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Francisco elude mencionar el aborto en su intervención sobre la crisis de la natalidad

Vatican Media
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Según el prestigioso The Lancet, el aborto, en crecimiento sostenido, es ya la primera causa de muerte en el planeta. Pero Su Santidad, en el discurso inaugural de los Estados Generales de la Natalidad promovidos por el Foro de Asociaciones Familiares junto con el primer ministro italiano Mario Draghi, consiguió no mencionar la palabra una sola vez.

En estas páginas hemos defendido que la afirmación de Francisco a comienzos de su pontificado, en el sentido de que los católicos no debíamos “obsesionarnos” con las cuestiones de vida y familia en la lucha cultural es, en algún sentido, razonable. Es evidente que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad no se hizo hombre para predicar que la vida empieza con la concepción y que matar al niño en el vientre de su madre es una atrocidad. Por lo demás, es un concepto de ley natural que cualquiera puede entender sin necesidad de la fe.

Y, sin embargo, es innegable que sonó extraña y produjo un hondo efecto de desánimo en el movimiento católico provida, porque, pese a lo que hemos escrito antes, la Iglesia ha liderado indiscutiblemente estas iniciativas por juzgar, correctamente, que el aborto es una de las peores lacras de nuestro tiempo.

Dicho de otro modo, hay pocos asuntos de ámbito social más claros, urgentes y sangrantes, y la Iglesia Católica es, entre otras cosas más importantes, la conciencia del mundo, la voz profética que denuncia las injusticias que el mundo se niega a ver.

Pero de no ‘obsesionarse’ con el asunto a dirigir un largo discurso a una asamblea centrada en la espantosa crisis demográfica de nuestro tiempo, que deja nuestras sociedades condenadas a la extinción a medio plazo, con una tasa de natalidad muy por debajo de la tasa de sustitución, hay un larguísimo trecho.

«Cada año es como si una ciudad de más de doscientos mil habitantes desapareciera”, explica, gráficamente, el Santo Padre en su discurso. “En 2020 tocó el número más bajo de nacimientos desde la unidad nacional: no sólo por Covid, sino por una tendencia continua y progresiva a la baja, un invierno cada vez más duro».

La asamblea se centra en el caso Italiano, perfectamente asimilable al nuestro y al de toda Europa, y el Papa deploró la situación de “lo que se está convirtiendo en el viejo continente no ya por su gloriosa historia, sino por su avanzada edad». Habló de padres desgarrados entre el trabajo y la familia, de abuelos como botes salvavidas, y sentenció que «para que el futuro sea bueno, es necesario, por tanto, atender a las familias, especialmente a las jóvenes, asaltadas por preocupaciones que corren el riesgo de paralizar sus proyectos de vida».

Incluso criticó la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga. «¿Cómo es posible que una mujer sienta vergüenza por el regalo más hermoso que la vida puede ofrecer? No la mujer, sino la sociedad debería avergonzarse, porque una sociedad que no acoge la vida deja de vivir. Los niños son la esperanza que hace nacer a un pueblo».

¿No era la ocasión perfecta, lógica, natural, para recordar que nuestras civilizaciones dan por bueno el procedimiento de masacrar esa “esperanza” en el vientre mismo de sus madres, ese “regalo más hermoso que la vida puede ofrecer”? En Latinoamérica, su Latinoamérica, se produce ya un aborto por cada tres embarazos y es la región del planeta donde más está creciendo esta plaga. ¿Y ni siquiera una mención de pasada, un párrafo, una frase; pronunciar la palabra?

Esta semana, la carta de la Ladaria tratando de frustrar un documento del episcopado norteamericano sobre negar la comunión a los políticos que defienden y aprueban leyes abortistas insistía en que la palabra “preeminente” aplicada a la gravedad del aborto podía malinterpretarse en el sentido de convertirlo en problema único. No creemos que los fieles sean tan estúpidos como para no entender su propio idioma. Pero en este caso no es que el asunto del aborto sea “preeminente”; es que parece haber desaparecido de la agenda pastoral.

