Como suele ser habitual después de un viaje papal, uno de los hombres más cercanos al Pontífice ―integrante de esa corte no oficial que rodea a Francisco―, el jesuita Antonio Spadaro, ha publicado la conversación que el Papa tuvo con los jesuitas del país que visitaba, en este caso Grecia.
El sábado 4 de diciembre, por la tarde, el Santo Padre se reunió con la comunidad jesuita de Atenas, una cita que el Papa ha convertido en tradición allá donde va: reservar un hueco en la agenda de cada viaje apostólico para reunirse en privado con la comunidad de turno.
Días después, Spadaro es el encargado de comunicarlo a través de La Civiltà Cattolica, la histórica revista que el sacerdote dirige. Hoy ha dado a conocer la conversación del 4 de diciembre, que duró, según nos cuenta, alrededor de una hora, y en la que se habló, principalmente, de asuntos que afectaban a la Compañía de Jesús.
Francisco alabó a los hermanos jesuitas ―aquellos miembros que no son sacerdotes―, confesando que, cuando era provincial de Argentina, y “tenía que pedir información para la admisión de jesuitas al orden sacerdotal”, se daba cuenta de que la mejor información “la daban los hermanos”.
“Me pregunto por qué los hermanos jesuitas tienen esa capacidad de entender lo esencial de la vida. Quizás porque saben combinar la afectividad con el trabajo de las manos. Tocan la realidad con las manos. Nosotros, los sacerdotes, a veces somos abstractos. Los hermanos son concretos y entienden bien los conflictos, las dificultades: tienen buen ojo”, aseguró el Santo Padre.
Refiriéndose a un jesuita coreano presente, el cual había fundado un proyecto en la Compañía del cual ya no era responsable, dijo que esto último era “algo muy bueno”. “Cuando uno da comienzo a un proceso, debe dejar que se desarrolle, que la obra crezca, y luego retirarse. Todos los jesuitas tienen que hacer lo mismo. Ninguna obra les pertenece, porque son del Señor”, comentó. “De esa forma expresa la indiferencia creativa. Debe ser padre, y dejar que el niño crezca”, añadió Francisco.
“La Compañía de Jesús entró en una crisis de fecundidad cuando quiso regular todo el desarrollo creativo con el Epítome”, explico el Papa haciendo referencia un resumen práctico usado por la Compañía que fue visto en su día como un reemplazo de las Constituciones.
“Asumió como General el padre Pedro Arrupe e hizo todo lo contrario: renovó la espiritualidad de la Compañía y la hizo crecer”, dijo Francisco. La verdad es que Arrupe asume la dirección de la Compañía en 1965 y la deja en 1983, y, según el Anuario Pontificio, a principios de los sesenta eran más de 35.000 los miembros de la Compañía, y en 1980 esa cifra había descendido a 27.000. ¿En qué sentido creció la Compañía con el padre Arrupe, como dice el Santo Padre?
Más adelante, el Papa reconoció la situación de la Compañía: “Algo que llama la atención es el debilitamiento de la Compañía. Cuando yo entré al noviciado éramos 33.000 jesuitas. ¿Cuántos somos hoy? Más o menos la mitad. Y seguiremos disminuyendo en número”, comentó el Santo Padre.
Francisco reconoció que es un dato común “para muchas órdenes y congregaciones religiosas”. “Tiene un significado, y nosotros debemos preguntarnos cuál es”, les dijo. En definitiva, afirmó Su Santidad, “esta disminución no depende de nosotros” porque la vocación “la manda el Señor”.
“Creo que el Señor nos está dando una lección para la vida religiosa. Para nosotros tiene un significado en el sentido de la humillación”, señaló. “El jesuita no puede quedarse en el nivel de la explicación sociológica para entender la crisis vocacional. Esta es, cuanto más, una verdad a medias”, continuó el Pontífice.
“La verdad más profunda es que el Señor nos lleva a esta humillación de los números para abrir a cada uno la vía al tercer grado de la humildad, que es la única fecundidad jesuita que vale. El tercer grado de humildad es la meta de los Ejercicios. La gran revista científica ya no existe: ¿qué quiere decir el Señor con esto? ¡Humíllate, humíllate! No sé si me explico. Debemos acostumbrarnos a la humillación”, indicó el Papa a la comunidad jesuita.