mundano, plano y centrado en sí mismo, una forma ineficaz de entretenimiento. En una de sus mejores obras, El espíritu de la liturgia, Ratzinger no se anda con rodeos al examinar la adoración del becerro de oro y señalar que es un «círculo cerrado sobre sí mismo», «egoísta», «banal autogratificación» y «esotérico». Aunque utiliza una imagen del Antiguo Testamento, no cabe duda de a qué se refiere. Necesitamos la adoración, más que ninguna otra cosa. No una autoafirmación, no una reunión sociológica, no un tiempo de instrucción, sino un culto real y genuino. 

Ratzinger nos pide, en un discurso de obligada lectura, que dejemos que la belleza de Cristo nos impregne, «siendo alcanzados por la flecha de la Belleza que hiere». No basta con hablar de la verdad de la fe. Necesitamos experimentar la belleza de lo que creemos, que debe resplandecer en nuestro culto. La liturgia expresa la alegría de la Jerusalén celestial, irrumpiendo en el tiempo: «Las fiestas son una participación de la acción de Dios en el tiempo, y las imágenes mismas, como recuerdo en forma visible, están implicadas en la re-presentación litúrgica» (Espíritu de la Liturgia). La forma de la liturgia importa; nuestras acciones dentro de ella importan; la música importa; las imágenes importan, porque todas ellas median una realidad celestial y, por tanto, deben representar adecuadamente lo que significan.

Los que esperaban una reforma de la reforma se sintieron decepcionados por la falta de acción decisiva del papado de Ratzinger. En lugar de introducir nuevos cambios en la liturgia, Ratzinger trató de restablecer su continuidad orgánica a través de Summorum Pontificum. Codo con codo, quiso que las formas ordinaria y extraordinaria del rito romano se enriquecieran mutuamente, alejando la reforma litúrgica en el horizonte, pero siguiendo un curso más natural. Mientras dejamos que este largo proceso dé sus frutos, debemos luchar por preservar y difundir el profético legado litúrgico de Ratzinger. 

Ratzinger nos ofrece un modelo de servicio fiel al Señor y a su Iglesia. Nunca se consideró digno de su ministerio, sino que se veía a sí mismo como «un simple y humilde trabajador de la viña del Señor». Quiso retirarse incluso antes de comenzar su papado, pero sirvió en la medida de sus fuerzas. Como buen administrador, encargado de la verdad y del culto de la Iglesia, entrará en su recompensa.

Conociendo su verdadera calidad, podemos confiar en que su legado no será desmantelado. A pesar de cualquier acción para limitarlo o hacerlo retroceder, seguirá brillando e iluminando a la Iglesia cuando los nombres de sus críticos hayan caído en el olvido. Ratzinger no trabajó para crear un legado para sí mismo, sino para señalarnos al Señor. En este servicio, sigue los pasos de Juan el Bautista, como hombre enviado por Dios para dar testimonio e inspirar la fe. El tiempo demostrará el valor duradero de su trabajo como teólogo, pastor y profeta litúrgico. 

Quienes se han enriquecido con las enseñanzas y el ejemplo de Ratzinger deben esforzarse por apropiarse y preservar su legado. En mi opinión, solo hemos empezado a comunicar los ricos tesoros que este siervo ha aportado a la casa del Señor. Mientras recordamos a este gran hombre que Dios nos ha enviado, debemos considerar cómo podemos convertirnos en colaboradores suyos en la verdad.

Publicado por R. Jared Staudt en Crisis Magazine

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana

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Comentarios
77 comentarios en “Joseph Ratzinger: un hombre enviado por Dios
      1. Primero hay que decir cual es el argumento para decir que es el mejor teólogo y demostrarlo sin recurrir a la emocionalidad o a afirmaciones más que discutibles.

        1. ¿En qué se basan? en sus libros heterodoxos «introducción al cristianismo» o «Jesús de Nazaret» en donde se niega parte de la doctrina tradicional?. Basta ya de manipular a la gente a base de papolatría de virtudes que son defectos. ¿Se basan acaso en su contribución al concilio?
          Durante el concilio, Ratzinger se mostró como uno de los modernistas más progresistas, iba con corbata y chaqueta, y es el que introdujo la ambigua palabra «subsiste».

          1. Es todo tan ridículo.
            En «Introducción al cristisnismo» niega la doctrina de la redención por la sangre derramada en la cruz que satisface una deuda con el Padre, dice que eso es falso porque se lo inventó san Anselmo y que la redención es sólo por el amor. Porque el Padre no puede querer el sacrificio sangriento del Hijo. El cura que crea tal cosa está invalidando la intención de sus misas, pq en la misa se le ofrece al Padre lo que el Padre quiere: su Hijo sacrificado derramando su sangre. Eso es lo que redime y eso es lo que propicia la salvación, no el amor a secas como los protestantes.

