La quintaesencia moderna de la «sinodalidad» es vacía y artificial

Oración Sínodo de la Sinodalidad (Vatican Media)
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(Catholic World Report/Larry Chapp) No me opongo a una Iglesia más «sinodal». De hecho, acogería con agrado cualquier distanciamiento del culto moderno al hiperpapado que considera al pontífice como un Oráculo de Delfos en el Tíber que debe controlar todos los aspectos de la vida de la Iglesia. Hay muchas pruebas de esta hipertrofia del papado, pero por poner un ejemplo reciente se puede mirar al motu propio Traditionis Custodes, que contiene instrucciones que regulan cuándo y dónde se pueden anunciar las misas tradicionales en los boletines parroquiales.

Estoy completamente a favor del ministerio petrino en la Iglesia, pero dudo mucho que Cristo pretendiera que la roca del papado actuara como un padre helicóptero abalanzándose a regular hasta el último detalle de la vida parroquial. Más importante aún, no creo que Cristo pretendiera que la roca del ministerio petrino ejerciera el poder como lo hace el César ni con las mismas pretensiones de omnicompetencia universal.

Sin embargo, tengo serias reservas sobre las actuales gesticulaciones burocráticas hacia la «sinodalidad» en la Iglesia. Por lo que veo, son gestos más bien vacíos, llenos de la habitual lingüística moderna tecnocrática y terapéutica de la falsa tiranía igualitaria. No hay nada más moderno que el impulso burocrático de microgestión mediante la imitación de procedimientos supuestamente «democráticos»; los fines autocráticos se consiguen creando primero un «proceso» basado en «estructuras», seguido de la infiltración previa de esos procesos y estructuras por parte de los apparatchiks aprobados.

Y una vez que se han alcanzado ciertas conclusiones a través del «consenso», el «momento democrático» termina, y todos deben ahora ofrecer una pizca de incienso al César del «proceso» y sus conclusiones; conclusiones que fueron alcanzadas mucho antes de que el «proceso» siquiera comenzara, y que fueron la razón de ser de la creación de esta rueda de hámster. Y me temo que este proceso es exactamente lo que estamos viendo en el «camino sinodal», que ha sido acompañado por todas las anodinas palabras de moda y banalidades de marketing que uno ve en operaciones seculares similares.

Algunos dirán que se trata de una hipérbole alarmista, y que la sinodalidad pretende aumentar la «responsabilidad» de la Iglesia precisamente mediante la devolución del «poder» a más entidades locales. Estoy a favor de eso, en teoría. Por lo tanto, si ése es realmente el objetivo, entonces háganlo y dejen la farsa de una «Iglesia que escucha» con sus cuestionarios totalmente asistemáticos y no científicos que están diseñados para devolver a sus creadores exactamente lo que quieren oír. La mayoría de las personas que respondan a estos cuestionarios serán activistas católicos autoseleccionados, tanto de derechas como de izquierdas, y/o el habitual cinco por ciento de feligreses que acudirán obedientemente a una reunión parroquial si eso es lo que quiere el párroco. Y esa gente no va a ser de ninguna manera representativa de las vastas franjas de católicos aburridos a los que no les importan esos asuntos procesales e intramuros.

¿Y quién recogerá y analizará estos cuestionarios? ¿Las mismas élites eclesiásticas que los elaboran? ¿Y se harán públicos? ¿Y habrá total transparencia en todo el proceso? ¿Se permitirá cualquier disidencia razonada y sincera del supuesto consenso? ¿Continuará la «conversación»? ¿O terminará una vez que se hayan alcanzado los resultados deseados? ¿Seguirá siendo la Iglesia una Iglesia que «escucha» dentro de diez años o el «Espíritu» enmudecerá una vez que los alemanes hayan dado la última palabra definitiva sobre las intenciones del Espíritu?

Las sospechas en este sentido no hacen más que aumentar al ver el último «cuestionario» de Roma, que se envió a los obispos para discernir su actitud hacia Summorum Pontificum, cuyos resultados se utilizaron como justificación de Traditionis Custodes. Pero Roma nunca publicó los resultados de la encuesta y jugó la carta de la «privacidad episcopal» como su razón para evitar la transparencia. Así que sólo nos queda creer en la palabra de Roma de que la mayoría de los obispos estaban muy descontentos con Summorum y querían que se revocara.

