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El escándalo de los milagros

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Oyendo a no pocos sacerdotes, teólogos y algún prelado, se diría que los milagros -el milagro literal, como fenómeno que desafía las leyes de la naturaleza- avergüenzan al sedicente ‘cristiano adulto’, que los considera poco más que símbolos y mitos propios de una experiencia de fe ‘infantil’.

“No podemos caer en el infantilismo de creer que Jesús hizo aparecer mágicamente pan o llovió pan del cielo”, puede leerse en la cuenta del párroco argentino Sebastián García ebn Twitter. “Eso aniña la grandeza de Jesús y aniña la fe. Dios pide que seamos nosotros los que nos hacemos cargo”.

No es un comentario muy original sobre la Multiplicación de los Panes y de los Peces, más bien al contrario: es prácticamente la versión, digamos, ‘oficial’ en la Iglesia hodierna.

“El verdadero milagro de la multiplicación de panes y peces no será tanto que caiga pan del cielo, cuánto que Jesús destraba corazones que se animan a compartir de lo que tienen y no de lo que sobra”, insiste García. “Hay entonces verdadero milagro no porque “aparece pan” sino porque se destraban corazones endurecidos que pasan de la lógica del acaparar para sí y, de lo suyo y no de lo que sobra, son capaces de poner en común”.

Cualquiera que lea sin ninguna idea preconcebida el relato evangélico tiene que hacer verdaderos malabarismos lógicos para negar el milagro. Se habla claramente de cinco panes y dos peces, de cinco mil hombres, de doce cestas con sobras. Si se pudiese conseguir ese ‘milagro’ meramente ‘compartiendo’ con cinco mil personas cinco panes y dos peces, la economía sería completamente innecesaria. Solo se puede llegar a una de estas dos conclusiones tras leer el relato evangélico: o quien lo cuenta miente (o exagera o ‘poetiza’ y, en cualquier caso, su narración no es fiable), o se trata de un milagro particularmente llamativo.

Pero, como decíamos, no es nada original esta interpretación ni se refiere solo a este milagro. Es el milagro en general lo que parece escandalizar a un sector de enorme peso en la Iglesia, una opinión especialmente dominante en estos días.

Hace no mucho nos hicimos eco de un texto publicado por José Manuel Vidal en su portal de información religiosa, Religión Digital, en el que decía querer “una Iglesia menos milagrera y más científica: es decir, más evangélica”. Pero cualquiera que lea el Evangelio sin prejuicio alguno tendrá que convenir que ciencia, lo que se dice ciencia, no hay mucha, mientras que los milagros abundan hasta abrumar. Hay curaciones sin cuento, paralíticos que andan, leprosos que quedan limpios, muertos que resucitan, ciegos que ven, tormentas que cesan de repente, voces del cielo y -en el Evangelio del pasado domingo- Jesús caminando sobre las aguas.

Es, en definitiva, imposible ‘purgar’ el Nuevo Testamento de milagros y que siga teniendo sentido. Para empezar porque toda nuestra fe depende de un milagro, la Resurrección del Hijo de Dios.

Y, sin embargo, consiguen acallarlos, bordear lo maravilloso, lo prodigioso, lo que atrae poderosamente a personas más ‘infantiles’ -más sencillas, con menos estudios de teólogos alemanes-y, en ocasiones, les llevan a reconocer: “En verdad este hombre es Hijo de Dios”.

¿A qué viene ese miedo a los milagros? ¿Es un temor a lo sobrenatural, un deseo de convertir la doctrina cristiana en una ideología ‘de tejas para abajo’, sin visión transcendente, la ambición de crear una ‘cielo en la tierra’ que ha sido el vano -y desastroso- intento de las ideologías?

15 comentarios en “El escándalo de los milagros
  1. Pues si no había tiendas por allí cerca y solo había 5 panes y 2 peces, por mucha caridad y voluntad que tuvieran algunas personas, difícil veo yo que pudieran compartir nada. De todas formas esta es la predicación oficial, el otro domingo el sacerdote dijo lo.mismo en misa, y eso que es una parroquia bastante ortodoxa

    1. Pienso que estos esperan que Dios anule su libertad y haga un milagro deslumbrante ante sus ojos para poder creer. No tienen ojos para ver a Dios. De la misma manera, tienes tú los ojos de tu alma oscurecidos a causa de tus pecados y malas acciones.
      Lo dice San Teófilo de Antioquia

  2. Esta claro que molestan los milagros, porque estos progres quieren hacer una religión puramente humana. Dios es ajeno a esta falsa religión, y por mucho que lo invoquen, se trata de un Dios lejano, que no interviene en la vida humana, sino que se queda solamente como una idea abstracta.
    Por tanto, la oración y los sacramentos no serían una acción del Espíritu Santo, sino rituales humanos. Por eso serían modificables a gusto de cada persona, en consonancia con sus sentimientos u opiniones y no con la fe de la Iglesia ni la Tradición.

