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“Somos expertos en señalar con el dedo los fallos, pero, ¿qué estás haciendo tú?”

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“Criticas las faltas de algunos sacerdotes y a lo mejor tienes razón pero, ¿qué estás haciendo tú?”.

Les ofrecemos la homilía de la fiesta de san Matías, 14 de mayo, de Santiago Martín, fundador de los Franciscanos de María.

18 comentarios en ““Somos expertos en señalar con el dedo los fallos, pero, ¿qué estás haciendo tú?”
  1. Hay que distinguir entre errores doctrinales, morales y litúrgicos, públicos y notorios, que hay que denunciar todos públicamente, para que no se nos peguen, y los defectos y pecados de los sacerdotes, que habrá que ayudarles, en privado, a corregirlos, como a mí me ayudan más de uno. La corrección fraterna tiene entraña evangélica.

    1. Creo que tiene razón, Belzu. Pero luego leyendo ciertos comentarios, pues… Hay, como siempre, una delgada línea roja… Cuidado. Yo la cruzo demasiado a menudo.

  2. Señalar los fallos no es malo. Lo malo son los juicios temerarios, es decir, inventarse fallos donde no los hay, o ser un cobarde y poner por encima de todo la obediencia al error y tapar el fallo para que nadie lo vea y tambien se equivoque. En la iglesia hay muchos ejemplos de ello, por ejemplo en la doctrina.

    1. 🤦‍♀️Nomàs te oigo Uno.
      Tus kilómetros de comentarios van 99.9 % encaminados a señalar los errores de San Juan Pablo II. Y como dice el padre Santiago,, ¿Tú que has hecho? Ya le diste un hijo a la Iglesia para remendar con él los errores del papa? O te vas a ir a un monasterio para suplir al que erró.
      😁,,,

      1. No se ustedes pero yo veo muchos errores a los que señalar y pocas oportunidades para hacer algo al respecto.
        Cuando lo hago se rien y me descalifican diciendome que veo demasiados lobos…tal vez es que los hay.

  3. “Somos expertos en señalar con el dedo los fallos, pero, ¿qué estás haciendo tú?”

    Bueno: señalar con el dedo los fallos, ¿no vale como respuesta?

    Tiene razón Uno: lo que no procede es emitir juicios temerarios, que es lo que sucede cuando se juzgan intenciones. Un católico debe saber que “de internis, necque ecclesia iudicat”.

      1. Gracias por recordármelo Manolo. No había caído que es precisamente en este siglo XXI cuando la Misa Tradicional ha adquirido todo su valor y trascendencia, después de muchos siglos. Aprovechemos para recordárselo al páter Santiago Martín, que me parece que no se ha enterado todavía de este importante detalle, en lo cual temo que coincide contigo. Un saludo en Cristo.

  4. Como decía mi bendito padre, que sin duda Dios tiene en su Gloria, no ocurrirá nada que no tenga que ocurrir. Estoy tan convencida de ello, que sigo haciendo durante el confinamiento, todo lo que hacía y se permite seguir haciendo, e incluso, algunas cosas más. De poca o ninguna trascendencia, en sí mismas, eso sí, porque mi ministerio en la Santa Iglesia es muy pequeño, aunque yo lo tengo en mucho, porque es el que Dios me ha reservado. Como usted sabe, Dios puede hacer obras grandes hasta con lo más miserable. Ésta es, además, su especialidad. Confío, pues, en el Señor, contra todas las apariencias de mi mediocridad. En cuanto a los tres sacerdotes que celebran la Santa Misa en mi Parroquia, tres al día, durante la pandemia, con el pequeño grupo de fieles que se ha querido sumar, ni dan muestras de tener miedo, ni percibo, sinceramente, que estén en ningún peligro, porque se guardan, por todos, las medidas oportunas.

  5. Vivo con paz y sin miedo, porque todo lo he puesto, como siempre, en manos del Señor y de la Santísima Virgen, he pensado que, si alguno de nosotros se contagia de coronavirus (en Misa, en el supermercado, en la panadería, en la farmacia, acompañando a un familiar a alguno de los lugares permitidos, o intercambiando unas palabras con un agente de la autoridad para demostrar que estamos lícitamente en la calle), será porque el Señor lo tenía así dispuesto. Por supuesto, deseo salud y larga vida a todos los sacerdotes y con mayor razón a los que nos sirven y tanto bien hacen a nuestra alma. Si alguno de éstos muriera, lo lamentaría como si fuera alguien de mi familia, lloraría su falta y por mí, pero me alegraría por él y con él, porque si la suerte del justo ya es infinita, qué no va a ser de los mártires, que lo son, como usted bien ha explicado hace poco, por mucho menos que el derramamiento de sangre. Incluso, sólo por decir Misa con pueblo en tiempos de coronavirus.

  6. La crítica, ciertamente no es buena, aunque puede ser constructiva. Otra cosa es el mayor o menor acierto en la forma de exponerla y en esto, como en otras cosas, cuando se peca, lo último que se pretende y lo primero que se lamenta, como comprenderá, es pecar de falta de caridad. Lo digo a modo de disculpa, si le sirve, y por la parte que me toca.

  7. No comprendo, que en los medios de comunicación católicos, una y otra vez, se argumente a favor del acierto y la bondad de la suspensión del culto público, que, además, en muchos casos ha comportado el cierre de los templos. La autojustificación, reiterada, en quienes suscitan, una y otra vez, el tema y el debate, que son algunos pastores, perdone(n) pero me parece un escándalo que merece ser reprobado de la misma forma pública en que se ha provocado, y con mayor razón cuando se apoya en la poquedad y falta de criterio de los fieles. Dando por supuesto que en esto último vamos los fieles, ciertamente, con gran desventaja; por lo que me han enseñado en la Santa Madre Iglesia, dudo mucho que pueda existir verdadero amor a Dios y al prójimo con tanto cálculo sobre lo que se puede hacer o no (es decir, hasta dónde puedo llegar, sin pecar), con base en la Sagrada Escritura, Magisterio y Tradición.

  8. Me quedo con Santo Domingo Savio, que preguntado sobre qué haría si le alertaran de la inmediata llegada del fin del mundo, contestó que seguiría jugando con el balón.
    Le deseo a usted y a todos los sacerdotes, larga vida y salud y que Dios les haga santos. Rezo por todos en general en mi Rosario y especialmente por unos cuantos que tengo “adoptados”, siguiendo el consejo de la Santísima Virgen, en el libro que recoge sus revelaciones al Hermano Agustín de los Siervos Reparadores, titulado, “Libro de Oro. Lecciones de amor de María Santísima”. Se lo recomiendo a todos.

  9. En filosofía se dice que el conocer sigue al ser. Cuando nosotros percibimos el defecto en los demás, lo más probable, casi seguro, es que ese defecto lo tenemos en grado notable. Es la forma de justificarnos, ver el defecto en el prójimo, uno percibirlo en nuestra propia vida. Una forma de justificación como otra cualquiera, en la que incluso nos escandalizamos de los demás, en lugar de corregirnos nosotros mismos.

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