Les ofrecemos el discurso del Papa, publicado en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Queridos hermanos y hermanas

        Os saludo cordialmente y agradezco al presidente del Foro de Asociaciones Familiares, Gianluigi De Palo, la invitación y sus palabras de presentación. Doy las gracias al Dr. Mario Draghi, presidente del Gobierno, por sus palabras claras y esperanzadoras. Os  doy las gracias a todos vosotros que reflexionáis hoy sobre el tema urgente de la natalidad, fundamental para invertir la tendencia y volver a poner en marcha Italia, empezando por la vida, empezando por el ser humano. Y está bien que lo hagáis juntos, involucrando a las empresas, los bancos, la cultura, los medios de comunicación, el deporte y el espectáculo. En realidad, hay muchas otras personas aquí con vosotros: hay sobre todo jóvenes que sueñan. Los datos dicen que la mayoría de los jóvenes quieren tener hijos. Pero sus sueños de vida, brotes de renacimiento del país, chocan con un invierno demográfico todavía frío y oscuro: sólo la mitad de los jóvenes cree que podrá tener dos hijos en el transcurso de su vida.

        Así, Italia se encuentra desde hace años con el menor número de nacimientos de Europa, en el que está convirtiéndose en el viejo continente no ya por su gloriosa historia, sino por su avanzada edad. Este país nuestro, en el que cada año es como si desapareciera una ciudad de más de doscientos mil habitantes, alcanzó en 2020 el número más bajo de nacimientos desde la unidad nacional: no sólo por la Covid, sino por una continua y progresiva tendencia a la baja, un invierno cada vez más duro.

        Y sin embargo, todo esto no parece haber atraído todavía la atención general, centrada en el presente y en lo inmediato. El presidente de la República ha reiterado la importancia de la natalidad, que ha definido como «el punto de referencia más crítico de esta temporada», afirmando que «las familias no son el tejido conectivo de Italia, las familias son Italia» (Audiencia al Foro de Asociaciones Familiares, 11 de febrero de 2020). ¡Cuántas familias en estos meses han tenido que hacer horas extras, dividiendo sus hogares entre el trabajo y la escuela, con los padres haciendo de profesores, técnicos informáticos, operadores, psicólogos! ¡Y cuántos sacrificios se piden a los abuelos, los verdaderos botes salvavidas de las familias! Pero no sólo:  ellos son la memoria que nos abre al futuro.

        Para que el futuro sea bueno, debemos ocuparnos de las familias, sobre todo de las jóvenes, acosadas por preocupaciones que corren el riesgo de paralizar sus proyectos de vida. Pienso en el desconcierto que provoca la incertidumbre del trabajo, pienso en los miedos que provocan los costes cada vez menos asequibles de la crianza de los hijos: son miedos que pueden engullir el futuro, son arenas movedizas que pueden hundir una sociedad. También pienso, con tristeza, en las mujeres a las que en el trabajo se les disuade de tener hijos o que tienen que ocultar su vientre. ¿Cómo es posible que una mujer tenga que avergonzarse del regalo más hermoso que puede ofrecer la vida? No la mujer, sino la sociedad debería avergonzarse, porque una sociedad que no acoge la vida deja de vivir. ¡Los hijos son la esperanza que hace renacer a un pueblo! Por fin, en Italia se ha decidido convertir en ley una subvención, definida como única y universal, para cada niño que nazca. Expreso mi agradecimiento a las autoridades y espero que esta subvención responda a las necesidades reales de las familias, que han hecho y hacen tantos sacrificios, y marque el inicio de reformas sociales que pongan a los hijos y a las familias en el centro. Si las familias no están en el centro del presente, no habrá futuro; pero si las familias vuelven a ponerse en marcha, todo vuelve a funcionar.

        Quisiera ahora fijarme precisamente en la reanudación y proponeros tres reflexiones que espero sean útiles de cara a una esperada primavera que nos saque del invierno demográfico. La primera reflexión gira en torno a la palabra regalo. Todo regalo se recibe, y la vida es el primer regalo que cada uno ha recibido. Nadie puede dárselo a sí mismo.  En primer lugar, hubo un don. Es un antes que olvidamos en el transcurso de la vida, siempre empeñados en mirar al después, a lo que podemos hacer y tener. Pero ante todo hemos recibido un don y estamos llamados a transmitirlo. Y un hijo es el mayor de los regalos para todos y está por encima de todo. A un hijo, a todo hijo, le acompaña esta palabra: primero. Al igual que a un niño se le espera y se le ama antes de que vea la luz, nosotros debemos dar prioridad a los hijos si queremos volver a ver la luz después del largo invierno. En cambio, «la falta de hijos, que provoca un envejecimiento de las poblaciones, junto con el abandono de los ancianos a una dolorosa soledad, es un modo sutil de expresar que todo termina con nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales.» (Carta encíclica, Fratelli tutti, 19). Hemos olvidado la primacía del don, -¡la primacía del don!- código fuente de la vida en común.  Ha ocurrido sobre todo en las sociedades más ricas y consumistas. Vemos, en efecto, que donde hay más cosas, suele haber más indiferencia y menos solidaridad, más cerrazón y menos generosidad. Ayudémonos a no perdernos en las cosas de la vida, para redescubrir la vida como sentido de todas  las cosas.