          2. ¿En qué quedamos? En su testamento de 2006 el propio Ratzinger critica a los autores en que basa él mismo su propia teología equivocada. Si Ratzinger dice que todo eso se ha derrumbado, ¿a qué me vienes ahora alabando la obra «introducción al cristianismo» que se basa en eso mismo que acaba de decir que está derrumbado?.
            Ni pies ni cabeza. Mucho hablar de fe y razón pero esto tan simple no se razona.

          3. Blanca, tú muestras papolatria irracional.
            Razonar es animadversión para tí porque te mueves por emocionalidad. La animadversión con el error es muy buena.
            ¿Buen teólogo por qué? ¿porque así lo sientes?
            Cambiar la doctrina es precisamente no ser buen teólogo.
            Si quieres te pongo más ejemplos de cambios de doctrina. Hay a montones.
            Si él mismo en su testamento se autocritica, dice que está todo eso derrumbado.

          4. Uno: Hace años que leí la «Introducción al Cristianismo» y no recuerdo haber encontrado eso de la «negación de la Redención por la sangre.» ¿Sería usted tan amable de indicarnos en qué capítulo lo dice?
            Y en todo caso quiero subrayar que ese libro es de 1968, y por tanto pertenece al primer Ratzinger que luego evolucionó, porque Ratzinger fue un converso.

          5. Uno, le puedo demostrar que el Papa Benedicto XVI creía en la Redención de Cristo por la sangre. Por ponerle un ejemplo le puedo citar una de sus citas en la que afirma: «Jesús quiso ofrecer su vida en sacrificio para la remisión de los pecados de la humanidad.» (Audiencia general del 8 de abril de 2009)
            Y hay muchos otros ejemplos.

          6. Sacerdote católico, si se da cuenta, la cita que pones: «Jesús quiso ofrecer su vida en sacrificio para la remisión de los pecados de la humanidad» es compatible con la falsa teología del «sólo sacrificio por amor» protestante. Lo católico es concretar que es la sangre derramada la que redime y no solamente «el amor». Porque es Dios Padre el que quiere ese sacrificio de sangre del Hijo y que se lo ofrezcas. El Novus Ordo omite esto y no lo ofrece. Se ofrece en la oración secreta «mi espíritu humilde y corazón contrito», y el pueblo responde: el señor reciba de tus manos este sacrificio… ¿Cuál sacrificio?

          7. Sacerdote Católico.

            «¿no es indigno de Dios pensar que exige la muerte de su hijo para aplacar su ira? A esta pregunta sólo puede responderse negativamente: Dios no pudo pensar así; es más, un concepto tal no tiene nada que ver con la idea veterotestamentaria de Dios. Por el contrario, ahí se trata del Dios que en Cristo habría de convertirse en omega, en la última letra del alfabeto de la creación. Se trata del Dios que es el acto de amor, el puro .para., el que, por eso, entra necesariamente en el incógnito de la última criatura (Sal 22,7). Se trata del Dios que se identifica con su criatura y en su contineri a minimo .en el ser abarcado y dominado por lo más pequeño. da lo .abundante. que lo revela como Dios» («Introducción al cristianismo», pág 114″).

          8. «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, (Juan 3:16) Benedicto confunde el motivo con el hecho. Por supuesto que a Dios le mueve el amor, pero está claro que la reparación exige el sacrificio de su hijo, ya que siendo la ofensa de gravedad infinita solamente alguien de majestad infinita podía satisfacer la Divina justicia. Solo el propio Dios encarnado podía restituir. Queriendo defender a Dios lo empequeñece, argumentando desde una clara posición antropocéntrica, que no tiene en cuenta la santidad de Dios. Hubiera bastado una sola palabra de Dios para justificar a la humanidad, pero como dijo nuestro Señor a Santa Gertrudis en su visión del Purgatorio: «Mi misericordia no quiere esto; pero lo exige la justicia». ¿Si basta el amor por qué hace sufrir dolor en el Purgatorio a las almas que ya están encendidas de amor por él?

          9. Precisamente la mayor prueba del amor de Dios fue que exigió el sacrificio de su hijo. «El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros» (Romanos 8:32).

          10. Uno: «la oración secreta «mi espíritu humilde y corazón contrito», y el pueblo responde: el señor reciba de tus manos este sacrificio… ¿Cuál sacrificio?’.

            Lo más grave es la relación tácita entre la oración secreta y el pasaje bíblico: «Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas.
            El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias». (Salmo 51:18,19). ¡Qué mal pensados somos! ¡Mira que dudar del masón Bugnini!

          11. Uno y Quiénn como Dios. Gracias por las respuestas aclaratorias. Reconozco, pues, que Ratzinger se equivocó en «Introduccion al Cristianismo» en la página 148. Sin embargo insisto en mi teoría de la conversión. Ratzinger con el tiempo abandonó su opinión errada en este asunto.

