En la muerte de Archie Battersbee y del Estado de derecho

Archie Battersbee
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(Aldo Rocco Vitale en Centro Studi Livatino) – La muerte de Archie también trae consigo la muerte del Estado de Derecho, ya que la ley ya no es una expresión de la protección de los más débiles como figura de la naturaleza humana encarnada en la relacionalidad.

  1. A las 13:15 horas del 6 de agosto de 2022 se declaró legalmente la muerte de Archie Battersbee, el adolescente que, tras sufrir graves daños cerebrales, estaba ingresado en el Royal London Hospital desde abril, es decir, cuando su madre lo sorprendió con una cuerda alrededor del cuello que, probablemente, había sido utilizada para participar en un desafío telemático entre coetáneos, en esos nuevos tipos de competiciones en las que los participantes compiten por quien se acerca más al punto de no retorno, llegando a menudo incluso hasta la muerte. En los últimos meses, todos los recursos que los padres han presentado -hasta el TEDH- para impugnar la decisión de los médicos de suspender la ventilación de su hijo han sido rechazados, a pesar de que desde hace años, desde el 2017, el Comité de Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU había expresado, en un informe dedicado al Reino Unido, su máxima preocupación por las prácticas de final de vida extendidas en el país, destacando en el artículo 10 de dicho informe que «el Comité observa con preocupación cómo el proceso de toma de decisiones de sustitución aplicado en relación con la terminación o la suspensión del tratamiento y los cuidados de mantenimiento de la vida es incompatible con el derecho a la vida de las personas con discapacidad como miembros iguales y que contribuyen a la sociedad». El sistema médico-legal británico nos ha acostumbrado en los últimos años a episodios similares, desde Charlie Gard en 2017 hasta Alfie Evans en 2018, desde Isaiah Haastrup en 2018 hasta Tafida Raqeed en 2019, sin llegar nunca a tales niveles de paradoja: ¡hacer que muera por asfixia un ser humano que fue ingresado precisamente por el daño causado por el intento de asfixia mediante autoestrangulación!
  1. Con la muerte de Archie Battersbee, como con la de aquellos que sufrieron un destino similar, sellamos no solo el fin de un ser humano, tragedia que en sí misma merecería su propia tristeza, sino también el fin del Estado de Derecho, es decir, de aquella concepción del Estado y del Derecho según la cual la persona es una entidad moral anterior y superior, que no puede ser subordinada al poder estatal más allá de ciertos límites, al menos no hasta el punto de hacer que el Estado ejerza sobre ella un ius vitae ac necis absoluto. La muerte de Archie conlleva también la muerte del Estado de Derecho, ya que el derecho deja de ser una expresión de la protección de los más débiles como figura de la naturaleza humana encarnada en la relacionalidad, para convertirse en un instrumento de formalización jurídica de su supresión técnica y médica. Están en riesgo las salvaguardias mínimas e imprescindibles que deben garantizarse para los más frágiles, como son todos aquellos que por una u otra razón no son aptos para participar en el ciclo económico-productivo, o que son frágiles en sí mismos, como los bebés, los discapacitados, los ancianos, los enfermos crónicos, los enfermos terminales, etc. Hacer saltar por los aires el mecanismo de protección mínima que se puede asegurar a las personas que viven en esas condiciones, además mediante el expediente retórico-jurídico del criterio del «interés superior», supone anular siglos de sedimentación de la civilización del derecho basada en la persona en favor de una concepción del derecho entendida exclusivamente como la pura voluntad de quienes ejercen el poder, ya sea ejecutivo, legislativo o, como en el caso de Archie, judicial.

