El arzobispo de Pamplona lamenta que se prefiera tener en casa animales antes que a niños

Francisco Pérez Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona
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La carta del mes de mayo de Monseñor Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona, no tiene desperdicio.

En su escrito pastoral de este mes titulado «la maternidad signo de fecunda ternura», Francisco Pérez toca uno de los temas de los que actualmente poco se habla: la crisis demográfica.

A continuación, compartimos la carta completa escrita por el arzobispo de Pamplona:

Nuestra sociedad está necesitada de la auténtica felicidad que sólo tiene una fuente y es el abrazo maternal que a todos nos ha favorecido desde pequeños; es un signo del que nos sentimos bien acompañados. Es curioso constatar que hoy al hablar del progreso en la sociedad se buscan todos los artilugios materialistas y de bienestar como la fuente del futuro que será mejor.

Es muy común encontrarnos con jóvenes que han emprendido la vida matrimonial o de pareja (como se suele decir en el lenguaje vacío moderno) donde lo que primero que se descarta es ser progenitores. No se plantean tener hijos. Lo consideran algo extraño a su mentalidad y no entra en su proyecto de vida.

Se prefiere tener, en casa, un animal (perro, pájaro, gato o incluso otras especies animales) y se descarta el hecho de poder tener hijos. Les resulta una carga muy pesada y como me decía una abuela: “Mi hija no quiere tener hijos porque no sería libre y viviría esclavizada; sería como un fardo muy pesado”.

Uno de los grandes problemas de Europa, sin ir más lejos, está siendo la falta y la baja natalidad. Demográficamente va a la deriva. Se superará con aquellas familias que tengan hijos que generalmente no son europeos sino de otros países o continentes. Desde el punto de vista sicológico se suele decir -según la luz intelectual de los grandes expertos en sicología- que la causa de la violencia es el “haber perdido el sentido del padre”.

Esta falta de sentido lleva a la agresividad como modo de superación a los traumas que supone no sentir la cercanía del padre. Se pierde la confianza en los demás. Los estados de ánimo emocionalmente inestables pueden conducir a discusiones frecuentes, paranoia, culpabilidad, agresión verbal o incluso física. Y por otra parte cuando se necesita un afecto humano como principio y cumbre del humanismo regenerador, si no se ha tenido, es porque “se ha perdido el sentido de ternura de la madre”. Y esto provoca inestabilidad emocional, relaciones desencajadas con los demás, síntomas depresivos o de ansiedad, pérdida de esperanza…

No olvidaré un día, en un viaje de avión, a una joven que llevaba -asida a su pecho- una jaula que contenía un pequeño perro con mucho pelo. Hablaba a su mascota como si fuera su hijo pequeño y así lo trataba: “Mi pequeño, mi amor”. Es la esquizofrenia del afecto. Qué distinto fuera si en lugar del perrito hubiera un niño criado en sus mismas entrañas y abrazado en su pecho. Ésta es la armonía del afecto y la exultación de la ternura verdadera. Todos necesitamos afecto y un afecto de ternura que tiene su paradigma en nuestras madres. Si esto falta se buscarán otros caminos que no favorecen al crecimiento emotivo y emocional donde el afecto y la ternura quedan recortados y sumidos en un falaz sentimentalismo.

La madre es signo de fecunda ternura y de madurez afectiva. Tenemos el ejemplo de la Virgen María que a todos nos enamora por su sencillez y su ternura. No hay valle, ni monte, ni bosque, ni pueblo o ciudad que le falte la ermita como refugio donde se encuentra el amor de una Madre que ni se cansa de querernos y ni se cansa de esperarnos. Tampoco nunca olvidaré como mi madre, durante el verano, nos llevaba a sus hijos en pequeña peregrinación a los pies de la Virgen patrona de mi pueblo. Confluían los dos amores que alambicados producían un regusto especial. La ternura de una madre y la devoción a la Madre de Dios hacían posible que en lo más íntimo del corazón surgía una seguridad emocional que ninguna otra cosa podía dar mayor felicidad.

Estamos en el mes de mayo, dedicado a la Virgen María. Los pueblos se visten de fiesta ante tal Madre que viene admirada y paseada en las procesiones. Todos nos sentimos conmovidos y orgullosos de poderla venerar -a esta Madre- que no se cansa de amar y cuando, estamos lejos, no se cansa de esperar. ¡Feliz mes de mayo! ¡Agasajemos a María y a nuestras madres, junto con nuestros padres, agradezcamos su cercanía y ternura!

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Comentarios
4 comentarios en “El arzobispo de Pamplona lamenta que se prefiera tener en casa animales antes que a niños
  1. Esta sociedad tiene sed y hambre de padres, o lo que es igual, necesita como agua de mayo lo masculino, lo varonil, valor este declarado anatema en el nuevo credo progresista.

  2. Doy fe absoluta de lo que dice este obispo. Como doy fe de la legión de amigos, parientes, vecinos, conocidos… todos de clase media, incluso clase media elevada, de familias más o menos católicas o de lo que podemos considerar como «derechas», como unas 300 personas conozco, que han renunciado absolutamente a la natalidad, por pura comodidad y egoísmo; solteros a montones, y ajuntados y casados que no tienen ni un solo hijo, y con ingresos mínimos de 3.000 euros netos al mes. Sin embargo, en este mismo entorno, legiones de magrebíes y subsaharianos musulmanes con, mínimo, tres hijos por «matrimonio».

    1. Estoy conforme con lo que usted dice. En mi empresa, de 180 trabajadores únicamente una mujer tiene cuatro hijos, el resto uno o dos como máximo. La mayoría uno. No quieren ni oír hablar de tener hijos, del odio que les tienen por el prejuicio mental que les han sembrado en casa desde pequeños : tú a estudiar y a disfrutar la vida; eso, más la propaganda de viajes, homes cinemas con patatas fritas y muchas risas, les obnubila la mente.
      En las parroquias donde voy, ambas en Madrid, ya es otra cosa. En Santa Teresa Benedicta de la Cruz muchas mamás jovencitas con cuatro o más y en Nuestra Señora de la Paz lo mismo, y yo me pregunto ¿se ha enterado la Iglesia de qué va la democracia? ¿sabe que consiste en que gana el que más papeletas tiene? ¿deduce de esto que a más católicos más posibilidades de que aumente nuestra influencia en la sociedad? ¿lo sabe? ¿seguro? Pues entonces, ¿por qué no anima, exhorta, amenaza, conmina para que tengamos numerosos hijos?

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