        2. Que es el mejor teólogo de al menos los últimos doscientos años, no sólo lo dice Infovaticana, sino todos los profesionales del tema.

          1. Lo que tú digas.
            Decir que la resurrección de la carne es falsa porque lo que resucitan son las personas es no ser buen teólogo.
            ¿Resucitan las personas pero sin carne aunque el credo diga que resucita la carne?. Acéptalo, Benedicto dice en su testamento que todo eso se ha derrumbado.

          2. El argumento de «lo dice la mayoría» no es un argumento.
            Garrigu Lagrange es el mejor teólogo. Argumento: se basa en santo Tomás, no cambia ninguna doctrina y no dice cosas raras. Se mantiene tradicional.
            Benedicto se basa en autores que él mismo dice que se han derrumbado: en su testamento lo dice.

          3. La cuestión no es si es bueno o no, la cuestión es si es cierto lo que dice UNO. Si Benedicto escribió eso, que no lo sé y no soy capaz de leerlo por mi falta de conocimientos teológicos. Porque si dijo lo que dice Uno, nos encontramos con un problemón. Y el problema no es que dijera eso, sino la influencia que «eso» ha tenido en la Iglesia.

            Blanca, hay una cosa que se llama Disonancia cognitiva, se´ria muy bueno que se informara lo que es.

    1. Muy de acuerdo con todo lo que has dicho. Tú eres un católico que carece del sentimentalismo de todos los papólatras.
      Sin tener la maldad o perfidia de este sujeto que fue entronizado por la masonería, deben darse cuenta de los errores que ha escrito y que yo sepa, de los que no abjuró públicamente.
      Si tú les estás mostrando las pruebas, siguen insistiendo en que era el mejor teólogo, el más grande teólogo, etc.
      Un Papa no puede decir bajo ningún punto de vista, que un santo de la Iglesia inventa esto o aquello.

  1. Cómo todo y como siempre….todo muerto es lo mejor de lo mejor….nadie niega que haya Sido un gran teólogo, pero parte de la crisis de la iglesia se le debe a Benedicto…..y esto dónde se recalca, quién lo va a decir??????
    Bendiciones.

  2. Magnifico teólogo y muy buen pastor universal, más aún un creyente ejemplar. Su figura teológica del siglo XX se verá eternamente atada a los otros dos grandes teólogos del siglo XX Karl Rahner y Hans Urs Von Balthasar, trabajo y escribió con el primero y discutió algunas de sus posiciones; con el segundo vivió una profunda amistad teológico espiritual que los llevo a funda Communio. Quien pretenda llamarse teólogo en el siglo XXI deberá conocer a los tres, sus posturas y controversias para poder aportar a la senda teológica de la Iglesia. Ahora bien, ninguno de ellos llegó a la altura de un San Tomás de Aquino, un San Agustín o un San Buenaventura.

  3. Mejor que Garrigou-Lagrange? Lo dudo. La pertenencia del joven Ratzinger a la Nouvelle Theologie oscurece su pasado. Su alejamiento de Rahner y de todas esa banda de charlatanes, los Kung, los Von Balthazar, etc , lo ennoblece y demuestra que, realmente, era un hombre con fe. Y con cerebro. Pero nunca dejo de ser un antiescolastico que anhelaba conciliar el desmadre modernista con la Tradición. Qué significa sino el invento de la «hermenéutica de la continuidad»? Algo así como la cuadratura del círculo, digamos. La generación del joven Ratzinger es responsable de haber traído la Iglesia hasta aca: un punto muerto de insignificancia social, confusión, herejía y apostasía. Y su responsabilidad en este desastre-mayor o menor- no puede ocultarse. Cierto que viendo a Francisco o a Kasper, Benedicto es Gregorio Magno. Pero este hecho no puede nublar nuestro juicio.

    1. Le digo lo que a Blanca: hechos, datos, palabras contrastadas y en su contexto.

      Y le digo lo mismo, mire lo que es la disonancia cognitiva.

      1. Existen muchas personas emocionales. Tú les preguntas el motivo de la grandeza teológica de Ratzinger, y te contestan que porque la mayoría lo dice así.
        Además, no tenía carisma. Pero ya lo veremos en los altares del movimiento bergoglianista.

      2. Lo han dicho personas con nombre y apellido, que con toda seguridad conocían a Benedicto mejor que usted. Menos prepotencia, que le gusta mucho a usted hacer de menos a los demás.

