Juan Pablo II a los religiosos: «Debéis evitar todo lo que pueda hacer creer a los fieles que existe en la Iglesia un doble magisterio»

Juan Pablo II
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El 2 de noviembre de 1982, el Papa Juan Pablo II mantuvo una agenda intensa dentro del Viaje Apostólico que estaba realizando a España

Además de celebrar la Santa Misa por el día de los Difuntos en el cementerio de la Almudena, Juan Pablo II tuvo un encuentro oficial con el Rey y las autoridades del Gobierno en el Palacio Real de Madrid, visitó la sede de la Organización Mundial del Turismo, mantuvo un encuentro con el Cuerpo Diplomático, otro con los representantes de los medios de comunicación social, celebró la Santa Misa para las familias y concluyó el día con otro encuentro con los religiosos y los miembros de los institutos seculares.

Es precisamente el discurso con los religiosos, lo que hemos querido rescatar para hoy, para seguir conmemorando el 40 aniversario de la primera visita de san Juan Pablo II a España.

Encuentro con los religiosos y los miembros de los institutos seculares:

Queridos hermanos,

1. El encuentro de oración en esta tarde, aquí en Madrid, casi al comienzo de mi peregrinación apostólica por España, es para mí un inmenso gozo. En efecto, se trata de un encuentro con personas muy queridas, cuya existencia, consagrada por los tres votos evangélicos, “pertenece de manera indiscutible a la vida y santidad de la Iglesia” (Lumen Gentium, 44).

Pertenecéis a esa inmensa corriente vital que ha brotado con tanta generosidad en las tierras de España, y que ha hecho fructificar abundantemente la semilla evangélica en multitud de pueblos de todo el universo. Familias religiosas de antiguo abolengo y de más reciente creación, habéis servido con un corazón grande a todos los hombres, de todas las razas y de todas las lenguas; y, antes y ahora, habéis vivificado el tronco dos veces milenario de la Iglesia.

Os diré con palabras de San Pablo, que a continuamente estoy dando gracias a Dios por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Jesucristo: porque en El habéis sido enriquecidos con toda suerte de bienes . . ., habiéndose verificado así en vosotros el testimonio de Cristo” (1 Cor. 4, 6). El Papa agradece también la oportunidad de este encuentro que Santa Teresa de Jesús me ha facilitado, porque ella ha sido la ocasión que tanto esperaba para poder hablaros al corazón.

Sois una gran riqueza de espiritualidad y de iniciativas apostólicas en el seno de la Iglesia. De vosotros depende en buena parte la suerte de la Iglesia.

Esto os impone una grave responsabilidad y exige una profunda conciencia de la grandeza de la vocación recibida y de la necesidad de adecuarse cada vez más a ella. Se trata, en efecto, de seguir a Cristo y, respondiendo afirmativamente a la llamada recibida, servir gozosamente a la Iglesia en santidad de vida.

2. Vuestra vocación es iniciativa divina; un don hecho a vosotros y, al mismo tiempo, un regalo para la Iglesia. Confiados en la fidelidad del que os llamó y en la fuerza del Espíritu, os habéis puesto a disposición de Dios con los votos de pobreza, castidad consagrada y obediencia; y esto, no por un tiempo, sino para toda la vida, con un “compromiso irrevocable”. Habéis pronunciado en la fe un sí para todo y para siempre. Así, en una sociedad en la que con frecuencia falta la valentía para aceptar compromisos, y en la que muchos prefieren vanamente una vida sin vínculos, dais el testimonio de vivir con compromisos definitivos, en una decisión por Dios que abarca toda la existencia.

Vosotros sabéis amar. La calidad de una persona se puede medir por la categoría de sus vínculos. Por eso cabe decir gozosamente que vuestra libertad se ha vinculado libremente a Dios con un voluntario servicio, en amorosa servidumbre. Y, al hacerlo, vuestra humanidad ha alcanzado madurez. “Humanidad madura —escribí en la Encíclica Redemptor Hominis—, significa pleno uso del don de la libertad, que hemos obtenido del Creador, en el momento en el que El ha llamado a la existencia al hombre hecho a su imagen y semejanza. Este don encuentra su plena realización en la donación sin reservas de toda la persona humana concreta, en espíritu de amor nupcial a Cristo y, a través de Cristo, a todos aquellos a los que El envía, hombres o mujeres, que se han consagrado totalmente a El según los consejos evangélicos. He aquí el ideal de la vida religiosa, aceptado por las órdenes y congregaciones, tanto antiguas como recientes, y por los institutos seculares” (Redemptor Hominis, 21).

Dad siempre gracias a Dios por la misteriosa llamada que un día resonó en lo íntimo de vuestro corazón: “Sígueme” (Cfr. Matth. 9, 9; Io. 1, 45). “Vende cuanto tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos, y ven y sígueme” (Matth. 19, 21). Esta llamada y vuestra respuesta —que Dios mismo con su gracia puso en vuestra voluntad y en vuestros labios— se encuentran en la base de vuestro itinerario personal; es —no lo olvidéis nunca— la razón de todos vuestros quehaceres.

Revivid una vez y otra en la oración ese encuentro pastoral con el Señor, que a lo largo de vuestra vida continúa insistiendo: “Sígueme”. Os diré con San Pablo: “Los dones y la vocación de Dios son sin arrepentimiento” (Rom. 11, 26). Fiel es Dios, que no se arrepentirá de haberlos elegido.

Y cuando en la cotidiana lucha ascética se hagan necesarias la contrición y la conversión, recordad la parábola del hijo pródigo y la alegría del Padre. “Esta alegría indica un bien inviolado: un hijo, por más que sea pródigo, no deja de ser hijo real de su padre; indica además, un bien hallado de nuevo, que en el caso del pródigo fue la vuelta a la verdad de sí mismo” (Juan Pablo II, Dives in Misericordia, 6). Practicad la confesión frecuente, con la periodicidad que aconsejan y señalan vuestras reglas y constituciones.

Vuestra vocación forma parte esencial de la verdad más profunda de vosotros mismos y de vuestro destino. “No me habéis elegido vosotros a Mí —dice el Señor con palabras que se aplican a vosotros—, sino que Yo os elegí a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca”. ¡Dios os ha elegido!

3. Vuestro compromiso, adquirido hace decenios o quizá recientemente, ha de fortalecerse siempre en el Señor. Os pido una renovada fidelidad, que haga más encendido el amor a Cristo, más sacrificada y alegre vuestra entrega, más humilde vuestro servicio, sabedores —os lo diré con Santa Teresa de Jesús—, de que “quien de verdad comienza a servir al Señor, lo menos que le puede ofrecer es la propia vida” (S. Teresa, Camino de Perfección, 11, 2).

Para eso se requiere la atenta escucha del misterio de Dios, el diario adentrarse en el amor de Cristo crucificado, cultivando con empeño la oración, bajo la guía segura de las fuentes limpias de la espiritualidad cristiana. Leed asiduamente las obras de los grandes maestros del espíritu. ¡Cuántos tesoros de amor y de fe tenéis al alcance de la mano en vuestro bello idioma! Y, por encima de todo, saboread con fe y humildad la Sagrada Escritura, a fin de alcanzar el “sublime conocimiento de Cristo” (Phil. 3, 8). Sólo en El, mediante su Espíritu, podréis encontrar la fortaleza necesaria para superar las debilidades experimentadas una y otra vez.

Mantened viva la seguridad de que vuestra vocación es divina, con una profunda visión de fe alimentada en la plegaria y en los sacramentos, especialmente en el sacrosanto misterio de la Eucaristía, fuente y cumbre de toda vida cristiana auténtica. Así superaréis fácilmente toda incertidumbre acerca de vuestra identidad, y caminaréis de fidelidad en fidelidad, identificándoos con Cristo desde las bienaventuranzas y siendo testigos, al mismo tiempo, del reino de Dios en el mundo actual.

Esta fidelidad implica, antes que nada y como base de todo, un ansia creciente de trato con Dios, de unión amorosa con El. El consagrado —os digo con San Juan de la Cruz—, “de tal manera quiere Dios que sea religioso, que haya acabado con todo y que todo se haya acabado para él, porque El mismo es el que quiere ser su riqueza, consuelo y gloria deleitable” (S. Juan de la Cruz, Carta, 9). Esas ansias de unión con Dios os harán experimentar la verdad de las palabras del Señor: “Mi yugo es suave y mi carga ligera” (Matth. 11, 30). Su yugo es el amor, y su carga es carga de amores. Y ese mismo amor os hará dulce su peso.

