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¿Ha renunciado el Papa Francisco a conseguir algo del acuerdo con China?

Papa acuerdo China
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(Ed Condon/The Pillar)- El Papa Francisco hizo unos curiosos comentarios sobre las relaciones del Vaticano con China, defendiendo los controvertidos esfuerzos diplomáticos de la Iglesia con el régimen comunista y reconociendo que el proceso ha dado resultados «cuestionables».

El Papa fue inusualmente sincero sobre el desafío de la relación con China, al tiempo que reafirmó su compromiso con el proceso diplomático. Sin embargo, los comentarios del Papa hacen pensar que la Iglesia está en estos momentos comprometida con el «diálogo» por sí mismo, y que ha abandonado a cualquier expectativa de progreso real.

«Te pueden engañar, puedes equivocarte, pero no hay que renunciar al diálogo… La cerrazón nunca es el camino», dijo Francisco en una entrevista concedida el miércoles a la COPE.

«China no es fácil, pero estoy convencido de que no debemos renunciar [al] diálogo», añadió Francisco.

El Papa también reconoció las críticas al controvertido acuerdo entre el Vaticano y China, que otorga al gobierno un papel en el nombramiento de los obispos y ha aumentado la presión sobre el clero local para que preste juramento de lealtad a la Iglesia patrocinada por el Estado bajo la autoridad comunista.

Francisco dijo que simpatizaba con los que querían «marcarle el camino al Papa» sobre China, y admitió que las críticas pueden ser legítimas «si se hacen con buena voluntad». Pero, a pesar de esta aparente apertura a otras opiniones, muchos dentro del Vaticano dicen que en realidad hay poca, o ninguna, tolerancia al desacuerdo sobre la política del Vaticano en China.

El cardenal Joseph Zen, el obispo emérito de Hong Kong y un notorio crítico del acuerdo entre el Vaticano y China, no ha podido conseguir una audiencia con Francisco durante sus viajes a Roma en los últimos años, y funcionarios clave conocidos por oponerse silenciosamente al acuerdo diplomático han sido retirados de sus puestos de responsabilidad.

En 2017, el arzobispo Savio Hon Tai-Fai, el único alto funcionario de origen chino en la curia, fue degradado de su puesto como secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y reasignado como nuncio de la Santa Sede en Grecia.

Hon era ampliamente conocido en Roma por ser un escéptico de lo que se convirtió en el acuerdo entre el Vaticano y China de 2018, y desde entonces ha advertido de que «las comunidades clandestinas se han sentido abandonadas por la Santa Sede» a raíz del compromiso diplomático con el gobierno comunista.

«En lugar de mostrar luz», dijo Hon en una conferencia a principios de este mes, la política de compromiso del Vaticano ha «disminuido la luz de la última enseñanza de la iglesia y el martirio de muchos católicos.»

En 2019, el antiguo jefe de Hon, el cardenal Fernando Filoni, también fue degradado de su puesto como prefecto de la congregación y reasignado como Gran Maestro de la Orden del Santo Sepulcro. Filoni, un experto en la Iglesia en China, pasó años viviendo en Hong Kong y sirviendo como emisario del Papa San Juan Pablo II a los obispos del continente, tanto en la clandestinidad como en la “iglesia patriótica”.

Su reasignación se atribuyó a la influencia del cardenal Pietro Parolin, el arquitecto del acuerdo entre el Vaticano y China, que Filoni apoyó públicamente pero sobre el que, según varias fuentes cercanas a la congregación, había expresado sus reservas al Papa.

Francisco insistió esta semana en que el diálogo es su propio «logro» en lo que atañe a China, lo que podría significar que el Papa está tratando de reajustar el criterio por el que se puede decir que el acuerdo ha funcionado.

Hasta la fecha, sólo cinco obispos han sido consagrados para diócesis chinas bajo los términos del acuerdo, y uno de ellos, el obispo Thomas Chen Tianhao, fue, al menos según algunas personas cercanas a la Secretaría de Estado, consagrado antes de que el Vaticano supiera siquiera que estaba ocurriendo. Mientras tanto, poco antes de que se renovara el acuerdo entre el Vaticano y China el pasado mes de octubre, el hasta entonces obispo clandestino Guo Xijin renunció a su papel de obispo auxiliar de Mingdong, diciendo que no podía en conciencia firmar lo que le exigía la Iglesia controlada por el Estado, pero que no quería convertirse en un «obstáculo para el progreso».

Pero de qué progreso se trata exactamente, es algo difícil de ver. Aunque señala otros resultados «concretos» del diálogo del Vaticano con China, incluso sobre el nombramiento de obispos, incluso el Papa aceptó esta semana que «estos son también pasos que pueden ser cuestionables».