    2. Susana, la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero. Que Benedicto XVI durante gran parte de su vida difundió un pensamiento teológico erróneo es fácil de demostrar, como está haciendo Uno. La mayoría lo admitimos y a la vez reconocemos que al final de su vida parece que rectificó sus posturas teológicas anteriores, pero nunca se pronunció expresamente sobre cuales de ellas. Dejando de lado todas aquellas aportaciones teológicas anteriores a su retractación, infeccionadas de modernismo, ¿qué obras posteriores permiten deducir que ha sido un Santo Tomás o un Agustín en el campo de la teología?

    3. Así es. Menuda colección de «teólogos» han surgido de repente… Esto se ha convertido en un centro de intoxicación respecto a la mayoría de los últimos papas. Infovaticana debería tomar alguna determinación para que el foro no se vaya pique.

  4. Se ve que hay mucho enteraillo que se creen teólogos y no se saben ni los sacramentos.
    De hecho hay uno por aquí que le puso un 8 en el primer semestre y un 6 en el segundo…nota final un 7…..con dos pares…..

    1. Es vergonzosa la ralea de teólogos aficionados que hablan ex cathedra más que los papas… Ahora la han tomado con Ratzinger. Pobres.

  5. Con Benedicto XVI termina la “hermenéutica de la continuidad” que se inició después del Concilio Vaticano II, aunque nunca se la llamara así antes de él. Cualquier persona libre de prejuicios que lea los textos correspondientes del magisterio anterior al CVII se da cuenta de que hay en éste cuatro aspectos doctrinales fundamentales que han sido truncados: 1) ecumenismo, 2) libertad religiosa, 3) derechos humanos y 4) Santa Misa. ¿Por qué no cambiar también otras cosas?

    1. Ratzinger siempre mostró su plena adhesión a los documentos conciliares (en “Informe sobre la fe” explícitamente), a lo que hay que añadir posiciones teológicas heterodoxas publicadas en diferentes lugares. Se asumió la posición modernista y la razón dejó de ser compañera subordinada de la fe y se convirtió en su árbitro. Esto, obviamente, no se manifiesta así, pero así se actúa. Se afirma una cosa, acorde a la tradición, y luego, discursivamente, sin que se note mucho, se asevera la contraria. Todo cambia pero parece que todo sigue igual. Era lógico que más pronto o más tarde esta postura esquizofrénica terminara. Esto fue lo que se hizo en el CVII; con la venia de Ratzinger. Como decía Valle Inclán: “viene en la Historia”.

      1. Completamente de acuerdo contigo. Abundando más en la idea de la esquizofrenia que vive la iglesia actual un dato más: En 1968, un poco antes de la publicación de la HV, en la llamada declaración de Teherán, se declaró la anticoncepción como derecho humano básico. ¿Cómo puede la iglesia declararse defensora de los derechos humanos y condenar la anticoncepción?, ¿empezamos a repartir risperidona, olanzapina o quietapina?

  6. El CVII, en sus textos, no fue ningún «desmadre» modernista. Los textos fueron aprobados por una abrumadora mayoría de los Padres Conciliares, muchos de los cuales, por sus edades y procedencias, bebían de la doctrina tradicional y del impulso evangelizador de papas como Pío XII y Juan XXIII. Esa manifiesta mayoría de padres conciliares no deja apenas margen para pensar en textos modernistas, como dicen algunos por aquí . Otra cosa es que no haya textos ambiguos que no hayan podido ser malinterpretados en el postconcilio para desarrollar teologías modernistas e inmanentistas. Y ahí es, precisamente, donde cobra fuerza un teólogo como Ratzinger, quién no ha dejado de acercar a los católicos a una interpretación ortodoxa del Concilio «real» (no de aquél que han querido presentarnos muchos medios seculares y no pocos religiosos). La «hermenéutica de la continuidad» no es el invento de un Ratzinger de dudosa ortodoxia, sino el propósito noble un teólogo entregado a la verdad

  7. La triste realidad es que Benedicto fue uno de los impulsores del modernismo conciliar. La buena noticia está en que rectificó a lo largo del tiempo y con humildad llegó a retractarse de dichos postulados. Piensen que ha sido el único en hacerlo de los últimos papas y es un gran apoyo al auge actual del Tradicionalismo. Juan Pablo II fue conciliar, con un ecumenismo alocado. Pablo VI y Juan XXIII los que recogieron el modernismo anterior y lo metieron con forceps en el concilio, a sabiendas de que estaba condenado como herejía por los anteriores papas y existía el juramento antimodernista, que es una especie de renuncia a Satanás. La situación actual es crítica, el modernismo sigue copando toda la iglesia con el papa mas herético de la historia. Lo único bueno es que los nuevos Tradicionalistas no van a subirse al guindo modernista que es el mundo y sus obras. Cueste lo que cueste. Por Dios morir o vencer. Oriamendi

  8. FUIT HOMO MISSS A DEO… QUE LEAN MI BLOG SOY UN PERIODISTA QUE SEGUÍ
    SU TRAYECTORIA NO CONDENO A ISRAEL PORQUE GRACIAS A LOS JUDIOS PUDE EXPRESAR MIS PENSAMIENTOS

  9. Completamente de acuerdo contigo. Abundando más en la idea de la esquizofrenia que vive la iglesia actual un dato más: En 1968, un poco antes de la publicación de la HV, en la llamada declaración de Teherán, se declaró la anticoncepción como derecho humano básico. ¿Cómo puede la iglesia declararse defensora de los derechos humanos y condenar la anticoncepción?, ¿empezamos a repartir risperidona, olanzapina o quietapina?

