Francisco ante los líderes religiosos: «Ha llegado la hora de despertarse de ese fundamentalismo que contamina y corroe todo credo»

Papa Francisco Francisco durante su intervención en el Congreso de líderes religiosos mundiales
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Esta mañana el Papa Francisco fue el primero en hablar en la Apertura de la sesión plenaria del VII Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales en el Palacio de la Paz y de la Reconciliación en Kazajistán.

Durante el encuentro, el Pontífice se expresó “en nombre de esa fraternidad que nos une a todos, como hijos e hijas del mismo cielo”.

Francisco expresó que «el mundo espera de nosotros (líderes religiosos) el ejemplo de almas despiertas y de mentes claras. Luego, con meridiana claridad afirmó que “ha llegado la hora de despertarse de ese fundamentalismo que contamina y corroe todo credo, la hora de hacer que el corazón se vuelva transparente y compasivo”.

A continuación el texto completo del discurso:

Señor Presidente,

Hermanos y hermanas:

Permítanme que me dirija a ustedes con estas palabras directas y familiares. De esta manera deseo saludarlos, Líderes religiosos y Autoridades, miembros del Cuerpo diplomático y de las Organizaciones internacionales, Representantes de instituciones académicas y culturales, de la sociedad civil y de diversas organizaciones no gubernamentales, en nombre de esa fraternidad que nos une a todos, como hijos e hijas del mismo cielo.

Ante el misterio del infinito que nos sobrepasa y nos atrae, las religiones nos recuerdan que somos criaturas; no somos omnipotentes, sino hombres y mujeres en camino hacia la misma meta celestial. La condición de criaturas que compartimos instaura así una comunión, una auténtica fraternidad. Nos recuerda que el sentido de la vida no puede reducirse a nuestros intereses personales, sino que se inscribe en la hermandad que nos caracteriza. Sólo crecemos con los demás y gracias a los demás. Queridos Líderes y Representantes de las religiones mundiales y tradicionales, nos encontramos en una tierra transitada a lo largo de los siglos por grandes caravanas. En estos lugares, también por medio de la antigua ruta de la seda, se han entretejido muchas historias, ideas, creencias y esperanzas. Que Kazajistán pueda ser una vez más tierra de encuentro entre quienes están distanciados. Que pueda abrir una nueva ruta de encuentro, basada en las relaciones humanas: el respeto, la honestidad del diálogo, el valor imprescindible de cada uno, la colaboración; un camino para recorrer juntos hacia la paz.

Ayer tomé prestada la imagen del dombra; quisiera hoy asociar al instrumento musical una voz, la del poeta más célebre del país, padre de su literatura moderna, el educador y compositor que a menudo se representa precisamente junto al dombra. Abai (1845-1904), como se lo conoce popularmente, nos ha dejado escritos impregnados de religiosidad, en los que se refleja lo mejor del espíritu de este pueblo, una sapiencia armoniosa, que desea la paz y la busca interrogándose con humildad, anhelando una sabiduría digna del hombre, nunca encerrada en visiones limitadas y estrechas, sino dispuesta a dejarse inspirar por múltiples experiencias. Abai nos provoca con una pregunta imperecedera: «¿Cuál es la belleza de la vida, si no se va en profundidad?» (Poesía, 1898). Otro poeta se preguntaba el sentido de la existencia, poniendo en labios de un pastor de estas inconmensurables tierras de Asia una pregunta igualmente esencial: «¿Adónde tiende este vagar mío, tan breve?» (G. LEOPARDI, Canto nocturno de un pastor errante de Asia). Interrogantes como este son los que suscitan la necesidad de la religión, y nos recuerdan que nosotros seres humanos no existimos para satisfacer intereses terrenos y para establecer relaciones de naturaleza meramente económica, sino para caminar juntos, como peregrinos con la mirada dirigida al cielo. Necesitamos encontrar un sentido a las preguntas últimas, cultivar la espiritualidad; necesitamos, decía Abai, mantener «despierta el alma y clara la mente» (Palabra 6).

