Pietro Ditano: «La Misa es el único motivo por el que sigo vivo»

Pietro Ditano: «La Misa es el único motivo por el que sigo vivo»
Pietro Ditano (Foto: Mater Mundi)

Hoy se estrena en España la película/documental «El Beso de Dios», dirigida por el español Pietro Ditano

La sinopsis de la película es la siguiente: La Misa como nunca te la habían contado. Un deslumbrante recorrido a través del sentido bíblico del sacrificio -desde la Creación hasta nosotros- acompañados por anfitriones de lujo: Eduardo Verástegui, el autor súper ventas Scott Hahn, el bicampeón de Fórmula 1 Emerson Fittipaldi, el Barrabás de La Pasión de Cristo Pietro Sarubbi, Raniero Cantalamessa… y por jóvenes ‘besados’ por Dios. Con increíbles imágenes de la naturaleza de Brasil e Islandia; rodado en la Playa de las Catedrales (Lugo) y en Matera (Italia).

El Beso de Dios

Infovaticana, ha tenido la oportunidad de charlar y entrevistar al director de la película, Pietro Ditano. El mismo afirma haber sido «tocado» por Dios y se muestra muy agradecido por su proceso de conversión.

Entrevista a Pietro Ditano, director de la película «El Beso de Dios»:

P-¿Cómo podrías resumir  tu proceso de conversión?

R-Es continuo día a día. Continúo en el sentido de que dura día a día y si no me convierto cada día el patinazo está asegurado. En concreto me sucedió que un hombre me paró por la calle. Fue en el metro de Tetuán, en el año 2010, venía yo de trabajar de modelo. Empecé a estudiar actuación en una escuela muy buena de Madrid y ahí estaba con otra persona por la calle, que bueno, digamos que tenía dones especiales, pero no los utilizaba siempre para bien, a veces sí y otras no, pues de esta gente que hay poca, pero que cuando están pueden marcar una diferencia positiva o negativa. Y cuando estaba criticando a una tercera persona que no estaba delante, apareció otro, salió de la nada y me fijó la mirada y tenía unas gafas también, así como un cigarrillo, unas botas de cuero, chupa de cuero y empezó a decir que tenía los ojos azules, con mucha dulzura, pero con mucha autoridad… ¡pero cómo puedes estar tan ciego! me dijo.

P-¿Sin conocerte de nada?

R-Sin conocerme de nada, sí, pero ¿cómo puedes estar tan ciego? Cierra los ojos, mira con el corazón y lo entenderás todo. Me dice: No te dejes engañar por las apariencias. Y la persona que está hablando, que estaba en aquel momento criticando lamentablemente a otra persona, yo en mi corazón deseaba que se callase, pero no se lo iba a decir, estaba más cómodo y cuándo ocurrió eso le mandó callar. Le dijo ¡Cállate! Hay un salmo que dice “al que recrimina secretamente a su prójimo a ese le haré callar”. En ese momento estaba recriminando secretamente a esa persona que se callase y llegó esta persona poseída por el Espíritu Santo, mandó callar y luego me hizo una lectura de mi alma muy profunda que me dijo: “Tienes un problema de autoestima, pero tienes una voluntad de hierro. Que conste que nada de lo que te estoy diciendo es cosa mía, sino que esto estaba aquí, en el aire del relato, entregado en la carta. ¿Y a qué te dedicas? Me preguntó. Y le respondí que estoy estudiando cine y si yo hago algo parecido, no sé que más me dijo, pero soy sacerdote en la vida real. Cuando quieras tomamos un café. Y me dejó la tarjeta. A partir de ahí eso me llevó mucho a ir al Evangelio y necesitar leer cómo era Jesús.

PAntes de ese momento, ¿Cómo dirías que era tu formación espiritual?

