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“¿Por qué ‘por muchos’? ¿Acaso el Señor no ha muerto por todos?”

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En 2016 entró en vigor en España una nueva edición del misal romano. El cambio que más llamó la atención fue en la consagración, donde se cambió “por todos los hombres” y se puso “por muchos”, algo que desconcertó a no pocos, pero que traducía literalmente la expresión latina”pro multis”.

Todo empezó 10 años antes, en 2006, cuando el entonces prefecto para el Culto Divino, el cardenal Francis Arinze, envió una carta a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo informándoles del futuro cambio en el misal para aquellos países que habían traducido la fórmula de la consagración con un “por todos”.

“A las Conferencias Episcopales de aquellos países en donde la fórmula “por todos” o su equivalente está siendo utilizada actualmente, se les solicita que emprendan una catequesis necesaria de los fieles acerca de este asunto en los próximos uno o dos años a fin de prepararlos para la introducción de una traducción vernácula precisa de la fórmula pro multis (e.g., “por muchos,” “per molti,” etc.) en la próxima traducción del Misal Romano que los obispos y la Santa Sede aprobarán para ser usados en sus países”, escribía el purpurado.

Años después algunos países lo aplicaron, sin embargo otros tardaron más, como Alemania e Italia, algo que obligó al Papa, en ese momento Benedicto XVI, a escribir una carta al presidente de los prelados germanos en la que les empujaba a la reforma del misal y a explicarlo a los fieles.

El último país que ha reformado el misal es Italia, que el pasado 28 de agosto, a través del presidente de la Conferencia Episcopal, presentó la nueva traducción al Papa Francisco, la cual entrará en vigor en 2021. Sin embargo, esta traducción no refleja la voluntad del anterior Pontífice, ya que han dejado el “por todos” intacto.

Les ofrecemos la carta de Benedicto XVI:

A Su Excelencia Reverendísima
Monseñor Robert Zollistsch
Arzobispo de Friburgo,
Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana
Herrenstraße 9
D-79098 FREIBURG

Vaticano, 14 de abril de 2012

 

Excelencia,
venerado y querido Arzobispo:

Con ocasión de su visita del 15 de marzo de 2012, usted me hizo saber que, por lo que se refiere a la traducción de las palabras «pro multis» en las Plegarias Eucarísticas de la Santa Misa, todavía no hay unidad entre los obispos de las áreas de lengua alemana. Al parecer, se corre el riesgo de que, ante la publicación de la nueva edición del «Gotteslob» [libro de cantos y oraciones], que se espera en breve, algunos sectores del ámbito lingüístico alemán deseen mantener la traducción «por todos», aún cuando la Conferencia Episcopal Alemana acordase escribir «por muchos», tal como ha sido indicado por la Santa Sede. Le había prometido que me expresaría por escrito sobre esta cuestión importante, con el fin de prevenir una división como ésta en el seno más íntimo de nuestra plegaria. Esta carta que ahora dirijo por medio suyo a los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana, se enviará también a los demás obispos de las áreas de lengua alemana.

Ante todo, permítame una breves palabras sobre el origen del problema. En los años sesenta, cuando hubo que traducir al alemán el Misal Romano, bajo la responsabilidad de los obispos, había un consenso exegético en que la palabra «los muchos», «muchos», en Isaías 53,11s, era una forma de expresión hebrea que indicaba la totalidad, «todos». En los relatos de la institución de Mateo y de Marcos, la palabra «muchos» sería por tanto un «semitismo», y debería traducirse por «todos». Esta idea se aplicó también a la traducción directamente del texto latino, donde «pro multis» haría referencia, a través de los relatos evangélicos, a Isaías 53 y, por tanto, debería traducirse como «por todos». Con el tiempo, este consenso exegético se ha resquebrajado; ya no existe. En la narración de la Última Cena de la traducción ecuménica alemana de la Sagrada Escritura, puede leerse: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos» (Mc 14,24; cf. Mt 26,28). Con esto se pone de relieve algo muy importante: el paso del «pro multis» al «por todos» no era en modo alguno una simple traducción, sino una interpretación, que seguramente tenía y sigue teniendo fundamento, pero es ciertamente ya una interpretación y algo más que una traducción.

