Vidal y los rigoristas

Vidal y los rigoristas

Se me pasó, mea culpa, la última diatriba de José Manuel Vidal, de Religión Digital, contra quienes percibe como enemigos de la ‘renovación’ en redes sociales. Mi pasividad se debe, en parte, ahora lo comprendo, a cierto orgullo herido por el hecho de que, por una vez, quienes hacemos InfoVaticana hayamos quedado exentos de este último chaparrón de anatemas. Remediemos la falta.

Vidal se sintió recientemente atacado en redes sociales por las respuestas a uno de sus comentarios en la red social Twitter en el que se regocijaba del cese del padre Pablo Ormazabal como rector del seminario diocesano de San Sebastián por parte de su ordinario, el obispo José Ignacio Munilla. Rezaba así: “La verdad sólo tiene un camino: Ormazabal no podía ser rector del seminario después de llamar ‘hereje’ al Papa. A @ObispoMunilla le honra aceptar su renuncia. Sus amigos curas, que nos llamaron de todo, deberían pedir perdón. No lo harán”.

No, no lo hicieron, lo que indignó tanto a Vidal que, aprovechando que tiene un blog de información religiosa desde hace bastantes años, Religión Digital, publicó en él un artículo poniendo a caldo a sus críticos: ‘Los haters (odiadores) católicos de la galaxia rigorista española’.

Bueno, como dice la vieja canción, es mi fiesta y lloro si quiero; es su chiringo y puede convertir en noticia sus vendettas personales.

Para quien no le conozca, Vidal lleva, como hemos dicho, mucho tiempo haciendo información religiosa o, mejor, convirtiendo su portal en un bastión de la ‘renovación’ eclesial, no tanto la que está, de hecho, llevando a cabo el Papa como la que cree que debería realizar o se figura que está realizando.

Pero el celo de la casa de la progresía le consume, y con no poca frecuencia pierde los papeles. Por ejemplo, en esa insistencia en que la ‘oposición’ a Francisco es una exigua minoría… a la que llama ‘galaxia’. O en presentar como grupo más o menos coordinado u homogéneo a un puñadito de tuiteros que, por lo que sabe Vidal o sé yo, podrían ser todos el mismo. O suponer ‘rigorista’ al bendito padre Patxi Bronchalo, que ha tenido más polémicas con los ‘rigoristas’ que con los otros.

Hay, sin embargo, no diré un cargo que quiero levantar contra Vidal, sino mejor una corrección fraterna que, me temo, no será bien recibida. El de ‘hereje’ es un gravísimo cargo que, en la mayoría de los casos, haríamos bien en dejar que lo determine la autoridad correspondiente. Pero es, al menos, objetivo. Cualquiera que conozca las verdades de fe puede advertir que, no sé, negar el dogma de la Santísima Trinidad o la Inmaculada Concepción son herejías formales, sin entrar para nada en la intención de quien las expresa.

Pueden decirse muchas por error, por negligencia, por expresarse mal, por exceso de pasión en una discusión. El ánimo, en fin, puede ser el que sea. Pero eso no impide que la opinión sea herética, ortodoxa u opinable, objetivamente.

Ahí entra la Iglesia y ahí puede entrar cualquier cristiano suficientemente formado. Donde no puede entrar ni siquiera la Iglesia, ni el mismo Papa, ni todo un concilio que se reuniera al efecto, es en la intención de las personas, su fuero interno. De internis neque Ecclesia: nadie, ni la Iglesia, puede juzgar sobre lo que mueve a una persona.

Nadie, claro está, salvo los renovadores, salvo los entusiastas de la misericordia sobreabundante, salvo quienes parecen perdonarlo todo porque en realidad están perdonando lo que no creen necesitado de perdón, lo que aplauden con fruición. Estos, quienes tienen siempre a flor de labios el “no juzguéis” del Maestro -¿ha habido alguna cita peor interpretada jamás?-, esos juzgan no solo los hechos, sino el corazón del hombre.

Eso es lo que significa llamar ‘haters’ a quienes no piensan como tú, Vidal. Ese es el mal que destruye cualquier diálogo -otra de sus palabras favoritas-, concluir que es imposible que quienes te contradicen lo hagan tras un proceso lógico, movidos por una auténtica preocupación pastoral y evangélica, aunque fuera equivocada. No, si no aplauden lo tuyo, tiene que ser por ‘odio’. No se me ocurre cosa más injusta, poco caritativa, peligrosa en el sentido de inflamar los ánimos y cerrarse a todo diálogo y propia del peor fanático.

Tiene una ventaja, eso sí: paras la discusión. Ellos son malos, les mueven las más oscuras motivaciones, con lo que puedo eximirme de responder a sus argumentos.

Yo abomino de la mayoría de las cosas que aplaude Vidal con más fuerza. Pero nunca se me ha ocurrido que lo haga por odio. Creo que está sinceramente equivocado. Naturalmente, el que puede estar equivocado en esto puedo ser yo, y que Vidal se mueva por un odio que le reconcome. Pero ni puedo saberlo ni sería prudente o caritativo suponerlo ni, sobre todo, resultaría eficaz en absoluto para la causa de la verdad.

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