Hermanos y hermanas, el mundo espera de nosotros el ejemplo de almas despiertas y de mentes claras, espera una religiosidad auténtica. Ha llegado la hora de despertarse de ese fundamentalismo que contamina y corroe todo credo, la hora de hacer que el corazón se vuelva transparente y compasivo. Pero también es la hora de dejar sólo a los libros de historia los discursos que, por demasiado tiempo, aquí y en otros sitios, han inculcado sospechas y desprecio respecto a la religión, como si fuera un factor de desestabilización de la sociedad moderna. En este lugar es bien conocida la herencia del ateísmo de Estado, impuesto por decenios, esa mentalidad opresora y sofocante por la cual el simple uso de la palabra “religión” era incómodo. En realidad, las religiones no son un problema, sino parte de la solución para una convivencia más armoniosa. La búsqueda de la trascendencia y el valor sagrado de la fraternidad pueden, en efecto, inspirar e iluminar las decisiones a tomar en el contexto de las crisis geopolíticas, sociales, económicas y ecológicas —pero, en la raíz, espirituales— que atraviesan muchas instituciones en la actualidad, también las democracias, poniendo en peligro la seguridad y la concordia entre los pueblos. Por tanto, necesitamos la religión para responder a la sed de paz del mundo y a la sed de infinito que habita en el corazón de todo hombre.

Por eso, una condición esencial para un desarrollo verdaderamente humano e integral es la libertad religiosa. Hermanos y hermanas, somos criaturas libres. Nuestro Creador se ha “hecho a un lado por nosotros”, ha “limitado” su libertad absoluta —por así decirlo— para hacer también de nosotros unas criaturas libres. ¿Cómo podemos entonces obligar a algunos hermanos en su nombre? «Mientras creemos y adoramos —enseñaba Abai—, no debemos decir que podemos obligar a los demás a creer y adorar» (Palabra 45). La libertad religiosa es un derecho fundamental, primario e inalienable, que es necesario promover en todas partes y que no puede limitarse únicamente a la libertad de culto. De hecho, es un derecho de toda persona dar testimonio público de la propia fe; proponerla sin imponerla nunca. Es la buena práctica del anuncio, diferente del proselitismo y del adoctrinamiento, de los que todos están llamados a mantener distancia. Relegar a la esfera de lo privado el credo más importante de la vida privaría a la sociedad de una riqueza inmensa; favorecer, por el contrario, ambientes donde se respire una respetuosa convivencia de las diversidades religiosas, étnicas y culturales es el mejor modo para valorar las características específicas de cada uno, de unir a los seres humanos sin uniformarlos, de promover sus aspiraciones más altas sin cortar su impulso.

Por tanto, he aquí el valor actual, junto al valor inmortal de la religión, que Kazajistán promueve admirablemente, acogiendo desde hace una veintena de años este Congreso de relevancia mundial. La presente edición nos lleva a reflexionar sobre nuestro rol en el desarrollo espiritual y social de la humanidad durante el período pospandémico.

La pandemia, entre vulnerabilidad y cuidados, representa el primero de cuatro desafíos globales que quisiera indicar y que llaman a todos —aunque de manera especial a las religiones— a una mayor unidad de propósitos. El Covid-19 nos ha puesto a todos en igualdad de condiciones. Nos ha hecho entender que, como decía Abai, «no somos demiurgos, sino mortales» (ibíd.). Todos nos hemos sentido frágiles, todos necesitados de asistencia; ninguno plenamente autónomo, ninguno completamente autosuficiente. Pero ahora no podemos dilapidar la necesidad de solidaridad que hemos percibido siguiendo adelante como si no hubiera ocurrido nada, sin dejarnos interpelar por la exigencia de afrontar juntos las urgencias que conciernen a todos. Las religiones no deben ser indiferentes a esto; están llamadas a ir al frente, a ser promotoras de unidad ante las pruebas que amenazan con dividir aún más la familia humana.

Específicamente, nos corresponde a nosotros, que creemos en la Divinidad, ayudar a los hermanos y las hermanas de nuestra época a no olvidar la vulnerabilidad que nos caracteriza, a no caer en falsas presunciones de omnipotencia suscitadas por los progresos técnicos y económicos, que en sí mismos no bastan; a no dejarse enredar por los lazos del beneficio y la ganancia, como si fueran los remedios a todos los males; a no secundar un desarrollo insostenible que no respete los límites impuestos por la creación; a no dejarse anestesiar por el consumismo que aturde, porque los bienes son para el hombre y no el hombre para los bienes. Es decir que nuestra común vulnerabilidad, que se manifestó durante la pandemia, debería estimularnos a no seguir adelante como antes, sino con mayor humildad y amplitud de miras.