Esta fusión entre traducción e interpretación pertenece en cierto sentido a los principios que, inmediatamente después del Concilio, orientaron la traducción de los libros litúrgicos en las lenguas modernas. Se tenía conciencia de cuán lejos estaban la Biblia y los textos litúrgicos del modo de pensar y de hablar del hombre de hoy, de modo que, incluso traducidos, seguían siendo en buena parte incomprensibles para los participantes en la liturgia. Era una tarea novedosa tratar que, en la traducción, los textos sagrados fueran asequibles a los participantes en la liturgia, aunque siguieran siendo muy ajenos a su mundo; es más, los textos sagrados aparecían precisamente de este modo en su enorme lejanía. Así, los autores no sólo se sentían autorizados, sino incluso en la obligación, de incluir ya la interpretación en la traducción, y de acortar de esta manera la vía hacia los hombres, pretendiendo hacer llegar a su mente y a su corazón precisamente estas palabras.

Hasta un cierto punto, el principio de una traducción del contenido del texto base, y no necesariamente literal, sigue estando justificado. Desde que debo recitar continuamente las oraciones litúrgicas en lenguas diferentes, me doy cuenta de que no es posible encontrar a veces casi nada en común entre las diversas traducciones, y que el texto único, que está en la base, con frecuencia es sólo lejanamente reconocible. Además, hay ciertas banalizaciones que comportan una auténtica pérdida. Así, a lo largo de los años, también a mí personalmente me ha resultado cada vez más claro que el principio de la correspondencia no literal, sino estructural, como guía en las traducciones tiene sus límites. Estas consideraciones han llevado a la Instrucción sobre las traducciones «Liturgiam authenticam», emanada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 28 de marzo de 2001, a poner de nuevo en primer plano el principio de la correspondencia literal, sin prescribir obviamente un verbalismo unilateral. La contribución importante que está en la base de esta instrucción consiste en la distinción entre traducción e interpretación, de la que he hablado al principio. Esta es necesaria tanto respecto a la palabra de la Escritura, como de los textos litúrgicos. Por un lado, la palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta; por otro lado, a la Iglesia se le ha encomendado el cometido de la interpretación, con el fin de que – en los límites de nuestra comprensión actual – nos llegue ese mensaje que el Señor nos ha destinado. Ni siquiera la traducción más esmerada puede sustituir a la interpretación: pertenece a la estructura de la revelación el que la Palabra de Dios sea leída en la comunidad interpretativa de la Iglesia, y que la fidelidad y la actualización estén enlazadas recíprocamente. La Palabra debe estar presente tal y como es, en su forma propia, tal vez extraña para nosotros; la interpretación debe confrontarse con la fidelidad a la Palabra misma, pero, al mismo tiempo, ha de hacerla accesible al oyente de hoy.

En este contexto, la Santa Sede ha decidido que, en la nueva traducción del Misal, la expresión «pro multis» deba ser traducida tal y como es, y no al mismo tiempo ya interpretada. En lugar de la versión interpretada «por todos», ha de ponerse la simple traducción «por muchos». Quisiera hacer notar aquí que ni en Mateo ni en Marcos hay artículo, así pues, no «por los muchos», sino «por muchos». Si bien esta decisión, como espero, es absolutamente comprensible a la luz de la correlación fundamental entre traducción e interpretación, soy consciente sin embargo de que representa un reto enorme para todos aquellos que tienen el cometido de exponer la Palabra de Dios en la Iglesia. En efecto, para quienes participan habitualmente en la Santa Misa, esto parece casi inevitablemente como una ruptura precisamente en el corazón de lo sagrado. Ellos se dirán: Pero Cristo, ¿no ha muerto por todos? ¿Ha modificado la Iglesia su doctrina? ¿Puede y está autorizada para hacerlo? ¿Se está produciendo aquí una reacción que quiere destruir la herencia del Concilio? Por la experiencia de los últimos 50 años, todos sabemos cuán profundamente impactan en el ánimo de las personas los cambios de formas y textos litúrgicos; lo mucho que puede inquietar una modificación del texto en un punto tan importante. Por este motivo, en el momento en que, en virtud de la distinción entre traducción e interpretación, se optó por la traducción «por muchos», se decidió al mismo tiempo que esta traducción fuera precedida en cada área lingüística de una esmerada catequesis, por medio de la cual los obispos deberían hacer comprender concretamente a sus sacerdotes y, a través de ellos, a todos los fieles por qué se hace. Hacer preceder la catequesis es la condición esencial para la entrada en vigor de la nueva traducción. Por lo que sé, una catequesis como ésta no se ha hecho hasta ahora en el área lingüística alemana. El propósito de mi carta es pediros con la mayor urgencia a todos vosotros, queridos hermanos, la elaboración de una catequesis de este tipo, para hablar después de esto con los sacerdotes y hacerlo al mismo tiempo accesible a los fieles.

