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Tensión por el secreto de confesión en Francia

secreto de confesión Francia
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(Valeurs Actuelles)- En el informe sobre los delitos de pederastia en la Iglesia francesa, los firmantes recomiendan el levantamiento parcial del secreto de confesión. Al oponerse a ello, el presidente de la Conferencia Episcopal francesa ha suscitado una polémica. Aclaraciones.

Me propongo firmemente, con la ayuda de Tu santa gracia, no ofenderte más y hacer penitencia. En el secreto del confesionario, el católico recita su acto de contrición dirigiéndose a Dios. Si se acusa y pide la absolución de sus pecados, significa que acepta hacer penitencia. Por ello, el sacerdote le recuerda los deberes que incumben a quien pide la misericordia de Dios: reparar en lo posible el mal cometido y renunciar a volver a cometerlo. En el caso de los delitos de pederastia, la reparación se hace normalmente denunciando el delito, aceptando la sentencia y la pena impuesta. Pero la Iglesia prohíbe categóricamente al sacerdote romper el secreto de confesión; es el agresor quien debe denunciarse a sí mismo o la víctima quien debe hacerlo.

Al recordar este principio, el presidente de la Conferencia Episcopal francesa, monseñor Éric de Moulins-Beaufort, ha causa indignación. Antes de hacer cualquier análisis, hay que recordar que el recurso a la confesión induce a la sinceridad de la contrición. Los depredadores atrapados en su perversidad no se precipitan a los confesionarios, y el país se debate actualmente por casos que son, si no inexistentes, al menos extremadamente raros. Pero aceptemos la cuestión de principio que mons. de Moulins-Beaufort ha planteado a su pesar al responder a un periodista: el secreto de confesión «es más importante que las leyes de la República porque abre un espacio para la libertad de expresión ante Dios«. Esta afirmación, que ha hecho reaccionar al ministro de culto y de la ley contra el «separatismo», plantea dos cuestiones distintas: ¿es correcto lo que dice en el estado actual de la ley? ¿Sería aceptado y aceptable preferir el derecho canónico a las leyes de la República si no fuera así?

Un «secreto profesional» protegido

El obispo ha respondido a la primera pregunta en un comunicado de prensa redactado poco después de la entrevista: «El secreto de confesión, impuesto a los sacerdotes por el derecho canónico, no es contrario al derecho penal francés, como se indica en la circular de la Cancillería del 11 de agosto de 2004«. Efectivamente, la cancillería redactó entonces una circular para animar a los fiscales a abrir sistemáticamente investigaciones en casos de pederastia, precisando los contornos exactos del secreto profesional de los sacerdotes.

Una lectura de este texto revela que la pregunta se plantea en realidad en la otra dirección. El principio general de la ley ha sido siempre el castigo de la traición del secreto profesional que, en la ley francesa, incluye cualquier confianza dada a un sacerdote por razón de su estatus, pero también a un abogado, un médico, un psicólogo, etc. Por lo tanto, la cuestión es si el sacerdote tiene derecho a romper el secreto de confesión, en particular si confiesa abusos cometidos contra menores.

La norma del secreto profesional se introdujo en el código penal napoleónico en 1810. El Tribunal de Casación subrayó entonces que los magistrados deben «respetar y hacer respetar el secreto de confesión«. En 1891, este mismo Tribunal amplió la noción de secreto profesional precisando que no era necesario distinguir si el sacerdote había tenido conocimiento de los hechos por la vía de la confesión o fuera del sacramento, siempre que la confidencia se hiciera al sacerdote en virtud de su condición de ser tal (salvo que se tratara de un pariente, un amigo o un mediador…). Desde entonces, y a pesar de la separación de la Iglesia y el Estado, la jurisprudencia se ha mantenido constante en la materia.

El artículo 434-1 del Código Penal castiga, como muchos han señalado en los últimos días, la no denuncia de un delito. El artículo 434-3 impone la obligación de informar a las autoridades judiciales o administrativas a quien tenga conocimiento de malos tratos o privaciones infligidos a menores de 15 años o a una persona vulnerable.