Los creyentes en la pospandemia, además de sensibilizarse sobre nuestra fragilidad y responsabilidad, están llamados al cuidado; a hacerse cargo de la humanidad en todas sus dimensiones, volviéndose artesanos de comunión, repito la palabra artesanos de comunión, testigos de una colaboración que supere los cercos de las propias pertenencias comunitarias, étnicas, nacionales y religiosas. Pero, ¿cómo emprender una misión tan ardua? ¿Por dónde comenzar? Por escuchar a los más débiles, por dar voz a los más frágiles, por hacerse eco de una solidaridad global que, en primer lugar, se refiera a ellos, a los pobres, a los necesitados que más han sufrido la pandemia, la cual ha hecho emerger prepotentemente la iniquidad de las desigualdades en el planeta. ¡Cuántos, todavía hoy, no tienen fácil acceso a las vacunas! Estamos de su parte, no de la parte del que tiene más y da menos; seamos conciencias proféticas y valientes, hagámonos prójimos a todos, pero especialmente a los tantos olvidados de hoy, a los marginados, a los sectores más débiles y pobres de la sociedad, a aquellos que sufren a escondidas y en silencio, lejos de los reflectores. Lo que les propongo no es sólo un camino para ser más sensibles y solidarios, sino un itinerario de sanación para nuestra sociedad. Sí, porque es precisamente la indigencia la que permite que se propaguen las epidemias y otros grandes males que prosperan en el ámbito de las necesidades y las desigualdades. El mayor factor de riesgo de nuestro tiempo sigue siendo la pobreza. A este respecto, Abai se preguntaba sabiamente: «Los que tienen hambre, ¿pueden conservar una mente clara […] y mostrar diligencia en el aprendizaje? Pobreza y litigios […] generan […] violencia y avidez» (Palabra 25). Mientras sigan haciendo estragos la desigualdad y las injusticias, no cesarán virus peores que el Covid: los del odio, la violencia y el terrorismo.

Esto nos lleva al segundo desafío global que interpela de modo particular a los creyentes: el desafío de la paz. En las últimas décadas, el diálogo entre los responsables de las religiones se ha centrado sobre todo en esta temática. Sin embargo, vemos que nuestros días están aún marcados por el flagelo de la guerra, por un clima de discusiones exasperadas, por la incapacidad de dar un paso atrás y tender la mano al otro. Se necesita un sacudón y se necesita, hermanos y hermanas, que venga de nosotros. Si el Creador, a quien dedicamos la existencia, ha dado origen a la vida humana, ¿cómo podemos nosotros, que nos profesamos creyentes, consentir que ésta sea destruida? Y, ¿cómo podemos pensar que los hombres de nuestro tiempo —muchos de los cuales viven como si Dios no existiera— estén motivados a comprometerse en un diálogo respetuoso y responsable, si las grandes religiones, que constituyen el alma de tantas culturas y tradiciones, no se comprometen activamente por la paz?

Recordando los horrores y los errores del pasado, unamos los esfuerzos, para que nunca más el Omnipotente se vuelva rehén de la voluntad de poder humano. Abai recuerda que “aquel que permite el mal y no se opone al mal no puede ser considerado un verdadero creyente sino, en el mejor de los casos, un creyente tibio” (cf. Palabra 38). Hermanos, hermanas, es necesaria, para todos y para cada uno, una purificación del mal. El gran poeta kazajo insistía en este aspecto, escribiendo que quien «abandona el aprendizaje se priva de una bendición» y «quien no es severo consigo mismo y no es capaz de compasión no puede ser considerado creyente» (Palabra 12). Por tanto, purifiquémonos de la presunción de sentirnos justos y de no tener nada que aprender de los demás; liberémonos de esas concepciones reductivas y ruinosas que ofenden el nombre de Dios por medio de la rigidez, los extremismos y los fundamentalismos, y lo profanan mediante el odio, el fanatismo y el terrorismo, desfigurando también la imagen del hombre. Sí, porque «la fuente de la humanidad —recuerda Abai— es amor y justicia, […] estas son las coronas de la creación divina» (Palabra 45). No justifiquemos nunca la violencia. No permitamos que lo sagrado sea instrumentalizado por lo que es profano. ¡Que lo sagrado no sea apoyo del poder y el poder no se apoye en la sacralidad!

