El Papa ha visitado el Dicasterio para la Comunicación: «Sólo tengo una preocupación -hay muchos motivos para preocuparse por la Radio, por L’Osservatore Romano-, pero una que me llega al corazón: ¿cuántos escuchan la Radio y cuántos leen L’Osservatore Romano?»
Esta mañana, el Santo Padre ha salido de su residencia, la Casa Santa Marta, para visitar el Palacio Pío, frente al Castillo de Sant’Angelo, sede del Dicasterio para la Comunicación.
A su llegada, a las 9 de la mañana, el Papa ha sido recibido por el prefecto del dicasterio, Paolo Ruffini, y por el secretario, Lucio Adriàn Ruiz. En la entrada, el Santo Padre ha saludado a los directores y a redactores de varios continentes.
Francisco ha subido a la segunda planta y ha visitado la redacción de «L’Osservatore Romano» y la capilla, donde ha leído la oración por las Comunicaciones Sociales, que dice así:
Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos
y a encaminarnos en busca de la verdad.
Enséñanos a ir y ver,
enséñanos a escuchar,
a no cultivar prejuicios,
no sacar conclusiones precipitadas.
Enséñanos a ir allí
donde nadie quiere ir
a tomarnos el tiempo para entenderlo,
a prestar atención a lo esencial,
a no dejarnos distraer por lo superfluo..,
a distinguir las apariencias
engañosas de la verdad.
Danos la gracia de reconocer
tus moradas en el mundo
y la honestidad de contar
lo que hemos visto.
Amén
Después, el Papa ha subido a la cuarta planta y desde el estudio 9 de Radio Vaticano ha dirigido un saludo en directo a los oyentes, que ha recogido la Oficina de Prensa de la Santa Sede:
“Gracias por vuestro trabajo, por lo que hacéis. Sólo tengo una preocupación -hay muchos motivos para preocuparse por la Radio, por L’Osservatore Romano-, pero una que me llega al corazón: ¿cuántos escuchan la Radio y cuántos leen L’Osservatore Romano? Porque nuestro trabajo es llegar a la gente: que lo que trabajamos aquí, que es bonito, es grande, es agotador, llegue a la gente, tanto con las traducciones, como también con las ondas cortas, como usted ha dicho… La pregunta que hay que hacerse es: «¿Cuántos? ¿A cuántos llega?», porque existe el peligro – para todas las organizaciones – el peligro de una bella organización, una bella obra, pero que no llegue a donde tiene que llegar… Un poco como la historia del parto del ratón: la montaña que pare el ratón… Todos los días haceos esta pregunta: ¿a cuantos llegamos? ¿Cuántas personas reciben el mensaje de Jesús a través de «L’Osservatore Romano»? Esto es muy importante, ¡muy importante!”
A continuación, visitó el Open Space de la primera planta e inmediatamente se dirigió a la Sala Marconi. Tras el saludo introductorio de Ruffini, el Santo Padre dirigió unas palabras a los redactores presentes.
“Muchas gracias por vuestro trabajo. Estoy contento, os he visto a todos juntos aquí. He visto este Palacio bien arreglado, y esto me agrada. El problema es que este sistema grande y complicado funcione. Me viene a la mente una costumbre en Argentina, cuando alguien era nombrado para un cargo importante, lo primero que hacía era ir a Nordiska, una empresa de interiores, sin mirar su escritorio, su estudio, mandaba que se hiciera todo nuevo, todo perfecto, hermoso. Era la primera decisión que tomaba ese ministro, ese funcionario. Luego, no funcionaba. Lo importante es que toda esta belleza, toda esta organización funcione. Funcionar es ir, caminar… El gran enemigo del buen funcionamiento es el funcionalismo. Por ejemplo, yo soy el jefe de una sección, soy el secretario de esa sección, el jefe. Pero tengo siete subsecretarios. Todo está siempre bien. Alguien tiene una dificultad, va al subsecretario que tiene que resolverla, y éste le dice: «Espera un momento, luego te llamo». Va y llama al secretario… Es decir, son inútiles. Incapaz de tomar decisiones, incapaz de poner algo propio. El funcionalismo es letal. Adormece una institución y la mata. Hay que tener cuidado de no caer en esto: no importa cuántas plazas haya, si ese estudio es bonito o no. Lo que importa es que funcione, que sea funcional, y no una víctima del funcionalismo. Tened cuidado, cuidado con eso. Y cuando algo es funcional, ayuda a la creatividad. Vuestro trabajo debe ser creativo, siempre, e ir más allá, más allá, más allá: creativo. Eso se llama funcionar. Pero si un trabajo está demasiado bien ordenado, al final acaba enjaulado y no ayuda. Esto es lo único que, viendo una organización tan bonita, tan bien hecha, viéndoos a todos juntos, me dan ganas de decir: ¡cuidado! Nada de funcionalismo. Sí, funcional al trabajo, el que tenéis que hacer. Y para que una estructura sea funcional, todos deben tener suficiente libertad para funcionar. Que tenga la capacidad de arriesgarse y no ir pidiendo permiso, permiso, permiso…: esto paraliza. Funcional, no funcionalista. ¿Entendido? Adelante, ánimo. Gracias”.