La salvación de las almas como bien superior

Pero en el primer caso, un párrafo establece expresamente que el artículo no se aplica a las personas obligadas al secreto profesional. En el segundo caso, simplemente se especifica que es posible derogar el secreto profesional sin riesgo de ser perseguido. Por tanto, la ley no obliga a levantar el secreto, pero lo permite en el caso muy concreto de abusos cometidos contra menores o personas vulnerables, a criterio del profesional. Por lo tanto, mons. de Moulins-Beaufort tiene razón en su afirmación: la ley francesa no pone en duda el secreto de confesión impuesto a los sacerdotes por el derecho canónico.

La polémica suscitada, la citación del obispo por parte del ministro del Interior y algunas recomendaciones del informe de la Comisión Independiente sobre Abusos Sexuales en la Iglesia (Ciase sus siglas en francés) hacen pensar que algunos desean que se modifique la ley para suprimir el secreto en determinados casos. Esto ya ha ocurrido en varios países. En todas partes, los sacerdotes han soportado las penas impuestas sin renunciar al secreto de confesión. La pregunta fundamental sigue siendo: ¿por qué la Iglesia se resiste tanto?

Es necesario comenzar con una aclaración importante: mientras que la ley no distingue entre una confidencia y una confesión, la Iglesia sí lo hace. El secreto que rige la confianza es un secreto profesional natural, que por tanto puede sufrir las mismas reglas que los demás.

El secreto de confesión es inviolable en cualquier circunstancia, a riesgo de la excomunión de hecho, por una «sencilla» razón: todos los hombres deben poder acusarse ante Dios, por medio de su ministro -el sacerdote-, sin temor a ver transformada la confesión personal en confesión pública impuesta.

Precisamente porque es consciente de la gravedad de este pecado -que su enseñanza ya consideraba «mortal» en una época en la que otros lo reivindicaban con orgullo en la televisión-, se niega a desanimar a los peores pecadores que quisieran acusarse. La Iglesia considera que la salvación de las almas es el bien supremo del que es responsable: nada debe interponerse entre un alma y su deseo de reanudar su relación con el Cielo.

Está claro que el orden espiritual y el temporal no son lo mismo, y las discusiones internas sobre la propia confesión tienen poco que ver con las leyes de la República.

Está claro también que el sacerdote es el signo de la presencia de Dios para el pecador: no puede romper el secreto que Dios ha querido. Por tanto, lo que está en juego es la libertad de conciencia consagrada en la Constitución francesa. Una cosa es que la República no reconozca la existencia de Dios y otra muy distinta es que exija al sacerdote que renuncie a creer en Él.

Pero hay otro argumento, también directamente relacionado con el secreto de confesión, sin duda más accesible para la sociedad laica en la que se ha convertido Francia (lo que también ocurre con el secreto profesional de los abogados y los médicos): ¿quién va a seguir confesándose si existe el riesgo de publicación del pecado? Nadie lo hará.

Los delitos de pederastia como enemigo verdadero

Ahora bien, hay una parte humana en el sacramento, un encuentro entre un hombre y otro hombre: el sacerdote debe, por este motivo, convencer al pecador de que utilice todos los medios disponibles para reparar en lo posible el mal cometido. ¿Quién lo hará ahora?

¿Es necesario recordar que el verdadero enemigo es la pederastia y no la Iglesia? Si la Iglesia está hoy cubierta de cenizas, es por la omertà que ha reinado en varias diócesis sobre crímenes atroces descubiertos fuera de los confesionarios. Es con esta macabra organización de la negación y el polvo bajo la alfombra con lo que hay que acabar absolutamente. Entonces, ¿por qué arriesgarse a sustituirla por una omertà interior que impida al pecador confesarse y recibir consejos, ánimos o incluso fuerzas para elegir el camino de la justicia? La libertad parece a veces un regalo envenenado: es sobre todo la condición de una verdadera buena acción, de un amor sincero y de una significativa petición de perdón.