Dios es paz y conduce siempre a la paz, nunca a la guerra. Comprometámonos, por tanto, aún más, a promover y reforzar la necesidad de que los conflictos se resuelvan no con las ineficaces razones de la fuerza, con las armas y las amenazas, sino con los únicos medios bendecidos por el cielo y dignos del hombre: el encuentro, el diálogo, las tratativas pacientes, que se llevan adelante pensando especialmente en los niños y en las jóvenes generaciones. Estos encarnan la esperanza de que la paz no sea el frágil resultado de negociaciones escabrosas, sino el fruto de un compromiso educativo constante, que promueva sus sueños de desarrollo y de futuro. Abai, en ese sentido, animaba a ampliar el saber, a cruzar el confín de la propia cultura, a abrazar el conocimiento, la historia y la literatura de los demás. Les ruego que invirtamos en esto, no en los armamentos, sino en la instrucción.

Después de los desafíos de la pandemia y de la paz, recabamos un tercer desafío, el de la acogida fraterna. Hoy es grande la dificultad de aceptar al ser humano. Cada día bebés por nacer y niños, migrantes y ancianos son descartados. Numerosos hermanos y hermanas mueren sacrificados en el altar del lucro, envueltos en el incienso sacrílego de la indiferencia. Y, sin embargo, todo ser humano es sagrado. «Homo sacra res homini», decían los antiguos (SÉNECA, Epistulae morales ad Lucilium, 95,33). Es sobre todo tarea nuestra, de las religiones, recordarlo al mundo. Nunca como ahora presenciamos grandes movimientos de poblaciones, causados por las guerras, la pobreza, los cambios climáticos, en la búsqueda de un bienestar que el mundo globalizado permite conocer, pero al que a menudo es difícil acceder. Un gran éxodo está en curso, desde las regiones más necesitadas se busca alcanzar aquellas con mayor bienestar. No es un dato de crónica, es un hecho histórico que requiere soluciones compartidas y amplitud de miras. Ciertamente, defender las propias seguridades adquiridas y cerrar las puertas por miedo viene de manera instintiva; es más fácil sospechar del extranjero, acusarlo y condenarlo antes que conocerlo y entenderlo. Pero es nuestro deber recordar que el Creador, que vela los pasos de toda criatura, nos exhorta a tener una mirada semejante a la suya, una mirada que reconozca el rostro del hermano.

La lengua kazaja invita a tener esta mirada acogedora; en ella “amar” significa literalmente “tener una mirada buena sobre alguien”. Pero también la cultura tradicional de estas regiones afirma la misma cosa por medio de un hermoso proverbio popular: «Si encuentras a alguien, intenta hacerlo feliz, quizá sea la última vez que lo veas». Si el culto de la hospitalidad esteparia recuerda el valor irrenunciable de todo ser humano, Abai lo establece diciendo que «el hombre debe ser amigo del hombre» y que dicha amistad se funda en un intercambio universal, porque las realidades importantes de la vida y después de la vida son comunes. Y, por tanto, sentencia, «todas las personas son huéspedes unas de otras» y «el mismo hombre es un huésped en esta vida» (Palabra 34). Redescubramos el arte de la hospitalidad, de la acogida, de la compasión. Y aprendamos también a avergonzarnos; sí, a experimentar esa sana vergüenza que nace de la piedad por el hombre que sufre, de la conmoción y del asombro por su condición, por su destino, del cual nos sentimos partícipes. El camino de la compasión es el que nos hace más humanos y más creyentes. Depende de nosotros, además de afirmar la dignidad inviolable de todo hombre, enseñar a llorar por los demás, porque sólo seremos verdaderamente humanos si percibimos como nuestras las fatigas de la humanidad.

