El Papa sobre los abuelos: «Una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños»

Papa Francisco Francisco durante la audiencia
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En la audiencia de este miércoles, el Santo Padre ha predicado la novena catequesis sobre la vejez. En esta ocasión, ha reflexionado sobre Judit, «una juventud admirable, una vejez generosa».

Francisco habla de Judit, quien vivió más de 100 años, como «una joven virtuosa y viuda judía que, gracias a su fe, a su belleza y a su astucia, salva la ciudad de Betulia y al pueblo de Judá del asedio de Holofernes».

El Papa señala que actualmente «hay un compromiso, gozoso y cansado, de cuidar a los nietos; pero sabemos que hoy nacen cada vez menos niños, y los padres suelen estar más distantes, más sujetos a los viajes, con situaciones laborales y domésticas desfavorables».

De igual modo, el Pontífice añade que «para los abuelos, una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños. Los pequeños aprenden la fuerza de la ternura y el respeto por la fragilidad: lecciones insustituibles, que con los abuelos son más fáciles de impartir y de recibir. Los abuelos, por su parte, aprenden que la ternura y la fragilidad no son solo signos de la decadencia: para los jóvenes, son pasajes que hacen humano el futuro».

Papa audiencia
Francisco saluda a los fieles en San Pedro (VaticanVa)

A continuación, os ofrecemos la catequesis completa pronunciada por el Papa Francisco:

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy hablaremos de Judit, una heroína bíblica. La conclusión del libro que lleva su nombre – hemos escuchado un pasaje – sintetiza la última parte de la vida de esta mujer, que defiende a Israel de sus enemigos. Judit es una joven virtuosa y viuda judía que, gracias a su fe, a su belleza y a su astucia, salva la ciudad de Betulia y al pueblo de Judá del asedio de Holofernes, general de Nabucodonosor rey de Asiria, enemigo prepotente y despectivo de Dios.

Después de la gran aventura que la ve como protagonista, Judit vuelve a vivir en su ciudad, Betulia, donde vive una bonita vejez hasta los ciento cinco años. Se podría decir que había llegado para ella el tiempo de la jubilación, como llega para muchas personas: a veces después de una vida de trabajo, a veces después de una existencia aventurera o de gran entrega. El heroísmo no es solamente el de los grandes eventos que caen bajo los focos: a menudo se encuentra en la tenacidad del amor vertido en una familia difícil y a favor de una comunidad amenazada.

Judit vivió más de cien años, una bendición particular. Pero no es raro, hoy, tener muchos años todavía para vivir después de la jubilación. ¿Cómo interpretar, cómo aprovechar este tiempo que tenemos a disposición?

La perspectiva de la jubilación coincide para muchos con la de un merecido y deseado descanso de actividades exigentes y cansadas. Pero sucede también que el final del trabajo representa una fuente de preocupación y es esperado con algún temor: “¿qué haré ahora que mi vida se vaciará de lo que la ha llenado durante tanto tiempo?”. El trabajo cotidiano significa también un conjunto de relaciones, la satisfacción de ganarse la vida, la experiencia de tener un rol, una merecida consideración, una jornada completa que va más allá del simple horario de trabajo.

Por supuesto, hay un compromiso, gozoso y cansado, de cuidar a los nietos; pero sabemos que hoy nacen cada vez menos niños, y los padres suelen estar más distantes, más sujetos a los viajes, con situaciones laborales y domésticas desfavorables. A veces son aún más reacios a confiar espacios educativos a los abuelos, concediéndoles solo aquellos estrictamente relacionados con la necesidad de asistencia. Hoy, los abuelos, son más importantes, porque tienen pensión. Hay nuevas exigencias, también en el ámbito de las relaciones educativas y parentales, que nos piden remodelar la alianza tradicional entre las generaciones.

