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¿Viaje del Papa a China?

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(La Verità)- Se comenta que Pietro Parolin esté trabajando en la que sería la primera visita de un papa a China. Sergio Mattarella y Giuseppe Conte estarían a favor. A menudo el secretario general del Quirinale ha sido visto al otro lado del Tíber.

Hay un coche oficial que a menudo cruza las puertas del Vaticano en una Roma desierta, paralizada por el confinamiento. Nadie presta atención porque todos saben quién es el invitado: el secretario general del Quirinale, Ugo Zampetti, el hombre que susurra al presidente Sergio Mattarella. Como a los curas no se les puede ocultar nada, todos saben también a quién va a ver: al secretario de Estado, Pietro Parolin. La relación entre estos dos hombres influyentes es muy estrecha, de gran respeto, enlace extraoficial entre el primer ministro Giuseppe Conte y las altas jerarquías del Vaticano, que, en esta fase política, está espiritualmente cercana al futuro del gobierno. Una consonancia también cimentada por un tema de política exterior, las relaciones con China. Con un objetivo histórico: llevar al papa Francisco de visita a Pekín.

La estrategia pro-china del ejecutivo Pd-5 stelle es vista con gran favor al otro lado del Tíber y el ruido que ha acompañado la llegada de Wuhan de médicos y mascarillas (compradas) es muy apreciado. La operación de comercialización y branding que Italia está realizando al régimen de Xi-Jinping parece una bendición. No es casualidad que la visita de Mattarella a la escuela china de Roma en minuto uno de la epidemia -para que conste, ningún alto cargo del Estado ha ido a Bérgamo o Brescia- la divulgaran televisiones, páginas web y redes sociales orientales en busca de legitimación después del contagio planetario. No importa que la opinión pública italiana esté indignada por las mentiras de Pekín sobre la epidemia, por la censura a los médicos que la denunciaron, por el retraso letal que ha impedido a los Estados y a los grandes de la investigación mundial (Boston MIT e Istituto Pasteur de París) que comenzaran a estudiar un contraataque. Estos son efectos secundarios que las diplomacias pasan por alto, como si fueran hojas secas de otoño.

La razón de la benevolencia del Vaticano es el viaje apostólico nunca realizado, el golpe de escena que consentiría al cardenal Parolin pasar a la historia como el hombre que lo facilitó y organizó. El deseo sería un viaje que comenzara en Wuhan, a estas alturas lugar simbólico de renacimiento, para cruzar el país. Incluso una pandemia puede favorecer la modificación de la geopolítica. En un momento en el que la Iglesia norteamericana se muestra tradicionalista y fría con Francisco; en los años de Donald Trump, muy criticado por la corriente jesuita que rodea al Pontífice, aquí está la búsqueda de un punto de inflexión. Aquí está el acercamiento a la Gran Muralla, ahora menos infranqueable por la embarazosa conciliación italiana.

Para la élite ​​del Partido comunista chino sería el punto de inflexión nunca soñado, la reconstrucción de una virginidad de imagen, la legitimación que llega del corazón del catolicismo en la Europa desgarrada por el coronavirus (especialmente Italia y España). El crimen perfecto, los que difundieron la pandemia elogiados con las víctimas. Esa es la razón por la que están trabajando en el proyecto, aunque los destinos del papa en 2020 serían Sudán, Iraq, Etiopía y la tentación, Indonesia. La epidemia ha alterado los planes del Papa, pero a la vez ha suavizado la rigidez de Xi Jinping, quien en dos ocasiones (un encuentro fracasado en la ONU y el viaje a Italia en 2019 sin visita al otro lado del Tíber) hizo saber al Vaticano: «Es pronto todavía».

Las diplomacias están trabajando e Italia actúa como si fuera el timón del gigante asiático. Muy a favor del encuentro histórico están también el padre Leonardo Sapienza, número dos de la Casa pontificia, que tiene vía libre después de que mons. Georg Gänswein fuera (de hecho) apartado, y padre Antonio Spadaro, líder de los jesuitas en las oficinas vaticanas de peso. En la última conferencia de La Civiltà Cattolica, de la que es director, los invitados de honor fueron el primer ministro Conte y el secretario de Estado Parolin. El menos entusiasta de todos, en esta fase, resultaría ser, precisamente, el papa Francisco, que capta la dificultad de la iniciativa (en estos tiempos) desde un punto de vista diplomático internacional, pero se siente legítimamente atraído por su enorme importancia histórica. Cuando en 2014 Pekín concedió permiso de sobrevolar al avión papal que regresaba de Corea, fue él mismo quien dijo: «Me gustaría ir a China».

Para el Pontífice existiría un problema no indiferente desde el punto de vista religioso, puesto que el régimen tecnocomunista de Pekín continúa prohibiendo el culto a los cristianos no inscritos a la iglesia patriótica (una especie de registro del partido) y los considera ilegales. Hablamos de 68 millones de cristianos, 16 millones de católicos, que no pueden ir a misa sin el permiso del poder laico. Además, a pesar del reciente acuerdo, promovido como histórico, está la relevante cuestión de de los obispos chinos, para los que el placet del gobierno es irrevocable.

El viaje sería un duro golpe para el cardenal Joseph Zen, que siempre ha estado en primera línea, en Hong Kong, en defensa de la libertad de culto. Para él, rendir homenaje al régimen chino «es casi como esperar que san José obtenga algo de un diálogo con Herodes». Pero esto, para la diplomacia en tiempos de coronavirus, sería una minucia.

 

Publicado por Giorgio Gandola en La Verità.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

9 comentarios en “¿Viaje del Papa a China?
  1. No perece que el encierro le siente muy bien a Bergoglio. Llevamos una pascua en que hemos vuelto de lleno a las filas de nuevo orden mundial y a la defensa de sus postulados aprovechando la peste para intentar imponerlos urbi et orbi. El virus está haciendo que los pensamientos velados se manifiesten con mucho más descaro.

  2. ¿ Para qué el viaje a China ? El objetivo es clarísimo: Intensificar la persecución a los católicos que quieren seguir siendo católicos y no comunistas, pues saben que el comunismo es radicalmente incompatible con el cristianismo, por mucho que Bergoglio les diga lo contrario. Un iglesia catomunista será comunista, pero no católica.

  3. Según éso todo mundo, se está llendo a China,,
    ! Líbrenos Dios!
    Seguro nada bueno se avecina,, China es ése dragón rojo que tanto se nombra en las cosas por venir. Y los más millonarios ya agarraron sus trapos y se fueron allá,, ¿porqué?
    ¿Qué nueva “travesura”
    nos preparan.

  4. Yo creo que, de ser cierto, el Papa Francisco habría tomado una buena decisión. El supuesto viaje a China sería con el fin de limar asperezas con el gobierno chino, e interceder para que no persiga y permita la libertad religiosa. De hecho, no sólo los católicos están siendo perseguidos en China, sino cualquiera de otro grupo cristiano, y también musulmanes. No sería para hacer una especie de sincretismo entre comunismo y catolicismo, sino para que el gobierno de China afloje el puño (nunca mejor dicho en este caso).

  5. Hasta que no sepamos cuales fueron los términos de los acuerdos (secretos) entre China y el Vaticano no podremos saber si este viaje ya estaba realmente pactado, con la salvedad que ahora es China que necesita ese viaje “como agua de mayo” para limpiar su imagen a nivel internacional.Es curioso como cambian las cosas de la noche a la mañana, y por muy gigante que seas, ahora parte de tu supervivencia depende de un pequeño Estado… David contra Goliat.

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