Osoro sobre san Isidro: «Mostraba a la gente la belleza que tiene la vida»

Osoro misa San Isidro
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El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, inauguró ayer por la mañana en la Colegiata de San Isidro, el Año Santo dedicado al patrón de Madrid.

Esta vez sí, la movilización del pueblo madrileño ha sido muy superior a la que contamos esta semana con motivo del cierre de la fase diocesana del Sínodo.

Os ofrecemos la homilía completa que predicó el cardenal Osoro con motivo de la apertura del Año Santo de San Isidro:

Hermanos y hermanas:

Con esta Misa abrimos el Año Santo de san Isidro Labrador, que fue canonizado hace 400 años junto a san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, san Felipe Neri y santa Teresa de Jesús. Hoy san Isidro está intercediendo por nosotros: la villa en la que él vivió se ha transformado en una gran ciudad, pero su testimonio y su compromiso cristiano tienen gran vigencia. Es urgente promover el valor y la dignidad de la familia, defender el trabajo digno, cuidar la tierra… San Isidro no fue un teórico de estas realidades, sino que fue un testigo cristiano de la importancia que estas tienen en la vida del hombre, en su dignidad de hijo de Dios.

Hoy es grande la alegría de la Iglesia que camina en Madrid. Contemplamos a un hombre de nuestro pueblo, a un esposo y padre, que cuidó esta tierra como obra de Dios, que supo vivir dignificando el trabajo humano, que supo contemplar el rostro del Señor y supo descubrir en Él a quién es meta de la historia y único Salvador del mundo. Contemplamos a un hombre de nuestro pueblo que ha trascendido fronteras con la fuerza de su santidad. Es un santo universal. Hoy se le invoca no solo en Madrid y en España, sino que en todos los continentes hay parroquias, ermitas o santuarios con su nombre. Es imposible medir la efusión de gracia que, a lo largo de los siglos, ha llegado a los hombres a través de san Isidro.

Pido que este Año Santo sea para Madrid un tiempo privilegiado para hacer memoria de san Isidro, para aprender a vivir desde el amor de Dios. Pido al Señor que este jubileo toque el corazón de todos los que vivimos aquí y de quienes nos visitan. Que sea un año de compromiso personal y colectivo para pensar en el presente y en el futuro, para pensar en el diseño que deseamos dar al futuro y en los cimientos con los que queremos construirlo, conscientes siempre de nuestra historia. La historia de este santo que hoy en nombre del Señor nos congrega, en torno a mí como pastor y arzobispo de esta Iglesia que camina en Madrid, tiene una belleza extraordinaria. San Isidro supo escuchar y vivir de la Palabra de Dios; con la fuerza del Señor hizo experimentar a quienes vivieron a su lado la caridad en su máximo grado, y también con la gracia del Señor hizo visible cómo ha de construirse una comunidad fraterna.

Testigos de la fe como san Isidro nos han facilitado descubrir la gloria del Señor por las maravillas que obra entre nosotros. Tras las huellas de nuestro patrón, la Iglesia diocesana quiere profesar y recibir el amor de Dios que nos salva. Este santo al que vamos a dedicar un año centró su vida en Jesucristo y así nos muestra la apasionante tarea de ser testigos del Evangelio.

Las lecturas que hemos proclamado hoy, en este V domingo de Pascua, nos invitan a hacer de nuestra vida una bendición permanente de Dios, que es bueno y nos da su cariño y amor a todas sus criaturas. Y que nos pide que, con nuestra vida, proclamemos su gloria y hablemos de sus hazañas.

