El prepósito general de la Compañía de Jesús, el venezolano Arturo Sosa, ha concedido una entrevista al medio de comunicación de la archidiócesis de Madrid Alfa y Omega, en la que habla de la Compañía, de su antecesor en el cargo, Pedro Arrupe, de Venezuela, y de muchas cosas más.
A 500 años de la conversión de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, Sosa dice que lo central en su vida, más allá del cañonazo y la lectura de vidas de santos, fue “el encuentro personal con Jesucristo”. “Todos esos elementos llevaron a san Ignacio a ver a la persona de Jesús y a encontrarse con Él. Cuando Jesús se hace el centro de su vida, le cambia todo”, indica el jesuita.
Sosa pensó en ser médico o sociólogo y la Compañía de Jesús “me permite a mí juntar muchas de esas cosas”, curar heridas físicas, sociales, espirituales… “No he sido médico, pero sí he trabajado en el campo de las ciencias sociales toda mi vida; he trabajado el acercamiento espiritual a través de los ejercicios y el acompañamiento, y he promovido el análisis político desde una perspectiva de liberación”, afirma. “La vocación a la Compañía tiene todos esos elementos, que también están en el Evangelio. Los grandes signos que hizo Jesús fueron curaciones de enfermos, de relaciones, de personas que estaban endemoniadas. Eso es parte de cómo se vive la evangelización”, dice.
Arrupe
Sobre los santos jesuitas a los que tiene mayor devoción le cuesta responder. “Hay muchos santos que no son reconocidos como tal, que no han sido canonizados. He conocido a varios”, asegura. “Si me aprietas te digo dos hermanos porteros: san Alonso Rodríguez y el beato Francisco Gárate”, dice. “Y luego, por supuesto, mi mayor devoción a un santo de la Compañía es a Pedro Arrupe”, añade Sosa.
La causa de beatificación del padre Arrupe, dice, “avanza bien”. “Es una causa compleja por el trabajo que hay que hacer”, señala, ya que el material es “ingente”. El superior de los jesuitas espera que la parte diocesana, “que es la más complicada”, termine en este 2021. “Al ver la historia de Arrupe, en su contexto, crece su figura. Tuvo una formación muy tradicional. No era una persona de ideas teológicas más allá… Eso sí, era un misionero”, dice Sosa.
Arrupe fue una persona “con una audacia tremenda para confiar en los demás”. “No sé si se entendió en ese momento. Muchas cosas las hizo confiando en los jesuitas que se las estaban proponiendo. Por supuesto hubo equivocaciones, pero estamos hablando de un momento en el que la Iglesia hace una apuesta clara que es el Concilio Vaticano II. Fue un momento de revolver las aguas y hubo exageraciones de un lado y de otro, también en la Compañía”, comenta el superior de los jesuitas.
Inculturación
La inculturación “no es una discusión en la Compañía, es parte de la vida y no de ahora, sino de siempre”. “Es asombrosa la capacidad que han tenido los jesuitas desde el comienzo de tratar de entender el sitio donde estaban”, indica Sosa. “Hoy la Compañía de Jesús es un cuerpo multicultural, impresionante”, comenta. “Una cosa es ser multiculturales –el poder vivir culturas distintas– y otra es ser interculturales, lograr que esa diversidad enriquezca porque yo doy lo que soy y recibo de los otros. La variedad es una riqueza y hay que aprovecharla”, asegura el jesuita venezolano.
“La globalización tiene grandísimas ventajas, pero una de las tendencias del mercado globalizado es a la homogeneidad, que de alguna manera es una imposición cultural”, advierte. “La tendencia del mercado globalizado es a homogeneizar porque es lo que produce más beneficio. La tendencia de la inculturación y la inculturalidad es la contraria: a desarrollar, a mantener la diversidad”, añade.
Venezuela
Sosa cuenta que su madre y cuatro hermanas viven en Caracas y que la provincia de los jesuitas de Venezuela es muy “activa” y muy “comprometida en las parroquias”. “A mí me conmueve lo que está viviendo la gente. Solo porque hay cinco millones de venezolanos que viven fuera y mandan algo de dinero la gente puede vivir”, revela.
“En estos momentos hay procesos de negociación en marcha que ofrecen un poquito de esperanza, pero son muy complejos. Durante todos estos años han creado tal división en la sociedad venezolana que reconstruirla, incluso para negociar, ya es difícil. Y para reconstruir un tejido social y una sociedad que pueda vivir en paz y democráticamente va a hacer falta tiempo y un esfuerzo muy grande”, manifiesta el jefe de los jesuitas.
El Papa negro
Sosa confiesa que no le gusta el apodo de Papa negro, como se conoce coloquialmente al superior general de los jesuitas, “es una expresión que no me gusta”. “El Papa es el Papa, es uno. Y además del cuarto voto de obediencia al Papa, los jesuitas hacemos un voto de no aceptar cargos eclesiásticos”, señala Sosa.
Para que un jesuita sea obispo, “que tenemos unos cuantos”, tiene que haber “un acto especial del Papa”. La Compañía de Jesús “es una organización que nació para ayudar al Pontífice en su misión universal de la Iglesia”. Tener un Papa jesuita, dice Sosa en referencia a Francisco, jesuita como él, “es una novedad muy grande y una sorpresa histórica”. “El padre Bergoglio era obispo desde hace mucho tiempo; llevaba más de 20 años en Buenos Aires cuando lo eligen Sucesor de Pedro. Es verdad que no es fácil de entender que, cuando un jesuita es ordenado obispo, no deja de ser jesuita –porque eso se lleva dentro–, pero ya no forma parte de la organización, no está sometido al superior jesuita… El Papa es un jesuita, pero es el Papa”, dice Sosa.
Sinodalidad
“La sinodalidad permite hacer de la Iglesia una comunidad que discierne”, comenta Sosa sobre la palabra eclesial más de ‘moda’. “En América Latina nunca usamos la palabra sinodalidad, sino Pueblo de Dios para insistir precisamente en lo que es un pueblo, que es un grupo variado de personas, de edades, de compromisos, de formación… y es de Dios. ¿Por qué? Porque es guiado por Dios, es reunido por Dios y acompañado”, explica.
Para aprender del otro y tender puentes “nos tenemos que despojar de la seguridad de que lo sabemos todo”. “Cuando uno reconoce que es polvo de Dios, que es Dios el que guía, reconoce que no sabe cuál es el camino y que hay que preguntar, hay que preguntar a Dios”, asegura. Conocemos a Dios “a través de la humanidad de Jesús y de la historia, de los signos de su presencia en la historia humana”. “Y eso es el discernimiento: aprender a leer esos signos y seguirlos. Hay que elegir seguir ese camino”, comenta Sosa. Puede leer la entrevista completa aquí, en Alfa y Omega.