La cuestión también puede plantearse para la víctima que, obviamente, no tiene que confesarse como tal, pero que puede elegir el secreto de una conversación o un confesionario para buscar consuelo, consejo y ánimo. ¿Se atreverá a hablar si su sufrimiento se hace público automáticamente, a veces sin su consentimiento?

Señalemos aquí que es bastante inapropiado comparar lo incomparable evocando el «separatismo» que corroe a la sociedad francesa en otros lugares: a pesar de los horrores cometidos en su seno por hombres pecadores, a pesar del vergonzoso silencio de algunos de sus miembros más eminentes, a pesar de la debilidad de quienes la componen, la Iglesia, en su enseñanza, nunca ha relativizado la extrema gravedad de la pederastia. Por tanto, no se trata de una ley contradictoria con la de la República: la Iglesia no pretende otra moral que la moral básica defendida por una mente sana; la discusión sobre el levantamiento del secreto de confesión no es en absoluto una discusión sobre la gravedad del acto.

El obispo de Moulins-Beaufort se ha equivocado al utilizar la semántica del poder para distinguir entre dos órdenes diferentes. Si las leyes llegaran a formalizar una clara oposición a la conciencia de los sacerdotes, «entonces sería más apropiado explicar que respetar la propia conciencia puede ser más justo o mejor que seguir ciegamente cualquier ley mientras sea una ley«, ha resumido el filósofo Rémi Brague. Desde Antígona, la historia nos ha ofrecido algunos ejemplos especialmente dramáticos.

Publicado por Charlotte d’Ornellas en Valeurs Actuelles.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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22 comentarios en “Tensión por el secreto de confesión en Francia
  1. Considero que los responsables del Infirme Dauve son unos sinvergüenzas porque la metodología usada de extrapolaciones es una tomadura de pelo, inaceptable para un estudio serio. Y la Iglesia francesa unos pusilánimes, por aceptar algo inaceptable.
    Todo indica que se trata de un ataque a la confesión, porque si transijimos con la pederastia, ¿acaso no es más grave el asesinato y otros pecados, que también dejarían de ser secreto?

  2. Si la URSS, los países comunistas europeos y la China comunista no pudieron ni podrán derogar el secreto de confesión, no lo va a hacer un Estado democrático; si hacen una ley levantando el secreto de confesión, a resistir martirialmente y ya será declarado inconstitucional. No hay mal que cien años dure… Y a reír…

  3. Un abogado o un médico no pueden revelar el secreto profesional, y menos un sacerdote el secreto de confesión.
    Y el penitente de un pecado de pederastia no tiene obligación de entregarse a la justicia de los hombres.

  4. Pero no nos equivoquemos, todo esto está empujado y animado por el lider de la Iglesia católica.
    No le gusta la confesión y se la quiere cargar por la puerta de atras, con una maniobra que ni el mismismo Maligno.

  5. No le demos más vueltas al asunto.
    Personalmente mandaré educadamente a tomar por el …. al juez que tenga el atrevimiento de preguntarme por cualquier cosa oída en confesión.
    Jamás podrán saber los jueces de qué se ha hablado en el confesionario, no nos engañemos.
    Y si un falso penitente pedrasta , confidente de la policía, denunciase haberse acusado de pederastia y el confesor no lo denunció, siempre será la palabra de uno contra la del otro.

    Ahora bien, para mayor seguridad del confesor, se hace absolutamente imprescindible la rejilla del confesionario que oculte totalmente el rostro del penitente. Siempre le quedará así esta coartada al confesor: «no se decir quien se confesó de qué, pues no les veo la cara, Señoría»

  6. Una operación de instalar un tema y con ese pretexto, introducir cambios. El estado menos cosas haga cuánto mejor, pues todo lo hace mal, pésimo y corrompido.