Mientras que las críticas se han centrado en los últimos meses en el silencio del Papa sobre el bien documentado genocidio que se está llevando a cabo contra la población uigur en la provincia de Xinjiang, la Secretaría de Estado del Vaticano ha subrayado que las preocupaciones humanitarias y de libertad religiosa se plantean a menudo en conversaciones a puerta cerrada con funcionarios chinos, y dijo que se estaba avanzando discretamente fuera de los focos.

Sin embargo, estas afirmaciones parecieron quedar en entredicho a principios de este verano, cuando el arzobispo Paul Gallagher, principal diplomático del Vaticano, dijo a los periodistas que el Vaticano «no percibía» que pudiera «hacer una contribución positiva» a la situación de Hong Kong, donde varios católicos destacados han sido detenidos por su defensa de la democracia y la libertad de expresión.

«Se pueden decir muchas palabras apropiadas que serían apreciadas por la prensa internacional y por muchos países del mundo», dijo el arzobispo, «pero yo -y creo que muchos de mis colegas- todavía no estamos convencidos de que eso vaya a suponer alguna diferencia» para China.

En conjunto, con sólo un puñado de nuevos obispos nombrados para el país, y la opinión interna aparentemente asentada de que el Vaticano no tiene ninguna influencia que ejercer en materia de derechos humanos, parece justo preguntarse qué ha ganado Roma, si es que ha ganado algo, con su diplomacia china, y qué espera conseguir, si es que espera conseguir algo, en el futuro.

La versión actual del acuerdo entre el Vaticano y China está prevista con una vigencia hasta 2022. Pero, dado que cada vez está más claro que el Papa no espera ni buena fe en las conversaciones diplomáticas ni resultados concretos sobre el terreno, es paradójicamente difícil que no se prorrogue, o incluso que se considere un éxito.

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12 comentarios en “¿Ha renunciado el Papa Francisco a conseguir algo del acuerdo con China?
  1. El Papa se equivoca gravemente al auspiciar ese pésimo acuerdo con China. Y aunque en apariencia se presente receptivo ante las críticas, lo hace solo de palabra, pues los hechos confirman que Francisco se muestra intolerante con los que no piensan como él..

      1. Estamos bajo la hipótesis irracionalmente generosa de las buenas intenciones.

        Vamos a ver otra hipótesis propia de personas anticuadas y rígidas que siguen pensando a estas alturas que dos mas dos son cuatro:

        Si está destruyendo la Iglesia en todas partes, ¿por qué no va a querer destruir la Iglesia en China y de paso cobrar una buena cantidad de Yenes? Es una hipótesis que casa mucho más perfectamente con los hechos.

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  2. No puede decir que el dialogo es ya un logro y algo bueno por si mismo cuando lleva acarreado muchos malos tratos, detenciones, secuestros, torturas, privaciones de libertad, incautaciones de bienes, violaciones de derechos humanos, etc, en China como consecuencia de este acuerdo.

  3. El diálogo:
    — Hola
    — Hola
    — ¿Quieres un acuerdo con nosotros, Vaticano?
    — Lo queremos.
    — PCCh pone las reglas, las cambia cuando le convenga; Vaticano se pliega. ¿Aceptas, Vaticano?
    — Acepto, pero…
    — Los peros los ponemos nosotros. ¿Está claro?
    — Está claro.

    Fin del diálogo.

    1. Y para rubricar el acuerdo, el Papa se baja los pantalones, se agacha y después de que le hagan lo que todos nos imaginamos, da solemnemente las gracias.
      Y, por supuesto, ese acto no será pecado, porque «¿quien soy yo para juzgar?»

  4. Como suele ya ser habitual bergoglio dice una cosa y acto seguido la contraria o dice una cosa y hace la contraria.

    El diálogo funciona, pero cuando es entre entidades con similar capacidad de presión.

    Cuando el diálogo es en éste caso entre el gobierno chino con un enorme poder de todo tipo y el otro el vaticano con solo poder religioso, el resultado es claro y lo estamos viendo.

    Otra cosa es que en su soberbia se nieguen a reconocer lo muy evidente………que los han engañado y tomado el pelo totalmente.

    No estaría mal que bergoglio se aplicase ese «diálogo» y lo practicase internamente en lugar del ordeno y mando que utiliza y castigo o degradación inmediata a cualquiera que no acate lo que ordena sin discusión ni, por supuesto, diálogo.

  5. Si al menos renunciase a conseguir algo. El problema es que cada vez que busca algo se acrecienta la persecución. Las ovejas deben pensar que el pastor tiene un empeño especial en conducirlas al lobo.

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