Francisco arremete en Malta contra “la narrativa de la invasión” sobre la inmigración

Francisco arremete en Malta contra “la narrativa de la invasión” sobre la inmigración
(Vatican Va)

La inmigración masiva ha vuelto a centrar el mensaje del Papa, esta vez en Malta, punto de entrada de numerosos inmigrantes ilegales procedentes de África, y donde ha animado a Occidente a “no ver al migrante como una amenaza”.

En su visita apostólica a Malta el Santo Padre centró su mensaje en el naufragio de San Pablo en la isla o, mejor dicho, se sirvió de esta escena para recordar la importancia de la acogida del extranjero.

“En nombre del Evangelio que él vivió y predicó, ensanchemos el corazón y descubramos la belleza de servir a los necesitados”, dijo en su primer discurso, dirigido a las autoridades y a representantes de la sociedad civil. “Hoy, mientras prevalece el miedo y “la narrativa de la invasión”, y el objetivo principal parece ser la tutela de la propia seguridad a cualquier costo, ayudémonos a no ver al migrante como una amenaza y a no ceder a la tentación de alzar puentes levadizos y de erigir muros. El otro no es un virus del que hay que defenderse, sino una persona que hay que acoger, y «el ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 88). ¡No dejemos que la indiferencia desvanezca el sueño de vivir juntos!”.

Se refirió el Santo Padre a las palabras del poeta maltés Karm Psaila, que pedía a Dios unidad y paz para el pueblo maltés. “Pero para garantizar una buena convivencia social, no basta con consolidar el sentido de pertenencia, sino que hay que reforzar los fundamentos de la vida común, que se basa en el derecho y la legalidad”, apostilló. “La honestidad, la justicia, el sentido del deber y la transparencia son pilares esenciales de una sociedad civilmente desarrollada. Que el compromiso para extirpar la ilegalidad y la corrupción sea, por tanto, fuerte como el viento que, soplando desde el norte, barre las costas del país. Y que se cultiven siempre la legalidad y la transparencia, que permiten erradicar la delincuencia y la criminalidad, unidas por el hecho de que no actúan a la luz del sol”.

Animó Su Santidad a aportar una visión más amplia del fenómeno migratorio, huyendo de simplificaciones y miopías. “La expansión de la emergencia migratoria —pensemos en los refugiados de la martirizada Ucrania— exige respuestas amplias y compartidas”, señaló. “No pueden cargar con todo el problema sólo algunos países, mientras otros permanecen indiferentes. Y países civilizados no pueden sancionar por interés propio acuerdos turbios con delincuentes que esclavizan a las personas. El Mediterráneo necesita la corresponsabilidad europea, para convertirse nuevamente en escenario de solidaridad y no ser la avanzada de un trágico naufragio de civilizaciones”.

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