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El Papa: «La Iglesia no es una densa masa de mandatos y preceptos»

Papa Iglesia mandatos preceptosFrancisco durante la audiencia de hoy, miércoles 27 de octubre de 2021 (Vatican Media)
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El Papa Francisco, como cada miércoles, se ha encontrado con los fieles en la audiencia general en el Aula Pablo VI del Vaticano, donde ha proseguido su catequesis sobre la Carta de San Pablo a los Gálatas.

“A los gálatas, tentados de basar su religiosidad en la observancia de preceptos y tradiciones”, san Pablo “les recuerda el centro de la salvación y de la fe: la muerte y la resurrección del Señor”, señaló el Papa al comienzo de la catequesis.

“Incluso hoy en día, muchos buscan la certeza religiosa antes que al Dios vivo y verdadero, centrándose en rituales y preceptos en lugar de abrazar al Dios del amor con todo su ser”, advirtió Su Santidad. Para Francisco, esta es la tentación “de los nuevos fundamentalistas”, de aquellos “a quienes les parece que el camino a recorrer dé miedo y no van hacia adelante sino hacia atrás porque se sienten más seguros: buscan la seguridad de Dios y no al Dios de la seguridad”.

“Si nosotros perdemos el hilo de la vida espiritual, si mil problemas y pensamientos nos acosan, hagamos nuestros los consejos de Pablo: pongámonos ante Cristo Crucificado, partamos de nuevo de Él. Tomemos el Crucifijo entre las manos, apretémoslo sobre el corazón. O detengámonos en adoración ante la Eucaristía, donde Jesús es el Pan partido por nosotros, el Crucificado resucitado, el poder de Dios que derrama su amor en nuestros corazones”, aconsejó el Santo Padre.

Es Cristo “quien cambia el corazón: no nuestras obras”, afirmó el Papa. Es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia, “y nosotros estamos llamados a obedecer su acción, que extiende dónde y cómo quiere”, señaló. Aquellos, dijo Francisco, “que buscan la seguridad, el pequeño grupo, las cosas claras como entonces, se alejan del Espíritu, no dejan que la libertad del Espíritu entre en ellos”.

A veces, quienes se acercan a la Iglesia, explicó Su Santidad, “tienen la impresión de encontrarse ante una densa masa de mandatos y preceptos: pero no, esto no es la Iglesia. Esto puede ser cualquier asociación”.

No se puede captar la belleza de la fe en Jesucristo, afirmó el Sucesor de Pedro, “partiendo de demasiados mandamientos y de una visión moral que, desarrollándose en muchas corrientes, puede hacernos olvidar la fecundidad original del amor, nutrido de oración que da la paz y de testimonio alegre”.

La vida del Espíritu expresada en los sacramentos, continuó, “no puede ser sofocada por una burocracia que impida el acceso a la gracia del Espíritu”. “Y cuántas veces, nosotros mismos, sacerdotes u obispos, ponemos tanta burocracia para dar un Sacramento, para acoger a la gente, que en consecuencia dice: “No, esto no me gusta” y se va, y no ve en nosotros, muchas veces, la fuerza del Espíritu que regenera, que nos hace nuevos”, lamentó el Pontífice.

“Tenemos la gran responsabilidad de anunciar a Cristo crucificado y resucitado, animados por el soplo del Espíritu de amor. Porque sólo este Amor tiene el poder de atraer y cambiar el corazón del hombre”, concluyó el Santo Padre.

