El Papa Francisco nombró el pasado martes a Gabriel Barba, hasta ahora obispo de la diócesis de Gregorio de Laferrere, sufragánea de la archidiócesis de Buenos Aires, nuevo obispo de la diócesis de San Luis.
La noticia a destacar, más que el nombramiento de Barba, es la aceptación de la renuncia de su antiguo pastor, Pedro Daniel Martínez Perea, ya que éste tiene 64 años, muy lejos de la edad en la que se presenta la renuncia.
Martínez Perea saltó a los medios hace pocos meses, en noviembre de 2019, debido a la decisión de prohibir las monaguillas en la diócesis, noticia de la que nos hicimos eco.
Perea comentó a Télam que su renuncia fue «una decisión eclesial» y que venía madurando esta decisión desde principios de año. Indicó que su alejamiento del cargo no está vinculado a temas de salud sino a «muchas razones personales» y también a «decisiones que toma la Santa Sede».
«A lo mejor uno piensa que alejándose otra persona hará mejor la tarea, también puede ser que algunos se sientan mejor con mi renuncia, pero no es ni cansancio, enfermedad ni un problema de salud sino es algo pastoral», enfatizó monseñor Martínez.
Al referirse a políticas internas de la Iglesia como motivos de su renuncia respondió que «algunos dirán que sí, otros que no, pero no me gustan estos temas porque en realidad Dios está por encima y uno ve la historia y Dios sabe».
Reconoció que durante una visita apostólica que hubo a fines del año pasado, el sacerdote que vino tal vez se reunió con gente que le haya dicho «monseñor Martínez se tiene que ir y otros sostuvieron lo contrario pero la vida es así, hay gente que está de acuerdo, otra que no y es algo normal en cualquiera que gobierna».