Nos interpela un último desafío global: el cuidado de la casa común. Frente a los cambios climáticos es necesario protegerla, para que no sea sometida a las lógicas de las ganancias, sino preservada para las generaciones futuras, para alabanza del Creador. Escribía Abai: «¡Qué mundo maravilloso nos ha dado el Creador! Él nos dio su luz con magnanimidad y generosidad. Cuando la madre tierra nos albergó en su seno, nuestro Padre celestial se inclinó sobre nosotros con solicitud» (de la poesía “Primavera”). El Altísimo ha dispuesto con cuidado amoroso una casa común para la vida. Y nosotros, que nos profesamos suyos, ¿cómo podemos permitir que se contamine, se maltrate y se destruya? También en este desafío unamos esfuerzos. No es el último por importancia, sino que se une al primero, al de la pandemia. Virus como el Covid-19, que, aun siendo microscópicos, son capaces de erosionar las grandes ambiciones del progreso, a menudo están vinculados a un equilibrio deteriorado —en gran parte por nuestra causa— con la naturaleza que nos rodea. Pensemos por ejemplo en la deforestación, en el comercio ilegal de animales vivos, en los criaderos intensivos. Es la mentalidad de la explotación que devasta la casa que habitamos. No sólo eso; lleva a eclipsar esa visión respetuosa y religiosa del mundo querida por el Creador. Por eso es imprescindible favorecer y promover el cuidado de la vida en todas sus formas.

Queridos hermanos y hermanas, sigamos adelante juntos, para que el camino de las religiones sea cada vez más amistoso. Abai decía que «un falso amigo es como una sombra, cuando el sol resplandece sobre ti, no te liberarás de él, pero cuando las nubes se condensan sobre ti, no se verá por ninguna parte» (Palabra 37). Que no nos suceda esto, que el Altísimo nos libre de las sombras de la sospecha y de la falsedad, que nos conceda cultivar amistades luminosas y fraternas, por medio del diálogo asiduo y la franca sinceridad de las intenciones. No busquemos falsos sincretismos conciliadores, sino más bien conservemos nuestras identidades abiertas a la valentía de la alteridad, al encuentro fraterno. Sólo así, en los tiempos oscuros que vivimos, podremos irradiar la luz de nuestro Creador. ¡Gracias!

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Comentarios
71 comentarios en “Francisco ante los líderes religiosos: «Ha llegado la hora de despertarse de ese fundamentalismo que contamina y corroe todo credo»
  1. El Papa se equivoca al decir que «Todas las religiones dan testimonio del Absoluto.» La única que da perfecto testimonio del único Dios verdadero es la religión católica.

    1. El Papa se equivoca al decir: «Conservemos nuestras identidades religiosas» Esta afirmación de Francisco es absurda, pues quien vive según una religión falsa no debe conservar su identidad, sino convertirse a la única religión verdadera que es la Católica.

      1. Los mozarabes convertidos al cristianismo conservaron su identidad cultural y nos brindaron grandes obras de arte que aún podemos disfrutar por toda España.
        Que gran pérdida si también hubieran renunciado a su identidad cultural.

          1. Vigía no seas incurto.
            El legado cultural y artístico es el de los mudéjares, que no se convirtieron nunca al cristianismo sino que se fueron a su país. Los mozarabes ya tenían la misma cultura de los cristianos del norte.

          2. Qué cateto eres, vigía. Los mudéjares son moros en la España cristiana, los mozárabes son los cristianos en al andalus. Los mozárabes no necesitan convertirse al cristianismo, son cristianos. Anda, estudia un poco, y de paso busca la doctrina tradicional de la Iglesia, que no la sabes.

          1. Otro cambio de nick… para soltar la misma cantinela. Qué troll tan neurótico y qué obsesión con Sacerdote mariano.

        1. Contreras que no te enteras. Los católicos no somos una secta que seguimos ciegamente los que dice el Papa. Solo hay que escucharle, si sus palabras se ajustan a la fe verdadera.

          1. Vigia, creo que eres un bot, y si no lo eres poco te falta. Razonas como las máquinas, como una cafetera eléctrica exactamente. Va a ser el cambio climático.
            Es la Tradición la que corrige al Papa. La doctrina tradicional ya está decidida cual es, no hay que decidir nada. Si un papa no transmite la doctrina que recibe por tradición, no está cumpliendo con su papado. Corregir al que se equivoca es una obra de misericordia a menos que lo hayáis cambiado eso también y ahora sea «creer todo lo que diga el Papa en todo momento» como el oráculo de delfos o el augur de la adivinación romana. Ese tipo de Papa no viene ni en la biblia ni en el libro de la wicca de las brujas.