Les ofrecemos la catequesis del Pontífice, publicada en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Catequesis 13. El fruto del Espíritu

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La predicación de san Pablo gira en torno a Jesús y su Misterio Pascual. El Apóstol, de hecho, se presenta como heraldo de Cristo, y de Cristo crucificado (cf. 1 Cor 2,2). A los gálatas, tentados de basar su religiosidad en la observancia de preceptos y tradiciones, les recuerda el centro de la salvación y de la fe: la muerte y la resurrección del Señor. Lo hace poniendo ante ellos el realismo de la cruz de Jesús. Escribe así: «¿Quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado?» (Gál 3,1). ¿Quién os ha fascinado para alejaros de Cristo Crucificado? Es un momento feo de los Gálatas…

Incluso hoy en día, muchos buscan la certeza religiosa antes que al Dios vivo y verdadero, centrándose en rituales y preceptos en lugar de abrazar al Dios del amor con todo su ser. Y esta es la tentación de los nuevos fundamentalistas, de aquellos a quienes les parece que el camino a recorrer dé miedo y no van hacia adelante sino hacia atrás porque se sienten más seguros: buscan la seguridad de Dios y no al Dios de la seguridad. Por eso Pablo pide a los gálatas que vuelvan a lo esencial, a Dios que nos da la vida en Cristo crucificado. Da testimonio de ello en primera persona: «Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2, 20). Y hacia el final de la Carta, afirma: «En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!» (6,14).

Si nosotros perdemos el hilo de la vida espiritual, si mil problemas y pensamientos nos acosan, hagamos nuestros los consejos de Pablo: pongámonos ante Cristo Crucificado, partamos de nuevo de Él. Tomemos el Crucifijo entre las manos, apretémoslo sobre el corazón. O detengámonos en adoración ante la Eucaristía, donde Jesús es el Pan partido por nosotros, el Crucificado resucitado, el poder de Dios que derrama su amor en nuestros corazones.

Y ahora, de nuevo guiados por san Pablo, demos un paso más. Preguntémonos: ¿Qué ocurre cuando nos encontramos con Jesús Crucificado en la oración? Lo que sucede es lo que ocurrió bajo la Cruz: Jesús entrega el Espíritu (cf. Jn 19,30), es decir, da su propia vida. Y el Espíritu, que brota de la Pascua de Jesús, es el principio de la vida espiritual. Es Él quien cambia el corazón: no nuestras obras. Es Él el que cambia el corazón, no las cosas que nosotros hacemos, sino que la acción del Espíritu Santo en nosotros cambia el corazón.  Es Él quien guía a la Iglesia, y nosotros estamos llamados a obedecer su acción, que extiende dónde y cómo quiere. Además, fue precisamente la constatación de que el Espíritu Santo descendía sobre todos y que su gracia actuaba sin exclusión lo que convenció, incluso a los más reacios, de que el Evangelio de Jesús estaba destinado a todos y no a unos pocos privilegiados. Y aquellos que buscan la seguridad, el pequeño grupo, las cosas claras como entonces, se alejan del Espíritu, no dejan que la libertad del Espíritu entre en ellos. Así, la vida de la comunidad se regenera en el Espíritu Santo; y es siempre gracias a Él que alimentamos nuestra vida cristiana y llevamos adelante nuestra lucha espiritual.

Precisamente el combate espiritual es otra gran enseñanza de la Carta a los Gálatas. El Apóstol presenta dos frentes opuestos: por un lado las «obras de la carne», por otro el «fruto del Espíritu». ¿Qué son las obras de la carne? Son comportamientos contrarios al Espíritu de Dios. El Apóstol las llama obras de la carne no porque haya algo malo o incorrecto en nuestra carne humana; por el contrario, hemos visto cómo insiste en el realismo de la carne humana llevada por Cristo en la cruz. Carne es una palabra que indica al hombre en su dimensión terrenal, cerrado en sí mismo, en una vida horizontal, donde se siguen los instintos mundanos y se cierra la puerta al Espíritu, que nos eleva y nos abre a Dios y a los demás. Pero la carne también nos recuerda que todo esto envejece, que todo esto pasa, se pudre, mientras que el Espíritu da vida. Pablo enumera, por lo tanto, las obras de la carne, que se refieren al uso egoísta de la sexualidad, a las prácticas mágicas que son idolatría y a lo que socava las relaciones interpersonales, como «discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias…» (cf. Gál 5,19-21). Todo esto es el fruto —digámoslo así— de la carne, de un comportamiento solamente humano, “enfermizamente” humano. Porque lo humano tiene sus valores, pero todo esto es “enfermizamente” humano.