  7. Se guardaron ésto de abusos en Francia para echar abajo la confesión.
    Porque ahora va a resultar que el sacerdote que oyó la confesión….. (pero un abuso es un crimen, y cuantos criminales de 10 pueden tener conciencia de pecar, o temor de Dios y deseo de pagar.) Yo creo que si acaso 1,, y por ese 1 quieren que ande de chismoso el sacerdote.
    Lo que buscan en realidad es la protestantizacion de la Iglesia, si el sacerdote cuenta los pecados, pues mejor ni me confieso,, lo haré con Dios, dirán.

  8. Un abogado, un médico,un familiar y un sacerdote están obligados a denunciar los abusos sexuales a un menor o incapacitado pues si no lo hacen se transforman en cómplices. Por supuesto que un abusador sexual no se calma por la confesión. Hemos llegado hasta aquí por la ley de la omertá, en la Iglesia, familias, centros sociales deportivos que potencia la pederastia escondida por el silencio.

    1. José, ya, pero con el secreto del letrado o del médico no se meten, sólo con el secreto de confesión. Tampoco con el secreto inherente a las deliberaciones del órgano superior de gobierno de la nación. Ese criterio selectivo es altamente sospechoso, ¿no le parece?

    2. José, lo que dices es falso, el abogado nunca puede denunciar a la persona que defiende, le expulsarían de la profesión. Cualquier persona que ha cometido un delito tiene derecho a una defensa.

    3. Ni siquiera la víctima esta «obligada» a denunciarlo. Así que, no diga tonterías, que el secreto «profesional» de todos esos colectivos que cita que cita están protegidos por la ley civil, siendo incluso delito si lo vulneran. Y, aunque no estuviera protegido civilmente, en el caso de los sacerdotes el sigilo sacramental es inviolable, so pena de excomunión.

      Además, menuda idiotez de planteamiento: el culpable no sería el pederasta, sino el confesor, suponiendo que aquél se confiese, que es mucho suponer (será de los pocos que se confiesen hoy en día). Si va a confesarse será porque cree en el sacramento, que exige arrepentimiento, propósito de enmienda y restitución (no sólo la confesión vocal). Es responsabilidad del penitente reparar, no del confesor. Si no, la confesión es inválida y sacrílega. Para éso nadie va a confesarse, que hay muchas formas de desahogarse hoy en día.

  9. Catholicus el médico la familia ,el sacerdote o quien sea guardará secreto de cuestiones relacionadas con su propia administración moral. Pero con el daño a inocentes, de ninguna manera callará, en cuanto a los abogados, de risa pues se preocupan más por la ley que por la justicia. Que no y que no, hay mucho cómplice revestido de sotana, bata de médico y birrete.

  10. Y a todos los demás…..
    La ley se puede cambiar y de hecho se manipula y tergiversa, por eso persisten las barbaridades basadas en secretos y falsos legalismos que conducen a la injusticia. Pero LA JUSTICIA no puede cambiarse o se aplica Justicia o no se aplica. Por ese motivo existen las complicidades de curas, médicos, abogados etc…. con la pederastia. Que ya vale. Y que conste que en otros medios por expresar mi opinión ni se colocan éstos comentarios. El motivo, ellos sabrán.

      1. Catholicus, las personas que respondenad hominem, no son de fiar, y las que mandan silencio algo que ocultar. Deseo que analice mis respuestas. Por mi parte no estoy de acuerdo para nada con el falso secreto de confesión. Porqué hemos llegado hasta aquí?. Y no estoy de acuerdo tampoco con el secreto médico , ni familiar ni policial pues NO SE PROTEGE así a las víctimas . Cuando hay una víctima sin ayuda nadie es inocente. Y doy por acabada la discusión una vez que ha quedado bastante clara mi postura.

  11. Dejo dos preguntas, la primera es porqué el pederasta es reincidente?. Porqué se tapa a los pederastas?. Yo mismo la puedo responder al menos en parte, por el SILENCIO.

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