  10. Como en mi comentario a Blanca no parece que me haya explicado bien, me gustaría, al menos, intentarlo.

    Todos los santos reconocidos y hay muchos miles, han metido la pata algunas veces, lo que significa que si Benedicto metió la pata, que no lo sé, no significa mucho para su santidad, que Dios lo perdona todo.

    Tal vez lo más peligroso sea lo de la resurrección, que eso es intocable. Pero no veo, desde mi ignorancia teológica ningún problema, las personas están formadas por carne, así que lógicamente resucitaremos todos, personas, con nuestros cuerpos, carne.

    Los escritos más célebres de Benedicto han sido alabados por todos y nadie ha puesto ninguna pega, al contrario, todos han alabado su profunda teología. Pero…

    Insisto, si es cierto lo que dice Uno, habrá que analizarlo y ponerlo en su contexto y ver qué sale. Que seguramente tendrá una buena explicación.

    Pero como digo, con razones y hechos. Lo cual no significa que no fuera un santo y seguramente lo es.

  11. Ratzinger fundo en los 70 la revista de teologia Communio, junto con Von Balthasar y de Lubac, todos de la Nouvelle theologie, y que las hicieron bien gordas en el CV2.
    Anos depues Ratzinger se separo de estos dos teologos modernistas aduciendo que ellos habian cambiado. Y eso es falso, quien quiza cambio fue Ratzinger, y se separo, los otros dos siguieron con sus mismas teologias. La honestidad exijia reconocer que fue Ratzinger quien cambio, no los otros. No cuela, no se desdijo, no puede ser. La verdad es la verdad, y la verdad hace que uno rece mas por su alma, porque lo que mas puede detestar ahora Ratzinger es a los papolatras que ya lo colocan en el cielo.

  12. Benedicto XVI ha sido un Papa teólogo, y ocupa un lugar preeminente entre los más insignes sucesores de San Pedro.
    Coincido con el articulista al señalar que «Ratzinger fue un hombre enviado por Dios.» De hecho, el Espíritu Santo lo eligió para ser pontífice, lo que le otorgó la ocasión de hacer gran bien a la Iglesia.
    Lo que no quita que cometió errores como el de dimitir, y puestos a dar notas como algunos sugieren, yo le pongo un notable alto.

  13. A algunos de los que aquí escriben habría que decirles lo que ellos dicen a los que tildan de modernistas (es decir, a todo católico salvo ellos mismos): si no os gustan la Iglesia y el Vaticano II en la hermenéutica que de él hicieron san Juan Pablo II y Benedicto XVI, marchaos. ¿Vuestro ideal es Lefebvre y la Fraternidad san Pío X? Pues adelante, id con ellos y dejadnos a los demás en paz. Sois insufribles, prepotentes y os creéis los legítimos y únicos intérpretes de la Sagrada Escritura, de la Tradición y hasta del Magisterio. Con vosotros todo son acusaciones, análisis de cada palabra en cada párrafo de cada documento, de cada intervención, en cada momento. Y si hay algo que os suena mínimamente distinto en la palaba empleada, en la forma, en el contexto y hasta en el ejemplo que se use como ilustración, saltáis como jueces inapelables e incapaces de error alguno. Acusar poco menos que de herejes a JP II y a BXVI solo puede ser propio de mentes enfermas.

    1. Totalmente de acuerdo con todo lo que dices, parecen gente rebotada de «herejía digital» basta leer la radical línea editorial contra JPII, y Benedicto XVI para darse cuenta que son los » mismos perros con distintos collares»

      1. Os tenemos amargados.
        Tenéis dos opciones: o se vuelven tradis razonando, o los progresistas os comen con patatas. Estáis rodeados.
        Acepten la realidad: si no se va a la raíz, sigue brotando.

        1. Mucho me temo que «Tradi razonando» es una contradicción en los términos. Y no, ni estoy amargado ni rodeado. Me gustaría dialogar con mesura y siguiendo criterios de razonabilidad en la fe, pero con ustedes es imposible: en lugar de examinar lo que digo, juzgarán hasta la última «iota» de lo que escribo y acabarán insultándome o declarándome hereje.