En dicha catequesis, se deberá explicar brevemente en primer lugar por qué, en la traducción del Misal tras el Concilio, la palabra «muchos» fue sustituida por «todos»: para expresar de modo inequívoco, en el sentido querido por Jesús, la universalidad de la salvación que de él proviene.

Pero surge inmediatamente la pregunta: Si Jesús ha muerto por todos, ¿por qué en las palabras de la Ultima Cena él dijo «por muchos»? Y, ¿por qué nosotros ahora nos atenemos a estas palabras de la institución de Jesús? A este punto, es necesario añadir ante todo que, según Mateo y Marcos, Jesús ha dicho «por muchos», mientras según Lucas y Pablo ha dicho «por vosotros». Aparentemente, así se restringe aún más el círculo. Y, sin embargo, es precisamente partiendo de esto como se puede llegar a la solución. Los discípulos saben que la misión de Jesús va más allá de ellos y de su grupo; que él ha venido para reunir a los hijos de Dios dispersos por el mundo (cf. Jn 11,52). Pero el «por vosotros» hace que la misión de Jesús aparezca de forma absolutamente concreta para los presentes. Ellos no son miembros cualquiera de una enorme totalidad, sino que cada uno sabe que el Señor ha muerto «por mi», «por nosotros». El «por vosotros» se extiende al pasado y al futuro, se refiere a mí de manera totalmente personal; nosotros, que estamos aquí reunidos, somos conocidos y amados por Jesús en cuanto tales. Por consiguiente, este «por vosotros» no es una restricción, sino una concretización, que vale para cada comunidad que celebra la Eucaristía y que la une concretamente al amor de Jesús. En las palabras de la consagración, el Canon Romano ha unido las dos lecturas bíblicas y, de acuerdo con esto, dice: «por vosotros y por muchos». Esta fórmula fue retomada luego por la reforma litúrgica en todas las Plegarias Eucarísticas.

Pero, una vez más: ¿Por qué «por muchos»? ¿Acaso el Señor no ha muerto por todos? El hecho de que Jesucristo, en cuanto Hijo de Dios hecho hombre, sea el hombre para todos los hombres, el nuevo Adán, forma parte de las certezas fundamentales de nuestra fe. Sobre este punto, quisiera recordar solamente tres textos de la Escritura: Dios entregó a su Hijo «por todos», afirma Pablo en la Carta a los Romanos (Rm 8,32). «Uno murió por todos», dice en la Segunda Carta a los Corintios, hablando de la muerte de Jesús (2 Co 5,14). Jesús «se entrego en rescate por todos», escribe en la Primera Carta a Timoteo (1 Tm 2,6). Pero entonces, con mayor razón, una vez más, debemos preguntarnos: si esto es así de claro, ¿por qué en la Plegaria Eucarística esta escrito «por muchos»? Ahora bien, la Iglesia ha tomado esta fórmula de los relatos de la institución en el Nuevo Testamento. Lo dice así por respeto a la palabra de Jesús, por permanecer fiel a él incluso en las palabras. El respeto reverencial por la palabra misma de Jesús es la razón de la fórmula de la Plegaria Eucarística. Pero ahora nos preguntamos: ¿Por qué Jesús mismo lo ha dicho precisamente así? La razón verdadera y propia consiste en que, con esto, Jesús se ha hecho reconocer como el Siervo de Dios de Isaías 53, ha mostrado ser aquella figura que la palabra del profeta estaba esperando. Respeto reverencial de la Iglesia por la palabra de Jesús, fidelidad de Jesús a la palabra de la «Escritura»: esta doble fidelidad es la razón concreta de la fórmula «por muchos». En esta cadena de reverente fidelidad, nos insertamos nosotros con la traducción literal de las palabras de la Escritura.

