‘La misión’ y la evangelización de España en América

‘La misión’ y la evangelización de España en América

Este sábado me gustaría traerles la brillante reseña de la película ‘La misión’ (Roland Joffé, 1986), que podemos encontrar entre las páginas del libro del sacerdote español José María Pérez Chaves: ‘100 películas cristianas’. Aprovecho para recomendarte este magnífico libro en el que encontrarás las 100 películas cristianas que, a juicio de su autor, un páter cinéfilo donde los haya, han dejado mayor impronta a lo largo de la historia del séptimo arte.

El padre Gabriel es enviado a América para la evangelización de los indios. Aunque poco a poco su labor irá alcanzando el éxito esperado, no será del agrado de muchos. Uno de sus máximos opositores será Rodrigo de Mendoza, que quiere dar caza y esclavizar a los nativos de la zona.

La película

La conquista y evangelización de América es una de las leyendas negras que más pesa sobre España y la Iglesia. El motivo es que hoy se considera que ambas se dieron las manos para esclavizar a los nativos del Nuevo Mundo y destruir su cultura. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, puesto que, al contrario, las dos se aliaron…, ¡pero para otorgarles una civilización! Esta película, pues, es un magnífico testimonio de ello. En primer lugar, centrémonos en España. A diferencia de lo que la leyenda negra argumenta contra ella, lo cierto es que, en el siglo XVIII, fecha en la que está ambientado el film, regían en América las Leyes de Indias. Estas compilaban todas las normas que habían nacido desde la conquista del continente, y pretendían regular y proteger la vida de los nativos. Entre otras muchas cosas, estipulaban que estos eran súbditos de la Corona española, por lo que prohibían que fueran esclavizados. Por otro lado, España sentó en América las bases de una civilización moderna, puesto que le otorgó la sanidad y la educación de las que había carecido hasta el momento. En este sentido, destaca la red de universidades que fundó a lo largo y ancho del continente, ya que les concedió a los indios las mismas oportunidades de las que gozaban los españoles en Europa. Entre todas ellas, cabe señalar la de Lima, en Perú, donde además se instituyó la primera cátedra de quechua, la lengua que se hablaba entonces en los Andes. En segundo lugar, centrémonos en la Iglesia. En el instante en que llegaron a Roma noticias del Nuevo Mundo, los papas comprendieron que este debía ser evangelizado. Por esta razón, les encargaron la organización de las misiones a España y Portugal. Estos confiaron en un primer momento en las órdenes de santo Domingo y san Francisco, pero muy pronto recurrieron también a la Compañía de Jesús. De hecho, esta llegó a América en las postrimerías del siglo XVI, es decir, poco tiempo después de haber sido fundada (1540). El resumen perfecto de la labor de los jesuitas en el nuevo continente lo ofrecen, sin lugar a dudas, las reducciones. Estas eran unas pequeñas poblaciones compuestas y regidas por los propios nativos, que gozaban de una sorprendente autonomía respecto de las Coronas española y portuguesa. En ellas, los indios aprendían a leer, a escribir y a cultivar las ciencias y las artes, como las matemáticas y la música, respectivamente. Y tanta notoriedad alcanzaron en el mundo entero que algunos virreyes se sintieron amenazados por ellas, por lo que acordaron su supresión. Precisamente aquí comienza parte de esa leyenda negra contra España y la Iglesia. El motivo es que, a fin de justificar su decisión, aquellos gobernantes mentirían sobre la labor de los jesuitas. Para ello, divulgarían la idea de que los religiosos estaban formando un imperio paralelo al español, que tendría como propósito desbancar a este de la hegemonía mundial. Y tanto se extendió el rumor que hasta fue creído por la Corona y por algunos miembros de la Iglesia, que decidieron expulsar de América a la Compañía de Jesús e incluso suprimirla por completo (hecho que acontecería finalmente en 1773, aunque sería restaurada cuarenta años después). La película, pues, se ubica en este período histórico, justo tras la firma del Tratado de Madrid (1750). Y es que, mediante dicho documento, España y Portugal se comprometieron a ajustar las fronteras de sus territorios americanos, algo que afectó no poco a las reducciones jesuíticas. Las más perjudicadas, de hecho, fueron las de los guaranís, que entraron a formar parte de la Corona lusa. Esta no compartía la política española respecto de la esclavitud de los indios, por lo que estos iniciaron una guerra contra ella, en la que se vieron apoyados por algunos miembros de la Compañía de Jesús. Ciertamente, puede sorprender que la cinta haya sido realizada por Roland Joffé, director que se define a sí mismo como agnóstico y socialista. Sin embargo, debemos recordar, por un lado, que en su filmografía siempre ha sido muy crítico con las políticas de izquierdas, ya que, en su opinión, no se ajustan a su propio discurso sobre los desheredados de la tierra (Los gritos del silencio, Encontrarás dragones, etc.); y, por el otro, que nunca ha negado la redención cristiana, sino que, más bien al contrario, la respeta profundamente[1]. De hecho, en esta película, aúna de algún modo ambas ideas, pues reprocha en cierta manera que la Iglesia se desentendiera de los pobres, pese a que su labor fuera precisamente la de priorizarlos, y diserta sobre la libertad moral que solo Cristo puede otorgar (recordemos el personaje de Robert De Niro). La película fue todo un éxito de taquilla en el momento de su estreno y recabó numerosísimos premios, entre los que podemos destacar los siguientes: un Óscar a la mejor fotografía, dos Globos de Oro y la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Hoy no solo es uno de los mejores títulos de la historia del cine, sino que su repercusión ha trascendido también los límites de esta. La prueba está en que su excelente banda sonora puede ser oída incluso en actividades ajenas a la gran pantalla, como en algunas celebraciones eucarísticas o en otros muchos eventos de índole espiritual.

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¿Qué podemos aprender de ella?

La gran enseñanza de la película es el papel evangelizador de España y de la Iglesia en América. Como ya hemos indicado, hoy ambas son vilmente denostadas por un supuesto abuso de autoridad contra las poblaciones indígenas del Nuevo Continente. Sin embargo, no hay nada que se aparte más de la realidad, puesto que las dos, pese a sus errores, tuvieron como único objetivo el crear una civilización cristiana entre los indios. [1]        El País, 25 de marzo de 2011. Esta reseña, y 99 más, las pueden encontrar en el libro ‘100 películas cristianas’, publicado por Homo Legens.

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