          1. Juanito, es que tenéis mucho morro, dais el golpe de estado conciliar, la mayor estafa en la historia de la iglesia y no podemos denunciarlo. Vosotros sois como el que se pee y se enoja e insultais a los fieles de la iglesia de siempre, a nuestros antepasados, y a la Santa Tradición. Sí vosotros, los que habéis metido en la iglesia la herejía modernista mezcla de todas ellas, como ya advirtieran en sus encíclicas los papas anteriores. Sois vosotros los modernistas los que os podéis marchar a freír puñetas. Si te crees que por ejemplo los carlistas, tras 200 años de lucha por la Tradición con cien mil muertos en los campos de batalla bajo las banderas de Dios, Patria y Rey legítimo, se van a rendir ahora frente a cuatro pelagatos progresistas estáis aviados.. Venga ya hombre, ni muertos. ¿Te parece poco razonamiento?.

        2. Lo que estamos es hartos de oir simplezas. ¿Quien os habéis creído que sois? Si supierais algo seríais un poco más humildes… Fantasmas.

    2. Modernistas no son aquellos que señalan aquí malévolos comentaristas, sino los que defienden las ideas del modernismo que condenó expresamente en el Syllabus el Beato Pío IX. Entre ellos cabe incluir en su día a Benedicto XVI, quien declaró que la Constitución Gaudium et Spes es también un auténtico Anti-Syllabus. ¡Dicho por quien había hecho el juramento anti modernista, tiene bemoles! Aclarar aquí que yo no niego que Benedicto XVI pueda ser un santo, como lo fue San Pedro pese a haber negado tres veces a Cristo, lo que digo es que no se puede blanquear toda su obra teológica porque parte de ella está infectada de modernismo. Y sí, tiene usted razón, analizamos cada palabra y cada documento con lupa, sobre todo después de que Pablo VI tuviera que paralizar la publicación de una constitución dogmática del Concilio en tanto dictaba él una nota aclaratoria sobre cómo debía interpretarse.

  14. Yo no voy a negar que fuera un gran teólogo. Un Papa no está para escribir libros maravillosos de teología que, dicho sea de paso, van a leer cuatro documentados. Está para gobernar la Iglesia no para que mientras sus obispos se dedican a predicar herejías; a organizar bailes en bragas y sujetador alrededor del altar de la catedral (como hizo el cerdo de Osnabrück); circos con caballos cagándose dentro de la catedral, como hizo otro sinvergüenza francés; sacerdotes celebrando Misa con estolas con la bandera LGTB o misas concelebradas con protestantes… él esté dilucidando sobre si el limbo existe o sobre si el cielo y el infierno son un estado o un lugar.

    1. Lo dicho del Papa sirve para los obispos, algunos de ellos aficionados a escribir cartas pastorales que no se leen ni sus curas y que no se molestan, por ejemplo, en reunir en cada municipio de su diocesis a los niños que han recibido la catequesis y comprobar su nivel de conocimiento de la Santa religión; luego te encuentras con que una de las niñas que acababa de hacer la comunión en el palacio arzobispal, con decenas de niños más, preguntada por si sabía lo que había recibido en la comunión, contesta que: «una galleta reseca, que sabe asquerosa, como si te estuvieras comiendo un billete»; o que en el tanatorio de la ciudad donde tiene su sede episcopal, durante la pandemia no había un triste sacerdote o diácono que dijera una oración a los cristianos que iban a ser enterrados, como le pasó a un familiar cercano mío, que fue enterrado como se entierra un gato en una caja de zapatos.

    2. Obispo significa «vigilante», «inspector»; el que de verdad vigila e inspecciona tiene muy poquito tiempo para dedicarse a escribir libros y cartas pastorales. Quizá ese fue el problema de Benedicto XVI y por eso no aguantó la presión de su cargo; quizá tenía que haber hecho toda su vida lo que hizo el tiempo que estuvo de emérito, dedicarse al estudio de la teología y a escribir en la soledad de un claustro. La historia nos demuestra que cuando un intelectual dedicado al estudio y a la escritura se mete a gobernar, como hizo Alfonso X el Sabio, el reino va de culo («no se puede estar en misa y repicando»).

  15. Guardo un grato recuerdo de Benedicto XVI, que en conjunto fue un buen Papa. Un hombre bondadoso, tierno, cercano, brillante intelectual, que hizo mucho bien a la Iglesia.
    Sin embargo hay que reconocer que su pontificado tuvo luces y sombras.
    Se podría decir que Benedicto fue para la Iglesia lo que el PP para España. Y así, mientras el PSOE siempre establece leyes infames, cuando llega el PP no las quita, aunque en alguna ocasión modifica algún aspecto para bien. Por poner un ejemplo, el PSOE es el que ha aprobado todas las leyes que permiten el aborto, y cuando ha gobernado el PP (incluso con mayoría absoluta) no ha suprimido el aborto, aunque sí ha moderado algunos de sus aspectos…

    1. Y de modo parecido, y por poner un ejemplo, apareció Pablo VI que permitió la comunión en la mano, y luego llegó San Juan Pablo II y Benedicto XVI que aunque no eran partidarios, tampoco la derogaron. Y como esto podríamos citar otros muchos ejemplos.
      Dice el refrán: “El tuerto es el rey en el país del ciego.” Y es evidente que comparado con el desastre de Francisco, Benedicto XVI fue sobresaliente suma cum laude, pero ¿qué nota le podríamos dar si lo comparamos con Pío IX, León XIII, Pío X, etc.?