El fruto del Espíritu, en cambio, es «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Gál 5,22): así lo dice Pablo. Los cristianos, que en el bautismo se han «revestido de Cristo» (Gál 3,27), están llamados a vivir así. Puede ser un buen ejercicio espiritual, por ejemplo, leer la lista de san Pablo y mirar la propia conducta, para ver si se corresponde, si nuestra vida es realmente según el Espíritu Santo, si lleva estos frutos. ¿Mi vida produce estos frutos de amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí? Por ejemplo, los tres primeros enumerados son el amor, la paz y la alegría: aquí se reconoce a una persona habitada por el Espíritu Santo. Una persona que está en paz, que está alegre y que ama: con estas tres pistas se ve la acción del Espíritu.

Esta enseñanza del Apóstol supone también un gran reto para nuestras comunidades. A veces, quienes se acercan a la Iglesia tienen la impresión de encontrarse ante una densa masa de mandatos y preceptos: pero no, esto no es la Iglesia. Esto puede ser cualquier asociación. Pero, en realidad, no se puede captar la belleza de la fe en Jesucristo partiendo de demasiados mandamientos y de una visión moral que, desarrollándose en muchas corrientes, puede hacernos olvidar la fecundidad original del amor, nutrido de oración que da la paz y de testimonio alegre. Del mismo modo, la vida del Espíritu expresada en los sacramentos no puede ser sofocada por una burocracia que impida el acceso a la gracia del Espíritu, autor de la conversión del corazón. Y cuántas veces, nosotros mismos, sacerdotes u obispos, ponemos tanta burocracia para dar un Sacramento, para acoger a la gente, que en consecuencia dice: “No, esto no me gusta” y se va, y no ve en nosotros, muchas veces, la fuerza del Espíritu que regenera, que nos hace nuevos. Por lo tanto, tenemos la gran responsabilidad de anunciar a Cristo crucificado y resucitado, animados por el soplo del Espíritu de amor. Porque sólo este Amor tiene el poder de atraer y cambiar el corazón del hombre.

Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los animo a hacer este pequeño ejercicio, relean la lista de los frutos del Espíritu Santo que encontramos en Gálatas capítulo 5, versículos 22 y 23. Vean si se corresponden con la propia existencia de cada uno, es decir, si nuestra vida se dejó configurar con Cristo, al que contemplamos muerto y resucitado, en la imagen de la cruz y en el misterio de la Eucaristía; si nuestra vida se ha dejado trasformar por el Espíritu para ser ella misma una eucaristía, don y acción de gracias, para gloria de Dios y salvación de la gente. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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42 comentarios en “El Papa: «La Iglesia no es una densa masa de mandatos y preceptos»
  1. Se repite más que la morcilla. Es agotador. Ya sabemos que no le agradan los mandamientos de la Ley de Dios, en especial el 6º y el 9º, que son liberadores y llevan al Cielo. Por eso quiere imponernos los suyos, que son esclavizantes, pseudo sanitarios y llevan al infierno.

    1. Es Cristo “quien cambia el corazón: no nuestras obras”. Cambiará nuestro corazón si dejamos que lo cambie, pues respeta nuestra libertad. Las buenas obras son una consecuencia, la manifestación exacta y adecuada de ese cambio, pues la Fe sin obras es una Fe muerta, pero esta frase de Santiago 2 no le gusta nada, al igual que a los luteranos. ¡Que se vaya con ellos y nos deje en paz a los católicos!

    2. La Masonería Eclesial infiltrada ha hecho de la Iglesia una sucursal de Naciones Unidas, con mandatos covid y medio ambientales pro aborto y sodomita!