Así como hemos visto anteriormente que el «por vosotros» de la traducción lucano-paulina no restringe, sino que concretiza, así podemos reconocer ahora que la dialéctica «muchos»-«todos» tiene su propio significado. «Todos» se mueve en el plano ontológico: el ser y obrar de Jesús, abarca a toda la humanidad, al pasado, al presente y al futuro. Pero históricamente, en la comunidad concreta de aquellos que celebran la Eucaristía, él llega de hecho sólo a «muchos». Entonces es posible reconocer un triple significado de la correlación entre «muchos» y «todos». En primer lugar, para nosotros, que podemos sentarnos a su mesa, debería significar sorpresa, alegría y gratitud, porque él me ha llamado, porque puedo estar con él y puedo conocerlo. «Estoy agradecido al Señor, que por gracia me ha llamado a su Iglesia…” [Canto religioso “Fest soll mein Taufbund immer steen”, estrofa 1]. En segundo lugar, significa también responsabilidad. Cómo el Señor, a su modo, llegue a los otros – a «todos» – es a fin de cuentas un misterio suyo. Pero, indudablemente, es una responsabilidad el hecho de ser llamado por él directamente a su mesa, de manera que puedo oír: «por vosotros», «por mi», él ha sufrido. Los muchos tienen responsabilidad por todos. La comunidad de los muchos debe ser luz en el candelero, ciudad puesta en lo alto de un monte, levadura para todos. Esta es una vocación que concierne a cada uno de manera totalmente personal. Los muchos, que somos nosotros, deben llevar consigo la responsabilidad por el todo, conscientes de la propia misión. Finalmente, se puede añadir un tercer aspecto. En la sociedad actual tenemos la sensación de no ser en absoluto «muchos», sino muy pocos, una pequeña multitud, que se reduce continuamente. Pero no, somos «muchos»: «Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lengua», dice el Apocalipsis de Juan (Ap 7,9). Nosotros somos muchos y representamos a todos. Así, ambas palabras, «muchos» y «todos» van juntas y se relacionan una con otra en la responsabilidad y en la promesa.

Excelencia, queridos hermanos en el episcopado. Con todo esto, he querido indicar la línea del contenido fundamental de la catequesis, por medio de la cual se debe preparar a sacerdotes y laicos lo más pronto posible para la nueva traducción. Espero que pueda servir al mismo tiempo para una participación más profunda en la Santa Eucaristía, integrándose en la gran tarea que nos espera con el «Año de la Fe». Confío que dicha catequesis se presente prontamente, y forme parte así de esa renovación litúrgica, a la cual se comprometió el Concilio desde su primera sesión.

Con la bendición y el saludo pascual, me confirmo suyo en el Señor.

Benedictus PP. XVI

42 comentarios en ““¿Por qué ‘por muchos’? ¿Acaso el Señor no ha muerto por todos?”
      1. Muchos ritos orientales, tanto católicos como cismáticos, se rezan en griego clásico, o en arameo, o en eslavón, pero siempre en lenguas antiguas reservadas para el culto, como durante siglos hizo la Iglesia de Occidente con el latín. Lo importante no es que sea griego clásico o latín, sino que se trate de una lengua muerta y por lo tanto invariable, lejos del movilismo y confusionismo de las lenguas vulgares en continua evolución.