Por lo tanto, es muy creíble pensar que una Iglesia «sinodal» se va a formar a través de un papado que a menudo carece de transparencia, utiliza el muy anti-sinodal formato del motu proprio más que cualquier otro papa anterior, y que está basando el camino sinodal en cuestionarios completamente inútiles y no científicos como indicadores de por dónde está soplando el «Espíritu». Tampoco hay criterios establecidos (hasta ahora) para un adecuado discernimiento de espíritus a la luz del Evangelio, abriendo todo el proceso a la importación de los ídolos de la época, todo bajo la bandera de la «escucha.» Se anima a los feligreses a compartir sus experiencias del «Espíritu Santo» que les habla, pero aparentemente sin una verdadera formación o guía espiritual sobre si el «espíritu» que les habla es realmente el trinitario.

¿Y qué hay de esta «escucha»? ¿Escuchar qué o a quién exactamente? ¿Escuchar a todos? Eso es imposible, por lo que surge la verdadera pregunta: ¿cuáles son los puntos de referencia hermenéuticos para toda esta escucha? Pero hasta ahora, el «proceso» no nos ha dado ninguna pauta explícita, sólo palabras vagas sobre la inclusión y sobre que nuestras preguntas huelan a oveja o algo así. Mi padre se está quedando sordo, pero todavía se las arregla para escuchar lo que quiere oír. Mi madre lo llama «escucha selectiva». Lo mismo ocurre aquí. Lo que tenemos es una Iglesia acostumbrada desde hace mucho tiempo a «escuchar» los más débiles murmullos del zeitgeist burgués de la Euroamérica secular y que, sin embargo, se hace la sorda cuando las víctimas de su despreocupación espiritual gritan desde el techo pidiendo atención.

Y no me refiero sólo a las víctimas de abusos sexuales, aunque serían la prueba «A». Después de todo, una Iglesia que no puede escuchar a una madre decir a un obispo: «El padre Skippy violó a mi hijo» no es una Iglesia en la que confíe para «escuchar» a la musa sinodal. Hablo también de todos esos sufridos católicos que llevan décadas suplicando a la Iglesia que aumente su testimonio evangélico, que mejore sus liturgias, sus homilías, su devoción a los pobres y su oposición a la cultura burguesa con su militarismo y su capitalismo rapaz. Una Iglesia que no ha «escuchado» durante los últimos cincuenta años ni siquiera la voz de San Juan Pablo II o del Papa Benedicto y que les ha plantado cara de forma institucional profundamente arraigada, no es una Iglesia que yo crea que está verdaderamente abierta a «escuchar» de repente la voz real del Espíritu Santo sólo porque los procesos de gobierno sean más multifocales. La escucha selectiva multifocal sigue siendo una escucha selectiva, y ese tipo de escucha continuará mientras se ignoren las causas espirituales fundamentales de la mediocridad cultivada y seductora de la Iglesia.

Por último, esta repentina realización epifánica de la necesidad de «escuchar» parece extrañamente aliada con el resurgimiento del interés en el Vaticano II como un «evento» que fue el catalizador de un «proceso» que es siempre nuevo y continuo, por encima y en contra de la visión del Concilio presentada por los dos papas anteriores como algo nuevo y a la vez firmemente arraigado en la Tradición. Más sobre esto en una próxima entrega, pero baste decir por ahora que no me fío de la «escucha» de los prelados de la escuela de Bolonia.

Comprendo que haya gente por ahí, gente sensata y razonable, que piense que una Iglesia más sinodal sería algo bueno. Creo que tienen razón. Pero dudo que esto sea lo que está realmente ocurriendo. Además, también hay un grave peligro en ese ombliguismo eclesial de mirarse sus propias «estructuras», de que los sociologismos sustituyan a los pilares teológicos. Y, además, que surja una fijación exagerada de la autoridad de la Iglesia como un fin en sí mismo y cree deformaciones ideológicas de aquello para lo que dicha autoridad sirve en primer lugar: la promoción de la santidad, enraizada en la comunión de la vida trinitaria, comunicada a nosotros en Cristo, y vivida en la comunión de los santos tanto en la tierra como en el cielo.

La verdadera sinodalidad ayudaría, creo, a este tipo de eclesiología de comunión. Pero una «sinodalidad» arraigada en un falso igualitarismo y en un pneumaticismo vulgarmente democrático y montanista (y que, por lo tanto, hace un mal uso de la metáfora del «Pueblo de Dios»), es, a mi juicio, un fracaso. (Más sobre esto en mi próximo ensayo).