4. Esta dimensión de la entrega total y de la fidelidad permanente al Amor constituye la base de vuestro testimonio ante el mundo. De hecho, el mundo busca en vosotros un estilo de vida sincero y una forma de trabajo que responda a lo que verdaderamente sois. El testigo no es un simple maestro que enseña lo aprendido, sino que es alguien que vive y actúa conforme a una profunda experiencia de lo que cree.

Como personas consagradas sois, ante todo, consagrados precisamente por la profesión y práctica de los consejos evangélicos; y así vuestra vida tiene que ofrecer un testimonio esencialmente evangélico. Continuamente tenéis que volveros a Cristo, Evangelio viviente, y reproducirlo en vuestra vida, en vuestra forma de pensar y trabajar.

Hay que recuperar la confianza en el valor y actualidad de los consejos evangélicos, que tienen su origen en las palabras y en el ejemplo de Jesucristo (Cfr. Perfectae Caritatis, 1). Pobres como Cristo pobre; obedientes, aceptando esa actitud del corazón de Cristo, que vino para redimir al mundo no haciendo su voluntad, sino la del Padre que le envió; y viviendo con todas sus consecuencias la continencia perfecta por el reino de los cielos, como señal y estímulo de la caridad y como manantial de fecundidad apostólica en el mundo. Hoy el mundo necesita ver los ejemplos vivos de aquellos que, dejándolo todo, han abrazado como ideal la vida según los consejos evangélicos. Es la sinceridad real en el seguimiento radical de Cristo la que atraerá vocaciones a vuestros institutos, ya que los jóvenes buscan precisamente esa radicalidad evangélica.

El Evangelio es definitivo y no pasa. Sus criterios son para siempre. No podéis hacer “relecturas” del Evangelio según los tiempos, conformándoos a todo lo que el mundo pide. Al contrario, es preciso leer los signos de los tiempos y los problemas del mundo de hoy, a la luz indefectible del Evangelio (Cfr. Juan Pablo II, A la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla, 28 de enero de 1979: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, II (1979) 192-194).

5. Un factor decisivo en todas las épocas en que la Iglesia ha debido emprender grandes cambios y reformas, ha sido la fidelidad de los religiosos a su doctrina y normas. Hoy vivimos una de esas épocas en que es necesario ofrecer al mundo el testimonio de vuestra fidelidad a la Iglesia.

Los cristianos tienen derecho a exigir al consagrado que ame a la Iglesia, la defienda, la fortalezca y enriquezca con su adhesión y obediencia. Esta fidelidad no debe ser meramente externa, sino principalmente interna, profunda, alegre y sacrificada. Tenéis que evitar todo lo que pueda hacer creer a los fieles que existe en la Iglesia un doble magisterio, el auténtico de la jerarquía y el de los teólogos y pensadores, o que las normas de la Iglesia han perdido hoy su vigor.

No pocos de vosotros estáis dedicados a la formación teológica de los fieles, a la dirección de centros educativos o de asistencia y dirigís publicaciones de información y de formación. A través de todos estos medios, procurad educar integralmente, inculcar un profundo respeto y amor a la Iglesia y animar a una sincera adhesión a su Magisterio. No seáis portadores de dudas o de “ideologías”, sino de “certezas” de fe. El verdadero apóstol y evangelizador, declaraba mi Predecesor Pablo VI, “será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar. No rechaza nunca la verdad” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 78).

Todo esto hay que tenerlo especialmente presente cuando vuestros oyentes son religiosas que siguen vuestros cursos y oyen vuestras conferencias. Ante todo, tenéis que transmitir con fidelidad la doctrina de la Iglesia, esa doctrina que ha quedado expresada en documentos tan ricos como los del Concilio Vaticano II. En la renovación de la vida de consagración, que los tiempos nuevos están exigiendo, hay que salvar la fidelidad al pensamiento y a las normas de la Iglesia; más concretamente, en campo doctrinal y en materia litúrgica, evitando ciertas posturas críticas llenas de amargura, que oscurecen la verdad, desconciertan a los fieles y a las mismas personas consagradas. La fidelidad al Magisterio no es freno para una recta investigación, sino condición necesaria de auténtico progreso de la verdadera doctrina.

