El último motu proprio papal sigue causando perplejidad. ¿Por qué es tan implacable con un colectivo tan diminuto y poco problemático? ¿Por qué justo ahora, con la Iglesia alemana amenazando un cisma muy real? Rorate Caeli entrevista al padre Claude Barthe, quien asegura que detrás del documento está un grupo de obispos y cardenales, especialmente italianos.
Barthe revela que el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin “dirigió todo esto”, pero fue “extremadamente discreto”. Se presentaron solicitudes, probablemente por el prefecto para la Doctrina de la Fe, Luis Ladaria, de posponer la promulgación del Traditionis custodes a fin de “no iniciar una nueva guerra litúrgica en la Iglesia”, que es exactamente el resultado que empieza a perfilarse, paradójicamente para un texto que se justifica en la necesidad de unidad.
Los nombres de los principales responsables de haber acelerado la promulgación del motu proprio sería, según Barthe, el propio Pontífice, que siempre se ha mostrado refractario a todo lo que pueda recordar a las formas previas al Concilio Vaticano II; su secretario de Estado, Pietro Parolin, que según rumores confió a los obispos de Francia la necesidad de acabar con la Forma Extraordinaria de una vez por todas; su sustituto, Edgar Peña Parra; el cardenal Giuseppe Versaldi prefecto para la Educación Católica nombrado por Francisco, en colaboración con representantes de la Liturgia, el Clero, los Obispos y la Secretaría de Estado, quienes participaron en las reuniones contra la Misa Tradicional.
Otro grupo de presión importante provino de miembros del episcopado italiano, que ven con disgusto cómo cada vez más sacerdotes recién ordenados muestran una inclinación hacia la liturgia tradicional.
Para Barthe, una de las principales razones por las que todos estos prelados quieren acabar con el rito tridentino es que la celebración de la llamada Forma Extraordinaria “pone el dedo en lo que duele, precisamente el estado doctrinal del Vaticano II, que nunca se ha resuelto”.