        Ayudémonos mutuamente, queridos amigos, a redescubrir el valor de dar, el valor de elegir la vida. Hay una frase del Evangelio que puede ayudar a cualquiera, incluso a los que no creen, a orientar sus decisiones. Jesús dice: «Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6,21). ¿Dónde está nuestro tesoro, el tesoro de nuestra sociedad? ¿En los hijos o en las finanzas? ¿Qué nos atrae, la familia o la facturación? Hay que tener el valor de elegir lo que más nos importa, porque allí es donde se atará el corazón. La valentía de elegir la vida es creativa, porque no acumula ni multiplica lo que ya existe, sino que se abre a la novedad, a las sorpresas: toda vida humana es una verdadera novedad, que no conoce un antes y un después en la historia. Todos hemos recibido este don irrepetible, y los talentos que tenemos sirven para transmitir, de generación en generación, el primer don de Dios, el don de la vida.

        La segunda reflexión que me gustaría brindaros está relacionada con esta transmisión. Gira en torno a la palabra sostenibilidad, una palabra clave para construir un mundo mejor. A menudo hablamos de sostenibilidad económica, tecnológica,  medioambiental etc.. Pero también tenemos que hablar de la sostenibilidad generacional. No podremos alimentar la producción y proteger el medio ambiente si no prestamos atención a las familias y los hijos. El crecimiento sostenible pasa por aquí. La historia nos  los enseña. Durante las fases de reconstrucción que siguieron a las guerras que devastaron Europa y el mundo en siglos pasados, no hubo reinicio sin una explosión de nacimientos, sin la capacidad de infundir confianza y esperanza en las generaciones más jóvenes. También hoy nos encontramos en una situación de reinicio, tan difícil como llena de expectativas: no podemos seguir modelos de crecimiento miopes, como si todo lo que se necesitara para preparar el mañana fueran unos cuantos ajustes apresurados. No, las dramáticas cifras de natalidad y las aterradoras cifras de la pandemia exigen cambios y responsabilidad.

        Sostenibilidad rima con responsabilidad: es el tiempo de la responsabilidad para que florezca la sociedad. Aquí, además del papel principal de la familia, es fundamental la escuela . No puede ser una fábrica de nociones que se vierten sobre los individuos; debe ser el momento privilegiado del encuentro y del crecimiento humano. En la escuela  no se madura sólo mediante las notas, sino a través de las caras que se conocen. Y para los jóvenes es esencial entrar en contacto con modelos elevados que formen tanto los corazones como las mentes. En la educación, el ejemplo hace mucho, también pienso en el mundo del espectáculo y el deporte. Es triste ver modelos que sólo se preocupan por parecer, siempre bellos,  jóvenes y en forma. Los jóvenes no crecen gracias a los fuegos artificiales de la apariencia, maduran si se sienten atraídos por quienes tienen el valor de perseguir grandes sueños, de sacrificarse por los demás, de hacer el bien al mundo en que vivimos. Y mantenerse joven no pasa por hacerse selfies y retocarse, sino por poder reflejarse un día en los ojos de los hijos. A veces, en cambio, el mensaje que se transmite es el de que realizarse significa ganar dinero y tener éxito, mientras que los hijos parecen casi una excepción, que no debe obstaculizar las aspiraciones personales. Esta mentalidad es una gangrena para la sociedad y hace insostenible el futuro.

        La sostenibilidad necesita un alma, y este alma, – la tercera palabra que os propongo  es la solidaridad.  Y también a ella le asocio un adjetivo: así como necesitamos una sostenibilidad generacional, necesitamos una solidaridad estructural. La solidaridad espontánea y generosa de muchas personas ha permitido a muchas familias salir adelante en estos tiempos difíciles y hacer frente a la creciente pobreza. Sin embargo, no podemos quedarnos en el ámbito de lo urgente y lo temporal, tenemos que dar estabilidad a las estructuras que apoyan a las familias y ayudan a los nacimientos. Son indispensables una política, una economía, una información y una cultura que promuevan con valentía la natalidad.