El P. Louis Bouyer (1913-2004), en un pasaje premonitorio de La Iglesia de Dios que parece escrito ayer, advierte contra esa fijación en la «autoridad» como un fin en sí mismo, pues conduce a las deformaciones antes mencionadas:

Especialmente en los últimos siglos, la autoridad pastoral ha tendido a aislarse tanto de la predicación de la fe como de la celebración de los misterios. No es que estos dos elementos hayan desaparecido de la Iglesia católica, sino que en demasiada medida, en lugar de actuar en simbiosis con ellos, el ejercicio de la autoridad ha tendido a ser su propio fin, haciendo que el anuncio de la verdad evangélica y la vida litúrgica sufrieran una distorsión perjudicial, y se ha alterado al mismo tiempo. … En lugar de estar subordinada a la verdad que ha de ser proclamada al mundo, … la autoridad, habiéndose convertido en su propio fin, ha oprimido esta vida común mediante una exagerada justificación de sí misma, reduciendo así (o al menos amenazando con reducir) la liturgia sacramental a un ornamento de su poder.

Es evidente que Bouyer no critica aquí la sinodalidad ni se opone a una verdadera sinodalidad. Pero sí pone de relieve los peligros de una fijación en las estructuras de autoridad, el principal de los cuales es la desconexión que surge entre la autoridad eclesial y la vida divina que putativamente es su objetivo.

Y destaca para mí la cuestión central que debe ser abordada con respecto a todo el debate actual sobre la «sinodalidad». A saber, ¿cuál es la relación entre la autoridad del magisterio y su credibilidad? Y si carece de esta última, ¿cómo puede ejercer adecuadamente la primera? En efecto, si carece de credibilidad, ¿cómo evitar que su autoridad se convierta en mero «poder» en un sentido mundano y coercitivo?

Y si existe una fuerte división y una brecha cada vez mayor entre la autoridad episcopal y la credibilidad episcopal, ¿en qué sentido puede importar que esa autoridad se ejerza de forma centralizada desde Roma, o de forma más sinodal a nivel local? Dudo mucho que la credibilidad del papado sea inferior a la de las distintas conferencias episcopales, y los dictados del cardenal Marx o del cardenal Cupich son tan desencarnados y tan abstractos para la mayoría de los católicos como la última misiva del Vaticano. Cuando esas autoridades carecen de una credibilidad radical y existencial, sus elucubraciones son igualmente irrelevantes, independientemente de que se emitan desde Roma o Chicago.

Larry Chapp es profesor de teología jubilado. Enseñó durante veinte años en la Universidad DeSales, en Allentown, Pensilvania. Ahora es propietario y director, junto con su esposa, de la Dorothy Day Catholic Worker Farm en Harveys Lake, Pennsylvania. El Dr. Chapp se doctoró en la Universidad de Fordham en 1994 con una especialización en la teología de Hans Urs von Balthasar.

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Comentarios
20 comentarios en “La quintaesencia moderna de la «sinodalidad» es vacía y artificial
  1. Aunque no quieran reconocerlo, el sínodo de la sinodalidad supone, de hecho, una cierta forma de vaciamiento de la regencia de la doctrina para suplirla por la opinión vulgar.
    Y encima, supeditando esa opinión popular a la ideología dominante que es la de Francisco.

    1. Cuando habla de «opinión vulgar», ¿se refiere a la suya? Por sus expresiones y su manera de manifestarse no creo que sea sacerdote y si lo es, no será católico porque ha perdido un elemento esencial del catolicismo que es la unidad con el Papa. Hágaselo mirar, es urgente.

      1. Cristiano, dice usted :…ha perdido un elemento esencial del catolicismo que es la unidad con el Papa.
        Con qué Papa?
        Bergoglio no es el Papa.

      2. En respuesta a Cristiano le diré, que, servidor, sacerdote de Cristo, estoy en plena comunión con el Papa, y en fidelidad a la doctrina de la Iglesia, y precisamente por eso, repruebo los sistemáticos y múltiples errores de Francisco. Y animo a los fieles a refutar a Francisco, como siempre han hecho los santos, corrigiendo a los pontífices cuando se han equivocado.

        1. En «plena comunión» y «reprobar» en la misma frase, me parece que no se conjugan bien. Entiendo que se pueda discrepar con algunas ideas o acciones del Papa (este u otro) pero nunca encabezar o alentar el perder el respeto a la autoridad que significa el papado (en este caso representado por Francisco) como se hace con bastante frecuencia en este blog. Los santos, como usted dice, seguro que estaban sometidos a la obediencia al Papa, cosa que por lo que veo a usted le cuesta un poco. Será que no es santo. Aprovecho para contestar también a Tom. Ese estribillo de que Francisco no es el Papa, está superado y es huele a rancio. Cámbielo por favor.