6. La vida comunitaria es un elemento esencial, no de la vida consagrada en sí misma, pero sí de la forma religiosa de esa consagración. Dios ha llamado a los religiosos a santificarse y a trabajar en comunidad. La vida comunitaria tiene su fundamento no en una amistad humana, sino en la vocación de Dios, que libremente os ha escogido para formar una nueva familia; cuya finalidad es la plenitud de la caridad, y cuya expresión es la observancia de los consejos evangélicos.

Elementos de una verdadera vida comunitaria son el superior, quien goza de una autoridad (Cfr. Optatam Totius, 14) que ha de ejercitar en actitud de servicio; las reglas y tradiciones que configuran cada familia religiosa; y, finalmente, la Eucaristía, que es el principio de toda comunidad cristiana; en efecto, cuando participamos en la Eucaristía, todos comemos el mismo Pan, bebemos la misma Sangre y recibimos un mismo Espíritu. Por este motivo, el centro de nuestra vida comunitaria no puede ser otro que Jesús en la Eucaristía.

La dimensión comunitaria debe estar presente en vuestro trabajo apostólico. El religioso no está llamado a trabajar como una persona aislada o por su cuenta. Hoy más que nunca es necesario vivir y trabajar unidos, primero dentro de cada familia religiosa y luego colaborando con otros consagrados y miembros de la Iglesia. La unión hace la fuerza. Por otra parte, la vida comunitaria ofrece un campo extraordinario para el sacrificio propio, para dejarse a sí mismo y pensar en el hermano, abrazando a todos en la caridad de Cristo.

7. El consagrado es una persona que, renunciando al mundo y a sí mismo, se ha entregado por completo a Dios y, lleno de Dios, vuelve al mundo para trabajar por el reino de Dios y por la Iglesia.

La persona del consagrado está marcada profundamente por esta pertenencia exclusiva a Dios, a la vez que tiene por objeto de su servicio los hombres y el mundo. La vida y actividad del consagrado no se pueden reducir a un horizontalismo terreno, olvidando esa consagración a Dios y esa obligación de impregnar el mundo de Dios. En todas vuestras actividades tiene que estar presente este fin teológico.

Dentro de la Iglesia existen diversos carismas, y consecuentemente diversos servicios, que mutuamente se complementan. No sería justo que los religiosos entrasen en el campo propio de los seculares: la consagración del mundo desde dentro (Cfr. Lumen Gentium, 31; Gaudium et Spes, 43).

Esto no significa que vuestra consagración religiosa y vuestros ministerios eminentemente religiosos no tengan una repercusión profunda en el mundo y en el cambio de sus estructuras. Si el corazón de los hombres no cambia, las estructuras del mundo no podrán cambiar de una forma eficaz (Cfr. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 18). El ministerio de los religiosos se ordena principalmente a obtener la conversión de los corazones a Dios, la creación de hombres nuevos y a señalar esos campos donde los seculares, consagrados o simples cristianos, pueden y deben actuar para cambiar las estructuras del mundo.

A este propósito, quiero expresar mi más profunda estima, acompañada de mi cordial saludo, a todos los miembros de los institutos seculares masculinos de España y a los aquí presentes. Vosotros tenéis vuestra forma peculiar de consagración y vuestro puesto propio dentro de la Iglesia. Alimentados con una sólida espiritualidad, sed fieles a la llamada de Cristo y de la Iglesia, para ser válidos instrumentos de transformación del mundo desde dentro de él.

Pensando en el tema del próximo Sínodo, quisiera invitaros, religiosos sacerdotes, a valorar como uno de vuestros primeros ministerios el sacramento de la confesión. Oyendo las confesiones y perdonando los pecados, estáis eficazmente edificando la Iglesia, derramando sobre ella el bálsamo que cura las heridas del pecado. Si ha de realizarse en la Iglesia una renovación del sacramento de la penitencia, será necesario que el sacerdote religioso se dedique con gozo a este ministerio.

