El episcopado californiano se desentiende de San Junípero Serra

El episcopado californiano se desentiende de San Junípero Serra

Ante los ataques a las estatuas de San Junípero Serra, apóstol de California canonizado por el Papa Francisco, la Conferencia Católica de Obispos de California ha respondido con un blando comunicado en el que deja traslucir su intención de no hacer nada.

Una nota. Esa ha sido toda la respuesta de los obispos californianos a la vandalización y retirada de estatuas del apóstol de California, el fraile mallorquín Junípero Serra, en medio de una serie de algaradas violentas que nacieron con el pretexto de la muerte de un delincuente habitual negro a manos de un policía blanco.

La nota, que recuerda que San Junípero no era ‘racista’ en absoluto, empieza con una referencia a los disturbios que difícilmente podría ser más pacata y tibia: “El movimiento para luchar contra el racismo en nuestra sociedad estas última semanas ha supuesto, en ocasiones, un desafío, pero ha proporcionado una audaz nueva esperanza para todos los americanos de que nuestra nación empiece a transformar elementos clave de nuestro pasado y presente racistas”.

¿Por dónde empezar? Lo de que supone “un desafío”, ¿se refiere a que el ‘movimiento’ ha causado 25 muertes violentas como protesta por una sola? ¿Eso es lo que proporciona una “audaz nueva esperanza”? ¿Y que es eso de que Norteamerica “empiece” a tomar medidas contra el racismo? ¿Se refieren a ese país absolutamente obsesionado por la lucha contra el racismo, el mismo que, con una población negar del 12%, ha elegido dos veces seguidas a un presidente negro?

El racismo existe como existen la codicia o la lujuria o cualquier otro mal, pero pretender que es “sistémico” en Estados Unidos, que es un urgente problema público, lo tomaríamos como una broma si no supiéramos que es mera cobardía y parte de esa voluntad, generalizada en la jerarquía católica, de plegarse a las modas ideológicas del mundo y no hacer olas.

La decepción del laicado es palpable en redes sociales, algunos de cuyos participantes se ha dirigido al más mediático de los obispos californianos, Robert Barron, obispo auxiliar de Los Angeles y responsable de las emisiones online de Word on Fire. Y la respuesta de Barron ha sido bastante significativa.

Una tuitera en concreto se dirige al obispo con esta queja: “Genial, otra carta. ¿Qué ACCIÓN van a emprender? Ya es hora de bajar a la calle y hablar en persona con Antifa y BLM [Black Lives Matter]. También tienen que sacar hombres que hagan guardia en torno a otras estatuas valiosas”.

Responde Barron: “¡Esa esa misión del laicado! Se supone que tienen que santificar los espacio públicos. Los obispos no son agentes de policía ni políticos ni organizadores comunitarios. El Vaticano II enseña que el espacio secular corresponde a los laicos”.

Ajá. No son políticos, y el espacio secular corresponde a los laicos. Como, no sé, ¿las políticas medioambientales? ¿Las políticas migratorias? ¿La agenda de las Naciones Unidas? ¿En serio van los prelados a alejarse de una vez del continuo politiqueo?

Como responde en otro tuit el autor y columnista católico Eric Sammons referente a la nota de los obispos californianos, “el problema no es solo que Barron deje todo en manos del laicado, es que cuando el laicado de verdad *hace* algo (p.ej., deshacerse de las Pachamamas), entonces los obispos se apresuran a criticar y condenar”.

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