R-Sencilla y humilde, es decir, mis padres, y con la mejor de las intenciones y de forma efectiva, me habían transmitido una imagen muy positiva de Jesús y rezaba por las noches antes de acostarme. Siempre íbamos a misa los domingos, pero en cuestiones así un poco más prácticas de sexualidad y otras cuestiones, tenía formación cero. Y entonces fue un campo experimental donde yo vivía como con la propuesta contemporánea y bueno, también el prueba y error e ir leyendo el Evangelio. Y luego me fui dando cuenta de que los caminos de Jesús eran los caminos de la vida y de mi bien, y luego no lo cambias por absolutamente nada.

P-Cuando empezaste tu proceso de conversión, ¿Qué es con lo que más enganchas para mantener ese trato con Dios?

R-Para mi hay dos partes que son absolutamente inseparables. Una es la gracia, o sea acudir a los sacramentos. Empecé a aumentar en otro momento de dificultad la Eucaristía. Frecuencia diaria. Trato incluso a día de hoy de estar ahí, porque sé que es el lugar donde estoy a salvo y cuando estoy ahí estoy en el Señor. Pero luego también la que es más arriesgada y que se dice menos, que es la caridad. Si yo me pierdo del amor al prójimo o de hacer cosas desinteresadamente, aún estando en la gracia y en los sacramentos, siento que me voy. Entonces creo que es un equilibrio necesario e imprescindible de tener esas “dos piernas”. Si falta el servicio, creo que es una silla coja, peligrosa. En mi caso, por lo menos yo sé que me voy al garete en cuanto suelto el servicio.

P-A día de hoy, ¿Cuál es tu motor en tu vida? 

R-Trato de que sea Jesús siempre. La lectura de la Palabra para mí creo que es la fuente de todo. Volví a los sacramentos, en parte por el Evangelio. El Evangelio fue lo que me llevó a esto y algún sacerdote también me ayudó. Pero creo que a día de hoy, pues también hago discernimiento en dirección espiritual, me ayuda en las decisiones importantes. Creo que Dios se da mucho ahí. El Señor le decía a Santa Faustina que le daba un don especial tanto al director como al confesor, y que incluso que él le daba a conocer a esta mujer que era una mística, su voluntad, más que las inspiraciones que ella tenía, decía Yo te doy a conocer mi voluntad a través del director espiritual y del confesor. Llevo con dirección espiritual diez años, y creo que nunca he sentido que nada de lo que me hayan dicho haya sido malo para mí. Ni una sola cosa. Y para mí es una prueba muy fuerte de que es el Señor el que va dirigiendo.

P-Si tuvieras ahora algún joven en el que vieras proyectada tu vida pasada, ¿Qué le dirías? ¿Qué le hubieras dicho a al Pietro de hace diez años?

R-Pues yo creo que la realidad del bautismo es una realidad. Es decir, nosotros estamos habitados por Dios y como está vivo y está en la Escritura, la unción nos enseña algo del bautismo que como es Dios, vive en nosotros. Hay emociones que están ahí sugiriendo cosas…, yo sin tener ninguna idea sobre el tema de la sexualidad, mi intuición ya me decía que eso era importante, preservarlo en el amor. Luego de la desesperación me fui a otros lugares, pero ya había una intuición buena que a lo mejor no era plena, pero ya había algo ahí que me gustaba. Entonces yo creo que hay que confiar en las intuiciones, sobre todo cuando hay esas emociones internas positivas de hacer algo bueno o de repente ponerse a leer la escritura o de ir más a misa. Confiar en que Dios no es como una imposición externa de una ley que me impone. No, sino como algo vivo dentro de ti que te está moviendo como cuando la sed te lleva a beber agua. Pues que también sigamos y confiemos en las emociones. La Biblia ayuda mucho para discernir qué es lo bueno y qué es lo malo, pero seguir mucho como confiar en esa presencia que ya es que si estuviese muerta la religión sería la mayor imposición del hombre. Pero como está vivo es como algo que nos impulsa a hacer cosas, igual que seguimos impulsos del cuerpo para cosas malas. Seguir los impulsos del espíritu y de la bondad de Dios que está en nosotros y que nos está llevando a hacer cosas que son positivas para los demás y para nosotros mismos.

P-¿Has tenido que romper con cadenas que te ataban a apartarte de Dios? 

