El director de Religión Digital, página de imparcialidad cristalina donde las haya, como saben, ha escrito un artículo incendiario contra el sacerdote donostiarra Pablo Ormazabal Albistur, rector del seminario de San Sebastián.
¿Qué ha motivado que semejante portal, de indudable equidad y con una objetividad incuestionable, dedique un artículo a este sacerdote? No busquen motivos, la respuesta es fácil, sólo tienen que buscar el nombre del obispo de la citada diócesis: José Ignacio Munilla.
El grueso del escrito se centra en que Ormazabal aparece como firmante en un documento en el que se pide la reparación, por parte del Papa Francisco, de los actos paganos que escandalizaron a buena parte de los fieles el pasado octubre, durante el sínodo de la Amazonía.
A Vidal le escandaliza, en referencia a un ‘tuit’ de la víctima de sus ataques, el que haya cosas del Papa actual que “no sólo le disgustan, sino que lo horrorizan y lo escandalizan”. Claro, como todo el mundo ha podido comprobar, Vidal, sus colaboradores y la página que dirige, jamás mostraron un ápice de disgusto, horror o escándalo antes del 13 de marzo de 2013 con el Pontífice de turno.
Pero como he dicho antes, olvídense de los argumentos de Vidal. Todo parece indicar que el sacerdote en cuestión es el pretexto para atacar a una de las piedras de su zapato: el obispo Munilla. El director de RD lo deja meridianamente claro en el tuit con el que publica la noticia: “Esto sólo puede pasar en España y con un obispo como @ObispoMunilla que se convierte en cómplice de un rector de seminario felón. No puede permanecer en su cargo ni un minuto más. Y el obispo, tampoco. Rompen la comunión”. No me digan que no es graciosa la última frase.
Estos ataques, viniendo de dónde vienen, sólo dice cosas buenas del obispo de San Sebastián. Alégrese, don José Ignacio.