      1. ¡Estupenda comparación! Lo vemos como un gigante porque lo miramos desde el subsuelo de Bergoglio. No derogó desviaciones del Concilio, en las que probablemente algo tuvo que ver en su juventud, por falta de valor o porque como dice el refrán: «el que se calla procesión quiere que haya». En cuanto a que es un grandísimo teólogo, insisto, ¿qué aportaciones nuevas ha hecho en el campo de la teología dentro de la ortodoxia? ¡Qué sabía mucho de teología, en general! Probablemente haya decenas, o cientos, de profesores de teología, que no conoce nadie, que saben tanto o más que él; basta con leerse, por ejemplo, «Iota Unum» (obra que deja en pelotas al Concilio) para descubrir a un Romano Amerio, también perito del Vaticano II en el lado de la ortodoxia y por ello perseguido.

        1. Niega usted que Benedicto XVI haya hecho aportaciones nuevas en el campo de la teología dentro de la ortodoxia y, como contraste, pone como ejemplo a Romano Amerio. Pero Iota Unum se limita a ser una crítica de lo sucedido en el Concilio (y aun antes). ¿Limitarse a criticar es aportar alguna novedad? Mire usted. El Magisterio de la Iglesia no puede ir contra la Tradición, eso es cierto, pero es progresivo pues el Espíritu Santo es una persona viva y sus dones a la Iglesia la permitirán seguir profundizando en el conocimiento de la Revelación hasta el final de la Historia. Si me apura, es hasta herético considerar que todo lo que la razón, iluminada por la fe y por los dones del Espíritu, puede conocer de lo revelado por Dios terminó con el Concilio Vaticano I. Aunque en sentido contrario, son ustedes tan extremistas e irracionales como los pirrónicos en teología a los que Amerio critica.

          1. Lea bien mi comentario. Yo no he dicho que Romano Amerio aportará nada nuevo al campo de la teología, he dicho que en su obra crítica del Concilio también demostró tener profundos conocimientos teológicos y filosóficos. Puesto que ni él ni Benedicto XVI han aportado nada nuevo al campo de la teología, dentro de la ortodoxia (solo quedaría por valorar sus conocimientos generales de teología), no entiendo que puede elevar a Benedicto a poco menos que doctor de la Iglesia. ¿Por qué parte de su obra teológica? Lo dicen muchos… Sí, también compara Kasper a Bergoglio con Santo Tomás, San Agustín y Lutero. ¡En su comparación con el último ha acertado de lleno!

          2. ¿ Cómo?, he leído bien, que el Espíritu Santo es progresista y evoluciona con los tiempos. Dios es inmutable cretino. El mundo pasará las palabras de Cristo no pasarán. Todo lo que no haya sido sembrado por el Padre será arrancado de cuajo al final de los tiempos, entre ellos, espero ver descuajaringado el mamotreto conciliar. Fuente de todas las calamidades que sufre la iglesia. El Espíritu Santo no pudo inspirar el decreto de libertad religiosa, eso es imposible, renegar de Cristo y de la Verdad revelada. Fue dictado por la masonería como la nueva misa, con puntos y comas, lea, lea y verá los términos de tenida masónica. Estáis locos.

  16. De la misma manera que Orígenes no ha sido declarado santo por su pensamiento erróneo sobre la preexistencia de las almas, Ratzinger tampoco puede serlo por decir que San Juan Evangelista no escribió el Evangelio de Juan, y lo propio del Evangelio de San Mateo.

    Trento fijó dogmáticamente como Escrituras canónicas el Evangelio de Mateo y el de Juan. No un evangelio que se llama de Juan, pero este Juan vaya usted a saber quién es.

    Me consta que en muchos seminarios se da por sentado que ni Mateo ni Juan escribieron sus evangelios. Qué novedad más maravillosa (por fin salieron de las tinieblas la plétora de papas y santos que lo dieron por sentado equivocadamente).

    De todas formas los adoradores de Benedicto, tranquilos, seguramente se le declarará santo, como a su tiempo a Francisco, que también es papa y tiene sus propios adoradores.