  3. Llama la atención ese énfasis en explicar un milagro como el triunfo del distributismo, a un paso de lo que muchos dicen que era Jesucristo, un buen comunista.
    A alguno he oído decir que lo que realmente ocurrió con los panes y los peces fue que cada una de las 5.000 personas presentes aportó su pan y su pez, “que es lo que en verdad dice la Septuaginta”. Y este individuo, tras decir esto, mentalmente se sacaba brillo a las uñas.
    Llenos de fatuidad nos tildan de infantiles beaturrones a los católicos que no cuestionamos los milagros de Nuestro Señor en los Evangelios puesto que son Palabra revelada.
    “Y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.”
    Mateo, 18, 3

  4. ¡Cuánto, cuánto le agradezco que diga estas cosas, Carlos Esteban! Lo que a muchos nos chirriaba y hacía sufrir pero sin saberlo explicar. Usted lo expone perfectamente. Eso consuela algo a los que durante años nos sentíamos tan solos. Daban ganas de pensar “¿Pero seré tonta yo?”, al oír a curas, libros de religión, etc, todos con esa cosa desmitificadora y “adulta y responsable”…

  5. Muy buen artículo, solo matizar que las ideologías fueron creadas por el liberalismo. Hoy día muchos psiquiatras las consideran como patologías mentales que hacen perder la realidad, de ahí la importancia de no dejarse llevar por ideologías sectarias que llevan al maniqueísmo.

    Con respecto a los milagros, ya puso punto final a las señales milagrosas espectaculares, cuando Jesús afirmó, que no se darían más señales a esta generación adúltera y perversa, que el signo de Jonás. Ahora los milagros son más discretos, están hechos para los que tienen fe, para los justos, para los humildes, no para los réprobos que los desprecian. Lo verdaderamente milagroso será como se salvarán estos renegados modernistas.

    Carlismo Rebelde

  6. Es el triunfo del materialismo, que deriva del marxismo cultural ateísta, que niega toda sobrenaturalidad.

    No sorprende que ese cura, ateo práctico y distribucionista marxista argentino, hable de que se trató de gente “compartiendo” (cosa imposible, porque los Santos Evangelios nos relatan que “no tienen qué comer” y entonces qué iban a repartir, si nada tenían)

  7. Negar los milagros de Jesús es negar el poder que le fue dado por Dios y negarle como Cristo (ungido). Es rebajarle a otro hombre corriente de la Judea del siglo I, uno más de los muchos que supuestamente surgieron en aquel tiempo autoproclamándose “Mesías” sin fuerza divina que los respaldase. Qué soberana necedad demuestra esa negación, venga de quien venga…

  8. Evidentemente o aceptamos los milagros o mejor nos hacemos ateos, ya que las otras religiones son bastante incosistentes y no es cosa de abandonar la Iglesia para meterse en una secta con incongruencias.

    Respecto a este milagro en concreto que parece, según los críticos, el más increíble, resulta que hubo un pequeño milagro de multiplicación del arroz en un pueblo de Extremadura, en la posguerra. Quedaba un poco arroz, lo justo para una olla, porque no había llegado el suministro y la persona que lo cocía pidió a un beato de la zona que le diera arroz a la gente. Y fueron sacando raciones de arroz de la olla hasta que el párroco dijo que ya había comido todo el pueblo.

    Es un milagro poco conocido. Lo leí una vez hace tiempo y por eso no puedo dar más detalles. seguro que algún lector lo conoce y puede dar los detalles.

    Si eso se hizo por intercesión de un beato, ¿qué dificultad hay en pensar que Dios dio de comer a tanta gente?

    Pero primero hay que creer en Dios.

  9. No creen en los milagros de Jesucristo porque no creen en la divinidad de Jesucristo ni en la inspiración divina de los evangelios, que gozan por ende de inerrancia.

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