La Santa Sede está preparando la apertura este 18 de mayor de sus famosos museos, con cupo limitado y escáneres térmicos. Desde el cierre, el Vaticano ha dejado de ingresar caso medio millón de euros diarios, el grueso de su renta. Lo difícil de comprender es por qué no se pueden aplicar estas medidas de precaución al culto público.
Desde el próximo día 18 podrán visitarse los famosos Museos Vaticanos, por los que antes del cierre pasaban una media de 27.000 personas diarias, pero la apertura de las iglesias al culto público no tiene una fecha tan cercana, ni siquiera en el centro de la cristiandad católica.
El secretario general del Gobernorato, el padre legionario Fernando Vérgez Alzaga, ha anunciado en declaraciones a la prensa que están completando la instalación de escáneres térmicos para detectar la temperatura y aclara que solo se podrá acceder a los museos reservando previamente. “Esto nos permitirá escalonar las entradas durante las horas de apertura. Los visitantes deberán llevar la mascarilla”, añadió.
La urgencia de esta medida tiene un sentido evidente: sobre el Vaticano planea la sombra de la ruina. Sus fantásticos museos y, en general, el dinero que dejan los millones de visitantes es su principal fuente de ingresos a mucha distancia del siguiente, y los cierres motivados por la pandemia están suponiendo una catástrofe financiera. Según documentos publicados por el diario Il Messaggero, esta pandemia podría multiplicar por tres un déficit que, no muchos años atrás, ni siquiera existía, hasta 53 millones de euros.
Nadie ha apuntado en todo esto, sin embargo, lo providencial que resultaría esta crisis para llegar a esa “Iglesia pobre para los pobres” que soñaba Francisco al inicio de su pontificado.
Esta tarde el Vaticano ha anunciado que, a partir del próximo 18 de mayo, las misas que actualmente están siendo retransmitidas por streaming, dejaran de estarlo. Esto hace suponer que volverán las misas al corazón de la Cristiandad, uniéndose a las normas dadas por otro Estado, la República de Italia.