Pero, nos preguntamos: ¿nosotros hacemos este esfuerzo por “remodelar”? ¿O simplemente sufrimos la inercia de las condiciones materiales y económicas? La convivencia de las generaciones, de hecho, se alarga. ¿Tratamos, todos juntos, de hacerlas más humanas, más afectuosas, más justas, en las nuevas condiciones de las sociedades modernas? Para los abuelos, una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños. Los pequeños aprenden la fuerza de la ternura y el respeto por la fragilidad: lecciones insustituibles, que con los abuelos son más fáciles de impartir y de recibir. Los abuelos, por su parte, aprenden que la ternura y la fragilidad no son solo signos de la decadencia: para los jóvenes, son pasajes que hacen humano el futuro.

Judit se queda viuda pronto y no tiene hijos, pero, como anciana, es capaz de vivir una época de plenitud y de serenidad, en la conciencia de haber vivido hasta el fondo la misión que el Señor le había encomendado. Para ella es el tiempo de dejar la herencia buena de la sabiduría, de la ternura, de los dones para la familia y la comunidad: una herencia de bien y no solamente de bienes. El bien, no los bienes, es la mejor herencia que podemos dejar.

Precisamente en su vejez, Judit “concedió la libertad a su sierva preferida”. Esto es signo de una mirada atenta y humana en relación con quien ha estado cerca de ella. Como ancianos, se pierde un poco la vista, pero la mirada interior se hace más penetrante. Se ve con el corazón. Uno se vuelve capaz de ver cosas que antes se le escapaban.

Es así: el Señor no encomienda sus talentos solo a los jóvenes y a los fuertes; tiene para todos, a medida de cada uno. La vida de nuestras comunidades debe saber disfrutar de los talentos y de los carismas de tantos ancianos, que para el registro están ya jubilados, pero que son una riqueza que hay que valorar. Esto requiere, por parte de los propios ancianos, una atención creativa y nueva, una disponibilidad generosa. Las habilidades precedentes de la vida activa pierden su parte de constricción y se vuelven recursos de donación: enseñar, aconsejar, construir, curar, escuchar… Preferiblemente a favor de los más desfavorecidos, que no pueden permitirse ningún aprendizaje y que están abandonados a su soledad.

Judit liberó a su sierva y colmó a todos de atenciones. De joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía. De anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos. Judit no es una jubilada que vive melancólicamente su vacío: es una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona. Les recomiendo que cojan la Biblia y lean el libro de Judit. Unas diez páginas. Lean su historia: una mujer a la altura. Así deseo que sean todas nuestras abuelas, que dejen la herencia de la sabiduría sembrada en sus nietos.

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Comentarios
4 comentarios en “El Papa sobre los abuelos: «Una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños»
  1. Con el daño que está haciendo el totalitarismo de la ideología de género y del aborto, y el Papa mirando para otro lado, hablando sólo de lo políticamente correcto.

  2. Es mejor que no hable de niños, los niños están condenados por la iglesia modernista, bien por que se ha permitido cuando no fomentado una sociedad laica donde Cristo está ausente, por lo cual la educación que reciben es pura herejía, incluso en los colegios religiosos, palabra del concilio. La tibieza de modernismo eclesial ha provocado la permisividad del aborto, nada de excomuniones, para qué, si el aborto es para estos nefarios como el que se saca una muela, Por último, mejor no hablar de niños en casa de los Herodes, por pura discreción o prudencia. La sangre de tantos inocentes caerá sobre ellos.

  3. La subversión del orden de la razón se da una vez mas con lo que ahora se predica a los abuelos. Los abuelos, cuando padres, cuidaron y educaron a sus hijos y, siendo la educación la misma, y por la libertad de cada uno, unos respondieron como hombres y como católicos, mejor o peor. Después cuidaron y atendieron a sus padres y ahora…. ¿en vez de que les cuiden y les respeten, que ha sido lo habitual, tiene que cuidar y educar a los nietos?
    Pues no parece que tenga lógica ni humana ni cristiana. Es tiempo de testimonio callado de la fe y de algún buen consejo, si es que los otros lo quieren pero, por favor, ni más cargos humanos ni más cargos de conciencia, que ya tiene bastante con soportar con fe la vejez y la vida que hayan tenido. Todo en su momento, a su tiempo y en su proporción, esa es la regla de prudencia que siempre y en todos los asuntos, la Providencia quiere que se cumpla.

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