8. Quiero, antes de terminar, recordaros una característica de los religiosos españoles que, tal vez, está padeciendo un pasajero eclipse y que es necesario restaurar en todo su antiguo esplendor: me refiero a la generosidad misionera con la que, miles de consagrados españoles, entregaron su vida a la tarea apostólica de establecer la Iglesia en tierras aún por evangelizar. No dejéis que los vínculos de la carne y sangre, ni el afecto que justamente nutrís por la patria donde habéis nacido y aprendido a amar a Cristo, se conviertan en lazos que disminuyan vuestra libertad (Cfr. Pablo VI Evangelii Nuntiandi, 69) y pongan en peligro la plenitud de vuestra entrega al Señor y a su Iglesia. Recordad siempre que el espíritu misionero de una determinada porción de la Iglesia es la medida exacta de su vitalidad y autenticidad.

9. Mantened siempre, finalmente, una tierna devoción a la Santa Madre de Dios. Vuestra piedad para con Ella debe conservar la sencillez de los primeros momentos. Que la Madre de Jesús, que también es nuestra Madre, modelo de entrega al Señor y a su misión, os acompañe, os haga dulce la cruz y os otorgue, en cualquier circunstancia de vuestra vida, esa alegría y paz inalterables, que sólo el Señor puede dar. En prenda de ella os doy con afecto mi cordial Bendición.

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Comentarios
28 comentarios en “Juan Pablo II a los religiosos: «Debéis evitar todo lo que pueda hacer creer a los fieles que existe en la Iglesia un doble magisterio»
  1. Francisco predica un falso magisterio. No secunda a sus predecesores, sino que enseña su ideología. Por eso debemos rechazar sus palabras equivocadas y seguir el verdadero y único magisterio pontificio bi milenario.

    1. Jpii tampoco secunda a Pío XI cuando condena el ecumenismo de las religiones.
      Francisco hace progresar la doctrina lo mismito que jpii hacia progresar la doctrina.

    2. Sacerdote Católico:
      Si usted creyera mínimamente lo que está diciendo, amparado como está en la Verdad que le autoriza a corregir por sistema al Santo Padre haga éste lo que haga, debería tener la valentía de expresarlo abiertamente, sin esconderse en un nick que nada revela de usted. Como bautizado que es, tiene el crisma de ser profeta y muchos católicos antes que usted han proclamado la verdad abiertamente, sin ocultarse, y si es voluntad de Dios que sobrevengan dificultades, se soportarán con alegría; incluso el martirio sería una alegría inmensa porque usted se despediría de este mundo con las mejores credenciales para la vida futura.

      Mucho me temo que sea usted un cobarde. Y en su estado clerical eso devalúa la credibilidad de sus afirmaciones hasta borrarla completamente. Si pretende hacer proselitismo, con cada crítica a Francisco llevada a cabo desde el anonimato, está contradiciendo las posibles bondades de su mensaje. En suma, es usted un farsante.

      1. Y tu eres un troll.
        Lo importante en un foro de internet es el contenido, y no quien lo dice. Por lo visto tu solo te dedicas al ataque personal sin aportar ningún argumento sobre el contenido.
        Hoy en día ya sabemos que pasa con los que piden parresía para luego clavarte una puñalada. Hace tiempo que nos afeitamos, y la experiencia demuestra que no podemos fiarnos de los que usan su poder para abusar injustamente de tal poder. Ya hemos visto demasiados casos.
        El que no tiene ninguna credibilidad este tu ordago.

        1. Gracias Fred. Tiene usted razón.
          Lo que dice José Martín (aparte de faltar a la caridad cayendo en el insulto a los comentaristas), es una incoherencia, pues pide que me identifique cuando en la historia de Infovaticana nunca ningún comentarista se ha identificado. Y si sabemos que Francisco actúa con intolerancia hacia quienes no pensamos como él, promoviendo la cancelación de los sacerdotes que defendemos la doctrina católica, sería absurdo y suicida que yo revelara mi identidad.

          1. Si usted considera que yo le he insultado al llamarle “farsante” desde aquí rectifico y le pido humildemente disculpas.
            Pero el rigor de mi mensaje anterior, lo crea vd. o no, ha sido movido por la caridad. Así, vd. corrige a Francisco en casi todo lo que hace o dice, y está en su derecho. Y lo hace, según afirma, desde la verdad y la sana doctrina. Pues bien, la coherencia de su discurso, desde el sacramento del orden recibido, demanda un poquito de heroicidad o valentía, como tantos católicos han gastado antaño y hoy en día. De modo que honraría a su condición de sacerdote que no se ocultara porque la verdad refulge y si con su revelación se arrostran penalidades, ¿qué pueden ser estas comparadas con los bienes del cielo? ¿Qué mayor honra a Dios y a los hombres de buena voluntad el sufrir como lo hizo Cristo por nosotros? Aunque no creo que la cosa llegara a tanto, pero en todo caso, como vd. ha recordado, quien pierde su vida la ganará y si la salva ahora la perderá.

          2. Si usted considera que yo le he insultado al llamarle “farsante” desde aquí rectifico y le pido humildemente disculpas. Pero el rigor de mi mensaje anterior, lo crea vd. o no, ha sido movido por la caridad. Así, vd. corrige a Francisco en casi todo lo que hace o dice, y está en su derecho. Y lo hace, según afirma, desde la verdad y la sana doctrina. Pues bien, la coherencia de su discurso, desde el sacramento del orden recibido, demanda un poquito de heroicidad o valentía, como tantos católicos han gastado antaño y hoy en día.
            (Continúa)

          3. De modo que honraría a su condición de sacerdote que no se ocultara porque la verdad refulge y si con su revelación se arrostran penalidades, ¿qué pueden ser estas comparadas con los bienes del cielo? ¿Qué mayor honra a Dios y a los hombres de buena voluntad el sufrir como lo hizo Cristo por nosotros? Aunque no creo que la cosa llegara a tanto, pero en todo caso, como vd. ha recordado, quien pierde su vida la ganará y si la salva ahora la perderá.

            Un saludo fraternal, en la confianza de que son más las cuestiones que nos unen que las que nos separan.

          4. El mensaje de las 11:31 no se entiende bien sin su primera parte, que no ha pasado el filtro del moderador. Intento reproducirlo de nuevo, a ver si esta vez resulta, aún a riesgo de hacer farragosa su lectura:

            Si usted considera que yo le he insultado al llamarle “farsante” desde aquí rectifico y le pido humildemente disculpas. Pero el rigor de mi mensaje anterior, lo crea vd. o no, ha sido movido por la caridad. Así, vd. corrige a Francisco en casi todo lo que hace o dice, y está en su derecho. Y lo hace, según afirma, desde la verdad y la sana doctrina. Pues bien, la coherencia de su discurso, desde el sacramento del orden recibido, demanda un poquito de heroicidad o valentía, como tantos católicos han gastado antaño y hoy en día. De modo que honraría…

          5. Deje de poner SPAM, so plasta. Que se le reconoce.

            «Mucho me temo que sea usted un cobarde […] es usted un farsante».

            Y usted un bocazas. Puede usted dar ejemplo, firmando sus comentarios con nombre y apellidos, n° de DNI, domicilio, email y teléfono, ya que es todo un «valiente». Que esa cantinela ya nos la sabemos. ¿Identificándose solucionaría Sacerdote mariano lo corregido desde el anonimato? No, ¿verdad? Más bien al contrario: todo seguiría igual (o peor) pero con un crítico menos (la «misericordia» caería sobre él inmisericordemente). Así que, si la situación no mejora, ¿va a señalarse para darle gusto a usted? Sus comentarios no tienen credibilidad o dejan de tenerla por quién es, sino por lo que dice. Y para éso no se necesita dar la cara: ya la da la palabra, que tiene valor por sí misma (la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero). Conclusión: ¿quién es realmente el farsante? No responda: es una pregunta retórica.

      1. ¿Contradiciendo a todos sus predecesores y enmendado la plana al mismo Cristo? ¡A otro perro con ese hueso! Le aseguro que el español no ha cambiado tanto en los últimos 9 años, hasta el punto de que lo «actual» (que no es sinónimo de «bueno» ni de «verdadero», por cierto) sea justo decir lo contrario. El amor al Padre pasa por cumplir los mandamientos, como afirmó expresamente el propio Cristo, no en derogarlos. Y llamar al arrepentimiento y penitencia (vete y no peques más), no confirmar a los pecadores en sus pecados por si se traumatizan.

  2. «La fidelidad al Magisterio no es freno para una recta investigación, sino condición necesaria de auténtico progreso de la verdadera doctrina».
    ¿Qué significa que la verdadera doctrina progresa?
    La doctrina no progresa, es siempre la misma por mucho que la investigues.
    Investiguemos la Mortalium Ánimos a ver si condena el ecumenismo o no. Jpii ya la investigó y concluyó que el magisterio es justo lo contrario: el aquelarre de Asis es ahora la doctrina.
    He aquí que la doctrina ha progresado con una investigación. Hay que ser fieles al cambio de doctrina que haga el Papa investigando. Qué majadería.