          1. ¿Qué tiene que ver estar en comunión con el Papa con corregir los errores y disparates que dice? ¿Y la obediencia? Algunos no aceptan que corregir al que yerra es una obra de misericordia; justo lo contrario de lo que usted hace, que ni le importa el Papa, ni le importan aquellos a quienes confunde. Vuelvo a recordar en qué consiste estar en comunión con el Papa, porque algunos mariachis pontificios no lo tiene muy claro:

            «Nos basta poder afirmar que la conmemoración del Romano Pontífice en Misa y las preces derramadas por él en el Sacrificio, se consideran y son un signo declarativo por el cual el mismo Pontífice es reconocido Cabeza de la Iglesia, Vicario de Cristo, y Sucesor del Bienaventurado Pedro, y se hace profesión firme de unir los ánimos y voluntad a la unidad católica» («De Sacrosanto Missæ Sacrificio», de S. S. Benedicto XIV).

          2. Este reconocimiento del pontífice refleja la comunión con él y con la Iglesia, lo que no implica tener que compartir sus ideas personales o aceptar cualquier disparate que pueda decir o hacer, como creen los papólatras.

  2. La sinodalidad, ese invento papal que busca disminuir el poder de los obispos en sus propias diócesis para que los teólogos progresistas que los compondrán hablen en nombre del pueblo de Dios sin mandato ni representación. Me encanta que en el CVII se criticase tanto la burocratización de la curia papal y ahora tenemos la curia papal, la curia diocesana, la conferencia episcopal de cada país (que no deberían existir) y próximamente «sínodos» en cada nivel de las anteriores. Todos estos órganos formados por comisiones, subcomisiones y supercomisiones que producen anualmente pingües documentos que nadie lee, a nadie le importan y que no sirven para nada. Gracias a Dios que la mayoría están en formato electrónico porque si no habríamos terminado con el bosque amazónico ya.

    1. La sinodalidad en la Iglesia es tan antigüa como la propia Iglesia, por tanto, lamento decirle que no es un invento del Papa. Dígame en qué numero del Documento Preparatorio o de la Comisión Teólogica que ha escrito sobre la sinodalidad habla de «disminuir el poder de los obispos en sus propias diócesis». La demagogia y la mentira suelen ir juntas, tenga cuidado. La autoridad en la diócesis es y seguirá siendo el obispo. Ahora bien, cuando el obispo decida algo tendrá que ser tras haber escuchado al Pueblo de Dios, que no sólo son los fieles sino también el Consejo Presbiteral y otros órganos diocesanos. Después la última palabra la tendrá él, por supuesto. ¿Acaso es malo este modo de proceder?

      1. ¿Que autoridad tiene el obispo, cuando tiene que pedir permiso a Roma para autorizar la Misa Tradicional?
        Hay que recordar una vez más que la Misa Tradicional forma parte de la Tradición y por tanto no se puede prohibir ni limitar.

        Por otro lado todos hemos comprobado que Francisco actúa más como un dictador que como un Papa.
        La sinodalidad actual es un cuento chino, que pocos se creen.

        1. Estimado Fred: El Papa dejó claro el motivo por el que decidió cambiar con respecto a la llamada misa tradicional. Tritemente muchos de los participantes y defensores de esta misa, muy tradicionales y muy fieles a la doctrina, son los que atacan y rechazan la doctrina del Vaticano II, son los que se consideran «puros» frente a los demás que no lo somos, según ellos. En cuanto a la actitud dictatorial del Papa, claro eso depende de a quién afecte. Me refiero a que el Papa es un dictador porque los afectados, en este caso, son los defensores de la misa de san Pío V. Pero bien que gritan al Papa que debería ser mucho más firme, dictador, condenando y rechazando otras situaciones y realidades dentro de la Iglesia. Me parece que aquí contamos la historia según nos va.