        En primer lugar, necesitamos políticas familiares de largo alcance y con visión de futuro: no basadas en la búsqueda de un consenso inmediato, sino en el crecimiento del bien común a largo plazo. Aquí radica la diferencia entre gestionar los asuntos públicos y ser buenos políticos. Es urgente ofrecer a los jóvenes garantías de un empleo suficientemente estable, seguridad para sus hogares e incentivos para no abandonar el país. Es una tarea que también concierne de cerca al mundo de la economía: ¡qué maravilloso sería ver aumentar el número de empresarios y empresas que, además de producir utilidades, promueven la vida, que se cuidan de no explotar nunca a las personas con condiciones y horarios insostenibles, que llegan a distribuir parte de las ganancias a los trabajadores, con el fin de contribuir a un desarrollo impagable, el de las familias! Es un reto no sólo para Italia, sino para muchos países, a menudo ricos en recursos, pero pobres en esperanza.

        La solidaridad debe declinarse también en el precioso servicio de la información, que tanto influye en la vida y en la forma de contarla. Está de moda utilizar palabras fuertes, pero el criterio para formar informando no es la audiencia, no es la polémica, es el crecimiento humano. Necesitamos una «información de tamaño familiar», en la que la gente hable de los demás con respeto y delicadeza, como si fueran sus propios parientes. Y que al mismo tiempo saque a la luz los intereses y tramas que perjudican el bien común, las maniobras que giran en torno al dinero, sacrificando a las familias y a las personas. La solidaridad llama también al mundo de la cultura, el deporte y el espectáculo a fomentar y potencien la natalidad. La cultura del futuro no puede basarse en el individuo y en la mera satisfacción de sus derechos y necesidades. Urge  una cultura que cultive la química del conjunto, la belleza del dar, el valor del sacrificio.

        Queridos amigos, por último me gustaría decir la palabra más sencilla y sincera: gracias. Gracias por los Estados Generales de la Natalidad, gracias a cada uno de vosotros y a todos los que creen en la vida humana y en el futuro. A veces os sentiréis como si estuvierais gritando en el desierto, luchando contra molinos de viento. Pero id adelante, no os rindáis, porque es hermoso soñar el bien y construir el futuro. Y sin natalidad no hay futuro. Gracias.

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44 comentarios en “Francisco elude mencionar el aborto en su intervención sobre la crisis de la natalidad
  1. El designio persistente de este señor es la traición más grande que se ha hecho al evangelio y al cuidado de Dios por sus criaturas humanas desde Lutero.

  2. A Francisco solo le interesa hablar del cambio climático, de la diosa Pachamama, y cosas así. La dignidad y la vida humana no van con él.

    1. Es sólo aquello por lo que te ponen cámaras y pantallas gigantes, que en lo que se resume su «pontificado». Menudo legado y menuda ganancia los de este «mahatma» del tres al cuarto, qué alma más escuchimizada…

    2. Me ha costado mucho reconocerlo, pero he llegado a la triste conclusión de que es uno de los agentes del Nuevo Orden Mundial, totalmente opuesto al cristianismo y a la existencia de Dios alguno. Y que cuando habla de Dios solo hace teatro.
      Afortunadamente tenemos a Benedicto.

      1. Yo también lo pienso Blanca, desgraciadamente cuando nos deje Benedicto, y quede Francisco con las manos libres, será más penoso que ahora.

      1. El tal Miguel otro como el tal Marcos, que seguramente sea el mismo, la misma o el misme…….no se sabe si es tonto porque es comunista o si es comunista porque es tonto….

        1. Ni lo uno ni lo otro.
          A caso sabes de alguien que queriendo tener hijos aborta?
          A caso no crees que para fomentar tener hijos tenemos que fomentar la paternidad deseada?
          El que quiera abortar aportará independientemente de la legislación ya que desde hace siglos hay métodos para abortar sin la intervención quirúrgica y algunas abortaron incluso cuando ponían en riesgo su vida.

