Resucitado, la pseudosecuela de «La Pasión» de Mel Gibson

Resucitado, la pseudosecuela de «La Pasión» de Mel Gibson

Nos encontramos en el periodo del año conocido como la Pascua que, comenzando el Domingo de Resurrección, el pasado 4 de abril, terminará el día de Pentecostés, que este año será el 23 de mayo. Por ello, me gustaría traerles la brillante reseña de la película ‘Resucitado’ (Kevin Reynolds, 2016), que podemos encontrar entre las páginas del libro del sacerdote español José María Pérez Chaves: ‘100 películas cristianas’. Aprovecho para recomendarte este magnífico libro en el que encontrarás las 100 películas cristianas que, a juicio de su autor, un páter cinéfilo donde los haya, han dejado mayor impronta a lo largo de la historia del séptimo arte.

Resucitado Jesucristo ha muerto. Sin embargo, después de tres días, sus discípulos afirman que ha vuelto a la vida. Por este motivo, el procurador Poncio Pilato envía a un tribuno que investigue lo sucedido. Lo que no sabe es que este último comenzará un viaje interior que lo llevará a descubrir la verdadera fe. La película «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Cor. 15, 14). Así de contundente es el apóstol san Pablo respecto a la resurrección del Mesías. Y es que, en efecto, si este último hubiera sido solo un buen hombre, un predicador más, su muerte habría pasado a la historia únicamente como el colofón de una vida ejemplar o el parangón de la integridad…, pero nada más. Sin embargo, su resurrección establece que él es de verdad el Hijo de Dios y que, por ello, es igualmente Señor del cielo y de la tierra, de la vida y de la muerte, por lo que está capacitado para resucitarnos a nosotros también (cfr. 1 Cor. 15, 22). Alguien que tiene esta idea muy clara es Pete Shilaimon, productor de la película. En efecto, nacido en Iraq, vivía su fe cristiana en la clandestinidad junto a su familia, pues las leyes musulmanas del país les impedían hacerlo abiertamente. De hecho, cierto día, cuando acompañaba a su madre al mercado, ambos fueron apedreados por los circunstantes, que les habían descubierto el crucifijo que ocultaban en su pecho. Debido a esto, y a que empezaron a ser mal vistos por sus vecinos, decidieron marcharse a Grecia, y de allí, a Estados Unidos, donde Shilaimon se convertiría en cineasta. El visionado de La pasión de Cristo le cautivó, por lo que quiso dedicarse a la producción de filmes católicos; pero el anticristianismo en Hollywood ya había dado la cara, por lo que tuvo que financiar, al principio, cintas de otra índole para abrirse hueco en la industria: The Collection, Black Rock, In Secret, etcétera. Así, no fue hasta diez años después cuando, al fin, pudo encarar su proyecto. Y como no podía ser de otra manera, quiso que esta nueva etapa comenzara con un largometraje dedicado al Mesías, pero ¿cómo superaría al de Gibson, que, además, se había convertido en el título referencial del género religioso?

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  La respuesta le llegó por dos vías: por un lado, mediante la novela El informe de Judea (Stephen Dando-Collins, 2008), donde un magistrado romano se propone demostrar la falsedad de la resurrección de Cristo cuarenta años después de que esta haya tenido lugar; por el otro, a través de la cinta italiana En busca de la tumba de Cristo (Giulio Base, 2006) –remake de la también italiana Una historia que comenzó hace 2000 años (Damiano Damiani, 1986)–, en la que el emperador Tiberio ordena una investigación similar. Uniendo, pues, ambos argumentos, ideó una historia original, en la que dicha indagación acontecería durante los días inmediatamente posteriores a la Resurrección, convirtiéndose, de este modo, en una pseudosecuela del film de Gibson. La película, dirigida por el reputado autor Kevin Reynolds (Robin Hood, príncipe de los ladrones, Rapa Nui, Waterworld), pretende ser un revulsivo para la sociedad de nuestro tiempo, que presume de haber abrazado el ateísmo, pero sin haberse planteado realmente la pregunta sobre la existencia de Dios. Por este motivo, es un ejercicio de veracidad histórica (la cinta contó con un extenso asesoramiento por parte de biblistas y expertos en Oriente Medio), que muestra, al mismo tiempo, su repercusión en la actualidad, sobre todo en la figura del tribuno: un escéptico Joseph Fiennes, que hace un estudio serio sobre la resurrección del Mesías. Es por ello que el espectador se puede sentir representado y hasta interpelado por este militar romano, que se debate constantemente entre lo que su entorno le obliga a creer y la verdad que se presenta ante sus ojos. De hecho, así lo entendió el público internacional, que le otorgó de inmediato su favor y que la catapultó a lo más alto de la recaudación mundial, obteniendo un total de cuarenta millones de dólares (en Estados Unidos, se situó en la tercera posición del ranking, justo por debajo de Deadpool y Kung Fu Panda 3, que partían como favoritas). No suscitó, empero, el interés de la crítica especializada, que vio en ella un ejercicio de proselitismo trasnochado. Aunque ello no fue óbice para que sí concitara la atención de algunos festivales de cine, como el de los Premios MovieGuide, que le otorgó tres nominaciones (entre ellas, el Premio Epifanía a la cinta más inspiradora, que finalmente le sería concedido a The Young Messiah, inédita en España)[1]. ¿Qué podemos aprender de ella? Volviendo a la aseveración de san Pablo con la que comenzábamos estas líneas, debemos insistir en que, en efecto, si la resurrección de Cristo no hubiera tenido lugar, de nada nos serviría creer en él. Su ejemplo de vida pasaría hoy como el de cualquier hombre íntegro, que ha preferido morir antes que renunciar a sus ideales: de este modo, una persona puede acogerse al modelo que le ofrece o no, puesto que, tras morir, llegará su acabamiento y será recordado (o no) como alguien que quiso parecerse a él. Sin embargo, al creer verdaderamente en que Cristo resucitó, sabemos que su ejemplo de vida nos otorga la eternidad. Prueba de ello son el productor de la cinta y su familia, que no renunciaron a su fe en Jesús, pese a que esto les habría ayudado a encajar mejor en la sociedad islámica que los rodeaba y no habrían tenido que padecer los insultos y los ataques de sus vecinos. Por desgracia, no existen pruebas físicas de su resurrección, sino que esta ha de ser admitida solo en el terreno de la fe. Ciertamente, hoy podemos encontrar retazos de este milagro en la Sábana Santa de Turín o en el Santo Sudario de Oviedo, pero, al no ser concluyentes, no se suelen aportar como evidencias. Sí existen, en cambio, testimonios escritos que nos hablan de ella y que fueron recogidos casi contemporáneamente al hecho; es el caso del Evangelio de san Marcos, escrito en el año 70, que se hace eco del encuentro de Jesús resucitado con las Santas Mujeres (cfr. Mc. 16, 1ss), o de la Primera Carta a los Corintios, datada en el año 53, que dice así: «Porque yo os trasmití, en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y, más tarde, a los Doce; que después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como un aborto, se me apareció también a mí» (1 Cor. 15, 3-8). [1]        La gala de Premios MovieGuide tiene lugar todos los años en Hollywood a la par que la de los Óscar. Su función es premiar las cintas cristianas más destacadas o aquellas que presentan valores religiosos. Por ello, sus galardones son conocidos como los “Óscar cristianos”. Esta reseña, y 99 más, las pueden encontrar en el libro ‘100 películas cristianas’, publicado por Homo Legens.  

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