R-En mi caso ha sido muy orgánico, porque ocurre que cuando tú empiezas a entrar en los caminos del Señor, a leer un poco el Evangelio y seguir los caminos de Jesús, yo creo que es como si cambiase la polarización del imán, es decir, como yo estoy habitado por otra cosa distinta, de forma orgánica y progresiva, y aunque a veces hay conversaciones con amigos o algún momento así de que puede haber más desencuentros, pero como yo ya no sigo atrayendo en el sentido que ya no tengo las mismas inquietudes. Entonces, de forma natural, si tú y yo quedábamos porque fumábamos y yo dejo de fumar, pues es natural que ya no quedemos, porque si solo quedamos para fumar, pues aquí ya no hay tabaco que compartir.

Pues sí, yo creo que es orgánico, pero sobre todo de un cambio dentro que se traduce naturalmente en cambios fuera, pero sobre todo muy orgánico. Sencillamente creo que se trata más de participar de la vida de Dios y que ahí todo se transforma que decir yo con violencia voy a renunciar a esto y aquello. No, no es como voy a empaparme mucho. Y el hecho de estar muy empapado es lo que hace que el entorno se transforme como una flor. Bueno, también hay que cortar alguna hierba mala, pero sobre todo lo importante es lo que la flor lleva, no lo que lleva al suelo.

P-¿Cuál es vuestra intención con esta nueva película el Beso de Dios?

R-No lo sé. Es un proyecto llovido del cielo. Ni busqué hacerlo. Se hunde también contra mi voluntad. Se levanta con el deseo más profundo de mi corazón. Que el Señor pueda tocar a cada uno con una cosita. No aspiro a que arrase el mundo, pero sí que aspiro como es un proyecto hecho en oración y lleno de Dios, yo creo porque está hecho en humildad. Creo que sí, que hay semillas o tesoros para cada uno. No sé de qué dimensión, pero que cada uno que vea esa película. Se puede llevar una semilla del Señor que a su debido tiempo dará su fruto. Yo con que ocurra eso y con que las personas sean tocadas, para mi sería dar frutos de vida eterna. 

P-¿Cómo ha sido trabajar con Pietro Sarubbi, Eduardo Verástegui o el cardenal Cantalamessa? 

R-Sencillo y duro a la vez. Yo por los idiomas tengo la bendición. Mi padre es italiano, yo soy de Santiago y gallego. Tuve alguna novia de Brasil y hablo portugués. Con los idiomas para mí fue algo muy natural que ya me venía un poco de serie y el proceso es que al ser entre hermanos es distinto, porque como estamos entre creyentes y remando todos en el mismo barco, no es como si vas tú a hacer negocios. Hay una parte que hay que llegar a acuerdos, evidentemente, pero al ir todos por el mismo fin, pues al final notas como esa Iglesia que somos todos de piedras vivas, de piedras vivientes que vamos cada uno poniendo su parte y que se va haciendo, aunque luego eso no quita que haya dificultades y sacrificios, pero por lo menos podemos estar entre creyentes y gente que lo hace por el Señor, pues cuando estamos centrados en Él, todo va mejor. En Italia el rodaje fue una maravilla en Matera, donde habían grabado La Pasión, pero sobre todo por el ambiente, porque estamos en fraternidad. 

P-¿Qué significa para ti la Misa?

R-Voy a dar una respuesta dura que no sé si salió en algún sitio. Yo en aquel momento caí en una crisis fuertísima. Llegué hasta decirme el único motivo por el que sigo vivo, porque pasé por un momento de mucha dificultad. Espiritualmente me sentía muerto emocionalmente, psicológicamente, por el trabajo actoral y la misa para mí fue el único motivo de verdad. Ni amistades que estuvieron cerca de mi familia, ni una psicóloga con la que hablaba por teléfono. El único motivo que me devolvió la vida interior, espiritual, psicológica, emocional, fue la misa. Entonces, para mí eso es la misa, el único motivo por el que sigo vivo. Me cuesta decirlo, pero es así.

P-¿Cómo dar testimonio en un mundo en el que la gente ve la misa como algo monótono y aburrido? 