En este sentido, os propongo realizar tres compromisos en este Año Santo:

1. Estamos llamados a abrir la puerta de la fe a todos los hombres. San Isidro mostraba a la gente la belleza que tiene la vida: él contaba a sus paisanos de Madrid lo que Dios hace por el ser humano y cómo abre la puerta de su Pueblo a todos. Como Pablo y Bernabé (Hch 14, 21b-27), animemos a conocer a Cristo, a ver lo que Dios hace por nosotros, a perseverar en la fe…. ¡Cuántos somos aquí esta mañana! Cada uno tenemos una historia personal, hemos pasado por situaciones muy diferentes, pero ¿os dais cuenta de lo que sucede en cada celebración de la Santa Misa? Nada más ni menos que Jesús se alegra de acogernos en su mesa, se alegra con nosotros. Y nos acoge como somos, imperfectos, con miserias, pero nos acoge. Recordemos que hoy aquí, en esta fiesta de san Isidro, se hacen realidad aquellas palabras del Evangelio: «Jesús acoge a pecadores y los invita a su mesa». San Isidro vivió la acogida: en su casa, en el campo, con su ayuda a otros, con su cercanía.

La espiritualidad de san Isidro, que desea seguir a Cristo con todas las consecuencias, se entiende con tres parábolas que cuenta Jesús. La primera es la de las ovejas: se pierde una, deja a 99 y va en su búsqueda. Una persona con sentido común hace todo lo contrario; hace cálculos y sacrifica una para mantener a las otras 99. Pero aquí está la belleza del amor de Cristo: te busca siempre, pues nadie pude reemplazarte en el corazón de Dios. La segunda parábola es la de la moneda perdida, que es pequeña, pero que el dueño no se resigna a perder. Cada uno de nosotros somos esa moneda y para Jesucristo somos moneda preciosa. Él no se resigna a perderte, eres parte del corazón de Dios. Y la tercera es la del padre que espera al hijo pródigo: Dios nos espera siempre, no se cansa, nos abraza, no se desanima… Dios te ama como eres y sabe que su amor puede cambiar tu vida.

2. Como san Isidro, descubramos las responsabilidades y compromisos que nos da ser miembros vivos de esta Ciudad Santa que es la Iglesia, de la Nueva Jerusalén de la que nos hablaba el libro del Apocalipsis. Hagamos ver con nuestras vidas que la Iglesia es la morada de Dios con los hombres. Las gentes de Madrid se acercaban a san Isidro porque sentían la cercanía de un hermano, de un hombre de Dios, de corazón abierto, y percibían una experiencia de Iglesia gozosa. Dios está con nosotros: hagamos de la Iglesia casa de familia, en la que todos encuentren un sitio y descubran la cercanía y la presencia de Jesucristo.

3. Con San isidro Labrador, sintamos el gozo que nos da el sabernos enviados por el Señor. Nos conocerán y conocerán al Señor si nos amamos los unos a los otros. Lo nuevo radica aquí: «Como yo os he amado». Como nuestro patrón, vivamos conectados con el misterio inmenso del amor de Dios. Vivamos convencidos de que lo que salva al ser humano es la capacidad de amar y de sentirse incondicionalmente amado. En esto conocerán que somos discípulos del Señor. Recordando a san Agustín, «el que quiere vivir, elige amar». Y esto es lo que eligió san Isidro. Especialmente en este Año Santo, ofrezcamos, como hizo él, el amor de Dios para vivir y hacer vivir.

Queridos hermanos: regalemos en este Año Santo tiempo a Jesús. Ya sea personalmente o juntos, familias y parroquias, hagamos el camino de san Isidro. Visitemos esta colegiata donde permanecen su cuerpo y el de su esposa, santa María de la Cabeza. Acerquémonos a la ermita de San isidro y a los lugares en los que él vivió. Os iremos informando de nuevas celebraciones y actividades organizadas desde la diócesis y también en colaboración con las administraciones.

Cristo se hace presente en el altar, sentid como san isidro el gozo de su presencia en el misterio de la Eucaristía, la transformación que nos regala el Señor cuando ocupa nuestra vida. Y como nuestro patrón invocamos a Nuestra Señora de la Almudena diciendo: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora». Amén.

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Comentarios
1 comentarios en “Osoro sobre san Isidro: «Mostraba a la gente la belleza que tiene la vida»
  1. Osoro se equivoca al hablar sin matices de abrir la puerta a todos. En la Iglesia caben todos, pero convertidos.
    Y por cierto, no estaría de más que el cardenal hubiera mencionado una de laa grandes joyas de San Isidro, y que tienen un valor apologético: sus numerosos milagros.

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