La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina acaba de hacer público un comunicado en el que respalda plenamente la decisión del obispo de San Rafael, Eduardo Taussig, de cerrar el seminario más nutrido del país por su negativa a comulgar forzosamente en la mano.
Este es el texto:
“En estos días se ha conocido la noticia del cierre del Seminario de San Rafael, dispuesto por el Obispo diocesano Mons. Eduardo María Taussig, en cumplimiento de precisas directivas de la Congregación para el Clero.
Como Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina y, recogiendo el sentir del episcopado, acompañamos la decisión de Mons. Taussig, obediente y respetuosa de la comunión con la Iglesia universal y el bien común eclesial.
En la formación sacerdotal, el Obispo debe poder contar con la ayuda de sacerdotes animados evangélicamente, que acojan en su totalidad y sin reservas las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, principalmente las contenidas en el Concilio Vaticano II.
Eso demanda una clara conciencia de las expectativas actuales de la Iglesia: que adhieran fielmente a las exigencias indicadas por el Plan de Formación Sacerdotal (Ratio fundamentalis), en un clima de lealtad con el pastor de la diócesis y una cuidada responsabilidad de los jóvenes a su cargo.
Nos unimos a los sentimientos del Obispo, al presbiterio que adhiere de corazón a su pastor y al santo Pueblo de Dios que peregrina en la pródiga tierra sanrafaelina. Este momento de dolor queremos vivirlo a la luz de la fe, esperanzados en los caminos que nos propone el Señor, abiertos a colaborar con Mons. Taussig en lo que pueda necesitar acerca del discernimiento eclesial y cuidado de las vocaciones a su cargo.
A María, Madre de Dios, nuestra Señora de Luján, encomendamos la vida y la vocación de los jóvenes argentinos, especialmente de quienes integran la comunidad educativa del Seminario de San Rafael, a quienes abrazamos con paternal afecto.
En Jesús, Buen Pastor”.
Es especialmente notable el tercer párrafo en el que se alude a “acoger en su totalidad y sin reservas las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia”, aunque las disposiciones de la Iglesia confirman el derecho de los fieles a recibir la comunión en la boca siempre que lo deseen. También llama la atención ese “principalmente las contenidas en el Concilio Vaticano II”, como si en toda la historia conciliar este último tuviera un valor especial que se impusiese sobre el resto.