R-Si que viene mucho de la dificultad, es decir, el momento, la ocasión buena que tenemos para cualquier cosa, para valorar a un amigo, para valorar a tu familia, es cuando tienes necesidad. Si tu estás cubierto y estás emocionalmente nutrido, psicológicamente estable, tienes dinero, no tienes problemas, es difícil que le abras espacio a Dios, pero cuando estás como roto, ese es el momento en el que desde la necesidad es muy, muy fértil para que Dios pueda entrar, porque como sabes que estás un poco en la cuneta. Abrirse al Señor yo creo que es más algo que haga Él que nosotros, o sea, no es algo que uno pueda buscar, creo que es algo que Dios en un momento dado, cuando uno más lo necesita, va a poner una emoción interior o una intuición. Creo que es más como seguir ese impulso y no renunciar, sobre todo cuando esté eso, como no desterrarlo, porque eso sí que sería un error digno de lamentar.

P-¿Ha dado ya frutos tu conversión en tu ámbito de amigos más cercanos y en tu familia?

R-Yo creo que es algo que funciona con independencia de mí y quizá también por mi pobreza y mi pobre testimonio en el hogar, que es el lugar más difícil para mí de vivir de verdad del amor y de la fe. Pero bueno, mis hermanos al poquito, pero creo que fue por ellos sin que yo apenas les contase nada. Tuvieron conversiones más allá de lo que yo haya podido hacer. Sí que detecto que, a veces, Dios entra en una casa y sigue su trabajo. Pero no lo atribuyo a algo que yo hiciese, porque honestamente te digo que fue ridículo y hasta vergonzoso mi poco testimonio ahí. Mi hermano al cabo de poco tiempo de su conversión, cambió su forma de vivir la sexualidad, empezó también a ir a misa diaria y yo hablé muy poquito con él, pero fue Dios que le puso en un problema gordo. Y a partir de ahí pues porque lo difícil es aconsejarle a alguien cuando no quiere un consejo, cuando no lo necesita, pero cuando viene alguien roto y te pide un consejo, es el momento en el que lo recibes. Y el Señor puso a mi hermano. En ese caso le puso una dificultad grande y a lo mejor media palabra le sirvió para entrar. Y si uno va pretendiendo decir que yo también peco de cobardía, pues a lo mejor no lo consigo. Pero el Señor fue que.

P-Has hablado varias veces del tema de la sexualidad. La Iglesia con este tema es muy clara con el tema de las relaciones sexuales, de vivir en castidad hasta el matrimonio. ¿Crees en ello?

R-Sí, sí, sí, eso lo creo profundamente. Yo he probado a vivirlo fatal, a vivirlo no tan mal y luego a vivirlo. Cuando leí en el evangelio de Marcos lo que dice “lo que sale del corazón del hombre es lo que contamina al hombre”, y lo primero que dice es fornicaciones y fornicaciones son relaciones fuera del matrimonio. Ante Dios sólo existe el matrimonio entre un hombre y una mujer. La fornicación contamina al hombre que ya no es una cuestión de legalismo, es cuestión de que es algo que contamina. Cuando estamos viviendo la fornicación, la sexualidad fuera del matrimonio, nos estamos contaminando y eso te contamina la mirada, te cambia los ojos, te cambia su visión sobre las personas sobre las que te sientes atraído. Es algo que realmente te está ensuciando los ojos, la mente, el corazón, etc. Cuando lo vives así, detectas la sabiduría de Jesús. Pues yo he vivido relaciones con sexualidad fatal, vivida aún sin saber que estaba mal y luego he vivido relaciones donde guardaba la pureza y la diferencia es abismal. He disfrutado mucho más, he compartido más, he podido tener momentos de intimidad, he conocido mucho más a la persona.

Cuando tú rompes una relación donde ha habido sexualidad, te destrozas, destrozas al otro y hace falta un tiempo de reconstrucción tremendo. Sin embargo, cuando son relaciones que también se han dejado, donde se ha vivido con pureza, es otra cosa. Porque no ha habido como ese pegamento que se te pega y tienes que arrancarlo y te arranca la piel.

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