El Papa envía un mensaje de aliento y solidaridad grabado a los jóvenes de 197 países que, bajo el simbólico liderazgo de la sueca Greta Thunberg, se reúnen en un encuentro de tres días en Milán.
Youth4Climate es una iniciativa para movilizar a los jóvenes en vísperas de la enésima cumbre climática internacional que se celebrará en Escocia (COP26) y a la que, en principio, asistirá el Papa en una visita relámpago en la que ni siquiera celebrará Misa pública.
Entre los participantes está, naturalmente, la imprescindible musa del milenarismo climático, Greta Thunberg, que ya tuvo en su día un brevísimo encuentro en la Plaza de San Pedro con Francisco, que la animó a seguir con su lucha.
Thunberg inició el encuentro con una de sus clásicas diatribas malhumoradas, exigiendo: “queremos justicia climática, y la queremos ya”, recordando que las emisiones siguen aumentando. Quizá por un perdonable olvido selectivo -que, casualmente, comparte con el Santo Padre-, no mencionó que este aumento se debe casi en exclusiva a la actividad industrial china, que representa ya más de la mitad de todas las emisiones contaminantes del planeta. “Podemos darle la vuelta a esta tendencia, pero se requieren drásticas soluciones”. Que tendrán que correr a cargo de Occidente, por supuesto, porque con el gigante chino no se atreve ni Greta ni nadie.
El tono intransigente y maximalista habitual de Greta, que comparte con su movimiento de jóvenes fanatizados, contrasta con las palabras del Papa en su videomensaje, donde dice: “Esta visión es capaz de poner en crisis al mundo de los adultos, ya que revela el hecho de que ustedes no solo están preparados para la acción, sino que están disponibles para la escucha paciente, el diálogo constructivo y la comprensión mutua”. Por decirlo suave, no son estas exactamente las tácticas de Greta y sus muchachos.