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«La Pachamama, Mahoma, Lutero, o Buda no son opciones para llegar a Dios, sino falsedades que conducen al infierno»

Agenda 2030 Pachamama Buda Infierno
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Nuestro bloguero Gabriel Calvo Zarraute está dedicando una serie de artículos a analizar la Agenda 2030 de la ONU. Les ofrecemos el segundo de ellos:

Un proceso de siglos de descristianización

Hemos de detenernos en las raíces históricas que ha desembocado en la situación actual, es decir, en esta fase terminal de degradación intelectual y moral humana:

a) En el siglo XVI la revolución religiosa del protestantismo negó la necesaria mediación humana y divina, natural y sobrenatural, del hombre con Dios (la Iglesia), así destruía la libertad y razón humanas al romper el vínculo entre fe y razón, política y ética que supuso la muerte de la Cristiandad. Debido al nominalismo, Lutero sostiene el fideísmo que enfrenta la fe a la razón, considerándola «la ramera del diablo» (De servo arbitrio, 1525).

b) En el siglo XVIII, la Ilustración y Revolución francesa, de carácter eminentemente político. La Revolución efectuada a golpe de guillotina y aprobada por la soberanía popular democrática, negó la dimensión trascendente y moral del hombre (la ley natural), destruyendo el orden social cristiano del Dios Legislador y ordenador. Así el soberano absoluto ocupaba el lugar de Dios. La Ilustración enfrenta la razón a la fe, considerándola «fanatismo», como sostiene Voltaire (Cartas filosóficas, 1734).

c) La posmodernidad iniciada con la revolución cultural de 1968 negó lo real humano (la división sexual biológica), a fin de destruir la obra del Dios Creador que instituyó el matrimonio natural en el que se basa la primera y principal sociedad humana: la familia. El nuevo Dios pasa a ser el Estado totalitario democrático. El marxismo cultural niega tanto la razón como la fe en nombre del nihilismo. Jean Paul Sartre, uno de sus principales ideólogos, escribe: «el hombre no es más que una pasión inútil» (El ser y la nada, 1943).

 

Atendiendo a este sintético esquema, en primer lugar, se confirma como una constante histórica que la Revolución, sea cual sea su apellido, «en su acepción común es la destrucción de todo un orden. La noción ha calado de tal forma que ya nadie se atreve a no llamarse revolucionario». Afirma el filósofo Rafael Gambra en El lenguaje y los mitos. De hecho, no deja de ser sorprendente que desde Juan XXIII, todos los Papas posteriores al concilio Vaticano II, la hayan utilizado para identificarla con el mensaje cristiano. Asociación impensable para los Pontífices anteriores que tenían muy clara conciencia del aceleramiento del proceso secularizador y el crecimiento de la hostilidad hacia la Iglesia a causa de las revoluciones liberales del siglo XIX y, no digamos ya, a partir de la revolución soviética de 1917 en Rusia.

De ahí que, en sus Consideraciones sobre Francia, Joseph De Maistre recuerde que: «La contrarrevolución no es una revolución contraria, sino lo contrario a la revolución». La lucha contra el desorden luciferino traído al mundo por la revolución se llama Contrarrevolución, es decir, el movimiento que restablece el orden (jerarquía) inscrito por Dios en su creación. Por ello Santo Tomas de Aquino enseña cómo la Ley eterna de Dios es «participada en la criatura racional por la ley natural» (S. Th. I-II, q. 91, a. 2). Jean Ousset en Para que Él reine escribe: «Las complicidades activas y pasivas en la Iglesia se han contagiado a la sociedad permitiendo el avance, cada vez más decidido, de la fenomenología destructiva de la revolución».

El orden que ha de ser restablecido en sus cimientos es el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, no la sentimental y evanescente «civilización del amor», que más parece un eslogan hippie de los años sesenta, o la vacía «fraternidad universal», propia de la masonería. En otras palabras, la civilización cristiana, imagen y reflejo terrenal del Paraíso, contra el desorden en que la revolución ha sumido al hombre. Verdad tradicional católica expresada durante siglos, entre otros muchos tantos, por Pío XI (Quas primas, n. 16-17), pero de difícil compatibilidad con estas afirmaciones del Papa Francisco: «Si en el pasado las diferencias [entre las distintas religiones] nos han puesto en contraste, hoy vemos en ellas la riqueza de caminos distintos para llegar a Dios» (5-10-2021). No obstante, únicamente Nuestro Señor Jesucristo, el Verbo encarnado es el camino exclusivo para llegar a Dios Padre: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6); «Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que debamos salvarnos» (Hech 4, 12). La Pachamama, Mahoma, Lutero, o Buda no son opciones para llegar a Dios, sino falsedades que conducen al infierno.

Dichas declaraciones papales son incompatibles con el Magisterio de la Iglesia (Dominus Iesus, n. 9), pero Bergoglio, como acostumbra en otras ocasiones, aseguró sin inmutarse al obispo Schneider que, era precisamente eso lo que quería decir (8-3-19). Así dejaba en ridículo a todos los que pretenden una exégesis forzada de las palabras pontificas a fin de hacerlas concordar con la fe católica a toda costa. Sin embargo, no escuchar apenas ninguna voz episcopal desmintiendo estas enseñanzas erróneas pone de manifiesto la sima de decadencia intelectual y moral, junto con la consecuente deriva de seguidismo sectario, en el que se encuentran instalados los funcionarios eclesiásticos desde hace decenios. Una Iglesia devenida en una ONG que sólo ofrece una fe acomodaticia al mundo que reniega de Cristo y ante el que lleva décadas arrodillada, como demuestra ahora apoyando la agenda 2030.