          1. La dignidad ontológica de un ser humano y su derecho a la vida está por encima de cualquier deseo o capricho de otro ser humano.
            Muy por encima.
            Por encimísima.

          2. Por vuestros comentarios parece que no tengamos que fomentar el deseo de ser padres y ayudar a las familias a que así sea.
            Si se desea tener hijos no se desea matarlos.

          3. Bien dicho, Miguel. Que Dios actúa a través de las causas segundas. Dios quiere la paternidad y maternidad responsables. No es una verdad católica lo de: Vamos a tener los hijos que Dios nos mande… Dios no manda hijos. Ellos han de ser el fruto de un acto de amor íntimo de la pareja, en el fruto de lo cual Dios insufla el alma humana. Y no me salgan con que niego el acto creador de Dios. Lean bien, please!

  3. Dice el Señor: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,15). Es evidente que un Papa que deliberadamente calla ante el genocidio del aborto, ni viene de Dios ni conduce a Él. Francisco no es dócil al Espíritu Santo, y no acerca las almas a la verdad, sino a su ideología, coincidente con el pensamiento del NOM. Los católicos tienen que despertar, y desenmascarar este penoso pontificado.

    1. El discurso del Papa Francisco es autorreferencial, (citándose su propia Fratelli Tutti), y con graves errores. Por ejemplo, parece poner la familia al servicio del medio ambiente cuando dice: “No podremos…proteger el medio ambiente si no prestamos atención a las familias.” Como si el hombre estuviera al servicio de la naturaleza, cuando es al revés.

    2. Además, cae en tópicos alejados de la realidad cuando habla de “aterradoras cifras de la pandemia”, cuando el covid ha causado menos muertos que la gripe del 2019.

        1. El otro día se refirió el orate de Sánchez a la pandemia como la mayor calamidad mundial en cien años y es mentira, como todo lo de estos Pinochos.

        2. Miguel: Se calcula que la gripe en 1918 mató entre 20 y 40 millones de personas en el mundo, mientras que el covid 19 sólo ha provocado algo más de 3 millones en todo el mundo.
          El número de muertos en España por todo tipo de enfermedades en 2019 fue de 418.703, mientras que el covid 19 hasta la fecha sólo ha acumulado en España 79.281, lo que se sitúa en torno a un 15% del total de las muertes de un año.

          1. Negar la COVID y las muertes que ha causado es propio de gente sin formación y encerrada en su bienestar de pijo burgues bien alimentado y cama mullida.

            Quizás debería de darse un paseo por Brasil o la India antes de decir semejante burrada.

            No tiene ni idea; y las cifras que da, no son correctas.

        3. En cualquier sitio lo encuentras; moléstate en buscarlo. Pero te daré un adelanto: se cree que en la gripe del 18 murieron alrededor de 80 millones de personas. Por cierto, muchos soldados después de acabar la guerra, gracias a la vacuna que les puso Rockefeller «para que no contagiaran a sus familiares al volver a casa». Cayeron como chinches, aunque a sus familias les dijeron que habían muerto en combate.
          Lee más y pregunta menos.

      1. Una vez más debo denunciar la enorme falsedad de lo que afirma: decir que se ha muerto de la COVID menos que de la gripe cuando es una pandemia mundial -muriendo ahora mismo oleadas de gente en la India- revela una personalidad muy peligrosa, impropia de quien se autorreferencia como «sacerdote».

        1. No están muriendo tantos en India; en proporción con España, muchos menos. Menos lobos. Aparte de que están cayendo los vacunados, que antes de las vacunas no había casi contagios.

          1. Exactamente Blanca. Los negacionistas son ellos, porque niegan la realidad. El virus chino no era el objetivo principal a utilizar por el NOM, simplemente era un medio para aterrorizar. El VERDADERO OBJETIVO ERA LA VACUNACIÓN de miles de millones de personas que a partir de la misma serán sensibles a las enfermedades virales que ellos deseen. Irán reduciendo la población mundial a su antojo, así como la fertilidad de la misma.

  4. Después de leer alguno de sus artículos, entiendo porqué el sacerdote de la parroquia, cuando llegaba el semanario Alba, lo tiraba directamente a la basura.

  5. Un silencio cómplice que socapa un tema muy importante , parece que para el papa el aborto no existe.
    O simplemente no le conviene la mención debido a que más que estar en contra pareciera estar a favor, me cuesta creer qué haya gente que lo defienda.