    1. En mi opinión, ninguno de los Papas posteriores al CVII es santo (ninguno lo hubiera sido si JPII no hubiera modificado el procedimiento de canonización) y dudo mucho que alguno de ellos esté ya gozando de la visión beatífica. Porque al que mucho se le ha dado, mucho se le exigirá y a esos Papas, se les dio muchísimo.

        1. Si a ti te parecen santos, bien, es tu opinión, también muy autorizada. Ahora si crees que

          1) aquel que besó el Corán,
          2) que en 1986, en Asís, se reunió para rezar a Dios (pretendidamente por la paz) con jerarcas de distintas confesiones «religiosas» (cuando el mismo Evangelio nos dice que el que no tiene al Hijo no tiene al Padre, y que las demás confesiones «religiosas» en realidad adoran a demonios),
          3) que dijo que los j u d í o s son nuestros hermanos mayores en la fe (cuando está bien en claro en las Escrituras que solo son hermanos en la fe aquellos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo),
          4) que hizo colocar en el Catecismo que la Alianza de Dios con los judíos (la antigua alianza) no ha caducado (cuando existe reiterado magisterio extraordinario en senido contrario),
          5) y así otros varios errores contra la fe,

          es santo, entonces Blanca tu catolicismo deja mucho que desear.

  17. Al César lo que es del César. En esta estoy con Uno. Dar el calificativo del mejor teólogo del siglo XX a aquel que, en su obra «Introducción al Cristianismo» hace apología de Teilhard de Chardin, no habla muy bien que digamos del que otorga ese calificativo. Más aún, la cristología de Ratzinger expresada en tal obra en varios puntos es erronea y raya en la herejía. Para Ratzinger Jesús no es Dios porque es Hijo natural de Dios,nacido del Padre antes de todos los siglos, «engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre», porque su Persona comparte ab aeterno la infinita naturaleza divina y, por tanto, posee sus infinitas perfecciones, sino que es un hombre que «llegó a coincidir con Dios» en el momento en que, en la cruz, encarnó el «ser para los otros», el «altruista por antonomasia».

    1. Esto se puede comprobar leyendo el apartado «II. Jesucristo» de Introducción al Cristianismo, en donde entre otras cosas podemos leer:

      ¿No se disuelve la cristología (discurso sobre Cristo) en teología (discurso sobre Dios)? ¿No tendríamos antes que reclamar apasionadamente a Jesús como hombre? ¿No tendríamos que concebir la cristología como humanismo y antropología? ¿No debería el hombre auténtico, por ser plena y propiamente lo que es, ser Dios? ¿No debería Dios ser el auténtico hombre? ¿No podría ser que el humanismo más radical y la fe en el Dios se superpusiesen uno a otro, es más, que se identificasen?

    2. «el ser esclavo incluye toda la existencia de Jesús de tal modo que su ser es servicio. Y precisamente porque su ser no es sino servicio, es hijo. Aquí llega a su culmen la transmutación cristiana de los valores; aquí se pone en evidencia cómo el que se entrega al servicio de los demás, el que pierde su egoísmo y se vacía a sí mismo es el verdadero hombre, el hombre del futuro, la unión del hombre y Dios.

      Demos un paso hacia adelante. Ahora es evidente que los dogmas de Nicea y Calcedonia sólo quisieron expresar la identidad entre el servicio y el ser… Estas formulaciones dogmáticas y su cristología no prolongan las ideas míticas de la procreación. Quien esto afirme, demuestra que no tiene la menor idea de lo que es Calcedonia, del significado de la ontología ni de esas expresiones míticas.»

    3. «Jesús es su obra. Detrás de ella no está el hombre Jesús en el que no sucede nada. Su ser es pura actualitas de “de” y de “para”. Y porque ese ser es inseparable de su actualitas, coincide con Dios y es el hombre ejemplar, el hombre del futuro en quien el hombre aparece como realidad futura.»

    4. «Hemos llegado a un punto en el que podemos intentar hacer una síntesis de lo que significa nuestra profesión de fe: “Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor”. Según lo que antes hemos afirmado, la fe cristiana ve en Jesús de Nazaret el hombre ejemplar; … Pero precisamente por ser el hombre ejemplar y normativo supera los límites del ser humano; sólo así es en verdad el hombre ejemplar, ya que el hombre está más en sí cuanto más está en los demás. Sólo llega a sí mismo mediante los demás y mediante el estar con ellos, cuando está con ellos.»

    5. Y después de todo lo anterior sigue con textos de Teilhard de Chardin (¡Teilhard de Chardin!) para seguir «iluminandonos» respecto de su cristología. Su obra fue escrita en 1968; si Ratzinger cambió de pensamiento, no lo sé, pero sí sé que la última reedición de la obra fue en 2013, y se sigue empleando en seminarios y en la formación de laicos. Si quien fuera Benedicto XVI pensaba distinto que en su juventud, no hizo nada para modificar sus escritos de entonces.

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