En segundo lugar y como bien apuntó el sabio Chesterton en El fin de una época: «Lo que el hombre ha perdido en el siglo XX no es la fe, sino la razón». A consecuencia de ello, el ser humano queda reducido a un juguete de las fuerzas oscuras e irracionales en que han degenerado sus pasiones. El hombre contemporáneo se encuentra incapacitado para percibir la realidad sobrenatural porque, previamente, la realidad natural se le ha hecho incomprensible. La gracia presupone la naturaleza, pues como enseña Santo Tomas: «La gracia no anula la naturaleza, sino que la perfecciona» (S. Th. I, q. 1, a. 8). Es decir, aunque la gracia pertenezca al orden sobrenatural se deposita (inhiere) en el natural, de ahí que dañando éste se hace más difícil recibir la gracia. Tres son las causas principales que han producido esta ceguera de la razón natural:

a) Desmantelación de la primera sociedad humana, la familia natural y sus vínculos sociológicos trasmisores de la tradición religiosa, moral, cultural e histórica dejando al individuo a la intemperie. Sin más criterio que el dictado por el poder político, sus medios de manipulación de masas y su sistema de enseñanza.

b) Cultivo deliberado del empobrecimiento intelectual, en campos clave del conocimiento humano como son las humanidades, por parte del sistema educativo y de los medios de comunicación convertidos en correas de transmisión de las consignas del poder político del que dependen económicamente.

c) Perversión del conocimiento ético y moral como consecuencia de una educación degenerada que legitima y azuza las más bajas pasiones a través de las múltiples posibilidades de diversión que oferta la sociedad de consumo y las redes sociales.

 

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18 comentarios en “«La Pachamama, Mahoma, Lutero, o Buda no son opciones para llegar a Dios, sino falsedades que conducen al infierno»
  1. De aquí se deduce que el Vaticano II contiene errores muy graves contra la fe, y no es exigible su firma para ser católico ni para tener derecho a misa tradicional a condición de callarse la doctrina. La desobediencia es entonces legítima, pues Nostra Aetate es un pastelero constante a Buda, a la diosa elefanta y sus amigos.

    1. Yo también de acuerdo con Uno. Con el Vaticano II empezó la caída doctrinal. Las personas formadas en la Fe antes del CVII dan mejor testimonio del Evangelio, que las que las siguieron.

  2. Antes de que Yahweh se manifestará a los patriarcas y luego después hasta Jesucristo, todos los pueblos tenían su particular Pachamama. Si se puede llegar a Dios con cualquier creencia, para que se ha manifestado Dios? Para qué el sacrificio de Jesucristo!

    1. Está muy claro.

      Todo este embrollo sa.tánico acerca de «los diversos caminos que llevan a Dios», es el paso previo a renegar de la Presencia Real de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía: eso será la abolición del Sacrificio Perpetuo profetizada por Daniel.

      Es inminente que suceda.

  3. En la Edad Media, la fe verdadera estaba presente en la sociedad europea. Y si a partir del s. XVI empezó a relegarse, al menos dentro de la Iglesia se conservaba y preservaba bien, y así se mantuvo haata la mitad del siglo pasado, en que el error empezó a penetrar en el pensamiento de la jerarquía eclesiástica, hasta llegar al actual pontificado, el más oscuro de la historia de la Iglesia (desde el punto de vista doctrinal).

  4. Me encanta el último párrafo: «cultivo deliberado del enpobrecimiento intelectual…». Esto se ve en colegios, Universidades y libros de texto. Casi mejor es alguien que «no tenga estudios»

  5. La degradación de lo sagrado al mostrarlo como algo a la altura de todos, mostrar a un dios que se baja y se hace comprensible para el ser humano y es mas se le habla de tu a tu, todo esto ha llevado al oscurecimiento de lo realmente santo y sagrado, la crisis de fe que vivimos hoy en dia, somete a las personas a seguir simples ideales e ideologías que como dice el articulo, los lleva directamente al infierno y lo peor de todo esto, auspiciado por este terrible magisterio de Francisco.

  6. La causa principal de la ceguera de la razón es… la ruptura con Dios, la falta de gracia, pues sin ella la razón nunca puede funcionar a pleno rendimiento ni hacerlo de manera continua. Sin fe la razón es una ciega, que es lo contarrevolucionario.

  7. La mejor descripción del proceso revolucionario iniciado en fines de la Edad Media y sus sucesivos desdoblamientos hasta nuestros días se encuentra en la magistral obra Revolución y Contrarrevolución, del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira.

    1. Lo que iba a escribir usted lo ha escrito, el artículo se quedo corto sin la referencia de la obra de Dr Plinio Correa, yo no he leído mejor obra que describa claramente el proceso revolucionario que el libro Revolución y Contrarrevolución de Dr Plinio, inspirador de Los Heraldos del Evangelio, la revolución es como un virus mutante, cambiante, hoy es la cepa bergoliana relativista, sincretista

  8. S. Mateo 12,30:
    »El que no está de mi parte está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce. 31Por eso les digo que a todos se les podrá perdonar todo pecado y toda blasfemia, pero la blasfemia contra el Espíritu no se le perdonará a nadie. 32A cualquiera que pronuncie alguna palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero el que hable contra el Espíritu Santo no tendrá perdón ni en este mundo ni en el venidero.
    Non Nobis.

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