        1. Es que somos católicos de rito LATINO. Pedro bautizó en latín. El latín recuerda también a la Iglesia la victoria sobre el paganismo del Imperio romano. Los Padres de la Iglesia occidental hablaban latín, no griego. Los católicos orientales utilizan el griego pues su tradición es griega. La nuestra es latina. Recordemos como evangelizar on América con la misa en latín. Fue lo primero que hicieron los evangelizadores nada más llegar. Y los indios fliparon. Ahora se ríen de nosotros. Esa es la diferencia

  1. El Señor murió por todos con voluntad divina antecedente, pues con tal voluntad quiere que”todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad”; pero con voluntad consiguiente sólo murió por algunos y no por todos, ya que con tal voluntad sólo quiere que se salven los que cumplan los Mandamientos pues dice “si quieres entrar en la vida eterna guarda los Mandamientos.” Por eso no debemos fiarnos por mucho que hayamos sido bautizados y pertenezcamos a la IC, pues debemos además cumplir exactamente los Mandamientos divinos que constituyen la Ley divina natural.

    Basta con faltar en materia grave a uno sólo de los Mandamientos y morir sin arrepentirse de ello, para condenarse por toda la eternidad. Por ejemplo si no aborto, ni robo, pero adultero me hago reo de toda la Ley. Así pues dispongámonos a cumplir los mandatos divinos y a no fiarnos solo de ser católicos oficiales no cumplidores.

    1. No se olvide de Cristo que vino a dar plenitud con su petición de que nos amemos los unos a los otros, como Él nos amó.

      Murió por todos. Pero no todos lo aceptarán. Será por eso lo de muchos? Qué bueno que sean muchos y no pocos. Pena que no todos le acepten.

      Bendiciones

  2. La carta no tiene desperdicio. Es verdad que el Señor murió por todos, pero, pide que ese sacrificio sea aceptado por la persona, viviendo de acuerdo a sus enseñanzas, el no hacerlo implica rechazar el beneficio de la Redención, realizada por Él en Sacrificio de su Pasión . Muerte y Resurrección, pro lo demás de acuerdo a santos, místicos, místicos, Virgen María y el Señor Jesús se sabe que muchos rechazaron y no aceptarán su Redención, de lo contrario no existiría el Infierno, ni el diablo.

  3. En las Escrituras viene tanto “muchos” como “todos”. Los “muchos” haría referencia a que se salvarán aquellos que aceptan que Cristo es el Mesías y nuestro Redentor de parte de Dios. El sacrificio de Jesús fue por toda la humanidad, pero no todos se salvarán, sino aquellos que le acepten: quien no acepta al Hijo no acepta al Padre.

    1. La fórmula “por todos” está condenada por la Iglesia:
      Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, 1439: “… la Iglesia romana, fundada en la autoridad y doctrina de los Apóstoles Pedro y Pablo. … En la consagración del cuerpo, USA DE ESTA FORMA DE PALABRAS; éste es mi cuerpo ; y en la de la sangre: Porque éste es el cáliz de mi sangre, del Nuevo y eterno Testamento , misterio de fe , que POR VOSOTROS Y POR MUCHOS será derramada en remisión de los pecados ”

  4. La salvación de Jesucristo en la cruz es por todos los hombres, para salvar a todos los que quieran acogerla, pero muchos, libremente, la rechazan de un modo u otro, de palabras y de obras. Una pena. El Cielo es para siempre, como el infi erno. Esta vida son cuatro días, si llegan.

  5. Benedicto se pudo ahorrar tanta explicación diciendo que sue un decreto del concilio de Trento, y que por eso en la liturgia va Pro Multis.
    “Cap. 3. Quiénes son justificados por Cristo
    1523 Mas, aun cuando Él murió por todos [2 Cor. 5, 15], no todos, sin embargo, reciben el
    beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión”

    1. Muy buena apreciación, Ramón.

      Cristo murió por todos…..los que con obras acogen su Santo Sacrificio y viven en consecuencia. El camino está abierto a todos, pero no todos los que lo han conocido en 20 siglos (y ahora….) han acogido la Salvación.

      ….y, gracias a Dios, Trento era claro y no necesitaba hermenéuticas…..