        2. O sea que criticar una acción o declaración del papa es no aceptarlo como papa y situarse fuera de la Iglesia. Qué nivel, Maribel. La formación que tiene el católico medio de hoy es para echarse a temblar.

        3. Rafael Contreras. Y tú eres un insensato por decir sandeces.
          Es católico quien acepta a Nuestro Señor Jesucristo, que no al Papa. El Papa es sucesor de Pedro, y vicario de Cristo. El pontífice puede ser bueno, malo, mediocre o regular.
          Pero existe otra categoría que surgió en el 2013: es decir, el de los impostores, inaugurados por este pro judío, masónico, sincrético, rebelde, desobediente que no le interesa llevar al hombre el santo Evangelio.

    2. El Papa yerra al decir: «esa fraternidad que nos une a todos» Esta frase va contra lo definido en el Concilio de Florencia que enseña que la filiación divina empieza en el bautismo, y por tanto con los no cristianos no hay fraternidad. La afirmación de Francisco se opone a las Escrituras , a San Agustín y a toda la tradición sobre este tema.

      1. En esto tiene razón el grado 33. No yerra, da en el clavo, La Fraternité, uno de los trilemas de la Revolución francesa es lo que une a todos estos masonazos, desde por lo menos el concilio Vaticano, momento en que se derrocó a Cristo como rey y fueron elevados a rango de reyezuelos paganos el resto de las religiones al mismo nivel que nuestro Salvador. Desde el concilio la iglesia católica como jerarquía no existe. Existen las tenidas masónicas de los hijos de la viuda, en vez de prelados y el maligno con escuadra y cartabón y cuernos presidiendo los actos.
        Estamos perdiendo el tiempo lastimosamente. Ostias dar muñecos bailar, es lo único que entienden.

    3. Francisco no debe decir: «Las religiones son parte de la solución para la convivencia armoniosa», cuando por poner un ejemplo, la religión musulmana manda en el Corán perseguir a los que no somos de su religión, luego el islam, por naturaleza, es causa de problemas y persecuciones.

    4. Francisco se confunde cuando refiriéndose a todas las religiones habla de «el valor de la religión», cuando la que vale verdaderamente es la católica, mientras las demás no sirven porque no salvan.

  2. El Papa reitera su error al volver a criticar el proselitismo, cuando en cambio Cristo dijo: «Id y haced discípulos», por tanto Cristo manda hacer proselitismo.
    Y hay más errores en este deplorable discurso, pero no sigo para no hacerme cansino.

        1. El ecumenismo del demonio es precisamente no sacudirse el polvo y no alejarse de ellos sino reunirse para enriquecerse mutuamente, lo cual es apostasía. ¿Qué me importa a mí lo que dijo Mahoma y Buda? Al Papa no debería interesarle lo más mínimo

          1. Muestrame la doctrina tradicional que dice que hay que imponer la fe catolica por la fuerza sin que la persona la quiera, y yo te enseño dónde pone que la religión verdadera es la única que tiene derecho a ser libre para regir las sociedades y las naciones. Y no me respondas como un cura me respondió una vez: que las personas son las que tienen derechos y no las religiones, porque estoy hablando de que Dios es el primero que es persona y esos son sus derechos: derecho a reinar en solitario.
            Tú confundes la obligación de circular por la derecha con un supuesto derecho humano a circular por la izquierda que no existe. El problema es que según tú, Dios no puede sancionarte por ir por la izquierda porque eres libre. Dios manda, no propone, son los diez mandamientos, no las diez propuestas. Tu liberalismo es pecado.

          2. Para el católico liberal el relato del edén está equivocado y la serpiente en realidad es la buena. Para ellos, Dios no impone no comer del árbol prohibido, sino que Dios propone no comer del árbol propuesto y respeta tu decisión. Si respetase tu decisión no te sancionaria luego con el infierno. Dios sería entonces malo por darte a elegir sabiendo que te puedes equivocar. Y es que no te da a elegir, te dice que aquello está prohibido elegirlo. Es la verdad la que te hace libre, no tu elección libre la que te hace verdadero, porque lo elegido libremente puede ser lo falso. Como ya no son católicos, no entienden nada de esto. No se puede acabar con el modernismo sin atacar primero al liberalismo.