  6. 1@ causa de muerte en el planeta…bufff; es muy fuerte este tema. Tendria que hablar de esto antes de nada, ya que le preocupa tanto la humanidad, por delante de los migrantes y las guerras si es que las cifras son así.

  7. El Papa ha condenado en múltiples ocasiones el aborto.

    En este discurso defiende el derecho a la vida y la necesidad de promover políticas natalistas.

    Está en territorio «enemigo» y utiliza una argumentación sútil pero incontestable a favor de la natalidad. Dice, sin decir, para poder convencer a los demás. Sólo con mencionar «aborto» muchos se hubieran bloqueado mentalmente y se hubiesen cerrado en banda.

    Pero es evidente que condena políticas abortistas y antinatalistas.

    San Pablo utilizó un método similar cuando habló a los gentiles griegos. No fue a «saco» a condenar a sus dioses. Seguro que también fue machacado por los judaizantes que le exigirían claridad y lanzamiento de anatemas.

    Muchas veces se consigue convencer al enemigo a través de la argumentación y no usando el martillo y las condenas.

    San Pablo lo mostró; y es nuestra Tradición.

    1. Igualito que San Pablo, claro.
      Es pura cobardía y me temo que, aún peor, complicidad.
      Qué le parece el lenguaje reciente de la CDF hablando de «pro-elección» para referirse al aborto? A mí me parece una escandalosa connivencia.
      Si el Papa en un foro sobre la natalidad no hace ni una alusión al aborto, no lo hace como estrategia para evangelizar; lo hace para eludir pronunciarse con contundencia, minimizar el aborto y colabora implícitamente con ese plan globalista.
      Si ud. no lo ve está ciego y si no lo quiere ver, es un papólatra. En el caso de que esa defensa acrítica de un Papa, solo le haya pasado con Francisco, es un franciscólatra.

      1. Totalmente de acuerdo Don Vito. Más de mil mi llones de niños descu artizados vi vos en tan solo cuatro décadas y ni una mención a tal crimen de la humanidad cuando habla de natalidad. INCREÍBLE.

      2. No estoy de acuerdo con tu interpretación.

        Yo lo veo como una manera de hablar de la natalidad resaltando aspectos positivos. Y para mi se parece a el método usado por San Pablo en el Areópago.

        Que la Iglesia condena el aborto es tan evidente; el Papa ha hablado en múltiples ocasiones sobre el aborto, condenándolo, por lo que no tiene sentido argumentar que lo apoya. Simplemente es mentira.

        Pero que vais a decir los tradicionalistas si vuestro objetivo es derribar al Papa. Os ciega vuestra estrategia.

        Lo de Papolatría es el típico insulto tradicionalista para desprestigiar. Pero no adoramos al Papa, pues sólo adoramos a Dios, lo que hacemos es adherirnos con humildad a sus enseñanzas tal como nos dice el magisterio que debemos.

        Lo que si se ve por aquí es lefebvrelatría a raudales.

  8. Se le debe haber escapado el detalle…

    No coincido con lo que dice Carlos Esteban respecto a que Nuestro Señor Jesucristo, que es Dios y todo lo sabe, no haya predicado ni previsto el genocidio del aborto, un crimen repetido diariamente en todo el mundo hasta la náusea, y que clama al Cielo.

    Lo podemos discernir en el Evangelio de San Mateo, c25, v40:

    《Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.》

    Con los avances de la ciencia, hoy es posible discernir, sin lugar a dudas, cuál es el más pequeño de todos.

  9. Si el Hombre creyera que TODO viene de DIOS, el Lo colocaria por ENCIMA de TODO, como Él nos pide y TODO nos seria dado además: Su manera de AMAR, Su Justicia, Su Respeto a TODOS, y mucho más, por «alguien indefeso» quien tiene DERECHO a nacer.
    TODO es falta a Dios en el corazon; un VERDADERO PADRE NUNCA MATA…
    El Papa debe falar en nombre de DIOS.

  10. Mi no comprender. ¿No quedamos en que hay una superpoblación que el planeta no puede soportar? ¿Por qué quejarse si disminuye? Por otro lado es normal que nuestro globalista pontífice no mencione nada del aborto, porque a la jerarquía católica el tema le importa literalmente un rábano. Lo importante es la casilla de la renta. Para esa publicidad sí hay dinero.

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