    1. Cierto, pero el 99% de los católicos que durante siglos oyeron la misa tradicional en latín, igual que el 99% de los pocos católicos que hoy siguen oyendo la misa tradicional en latín, entendían y siguen entendiendo hoy que la misa es una acción sagrada y sublime, la renovación incruenta del sacrificio de la Cruz. En cambio los que oyen la misa en lenguas y formas vulgares entienden perfectamente las palabras, pero de ningún modo entienden que se trata de una acción sagrada y sublime, la renovación incruenta del sacrificio de la Cruz. Al contrario, entienden perfectamente que se trata de una reunión social para escuchar unas lecturas de la Biblia y una homilía, recordar la última Cena (no el sacrificio del Calvario) y comulgar, exactamente igual en sustancia que en un servicio luterano o anglicano (aunque con ritos e himnos muy inferiores a los magníficos de esas liturgias protestantes).

    2. El latín es la lengua que, junto al griego y al hebreo, se hallaba en la inscripción de la Cruz de Cristo: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum (INRI, en sus siglas).

      Es por ello que en el rito latino debe de usarse la lengua latina mientras que en el rito oriental debe de usarse la griega y otras.

  6. Muchos denunciaron la traducción tramposa del “pro multis” desde que se produjo hacia 1970 en plena revolución litúrgica. Pero durante más de 30 años tuvieron que soportar ser tratados de rebeldes, obcecados y soberbios. ¡Por supuesto, “pro multis” estaba bien traducido como “por todos”, “for all” etc.! ¡Por supuesto, había que obedecer al Papa, siempre con el Papa! ¡Mejor equivocarse con el Papa que acertar contra él! ¡Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo! Hasta que Benedicto XVI ordenó que se corrigiese ese error escandaloso, aunque con explicaciones innecesariamente largas (como ha señalado Ramón con acierto, habría bastado con citar las palabras escuetas del concilio de Trento).

  7. Papa San Pío V, De defectibus, capítulo 5, 1 parte: “Las palabras para la consagración, que son la FORMA para este Sacramento, son estas: “ESTE ES MI CUERPO; y: PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO, MISTERIO DE FE, QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA EN REMISIÓN DE LOS PECADOS”. Ahora bien, si alguien quitase, o alterase algo de la FORMA de la consagración del cuerpo y la sangre, y que la misma alteración de las palabras de la [nueva] redacción no significasen lo mismo, no se consagra el sacramento”.

  8. Catecismo del Concilio de Trento, sobre la forma de la eucaristía, p. 24: “Respecto a las palabras que se añaden: “Por vosotros y por muchos”, las primeras están tomadas de San Lucas y las otras de San Mateo, pero que las juntó seguidamente la Santa Iglesia, instruida por el espíritu de Dios; y son muy propias para manifestar el fruto y las ventajas de la pasión. Porque, si atendemos a su valor, habrá que reconocer que el Salvador derramó su sangre por la salvación de todos; pero si nos fijamos en el fruto que de ella sacan los hombres, sin dificultad comprenderemos que su utilidad no se extiende a todos, sino únicamente a muchos.

    1. Continúo con mi cita del Catecismo de Trento:
      Luego, cuando dijo: “por vosotros”, dio a entender, o a los que estaban presentes, o a los escogidos del pueblo judío, cuáles eran sus discípulos, excepto Judas, con los cuales estaba hablando. Y cuando dijo: “por muchos”, quiso se entendieran los demás elegidos de entre los judíos o los gentiles. MUY SABIAMENTE, PUES, OBRÓ NO DICIENDO “POR TODOS”, puesto que entonces sólo hablaba de los frutos de su pasión, la cual sólo para los escogidos produce frutos de salvación”.

  9. Y algo de lo que no se suele hablar es que el hecho de que al menos después de esta vida haya Justicia impide el escándalo que supondría que Dios hubiera creado un mundo en el que la mayoría de las veces ganan los injustos y el triunfo de estos malvados se iba a prolongar por toda la eternidad con esa salvación automática que defienden. Sustituyen el misterio de la eternidad de las penas del infierno con el absurdo de una bienaventuranza accesible a todos aun cuando hayan sido en su vida temporal los peores criminales. Igualan eternamente a la victima con el verdugo, al niño abortado con el que trafica con los órganos de estas criaturas. Por poner un ejemplo…

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