          1. «El Papa dejó claro el motivo por el que decidió cambiar con respecto a la llamada misa tradicional»

            Los argumentos esgrimidos son falsos, entre otras cosas por incomprobables. Y ni usted, ni quienes escribieron «Traditiones custodes», ni el Papa que lo firmó, pueden demostrarlo. Su argumento «muchos de los participantes y defensores de esta misa, muy tradicionales y muy fieles a la doctrina, son los que atacan y rechazan la doctrina del Vaticano II» es insostenible, incluso aunque fuera cierto: no se puede prohibir algo porque «algunos» (sin pruebas) hacen o dicen tal cosa o tal otra. Además, siguiendo esa lógica, lo primero y más urgente que debía haberse prohibido o restringido es el novus ordo, porque hay muchos más de los que lo usan que rechazan no sólo el CVII, sino todos los concilios anteriores. Su último argumento, de traca: ¿compara reprobar la herejía con restringir arbitrariamente un rito litúrgico apostólico? Se le ve el plumero.

      2. Te confundes Cristiano, los sínodos son tan antiguos como la Iglesia, la sinodalidad tiene una fecha de inicio muy precisa: 27 de octubre de 2018, cuando en el documento final del sínodo de obispos se introdujo el término «sinodalidad» y «proceso sinodal» con el estupor de los obispos presentes dado que en ningún momento había hablado de ello. El término fue inventado por el Papa Francisco en 2015, desarrollado por la Comisión Teológica Internacional en 2018 e introducida con calzador en el documento final.
        La diferencia fundamental es que los sínodos antiguos se reunían para discutir cuestiones concretas para luego disolverse y estaban formadas por clérigos. Los nuevos van a ser permanentes, con fuerte presencia de teólogos laicos progresistas que pondrán el grito en el cielo y en la prensa si el sr. obispo no hacen lo que ellos quieren. Y si no ceden a la presión pueden ser movidos de la diócesis o incluso destituidos por «romper la comunión eclesial».

  3. El chiringuito internacional más cutre, descarado y panzón del siglo XXI es el «Sínodo de la Sinodalidad» y lo han montado Francisco y su camarilla.

  4. La Iglesia opera por los Sacramentos, pero con todos los sacramentos, de manera permanente. Pedro debe apacentar -instruir-enseñar-conducir al Reino.
    El Sínodo es el Papa, los obispos pueden conversar, opinar (con grave riesgo), deliberar, vacacionar en Roma unos días fuera de las sesiones, estar bien alojados y lo que les parezca a ustedes. Vean Cánones 342 a 348, corto, claro, terminante.
    No pueden resolver sin el Sello.
    ¨Pueden ocurrir dos situaciones hipotéticas.
    A) Que entre la terminación de las sesiones y el Documento Final del Papa transcurra el tiempo naturalmente necesario para escribir el texto, perfeccionarlo, hacerlo ver por Doctrina de la Fe y posiblemente por textos Legislativos y finalmente expedirlo.
    B) Que aparezca en tiempo record un documento largo, parrafoso, donde recién en sus puntos 456 y 678 contengan el «objeto» del texto, un logro extraordinario de eficiencia y velocidad, un milagro…

  5. yo, procedente de un catolicismo sociologico, por mi edad, pero preocupado por la formacion en la doctrina, me han informado del sinodo e incluso me han ofrecido un cuestionario para comentar. Afirmo que no he encontrado, aun proponiendomelo, la forma de incluir en las respuestas, algo de mis pensamientos. Parece que se desea un estudio estadistico con preguntas pasecidas a esta «Considera que su parroquia hace bien su trabajo pastoral», si o no. Vale como cuestionario. Pero se hacen preguntas como «lee la Biblia con asiduidad», siendo como es la Palabra de Dios. Ante esto, que hacer. VG. desearia preguntas como «considera que la misa en latin, debe disfrutar de libertad en las parroquias», y asi preguntas con chicha. No veo otra posibilidad que contestar, no al cuestionario, sino a traves del cuestionario, o sea contestar con lo que se opina, sin encasillamientos. En todo caso una cuestion previa, que incluso al final: Un sinodo Universal ¿no es un concilio?, vayamos pues a el.

  6. Mierdanalidad, mierdanulidad, mierdainutilidad, mierdavanalidad, mierdainfecundidad, mierdainformalidad, mierdadinmesindad, mierdacuosidad, mierdaexpresividad, mierdafrivolidad, mierdagramaticalidad, mierdainsalubridad, mierdaintelectualidad, mierdactualidad, mierdairregularidad, mierdaliberalidad, mierdanormalidad, mierdarepulsividad,

  7. En este sínodo quieren dar apariencia de que escuchan, pero no lo hacen. Francisco y los que le siguen están inmersos en su ideología y no atienden a la doctrina del Magisterio Pontificio bimilenario.

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