«No es fácil vivir como cristiano en un país donde te queman la casa, matan a tus hijos, roban tus posesiones sólo porque crees en Jesús». Entrevista con la religiosa que asiste a los evacuados por el terrorismo
Nigeria y Camerún están tristemente unidos por una historia poco conocida. Es la que afecta al Norte de estos dos países, devastado por más de diez años de insurgencias islamistas (especialmente Boko Haram y el Estado islámico). La presencia activa de estos grupos terroristas ha provocado una enorme afluencia de desplazados, a veces de Nigeria a Camerún, a veces a la inversa.
La misión de la hermana Loveline en Nigeria
Fue por eso que, para ayudar a algunos refugiados cameruneses, la hermana Loveline Ziseng Nyetalem voló desde su país natal a Nigeria. «Formo parte de la Congregación de Terciarios Franciscanos en Camerún, soy enfermera de profesión», cuenta a Tempi. «Hace más de un año, me pidieron que me trasladara para ayudar a los numerosos refugiados cameruneses que abandonaban el país huyendo de los atentados, pero también de la crisis socio-política. Así llegué a la diócesis de Jalingo, donde con otras tres hermanas trabajamos para ayudar a la gente y sacar adelante una pequeña clínica».
El suyo es un observatorio pequeño pero cuidado. «He conocido a una sociedad desgarrada en la que los numerosos orígenes culturales diferentes son, a veces, fuente de división en lugar de enriquecimiento mutuo. La situación de los cristianos además… es compleja».
«A menudo me preguntan: ¿dónde está Dios?»
Cuenta que por un lado es difícil profesar la fe cuando los ataques físicos son diarios. «Es un desafío muy grande vivir como cristiano en un país en el que te queman la casa, matan a tus hijos, roban tus posesiones… sólo porque crees en Jesús. Muchos, a menudo, me preguntan: ¿dónde está Dios? ¿Por qué tenemos que sufrir tanto? Es difícil estar ante sus ojos cuando cuentan los secuestros y los incendios. Y es difícil tratar cada día, todos los días, con personas que han perdido la esperanza».
Sin embargo, dice, no deja de hacerles compañía, no sólo como enfermera, sino también como religiosa. «¿Qué se nos pide? Que vivamos. Y que recemos de verdad, intensamente, para que Dios no deje de dar signos de esperanza viva para el pueblo nigeriano y para todos los refugiados». La hermana Loveline no niega la complejidad de una comunidad cristiana nigeriana profundamente dividida en diferentes iglesias, a menudo también enfrentadas: «Por lo poco que puedo entender, el origen de todo siempre es la falta de amor. Y esto vale para los cristianos como para todos los demás. Si el amor falta, Dios puede ser utilizado para combatir contra los demás. En cambio, si todos recordáramos que somos criaturas, amadas desde el principio… ¡si sólo recordáramos eso!».
El camino del perdón
A pesar de todo, añade, «¡Nigeria es uno de los países donde el cristianismo sigue siendo fructífero! Porque la gente que conozco está dispuesta a dar realmente su vida por Dios. La Iglesia católica está viva y lo veo en las decenas de personas que encuentro, con historias muy diferentes: todas dan testimonio de que es posible experimentar la belleza sin dejarse abrumar por el resentimiento y la ira». Sin embargo, no siempre es fácil.
El camino del perdón, concluye, «es realmente un largo camino. Hoy mismo he tenido que atender a una mujer que se había quemado completamente la cara al intentar prender fuego a la casa de la persona que había matado a su hermano. Se ha salvado porque la gente que la rodeaba la ha rescatado». Tardará en entender que al odio no se responde con odio, nos dice la hermana Loveline al despedirse. «Es una lección que todavía ni yo he aprendido del todo».
Publicado por Agnes Costa en Tempi
Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana