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El legado de Joseph Coutts, gran defensor de los cristianos perseguidos

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(Tempi)- El arzobispo de Karachi, que ha cumplido 75 años, ha presentado su dimisión. Jamás retrocedió ante el extremismo islámico en Pakistán y nos ha enseñado cómo se dialoga realmente con los musulmanes.

«Vosotros, los periodistas occidentales, ¿sabéis cuál es vuestro problema? Creéis que todos deberían saberlo todo. Pero la realidad es que todavía no entendéis la mentalidad de los fanáticos islámicos». Joseph Coutts nunca ha puesto en aprietos a un cristiano para lucirse ante la prensa y, a la vez que promovía un verdadero diálogo interreligioso con los musulmanes, jamás permitió (como suelen hacer los occidentales) que se subestimen las derivas a las que puede conducir el islam.

La dimisión

El papa Francisco ha aceptado hace unos días la dimisión del cardenal paquistaní y arzobispo de Karachi, la ciudad con la presencia católica más importante del país (200.000 personas), que ha cumplido 75 años y ha nombrado como su sucesor a monseñor Benny Mario Travas, de 54 años. Coutts, que presidió la Conferencia Episcopal de Pakistán de 2011 a 2017 y la Cáritas local de 1998 a 2017, es un paladín de la fe y la defensa de los cristianos perseguidos.

Fue en 2019 cuando nos contestó de mala manera a una pregunta sobre Asia Bibi, que en ese momento había sido liberada pero seguía obligada a esconderse de los extremistas a la espera de conseguir luz verde para exiliarse a Canadá. Para explicar por qué no podía hablar de ella, nos contó esta historia: «Hace quince años, un chiquillo cristiano fue acusado de blasfemia: a pesar de ser analfabeto, le culparon de hacer unas pintadas que ofendían a Alá en el muro de una mezquita. Es evidente que todo fue un montaje y, tras ser condenado en primera instancia, fue absuelto por un valiente juez del Tribunal Supremo. Finalizado el juicio, unos fanáticos apostados en el exterior del tribunal dispararon a los tíos del niño, hiriendo a uno y matando a otro. La familia, cristiana, tuvo que ocultarse para evitar que la mataran y, posteriormente, tuvo que exiliarse en secreto a Alemania. Cuando la noticia de la expatriación llegó a los periódicos, los fanáticos se enfurecieron y poco después el juez que había absuelto al niño fue asesinado. Los periódicos apenas escribieron nada sobre este asesinato. A veces lo único que puedes hacer es callar».

Paladín de la defensa de los cristianos perseguidos

Nacido en Amritsar, la India británica, el 21 de julio de 1945, Coutts fue ordenado sacerdote en Lahore el 9 de enero de 1971. Tras completar sus estudios en Roma fue profesor de filosofía y sociología en el seminario regional Christ the King en Karachi y, más tarde, rector del seminario menor St Mary, en Lahore. En 1990 fue nombrado obispo de Hyderabad por san Juan Pablo II y en 1998 obispo de Faisalabad. En 2012, Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Karachi y en 2018 el papa Francisco lo nombró cardenal.

Coutts siempre ha destacado por la defensa de los cristianos perseguidos en Pakistán, considerados «ciudadanos de segunda clase» y discriminados en todos los ámbitos de la vida social. Empezando por la escuela: «En los libros de texto se nos describe de manera negativa», explicó. «En la escuela enseñan que todos los paquistaníes son musulmanes y por eso nos consideran extranjeros o traidores. En los institutos ocurre incluso que a los estudiantes se les diga que redacten un texto titulado: “Invita a un amigo tuyo no musulmán a convertirse al islam”».

El cardenal siempre ha defendido a las víctimas de la ley “negra” sobre la blasfemia, «de la que se abusa para llevar a cabo venganzas personales», y ha luchado en defensa de las numerosas niñas cristianas secuestradas por musulmanes, obligadas a convertirse al islam y a casarse con sus secuestradores.

Promotor del «verdadero» diálogo interreligioso

Desde que fue nombrado obispo de Hyderabad, Coutts también ha promovido un verdadero diálogo interreligioso con los musulmanes (por eso en 2007 le fue otorgado el Shalom Prize), algo completamente diferente al diálogo vacío e inútil que se celebra en las salas de conferencias y que tanto gusta a Occidente. «No me gustan las reuniones en las que se invita a hablar a un católico y un musulmán», explica a Tempi. «Porque en esas ocasiones nosotros mostramos lo abiertos que somos, ellos explican que el islam es una religión de paz y después todos vuelven a casa sin que nada haya cambiado. El único diálogo posible es hacer las cosas juntos, pero puede ser muy peligroso».

Para comprender lo que quiere decir, es suficiente un ejemplo: «Una vez un amigo musulmán fascinado por la Navidad me pidió que la celebráramos juntos. Le propuse hacerlo en una madrasa y me contestó que era imposible. Así que lo envié a hablar con un imam amigo mío, muy abierto, que aceptó. La reunión fue muy bien, pero tres días después el imán, este amigo musulmán -que dirige un ONG- y yo, recibimos la misma carta que decía: “Oh, perros, cerdos, ¿qué es lo que pretendéis hacer? Os arrancaremos la lengua y os mataremos”. El imán llamó de inmediato a la policía enfadado, pero ni a él ni a mí nos pasó nada. En cambio, a mi amigo no le fue tan bien: unos días después aparecieron en su oficina tres matones, afortunadamente él no estaba, y la destrozaron gritando a los demás trabajadores: “Decidle que le encontraremos y le mataremos”. De momento sigue vivo, pero esa es la mentalidad de Pakistán. Los fanáticos siempre están dispuestos a matar».

 

La calidad de la sal

Coutts siempre ha reiterado que la mayoría de los musulmanes en Pakistán no son extremistas y muchos de ellos, ante los casos de blasfemia ingeniosamente construidos, que conducen a una violencia sin precedentes en nombre de Mahoma y Alá, empiezan a decir: «Esto no puede ser el islam». Desafortunadamente, debido a la influencia de Arabia Saudí («muchos imames van a Riad a estudiar teología y cuando regresan enseñan que la música y la danza están prohibidas»), «Pakistán corre seriamente el riesgo de convertirse en un Estado islámico. Los extremistas rechazan la democracia y la declaración de derechos humanos cada vez con más fuerza».

A pesar de la dramática situación, el cardenal Coutts siempre ha indicado el camino sin perder la esperanza: «La Iglesia pakistaní es pequeña pero viva, firme en la fe, siempre capaz de tener esperanza y dar testimonio. Lo que importa no es el tamaño, sino la calidad de la sal que da sabor a todas las cosas». Y no es casualidad que eligiera la palabra “Armonía” como lema episcopal: «Todos somos flores de un mismo jardín y debemos vivir en comunión. Será necesario mucho tiempo para que las cosas cambien en nuestro país, pero ya se vislumbran algunos signos de esperanza». También gracias a él.

Publicado por Leone Grotti en Tempi.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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3 comentarios en “El legado de Joseph Coutts, gran defensor de los cristianos perseguidos
  1. Son de agradecer estas noticias que actualizan información sobre la persecución de los cristianos en el mundo. Sin duda, la perseverancia de esos confesores de la fe y mártires, es un acicate para los católicos de todo el mundo.

  2. Estas noticias son muy buenas porque el caldo de cultivo para los fanáticos es nuestra desintegración como sociedad y como Iglesia.

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