      Debo decir que es imperativo no leer a este papa ni seguirle, eso seria caer en el error!

      1. Antes de aparecer Bergoglio en escena, la mayoría de los católicos sabíamos muy bien lo que era la Iglesia. Y yo no pienso cambiar de opinión, me sigue convenciendo totalmente el Catecismo que aprendí a partir de los cuatro años de edad, en que empecé a estudiar en las Teresianas del Padre Poveda… Que Dios las bendiga. Gracias a ellas (y a mí madre, con su ejemplo sobre todo) tengo una fe firme.

    3. Has vuelto manipulador como de costumbre.
      En qué parte del texto dice que hay que incumplir la ley, y que los preceptos morales deben abrogarse?. En ningún sitio, no lo puede decir, y de hecho, no lo dice. Lo que dice el texto (sus intenciones no las juzgo, eso os lo dejo a otros que pretendéis suplantar a Dios) que lo primero es la experiencia de Cristo y luego la asunción de las normas. No parece algo tan descabellado…

      1. Del texto, no: del contexto. Las insinuaciones y el lenguaje eufemístico no sirven para ocultar lo que ha dicho y escrito en otras ocasiones al respecto. ¿O es usted el único que no ha leído «Amoris laetitia», por ejemplo? No le culpo por ello, si no lo ha hecho: eso sí que es «denso» (o, más que denso, «espeso»).

  2. «Por lo tanto, tenemos la gran responsabilidad de anunciar a Cristo crucificado y resucitado»,
    Pues acaba de salir en español este libro que anuncia y demuestra la Resurrección de Jesús a partir de lo que «vió» San Juan Evangelista en el sepulcro y que hizo que creyera en la resurrecci´ón de Jesús, y que resuelve el mayor enigma de la Biblia:
    SAN JUAN EVANGELISTA «VIO Y CREYÓ» (JN 20,8) ¡Y NOSOTROS TAMBIÉN!

  3. Este hombre sigue proyectando sobre los demás sus peculiares visiones de la realidad.

    Como él, en el fondo, considera que la realidad es mala, se pasa la vida enumerando incansablemente los elementos que contribuyen a dicha maldad.
    Tengo la sensación (ojo sensación, que no juicio, lo digo por los prestos a señalar) de que arrastra un resquemor o un resentimiento frente a muchas cosas, incluida la Iglesia. Parece como si mascullara continuamente lo de: «Verás que el mundo es mentira, verás que nada es verdad, y al mundo nada le importa…» La amargura porteña de Gardel mezclada con la tristeza vital de Ismael Serrano y la melancolía de José Luis Perales.

    Muy extraño este sujeto.

    Yo no sé que pensaría mi mujer de mí, si un día sí y otro también, yo estuviera resaltando sus defectos, manías e incongruencias y diciéndole continuamente cómo no debe ser una esposa…

    O si ella hiciera lo mismo conmigo…

    No se me inquieten los ofendiditos.

  4. Infovaticana está publicando los fines de semana, brillantes catequesis de Su Santidad el Papa Benedicto XVI (en concreto el último sábado trataba sobre San León Magno), y llama la atención la diferencia de estilo y contenido con respecto a las de Francisco. Las del Papa Benedicto son sobresalientes, mientras que las de Francisco merecen un suspenso.

    1. Sobre todo las catequesis erroneas sobre la resurrección que aparecen en su libro «introducción al cristianismo», donde la resurrección de la carne dice que es falsa porque es la resurrección de la persona.

    2. El Papa Benedicto amaba a los Padres de la Iglesia y los amaba según la Tradición, pero hay una preocupante comisión para revisar los dos primeros siglos del Cristianismo, formada por historiadores, etc…que nos va a decir lo contrario que lo que hasta ahora se ha dicho. Esto es un aperitivo, estad preparados.

      1. Lo estamos, María Jesús. Ya nos estamos acostumbrando a las revisiones de carácter progre de toda la Doctrina Católica por parte de esta falsa Iglesia. Ni caso.

