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El retorno de los dioses fuertes

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Bibliotheca Homo Legens publica El retorno de los dioses fuertes, un libro en el que R.R. Reno, editor de la revista católica First Things, analiza las convulsiones políticas que vive el Occidente contemporáneo a la luz del consenso ideológico configurado tras la Segunda Guerra Mundial.

El declive de las afirmaciones fuertes

Los vínculos, las afirmaciones, las creencias e incluso la nación son concebidos por el orden emanado de la Segunda Guerra Mundial como amenazas, como vicios que culminan indefectiblemente en violencia y totalitarismo. Es por eso que, fundado en las ideas de Popper, Hayek, Friedman, etc., ha tratado de erigir sociedades sin patriotismo, sin arraigo, sin tradiciones o, lo que es lo mismo, sin dioses fuertes. Para lograr este difícil objetivo, el nuevo orden ha desplegado todos los medios de los que dispone: desde las universidades hasta las televisiones, pasando por las instituciones, las organizaciones supranacionales y el mercado.

De acuerdo con Popper y Hayek, una cultura antitotalitaria exige renunciar a las convicciones firmes que despiertan lealtades fuertes. El comité de Harvard deseaba mantener la tradición al tiempo que moderaba su autoridad, cambiando la verdad por el sentido, la convicción por el juicio crítico. Y resulta que el materialismo antimetafísico de las ciencias sociales es crucial para ese cambio. Las explicaciones reduccionistas de las ciencias sociales neutralizan el poder existencial de la verdad. Creencias y convicciones se transforman en preferencias e intereses. Como consecuencia de esto, a finales del siglo veinte, la relevancia político-cultural de las ciencias sociales, la neurociencia y la sociobiología, lejos de contradecir la preocupación de las humanidades por la raza, la clase y el sexo, servía para promoverla. Reducir la condición humana a intereses económicos o «genes egoístas» a tiene el mismo efecto cultural que el multiculturalismo. Ambos desencantan y debilitan, sirviendo así a los ideales de una sociedad abierta.

El antidogmatismo como único dogma

Los teóricos de la sociedad abierta proclaman como dogma el antidogmatismo y no articulan más afirmaciones que las encaminadas a censurar las afirmaciones. A su vez, sustituyen la tradicional noción de “comunidad” por una de “sociedad” como amalgama informe de individuos y reducen la política a la mera gestión de intereses particulares:

El establishment político de la posguerra, lo mismo de centroderecha que de centroizquierda, ha adoptado la visión de consenso de que este «debilitamiento» debe ser incentivado. Nos hace menos propensos a unirnos en apoyo de lealtades colectivas que alimentan una política agresiva, proclive al conflicto y conducente a medidas opresoras.

(…)

La cultura política de Occidente se ha vuelto políticamente inerte, quedando reducida a la gestión tecnocrática de utilidades privadas y libertades personales.

El auge de los dioses fuertes

El dominio de las sociedades abiertas y la primacía de las ideas que las fundamentan se ha prolongado durante décadas, pero el autor sostiene que asistimos a su debilitamiento. La aparición de los populismos, el brexit y la elección de Trump se nos presentan como evidencias que sustentan su afirmación. Todos esos fenómenos implican una vuelta a los ideales y, sobre todo, un non serviam frente a la corrección política. En consecuencia, el establishment contempla lleno de rabia cómo su legitimidad, otrora indiscutida, es hoy ampliamente refutada, y recurre a sus lacayos ―medios de comunicación, instituciones, multinacionales y gobiernos― para tratar de defenderse.

La globalización económica, la ideología de la diversidad y la inmigración masiva gozan del prestigio del debilitamiento y el aligeramiento. Estos potentes imperativos culturales explican por qué el populismo genera hoy tanta ansiedad entre nuestra clase dirigente, hasta el punto de suscitar preocupaciones histéricas por un supuesto retroceso a los años treinta del siglo pasado. El populismo es más que una rebelión contra la subcontratación, la corrección política y el exceso de inmigrantes. Es un rechazo del consenso de la posguerra. Esto aterroriza a nuestra clase dirigente, que ha sido educada en la convicción ahistórica de que los imperativos de la sociedad abierta son la única base legítima para las disposiciones económicas y políticas. Todas las demás alternativas, en opinión de nuestro establishment, nos llevan de vuelta al fascismo. Son caminos de servidumbre.

Retornarán porque así tiene que ser

Al contrario que la creación de las sociedades abiertas, el regreso de los dioses fuertes no exige un plan premeditado ni un proceso dirigido. Aunque existan movimientos que lo impulsen dentro de las instituciones, no requiere de un establishment para triunfar. ¿Por qué? Porque la existencia de los dioses fuertes ―y, por lo tanto, su regreso― responde a la naturaleza humana. En efecto: la lealtad, el arraigo, el patriotismo, la familia o el amor nos corresponden, son connaturales a nuestro ser, y sin ellos no puede haber tal cosa como una comunidad.

El hombre no fue creado para estar solo. No es la calma lo que anhelamos, ni siquiera cuando estamos saciados de placeres sin número. Ansiamos la unión con nuestros semejantes, no sólo en el vínculo matrimonial, sino también en los vínculos cívicos y religiosos. El «nosotros» brota del amor, un poder arrollador que busca reposar en algo más grande que sí mismo.

(…)

La vida pública, la vida doméstica y la vida religiosa: estas son las que Russell Hittinger denominaba las tres «sociedades necesarias». Los dioses fuertes están retornando al dominio público, dando vida al populismo que busca restaurar la nación.

Sobre el autor

Russell Ronald Reno nació en Baltimore (Maryland) en 1959. Episcopaliano de cuna, se convirtió al catolicismo en el año 2004. Desde el 2011 se desempeña como editor de la revista católica First Things, y antes dio clases de Ética y de Teología en la Universidad de Creighton. Autor de libros como Resurrecting the Idea of a Christian Society (Resucitando la idea de una sociedad cristiana) o Fighting the Noonday Devil (Combatiendo al diablo del mediodía), El retorno de los dioses fuertes es su primer libro publicado en español.

10 comentarios en “El retorno de los dioses fuertes
  1. Alguno, en vez de comentar, prefiere alimentar sus obsesiones enfermizas, que, de seguir así, van a resultar incurables. Lo siento por él. Me da mucha pena.

  2. Hay que volver a enarbolar lemas como “Dios y Patria”. Sólo así superaremos la situación de postración al nuevo orden, que quiere fortalecer organismos supranacionales en una nueva forma de totalitarismo de corte dogmático laical anticatólico.

    1. Dios y patria? Luego críticas a Francisco por mezclarse en política.
      Veo que lo que te molesta Nora su lado político sino que no es el que a ti te gusta.
      Un dios y patria donde queda la iglesia universal?

      1. La Iglesia Universal, Pepito, queda perfectamente ante el amor a la Patria. Dos aspectos compatibles, ambos deben ser frecuentados por todo católico. El amor a la universalidad católica es la virtud teologal de la fe. El amor a la Patria es la virtud teologal de la caridad. Fe y caridad. Ambas quedan magníficamente.

  3. La tesis central del libro es acertadísima, y muy, muy profunda. Apuesta por cerrar definitivamente el pensamiento blandiblú de la segunda mitad del siglo XX, que erróneamente interpretó que el remedio a los totalitarismos paganos era la renuncia a los “dioses fuertes”, a los valores eternos de la verdad, la familia, la justicia, la propiedad privada, la Patria, el sentido del honor, el pudor… Y su sustitución por los “dioses débiles” de la tolerancia, la multiculturalidad, el relativismo.

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