    1. Y no debemos olvidar que se pasó citando el libro de un poeta, cual si fuera palabra de Dios. ¡Y siempre el mismo, indicándose el número de «Palabra»! Y también citó una sola vez el nombre de un instrumento musical originario de Kazagistán, cual si fuera algo importantísimo.
      Las Sabradas Escrituras fueron totalmente ignoradas por este charlatán de feria.
      Debiera existir algún especialista que intervenga quirúrgicamente de verborragia compulsiva.

    1. Creo que tampoco es necesario ni hace bien a nadie utilizar esos epítetos para referirse al papa, aunque se diese el caso de que hubiera caído en el error absoluto. Es como si mi padre se vuelve un borracho y yo voy hablando de él como de un “viejo borracho apestoso”. Por caridad filial no debería hacerlo, igual que por el mismo deber de caridad filial debería corregirle y evitar que siguiese bebiendo.

  3. Más errores del nefasto Concilio Vaticano II al afirmar que en todas las religiones hay semillas de Verdad.

    Hay que parar esta absurda y lógica carrera hacia la consideración de las religiones no católicas, incluidos los protestantes y ortodoxos, como fuentes de verdad.

    No hago mías ninguna de estas palabras pronunciadas en un foro de religiones no católicas que no exalten la única verdad que está en posesión de la Iglesia Católica.

    Hasta el mismo Concilio Vaticano II reconoció que la finalidad de la Iglesia es la extensión e intensificación de la fe católica por todo el mundo, ayudada por la fuerza de Dios en la lucha contra las potestades diabólicas, para cumplir la finalidad escatológica: que seremos TODOS UN SOLO PUEBLO CON UN SOLO DIOS, no muchos pueblos con sus propios ídolos o cada pueblo con su ídolo .

  4. La libertad religiosa del CV2, todos tienen derecho a dar culto testimonio público de su fe.
    Así se propaga públicamente la falsedad sobre Dios, contra el buen común de la sociedad. Libertad religiosa del liberalismo, pone a la religión verdadera en pie de igualdad con las religiones falsas públicamente, ergo contribuye a la propagación de la mentira en la sociedad, y ofende a Dios. Francisco es el culmen del CV2, le han precedido buenos maestros, soporífero

  5. Dónde están los obispos españoles para corregirle? Piensan como este individuo? Le consideran el papa? Son colaboradores necesarios para el derrumbe de la Iglesia. Hay alguno bueno?

  6. Francisco, basándose en su ideología y no en la doctrina católica, se centra en el covid, la defensa de las vacunas (a pesar de que en ellas hay cooperación con el aborto), la ecología, las críticas a la economía de mercado, las proclamas a favor de la globalización (gobernanza mundial supranacional), cuando habla de la paz no menciona el aborto que es el mayor ataque contra la paz, defiende la invasión inmigratoria, y otros errores que hacen muy peligroso este discurso de Francisco.

    1. Y mientras los santos, cuando en alguna ocasión fueron a hablar con líderes de otras religiones, intentaron convertirles, Francisco, en cambio, no dice ni una palabra en este sentido.

  7. ¿Cómo que las religiones no son un problema? ¿No le parece un problema ofrecer sacrificios a los ídolos, a los demonios, a falsos dioses? ¿Tampoco esparcir errores, herejías y falsedades en nombre de Dios? ¿Ni siquiera este mandato explícito le parece un problema?: «¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos!» (Corán 5:51).

  8. San Agustín:
    “Fuera de la Iglesia se puede encontrar de todo menos la salvación. Se puede tener honor, se pueden tener sacramentos, se puede cantar ‘aleluya’, se puede responder ‘amén’, se puede sostener el Evangelio, se puede tener fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo y predicarla; pero nunca, si no es en la Iglesia Católica, se puede encontrar la salvación.”

          1. Pero como «fuera de la iglesia no hay salvacion» ya es la doctrina de la iglesia, san Agustín no se equivoca.
            El aborto siempre fue pecado dijera lo que dijera san Agustín sobre el Alma.

          2. Pero qué pedazo de EMBUSTERO es el Probe Migue: no es que San Agustín dijera una cosa y se equivocara: es que JAMÁS dijo tal cosa. Pueden comprobarlo en su carta 140; Retract. II, 62, Libro sobre la gracia del Nuevo Testamento, dirigido a Honorato en invierno de 411-412 (que, por supuesto, este troll anticatólico, como buen iletrado sectario, no ha leído jamás: él se limita a repetir como un loro lo que escriben en internet otros sectarios menos iletrados que él, pero que saben manipular y mentir mejor, aunque sólo engañen a iletrados de su cuerda).