 

  1. El caso Archie, en definitiva, debería despertar una preocupación mucho más amplia y profunda incluso en los más distraídos, mucho más allá del ámbito del caso humano individual que representa: señala el oscuro camino emprendido por el derecho en Occidente, en las últimas décadas en general y en los últimos años en particular, llevando a todo jurista -al menos al que no dormita perezosamente a la sombra del formalismo y el codicilo- a preguntarse no tanto si, a este paso dentro de algún tiempo, el Estado de Derecho seguirá existiendo cuando todos los discapacitados o no discapacitados hayan sido suprimidos por su propio interés o el de la comunidad, sino si se puede imaginar una convivencia humana, justa, libre y pacífica después de la eutanasia del propio Estado de Derecho.

 

Publicado por Aldo Rocco Vitale en Centro Studi Livatino

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana

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Comentarios
13 comentarios en “En la muerte de Archie Battersbee y del Estado de derecho
  1. Detrás de una fachada de hipersofistificación moderna y de sensibilidad pseudohumanitaria, la sociedad occidental se ha convertido en un monstruo que devora a los más débiles e indefensos. Practica un culto siniestro a la muerte, en vez de dignificar toda vida. Algún día, la fachada caerá, y cuando eso ocurra, los que defendieron ese estado de cosas, así como los que permanecieron anestesiados o autocegados, se avergonzarán de ello. A Dios gracias, los católicos podremos decir a nuestros hijos que no fuimos cómplices de esa matanza, ni activos ni por silencio.

  2. En lo que se presume que son estados de derecho en occidente no queda absolutamente ni uno solo de los Mandamientos de la Ley de Dios en pie. ¿De verdad que no hay nadie con autoridad que tenga nada que decir al respecto?

    «Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, por su aparición y por su reino. Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, vitupera, exhorta con toda longanimidad y doctrina, pues vendrá tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, por el prurito de oír, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas. Pero tú se circunspecto en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.»

    Segunda carta de San Pablo a Timoteo, 4. 1-5.

  3. En Reino Unido y en toda Europa se habla mucho de derechos humanos, pero no se respetan. El aborto y la eutanasia son dos claros ejemplos de ello. Además , en este caso, se ha actuado incluso contra la voluntad de los padres. Es una noticia deplorable, como también lo es que desde la Iglesia no se hayan escuchado llamamientos claros de parte del Papa en favor de Archie. Una vez más, el pacto de silencio ha funcionado en la agenda de Francisco, que en cambio se muestra muy locuaz cuando se trata de temas como el medio ambiente, presunto racismo (como en el caso del BLM), invasión inmigratoria, falsas fosas comunes en Canadá, etc.

  4. Debería preguntarse Francisco,como representante de Dios ,si cuando Cristo estuvo en la tierra,los padres de este niño hubieran acudido a Él para que interviniera en la situación de su hijo, hubiera mandado desconectar el respirador.
    Hay algún episodio así en el Evangelio??

  5. Archie se encontraba en estado de muerte cerebral, es decir, clínicamente muerto. Si en esa situación la persona precisa ventilación o está intubada, es moralmente lícito suspender ambas y dejar que la naturaleza continúe su curso hasta la muerte. Es discutible si el Estado puede suplantar a los padres en esa decisión, pero es innegable que es moralmente legítima. Al menos, esa es la doctrina de la Iglesia. Y tiene un nombre: ortotanasia. A Archie no lo mató el Estado, se mató él mismo.

    1. Ha habido muchos casos de «muerte cerebral» en los que la persona se ha recuperado (cosa que no podría haberse producido aplicando la receta que usted da). ¿De dónde se saca que es moralmente lícito suspenderle la la alimentación o la ventilación mecánica? Si ya se ha «muerto» ya se le parará el corazón de forma natural; si no, sigue vivo. Asfixiar o dejar morir de inanición o sed a alguien que precisa la ayuda de aparatos para ello, no es dejar a la naturaleza seguir su curso: es matarlo (no hay nadie que pueda vivir sin aire o alimentos). Lo que usted dice es también eutanasia, que no sólo consiste en actuaciones que lleven a la muerte del paciente, sino también a aquella omisión que por su naturaleza, o en la intención, causa la muerte del mismo..