  3. «Ante todo, tenéis que transmitir con fidelidad la doctrina de la Iglesia, esa doctrina que ha quedado expresada en documentos tan ricos como los del Concilio Vaticano II»:
    La doctrina que condena el ecumenismo (Mortalium Ánimos), la libertad religiosa (Syllabus) la colegialidad (Auctorem Fidei) y el cambio de la misa por otra misa nueva (Trento), ya no hay que transmitirla.
    Hemos descubierto que la iglesia no tenía doctrina hasta que llegaron los modernistas con su rico Vaticano II.
    «Para los modernistas la Tradición (no es la doctrina con su culto de toda la vida) , es una experiencia que se transmite con fórmulas intelectuales»
    (Pascendi, San Pío X)
    Jpii nos transmite su experiencia en Asís con la fórmula intelectual de «Paz y amor para todos sin necesidad de convertirse porque la sangre de Cristo a todos llega y a todos salva»

    1. No, Juan Pablo ii, no hay un doble magisterio, hay una suplantación del magisterio tradicional por otro que os habéis sacado de la manga.
      El verdadero lo habéis ocultado y el falso lo habéis impuesto por la fuerza porque es fruto de la investigación y el progreso que sólo está en vuestras cabezas modernistas.

      1. Todo muy claro. Curioso que ahora los «tradis» no comentan… Pero eso sí, es que muh sedevacantistas y bla bla bla

        PD: conste que no tengo una postura definida aún, pero hay cosas lógicas…

      2. Los modernistas personalistas tienen un pensamiento desquiciado, la pi cha un lío. Lees las encíclicas del s 19 hasta Pío 12 incluido, son en general breves, muy claras, prístinas, verdaderas, monumentos colosales a la verdad. Contrasta con las encíclicas de Jp2, largas enredadas complicadas enrevesadas, y con errores, la pi cha un lío, acorde a las filosofías de JL2 y el CV2 a tope para mayor gloria de los papas Juan y Pablo.
        Por los frutos los conoceréis, además de las barbaridades ya citadas nunca antes hechas en la Iglesia, fue el campeón indiscutible del vaciado de iglesias y malformación de seminaristas

        Y por qué lo repito si ya está muerto? Pues sirve, porque cantidad de comentaristas aquí lo tienen como su máximo líder, esto es, se impregnaron de su modernismo, y vemos la grave enfermedad que azota a la Iglesia. Bergoglio es imposible sin sus precursores. Los mismos que aquí atacan furibundamente a Bergoglio pero tienen de máximo líder a JL2, son parte de la enfermedad

        1. «Bergoglio es imposible sin sus precursores»

          Esta frase es una perogrullada, discúlpeme. No puede haber nadie en un cargo mientras lo ocupe su predecesor. Sin ellos como predecesores, lógicamente no estaría él: seguirían ellos. Eso analizando la superficie de tamaña sentencia. Pero si analizamos el fondo es aún peor: ¿Honorio habría sido imposible sin sus predecesores? Sustitúyase «Honorio» por el nombre de cualquier anti Papa, que ha habido unos cuantos, y compruébese el absurdo resultante y la falta de lógica al inferir la presunta «maldad» necesaria de sus correspondientes predecesores para juzgar las acciones y palabras de dicho personaje. ¿Guarda relación? Obviamente no. Algunos igual estiman que el libre albedrío no aplica a los Papas y que sus dichos y hechos no son de su exclusiva responsabilidad, sino herencia ineludible y más fuerte que la genética, no sé.

