El Papa al Pueblo de Dios: “¿Cómo es tu estupor?”

El Papa al Pueblo de Dios: “¿Cómo es tu estupor?”

En la homilía papale en el último día del consistorio cardenalicio, el Papa hizo hincapié en el estupor de darnos cuenta de que Dios no solo tiene un glorioso plan de salvación, sino que nos hace partícipes de él.

«Quisiera preguntar a cada uno de nosotros, a ustedes queridos hermanos cardenales, a ustedes obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, al Pueblo de Dios: «¿Cómo es tu estupor? ¿Sientes a veces estupor? ¿O has olvidado lo que significa?», se preguntaba Francisco en la homilía del último día del consistorio cardenalicio.

Es el mismo estupor que sienten los discípulos – como relata el pasaje evangélico- ante la llamada del Señor a la misión, a hacer que todos los pueblos sean sus discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y luego ante la promesa final que infunde esperanza y consuelo: “Estoy con vosotros hasta el fin del mundo”

“Lo que nos maravilla no es el plan de salvación en sí mismo, sino el hecho —aún más sorprendente— de que Dios nos involucre en este designio suyo. Es la realidad de la misión de los apóstoles con Cristo resucitado”.

“En el designio de Dios a través de los tiempos todo encuentra su origen, existencia, meta y fin en Cristo”, dijo. Al referirse a la Carta de San Pablo a los Efesios, Francisco asegura que, “así como permanecemos encantados frente al universo que nos rodea, de la misma manera nos invade el estupor considerando la historia de la salvación”. Más aún si se considera que en el himno paulino con el que se abre la carta la expresión “en Cristo” o “en Él” es el eje que rige todas las etapas de la historia de la salvación.

“En Cristo hemos sido bendecidos antes de la creación; en Él hemos sido llamados; en Él hemos sido redimidos; en Él toda criatura es conducida nuevamente a la unidad, y todos, los cercanos y los alejados, los primeros y los últimos, estamos destinados, gracias a la obra del Espíritu Santo, a ser alabanza para la gloria de Dios”.

“Hermanos, este estupor es una vía de salvación. Que Dios lo conserve siempre vivo en nosotros, porque eso nos libera de la tentación de sentirnos ‘a la altura’, de alimentar la falsa seguridad de que la situación actual es en realidad distinta a la de aquellos comienzos, y de que hoy la Iglesia es grande, es sólida, y nosotros estamos colocados en los grados eminentes de su jerarquía. Sí, hay algo de cierto en esto, pero también hay mucho de engaño, con el que el Mentiroso busca mundanizar a los seguidores de Cristo y hacerlos inocuos”.

“Esto, queridos hermanos y hermanas, es un ministro de la Iglesia: alguien que sabe maravillarse ante el designio de Dios y con este espíritu ama apasionadamente a la Iglesia, pronto para servir en su misión donde y como quiera el Espíritu Santo”, concluyó el Papa no sin antes desear que sea así para todos los “queridos hermanos cardenales”.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando