(Giulia Tanei/Il Timone)- Su nombre es Paul Cullen, tiene 60 años y es irlandés. Especialista en Medicina Interna y Medicina de Laboratorio, químico clínico, es profesor adjunto en la Westfälische Wilhelms-Universität de Münster, director del MVZ-Labors de la misma ciudad y presidente de “Ärzte für das Leben”, es decir, de “Médicos por la vida”.
De él ya hablamos hace unos meses, de su perplejidad acerca de la legalidad de la vacuna contra la Covid de Moderna, obtenida «del riñón de un niño que probablemente fue abortado en 1972 en la vigésima semana de gestación»: ¿el hecho de usar ese tejido es, para un católico, un acto éticamente neutro o no?, se preguntó entonces Cullen, indicando que, en este caso, la pregunta tiene mayor resonancia.
Volvemos ahora a hablar de él porque este profesor provida ha acabado durante unas semanas en la trituradora de los medios políticamente correctos, acusado por el “Comité General de Estudiantes” (AStA) y el “Kritische Mediziner*innen Münster” –informa el Tagespost– de «misoginia», «antisemitismo estructural», «teorías de la conspiración», de tener «puntos de vista anti-feministas y anti-emancipatorios» y de «representar ideologías conservadoras y fundamentalistas que malinterpretan deliberadamente y evaluar de nuevo, intencionadamente, los descubrimientos científicos», además de formar parte de los «negacionistas del virus».
En definitiva, lo que está en tela de juicio son las opiniones de Cullen sobre la cuestión del inicio de la vida, que según él –como según toda la comunidad científica– empieza con la concepción, y sobre la gestión médico-científica de la pandemia del Covid-19: cuestiones que el docente no ha tratado en el aula, donde se ocupa de temas relacionados con la diabetes y los trastornos del metabolismo lipídico pero que, a pesar de eso, llevó a sus acusadores a pedir que se le retire la cátedra que ocupa en la universidad.
A estos ataques Cullen ha respondido con una carta abierta a los estudiantes fechada 5 de febrero (aquí es posible leerla íntegramente en alemán), en la que precisa los términos de la cuestión y, apelando al sentido común de los estudiantes, destaca la falsedad intencionada de quienes le atacan, sobre todo, por ser presidente de “Ärzte für das Leben”. Después, el profesor insta a sus alumnos: «Estoy seguro», dice, «de que lo normal es esperar que aprendas algo de mí sobre la diabetes y que yo tenga una opinión diferente a la tuya sobre otro argumento. Defiéndete de la prohibición. El activismo de tus compañeros de estudios es presuntuoso. Enfréntate a ese discurso de ideas que no te pertenecen, para ampliar tus conocimientos y fortalecer tu poder argumentativo. Pon en su sitio a todos los que quieren controlar tus pensamientos».
Una exhortación, esta, aceptada y avalada por un grupo de estudiantes de la WWU, que lanzaron una petición en línea para apoyarla, y que para explicarla escriben: «Las opiniones del profesor Cullen no siempre coinciden con las del gran público. Hace mil años, filósofos y médicos debatieron la cuestión de cuándo comienza la vida y probablemente nunca habrá un consenso final al respecto. La universidad, al contrario, se dedica a la ciencia libre. Debe garantizarla en todo momento y sin restricciones. Debe haber opiniones divergentes y diversidad cultural. La ciencia vive de esto. Por tanto, siempre debe existir la posibilidad de poder llevar a cabo un discurso controvertido y libre».
En definitiva, el caso del profesor Cullen, que se viene arrastrando desde hace semanas y que aún da pie a la discusión, en realidad llega mucho más allá de las fronteras alemanas, aunque los medios italianos prefieren no hablar de ello. Lo que emerge es que la libertad de opinión y expresión se ven cada vez más amenazadas cuando nos atrevemos a desafiar la mentalidad dominante relacionada con temas sensibles (como el aborto, la homosexualidad, el cambio de sexo…), y que todo pretexto se convierte en una ocasión para invocar la “mordaza” contra quienes no siguen la corriente. Sin embargo, como escribe el profesor, es normal que no todos pensemos de la misma manera, pero no debemos ver esto como un límite, sino como un estímulo para continuar cada vez más profundamente en la búsqueda de la verdad.
Publicado por Giulia Tanei en Il Timone.
Traducido por Verbum Caro en InfoVaticana.