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¿Qué es la sinodalidad?

Qué es la sinodalidad
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(Catholic Culture)- Como editor, escritor y lector, aprecio mucho la claridad de expresión. Como católico, me horrorizan los abusos del lenguaje -la simulación, la confusión, la ofuscación e incluso el engaño- que veo en muchas de las más recientes declaraciones de nuestros dirigentes eclesiásticos.

La semana pasada, el Vaticano anunció que la reunión ordinaria del Sínodo de los Obispos, prevista para octubre de 2022, se pospondrá un año a fin de permitir un debate más amplio sobre el tema elegido: la sinodalidad. El Vaticano ha sugerido un programa de consultas: primero en las parroquias, luego a nivel diocesano, después en las conferencias episcopales y, finalmente, a nivel «continental», para llegar así a la reunión de los obispos en Roma.

El motivo de todas estas consultas será, de nuevo, la sinodalidad. La búsqueda de la sinodalidad es un tema clave en el magisterio del papa Francisco. Pero la verdad es que nadie tiene muy claro qué significa «sinodalidad». Y tal vez sea esa la cuestión. ¿Aclarará las cosas un año de consultas, o será origen de una mayor confusión general?

O, lo que es más probable en mi opinión, ¿permitirá esa confusión general que un grupo de activistas se haga con el control del proceso y convierta la «sinodalidad» en una tapadera útil para sus propios planes?

Esta semana, en un acontecimiento similar, el Vaticano dio a conocer un «programa de acción» de siete años para aplicar las enseñanzas de la encíclica sobre el medio ambiente. El papa Francisco explicó el ambicioso objetivo de este programa, asegurando que «necesitamos un nuevo enfoque ecológico para transformar nuestro modo de habitar el mundo».

Entonces, ¿cómo propone el Vaticano transformar la vida humana? El plan sugiere que el primer año del esfuerzo se centre en «tres tareas fundamentales: construcción de la comunidad, intercambio de recursos y elaboración de planes de acción concretos». Así, tras definir un plazo de siete años, el Vaticano se dispone a diseñar planes de acción concreta. Por tanto, no se trata realmente de un «programa de acción», sino de un llamamiento a alguna(s) acción(es) que aún no han sido identificadas. El plan del Vaticano, tal y como se describe, no consiste en acciones concretas, sino en un proceso largo y maleable.

En ambos casos -la consulta sinodal y el «programa de acción» medioambiental-, el Vaticano solicita la contratación de activistas que colaboren con las parroquias, las diócesis y las conferencias episcopales para llevar a cabo los objetivos deseados. Así pues, se añadirá un nuevo estrato a la burocracia eclesiástica, con nuevos agentes que celebren reuniones, asistan a conferencias, emitan declaraciones y promuevan lo que se consideran las prioridades principales para sus comunidades católicas.

El gran teórico conservador Russell Kirk asistió a la conferencia «Call to Action» que tuvo lugar en Detroit en 1976, y vio cómo un pequeño grupúsculo de activistas -a los que describió como «ratas de la Iglesia»- pretendían definir la agenda; y, efectivamente, así lo hicieron, causando un desastre pastoral del que la Iglesia en Estados Unidos aún no se ha recuperado del todo. Los obispos, que deberían haber controlado la reunión, no estaban preparados; los activistas, sin embargo, estaban muy preparados y listos para aprovechar el día.

¿Es este el significado de la «sinodalidad»? ¿Es acaso un proceso que permite a una determinada y organizada minoría dictar la práctica pastoral? ¿Es esta la forma en que el Vaticano, bajo la dirección del papa, propone transformar la actividad humana dando paso a una utopía ambientalista? Y si este es el futuro inmediato de nuestra Iglesia, ¿cuál será el costo en lo relativo a la integridad de la doctrina católica, al vigor de la vida sacramental y a la misión de hacer discípulos a todos los pueblos?

Continuará…

Publicado por Por Phil Lawler en Catholic Culture.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

 

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11 comentarios en “¿Qué es la sinodalidad?
  1. En mis años de enseñanza, cuando algún compañero cuando me preguntaba por uno de estos conceptos de la Neopedagogía, que nadie entiende y todo el mundo quiere aplicar, yo les contestaba: Eso es como el café con leche… sin café y sin leche.

      1. Sinoloquesea… Otro trabalenguas de los mismos frescales –que por no estar ni está en el diccionario– para seguir repartiéndose los escombros de la Iglesia y las sobras de la miseria en la que ellos la han sumido. El equivalente en el mundo católico de lo que hacen sus compadres, los tiranos comunistas, en las naciones que arruinan.

        1. Es otro intento para cambiar la Iglesia de Cristo para hacer una iglesia nueva al gusto de algunos iluminados, con el pretexto de que la consulta al pueblo dará legitimidad a los cambios buscados. Pero sólo se harán oír grupitos de activistas preparados ad hoc. No se resignan a aceptar que casi nadie acepta sus ideas progresistas, y buscan la manera de imponerse.

  2. Yo tengo muy claro lo que es la famosa «sinodalidad». Lo he deducido gracias al actuar de la jerarquía: se trata de que todo en la Iglesia se crea «democráticamente». Pero atrás en realidad se «hace» como dicen los obispos progres, cada uno en su diócesis tira para su credo personal. Y después tienen las patas y el descaro de decir que es lo que dicta el Espíritu Santo. Una total blasfemia pastoral…

  3. El porteño les vendió el obelisco.
    Es que decir que es probable que algunos grupos bla bla utilicen esto , es no querer ver nada, es taparse los oídos y gritar fuerte leru leru leru. Es como un hombre que, ante su casa ya incendiada, diga que está esperando que baje el fuego para llamar a los bomberos.
    No reconocen dónde están, menos podrán siquiera pensar en salir de ahí.

  4. Y hasta aquí llegué por ahora. Basta de Bergoglio para mí.
    Tengan ustedes un buen despertar, el día en que se den cuenta del engaño miserable al que los han sometido.

  5. La sinodalidad es un cuento chino o más bien una tomadura de pelo. Esta es la conclusión del P. Louis Boyer, consultor del Concilió Vaticano II; que vió como unos pocos manejaban el cotarro, que hacían los que les daba la gana, despreciaban y eliminaban las aportaciones que no les gustaban, y convencían a los obispos, que, lo que ellos presentaban es lo que la mayoría quería, así imponían su versión y la mayoría callaba, para no parecer poco democráticos. O sea un fraude.

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