      1. Para juzgar lícito el no empleo o la suspensión de medios que le mantengan con vida, tiene que ser claro que las técnicas empleadas imponen al paciente sufrimientos y molestias mayores que los beneficios que se pueden obtener de los mismos.

        Por otra parte, la doctrina de la Iglesia Católica sobre este tema se encuenta expuesta en el Documento emitido por el Comité para la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española el 14 de febrero de 1993. En su epígrafe número 94 aparece un resumen a modo de Decálogo, en el que entre otras cosas dice:

        «NO ES LÍCITO OMITIR una prestación debida a un paciente, sin la cual va irremisiblemente a la muerte; los cuidados vitales, alimentación POR TUBO y remedios terapéuticos normales debidos a todo paciente, aunque sufra un mal incurable o esté en fase terminal O AUN EN COMA IRREVERSIBLE […] siempre se han de mantener las medidas de sostenimiento [vital]».

        1. La ortotanasia […] se basa por definición en el DERECHO AL TRATAMIENTO VITAL por privilegio terapéutico según el principio de justicia en situaciones de necesidad concurrente, sentido ético básico según el cual todo ser humano debe ser respetado, y su dignidad protegida y amparada por la Ley. Por tanto, su ámbito de protección alcanza sin restricción o distinción alguna a los ENFERMOS GRAVES O TERMINALES. Por consiguiente, es una obligación de los profesionales de la salud respetar el derecho a la vida de los moribundos porque son personas humanas.

          Como se lee en el estudio basado en el citado documento del Comité para la defensa de la vida de la CEE, cuyos autores son D. José María Amenós Vidal, Psicólogo Clínico y Social por la Universidad Central de Barcelona (España) y miembro fundador y Administrador de la FPC, y…

          1. …D. Javier Mandingorra Giménez, Máster de Orientación familiar por la Universidad de Navarra, y de Sexualidad por el Instituto Pontificio Juan Pablo II de Valencia:

            «En relación con el ¨tratamiento vital, como medidas de mantenimiento y conservación de la homeostasis del organismo humano, se emplearían: dispositivos artificiales…tales como la ventilación asistida, oxígeno a presión, hemodiálisis y transfusiones sanguíneas, etc…en el sentido de mantener los niveles de O2, electrolitos esenciales…sistemas orgánicos…aquellos capaces de conservar el latido cardíaco y las ondas cerebrales…u otros tratamientos…como agua, alimentación por tubo y suero intravenoso, etc…y cuidados ordinarios…de fisioterapia, higiene y aseo, etc…por citar algunos ejemplos y que en su conjunto son más que un privilegio médico un derecho humano en el sentido de respetar las prestaciones sanitarias de urgencia vital».

          2. Por tanto, lo que usted dice es completamente incierto: describe un tipo de eutanasia pasiva ilícita moralmente. Y no, no es discutible desde el punto de vista de la moral católica si el Estado puede suplantar a los padres en tomar la decisión que usted menciona, pues ni siquiera la tienen ellos. Como bien recuerda el documento de la CEE citado varias veces, en su decálogo: «El Estado no puede atribuirse el derecho de legalizar la eutanasia, pues la vida del inocente es un bien que supera el poder de disposición tanto del individuo como del Estado. La eutanasia [también la pasiva] es un crimen contra la vida humana y contra la ley divina, del que se hacen corresponsables todos los que intervienen en la decisión y ejecución del acto homicida».

    2. No es moralmente lícito suspender la ventilación de un niño con muerte cerebral cuando a la vez se les prohíbe a sus padres llevárselo a otro centro médico. Al menos dos hospitales de fuera del Reino Unido se ofrecieron a acoger al niño e intentar un tratamiento.
      Ha habido varios casos de recuperación de muerte cerebral (busque por ejemplo en Internet «Simo Chira» o el caso de «Trenton Mckinley», niño de 13 años,…).

      A Archie lo «eutanasió» el Estado (pese a la oposición de sus padres) y ningún católico puede estar de acuerdo con eso.

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