      1. Es falso que san Agustín dijese eso. Lo que sí parece que dijo es que el alma no era infundida por Dios en el momento de la concepción sino cuarenta y seis días después en los varones, y unos noventa en las mujeres.

        1. Ese es el manido «argumento» de las activistas proabortistas como Jane Hurst, Susana Lerner, Agnès Guillaume o Lucía Melgar en sus libelos sobre «derechos» feministas a matar al propio hijo en gestación, que atribuyen a San Agustín y a Tomás de Aquino (y por extensión, a la Iglesia católica) ser partidarios del aborto. La aclaración de esa manipulacion la explica extensamente Fernando Pascual en un artículo titulado: «Santo Tomás y el aborto», que puede leerse en catholic.net. Pero, incluso para quien no lo ha leído, le invito a reflexionar sobre el absurdo de la presunta «aceptación del aborto» por parte de ambos Doctores de la Iglesia (que ambos consideran oecado mortal) porque el alma se uniera al cuerpo tras la concepción a los 40-46 días en los varones y a los 80-90 días en las mujeres: en aquella época, y hasta hace cuatro días, no se podía saber el sexo del bebé nonato hasta que no nacía. Al mes y poco del embarazo la mayoría…

          1. …de las mujeres no saben que están embarazadas (los retrasos en la menstruación son muy habituales), y entonces menos, porque no había «Predictor». ¿Quién se somete a un aborto «preventivo» sin saber siquiera si está embarazada? Y, tras ese presunto período «sin alma» (la Encarnación se se debió de producir 40 días después de la Anunciación y 39 tras la Visitación de la Virgen, según tan curiosa teoría, contraria a los Evangelios), ¿las mujeres abortaban como quien juega a la ruleta, por probar si era niña y así no habían asesinado a nadie? Qué curioso que los activistas proabortistas y anticatólicos varios no citen a San Agustín ni a Santo Tomás cuando no les interesa.

  9. Debería explicar Bergoglio qué fundamentalismo hay en el credo católico. Quizás el fundamentalismo del que habla Bergoglio sea pensar que hay Infierno, Purgatorio… y que los actos graves y desordenados y voluntarios y a conciencia del ser humano no tienen ninguna trascendencia para el Más Allá. Si es ése el fundamentalismo del que habla, que lo diga bien claro, que lo establezca como dogma y que ya cada uno haga lo que le dé la real gana con su vida y sólo se atenga a las leyes penales del país donde uno vive.

  10. Sus palabras en ese juntón religioso han sido eslóganes de la ONU, mención a la laicidad sana (yo no sé qué será eso) y hablar constantemente, como si hubiera perdido la cabeza, de un instrumento musical y de un poeta cazajos.

  11. Es insoportable, en cada viaje hablando alejado de la doctrina y a favor de la diabólica agenda 2030. Contra lo que le hace oposición, la recta conciencia católica.
    Nuestro sensus fidei qué discierne cuando lo nombran en la misa.

  12. Supongo que cuando habla de alejarse del fundamentalismo, se refiere al cambio climático, a la agenda 2030 y a las vacunas COVID. Porque son 3 fundamentalismos graves que padece actualmente la humanidad.

  13. «La Tradición – en el sentido de fijación o conservadorismo – aparece también como ley de la Iglesia posterior: lo que tenéis, krateésate, conservadlo, reforzadlo, hacedlo fuerte. El Concilio de Trento fija las instituciones de la Iglesia Medieval, y desde entonces no se hacen cambios, en el sentido de reformas, reestructuraciones, creaciones. La Iglesia Antigua y la Iglesia Medieval crean el culto, la liturgia, el derecho canónico, la Monarquía Cristiana, las costumbres católicas: de todo eso, que parece definitivamente dado, vivimos nosotros».
    P. Leonardo Castellani SJ .Argentina 1899 – 1981

  14. «Digo que lo que sacrifican los gentiles, a los demonios y no a Dios lo sacrifican. Y no quiero yo que vosotros tengáis parte con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis tener parte en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios.»
    Primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 10, 20-21.

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