      2. Ya sabes lo que va a decir la Comisión?
        Es impresionante los amplios conocimientos teológicos, sanitarios, hist´óricos y de todo índole que se han juntado de forma casual entre los comentaristas de esta web. Debe ser obra del Espíritu Santo

  5. Una densa masa de mandatos y preceptos que según los neo conservadores (q interpretan bien el concilio) sólo son válidos hasta que otro Papa dice lo contrario.
    Por lo tanto como Francisco es otro papa, si nos parece que contradice a Benedicto y Juan Pablo, pues nos aguantamos. Lo que dijesen esos papas no nos importa ya, son producto de su época, y del mismo modo no nos importa lo que diga Trento o lo que diga San Pío V en Quo Primum.
    Ya me voy enterando de qué es ser católico en estos tiempos: una majadera tomadura de pelo. Sigamos con el circo.

    1. La religión católica no es producto de ninguna época en particular. Es eterna y no está sujeta a modas. Pasemos de esta gente, que claramente quiere cambiar la Doctrina de la Iglesia a gusto de los psicópatas masones que gobiernan el mundo.

  6. Según el papa amar a Dios es agarrar un crucifijo y apretarlo sobre el pecho, ¿que es el amor para este papa? parece el amor de telenovelas, y es una idea difundida en latinoamérica, amar a Dios y olvidarse de los mandamientos y de los rituales, pero ¿cómo se ama a Dios? Pues Nuestro seños Jesucristo los repite una y otra vez «el que me ama cumple mis mandamientos así como yo amo al padre y cumplo sus mandamientos», también lo dice Santiago y Juan, el que ama a Dios cumple sus mandamientos. Pero eso de cumplir preceptos le suena feo al señor papa, por eso habla de un amor de cuentos de hadas.

    1. Ya dijo Bergoglio que los Mandamientos son rígidos, Ramón… Mejor no escucharle, porque puede crearte verdaderos problemas de conciencia.

  7. El Cristianismo no tiene 613 mandamientos como la Ley de Moisés, sino solo dos: Amarás a Dios sobre todas las coas y al prójimo como a ti mismo. Los demás mandamientos son aplicaciones a los casos concretos. Toda esa pléyade de pseudo-mandamientos que intentan (o intentaban) imponer la civilización clasista y esclavista greco-romana, camuflada bajo la piel de cordero del Cristianismo, sobran. Por ejemplo, a nuestros tatarabuelos les enseñaron el mandamiento de que los esclavos debían estar sometidos a sus amos, a nuestros bisabuelos que los reyes tenían un poder que venía de Dios y a nuestros abuelos que la propiedad privada era sagrada y estaba por encima de los derechos de los pobres. A los que escriben en este foro les han enseñado unas normas represivas sobre el sexo y el matrimonio y por eso dicen lo que dicen.

    1. No sea tarugo, que ya se lo he explicado muchas veces, como también se lo enseña el catecismo a los niños de Primera Comunión: «Los Diez Mandamientos se encierran en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». Eso es un resumen del Decálogo, que son 10 mandamientos, no dos. De esos diez, unos hacer referencia sólo a Dios, y otros al prójimo. Quien no los cumple, así como los Mandamientos de la Iglesia, no ama a Dios (lo dijo el mismo Cristo) y no puede salvarse (es dogma de fe definido ex cathedra por el Concilio de Trento). Así que, deje de soltar sus rollos patateros y de proyectar su obsesión sexual y alegato del adulterio (que es pecado y Cristo reiteró su condena de forma expresa y sin excepciones), que a nadie le interesa.

        1. Claro que no tiene vuelta de hoja: no hay dos mandamientos, sino diez (y otros cinco de la Iglesia). Y si no los cumple, aparte de demostrar que no ama a Dios en esta vida, se condenará en la otra. Eso no va a cambiar aunque trate de autoengañarse y repita sus mantras mil veces.

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