          1. Su razonamiento es impecable…para el que no quiere ver.
            Para el que no quiere ver que fue JP2 el que le hizo obispo y cardenal, a ciegas, pero la mafia de Sant Gallo lo conocía muy bien. Y según Bergoglio era el favorito papable de JP2.
            Para el que no quiere ver que el idolatrismo ecumaniaco, el nuevo orden mundial, los santos no católicos, etc no son cosecha de Francisco sino de sus predecesores, especialmente de JP2
            Para el que no quiere ver que las teologías erradas conciliares no han fluido con Francisco sino con sus predecesores
            Por no mentar la liturgia.
            Ciertamente por el libre albedrío podríamos haber tenido un San Atanasio, pero se puede afirmar con seguridad que el novus ordo traia la apostasía, papas novus ordinos e infiltración masónica al máximo nivel que JP2 se negó a tocar, las probabilidades de acabar en un Bergoglio eran altísimas
            Ahora bien, con Lutero aparece San Ignacio, con Maccarrick aparece Vigano, con Bergoglio quien aparecerá? Muy buen

          2. No entiendo esa frase. ¿Quiere decir que el propio Bergoglio decía ser el candidato preferido de JPII para sucederle? Porque si es así, no se lo cree nadie. De tener un candidato favorito, ése fue quien finalmente le sucedió: Ratzinger. Y no tengo ninguna duda de que de haber conocido el futuro y visto lo que iba a ser el pontificado de Francisco (una enmienda a la totalidad del suyo), no le habría hecho obispo, cosa que ocurrió por dos motivos: porque el candidato disimulaba entonces, y porque JPII delegaba y se fiaba de sus asesores. Si usted no ve la esencial diferencia (y ruptura) entre el actual pontificado y todos los anteriores, allá usted (no hay mejor ciego que el que no quiere ver).

          3. Catholicvs, bergoglio escribió un libro y dijo q para Jp2 era el candidato favorito para sucederle. Aunque fuera mentira, probablemente, no es importante

            Enmienda a la totalidad, posiblemente, pero Benedicto, más conservado, no enmienda nada, da que pensar

  4. Lo digo de otra manera porque se me ha retenido otro comentario
    Aquellos que no ven el moder nismo de JO2, sus filosofías erradas, sus frutos desastrosos en vaciado de iglesias y malformación de seminaristas, precursor necesario de Bergoglio, y solo ven los graves errores de Francisco, son parte de la grave enfer medad que azota la Iglesia

  5. El problema es que ponen la fe en el Papa, y si les dices que el papa se equivoca, entonces pierden la fe o dicen que el papa es otro. Es puro infantilismo. Lo han convertido en un ser mágico mitológico al estilo de los semidioses y le rinden culto, son el club de fans del Papa de turno. Como los Beatles.
    Si Francisco fuese muy simpático y siempre estuviese feliz en todo momento y lugar como jpii, no dirían nada de Francisco. Pero como es un borde, pues entonces le ven todos los defectos que ni les veían a los otros. Porque está diciendo y haciendo lo mismo que el resto de papas del concilio. Patinando en temas morales como los otros patinaban en otras cosas.

  6. Dicen que JPII es culpable por haber ascendido al cardenalato a Francisco.
    Las profecías se han de cumplir.
    Jesucristo nombró apóstol a Judas…
    Jesucristo fue traicionado y crucificado.
    La Iglesia ha de ser traicionada y crucificada por otro Judas.
    Papa Benedicto XVI, cuando fue elegido papa dijo: “Rezad por mí para que no huya ante la presencia de los lobos”. Y en Fátima dijo: “A partir de ahora los ataques vendrán desde dentro de la propia Iglesia, es parte del tercer secreto, se equivocan quienes piensan que ya se ha cumplido”.
    Non Nobis.

    1. No sé cómo explicarlo mejor
      Desde hace 200 años la masonería tiene el objetivo de infiltrar la Iglesia y llegar a lo más alto, convocar un concilio y cambiar la doctrina. Esto está documentado hace 150 años.
      Después de León XIII casi lo consiguen de no ser por el rey austrohúngaro
      En los 60 Bella Dodd confiesa la infiltración de 2 mil seminaristas para llegar a lo más alto.
      JP2 apenas nombrado papa recibe documentación de la infiltración masónica al más alto nivel. En vez de limpiar la Iglesia de lobos decide no hacer nada y viajar por el mundo
      Diganme señores quien es el traidor aqui

  7. Oscar:
    El sentido común es el menos común de los sentidos.
    ¿Porque han intentado asesinar a JP-II en tantas ocasiones? ¿Por qué era un siervo de la masonería o porque era fiel a la doctrina divina?
    Díganme señores quien es el ciego aqui.
    Mejor que leas el artículo con detenimiento.
    Non Nobis.

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