En el discurso, no pronunciado pero sí entregado, a los participantes en el curso para rectores y formadores de los seminarios latinoamericanos, Francisco subrayó que las auténticas motivaciones vocacionales son «el seguimiento del Señor y la instauración del Reino de Dios».
Uno de los retos más importantes en la formación sacerdotal, según el discurso entregado, es construir «verdaderas comunidades cristianas» que no sólo promuevan «un proyecto formativo coherente», sino también «una experiencia verdaderamente comunitaria en todas las dimensiones de la formación».
El Papa pide a los seminaristas que se propongan “renunciar a la inercia y al protagonismo y empezar a soñar juntos, sin lamentar el pasado, no solos, sino unidos y abiertos a lo que el Señor desea hoy como formación para las próximas generaciones de sacerdotes inspirados en las orientaciones actuales de la Iglesia».”
Otro reto es formar «condiscípulos de los demás fieles cristianos, que comparten «las mismas necesidades humanas y espirituales» y están sujetos a «las mismas fragilidades, limitaciones y errores». “Hay que tener cuidado, pues su misión no es formar «superhombres», que pretendan conocer y controlar todo y ser autosuficientes; al contrario, es formar hombres que con humildad sigan el proceso elegido por el Hijo de Dios, que es el camino de la encarnación.”